CaSsanDdra y los fantasmas letrados.

38ª Feria Internacional del Libro. Buenos Aires. 

El sábado 28 de abril amaneció gris. Por momentos lloviznaba, lo cual no es de extrañar considerando que es otoño, mas no impidió que montara mi bicicleta para hacer el trayecto de Recoleta a Palermo. De mi barrio a la 38ª Feria Internacional del Libro.

Recorrer los barrios porteños en medios de transporte ecológicos es un clásico en estos tiempos. Buenos Aires está cubierta  por una red  de ciclo vías y bici sendas; y no sólo los lugareños las utilizamos, sino que se han creado formatos de turismo urbano donde los extranjeros pedalean tras un guía que les muestra lugares históricos, sitios pintorescos: La ciudad, en una palabra, recorrida a pulmón y a sudor.

El argentino no respeta las normas y, por supuesto, uno debe esquivar desde peatones que confunden una ciclo vía con una vereda,  paseadores de perros, y hasta parejas de enamorados que se les antoja escarbarse las gargantas con sus lenguas parados justo en las rayitas amarillas que separan los carriles de ida y vuelta de las sendas para bicicletas.

Así y todo llegué sana y salva. Tres cuadras de cola (y las cuadras en el barrio de Palermo son interesantemente largas) debí hacer para sacar la entrada.

Lo primero en llamar mi atención (una vez adentro) fue la  disminución de promotores de bebidas alcohólicas; siempre que iba ala Feriadel libro me chocaba con propagandas de cervezas y vinos; ahora en la entrada tenía una parrillita improvisada de choripanes, hamburguesas y brochetes, más allá un kiosco con venta de panchos; y un poco más adentro, pizzas, y café.

Se ve que la onda Bukowski no va más. Quizá por eso mismo predominaban (¡incluso ahí!) los libros de autoayuda y espiritualidad (la NuevaEraestá transformando en zombies a la gente; algo me atrae, te pone las pilas, te colocás unos anteojos rosados y aunque se cae el mundo, vos sentís que podés lograrlo todo; pero cuando hablo con los autores de autosuperación, ¡puta!, ¡cómo pisan el palito!, en la cotidianidad de sus vidas se dan cuenta de que el sistema influye, no son hongos, y la buena vibra, el pensamiento dirigido sirve, pero. . . hasta ahí, sino con toda la gente que consume eso, ¿no te parece que el mundo sería distinto?, “y sin embargo se mueve”, y sin embargo, sigue igual).

Ví  stands de ebooks con tablets. Lo cual está creciendo, pero por suerte no llega ni a la mitad del consumo de libros hechos con tinta. Y digo esto porque soy de la generación de la lectura en papel, además de ser más baratos los libros electrónicos; lo cual no es un detalle menor si sos autor, ya que la mayoría de los contratos al comienzo se firman con un 10% de ganancias por ejemplar para el dueño del contenido, y el 90% parala Editorial, que entiendo tiene gastos de impresión y distribución, los riesgos… ¡¿Pero el 10% nada más para los autores?!

Será por ello que en vez de pensar cuán caro estaban, se me ocurrió decir: ¡Qué bajos son nuestros ingresos! Creo que los precios están bien, sino nadie podría ser escritor de oficio, debería ser un hobbie, y eso no suena correcto, no es comparable a comer aceitunas y  escupir carozos al cielo, o participar de concursos de escupitajos.

Pero también es cierto que es casi una novela de Kafka conseguir editoriales en papel, y muchos autores deciden pagar sus propias impresiones. En este caso, el ebook es una opción más barata, de hecho había charlas en estos stands sobre plataformas webs para publicar obras, donde uno puede subir su libro de manera gratuita, o colocarle el precio que desea.

En cuanto el estilo, la gente concurre de manera muy informal, de ropa sport o incluso deportiva, hasta los escritores que ví firmando ejemplares vestían así.

Pero el detalle particular que noté (y no por vez primera, es un clásico en las ferias porteñas) fue la “onda Zoo”, digamos, la mayoría camina chocándose en los pasillos y mirando los expositores muy por arriba, casi apurados, muchas veces parecían ni conocer las editoriales más importantes, tal como cuando entran al zoológico, y se van topando con distintas especies al azar, sólo miran y da la sensación de que no les importara demasiado. Es raro en el Zoo ver gente leyendo con detenimiento qué alimentos comen, de qué zona son oriundos esos animales, la onda es: Paso, miro, fotografío y me voy. Así se manejaba la mayoría de gente enla Feriadel Libro de Buenos Aires. Obvio que algunos compran, otros asisten a charlas, y conocen o saben a qué van, pero la mayoría camina sin rumbo y  con un dejo de desinterés. Tal vez la llovizna ese día hizo que el picnic no fuera una opción, y tuvieron que recluirse enla Feria, se me ocurre, intentando entenderlos.

Como siempre, me topé con los Pabellones Azul y Verde (con puestos amontonados de editoriales y librerías que mostraban tanto novedades y éxitos como saldos y ofertas), el Pabellón Amarillo (con el sector internacional donde están exposiciones de Chile, Alemania, Estados Unidos, España, Uruguay, Israel, Italia, Japón, Bolivia, Armenia, Corea, Ecuador, Cuba, China, Brasil,  Paraguay, Ucrania, Venezuela, Uruguay y Países Árabes), el Pabellón Ocre (con stands de algunas provincias argentinas, este año no estaba Entre Ríos, mi provincia natal), el Blanco (con muchas salas para eventos y conferencias, donde hubo muchas presentaciones de Libros de Poesías)y el  Rojo donde lo más llamativo fue la muestra visual: “¿Qué es un autor?”

Hay espacios para niños en distintos pabellones que se caracterizan por “cuentos contados”, lecturas o actuaciones,  también accesos ala Webcon Netbooks, juegos en pizarras y  videos.

Por otra parte hay stands de medios masivos de comunicación locales,  de organismos gubernamentales, y  otros de beneficencia, como Alcohólicos Anónimos.

Chile fue representado por 37 casas editoriales. Los escritores chilenos que visitaron esta Feria  son Álvaro Bisama, Lina Meruane, Alejandro Zambra, Cynthia Rimsky, Alejandra Costamgna y Rafael Gumucio.

Justamente  escogí este día gris, fresco y lluvioso para pedalear hasta aquí con la intención de conversar con Alejandro Zambra.

¿Por qué escogí a él? Porque fue uno de los 12 escritores latinoamericanos elegidos el año pasado para pasar 10 días en Buenos Aires (de esta docena, tres eran argentinos) y sentirla, vivirla, caminar por sus entrañas, para escribir luego sobre esta ciudad desdela NoFicción(y ya entregaron ese material que saldrá publicado en un mes, y su distribución será gratuita, “por lo cual mucha gente se limpiará el ano con nuestras letras”, bromeó Juan Teranova, uno de los escritores participantes de la experiencia).

La presentación, o el anticipo de la presentación de esta antología se retrasó porque Alejandro Zambra no llegaba. . . Y nunca llegó.

Debió iniciarse la charla sin él.  Luego de un video donde contaban esa experiencia, la convivencia en el Centro Cultural Recoleta (en mi barrio), las charlas, las recorridas por la ciudad,  que la escritora uruguaya  Natalia Madero definió como “una especie de Gran Hermano Literario” donde cada uno pudo confirmar conceptos, sorprenderse o desechar prejuicios, como la humorada de Juan Terranova hacia Carlos Yushimito: “Fue el primer peruano que me cayó bien…aunque después me enteré que era japonés”.

Oliverio Coelho, otro escritor porteño que participó de este proyecto presentado en el Salón Azul y se llamará “La CiudadContada”, hacía hincapié en los ruidos actuales y los deja vu que le provocaban los mismos con sus vivencias  de distintas épocas en Buenos Aires.

Todos coincidían en destacar el vicio, la conflictividad como calificativos emergentes de aquí, definiéndola  como una ciudad intensa que conserva el riesgo ya perdido en las grandes urbes;  por otra parte bromeaban con el hecho de parecer un buen lugar para ocultarse en casos de tener que huir por algún motivo. En Buenos Aires todo puede suceder, y es el lugar ideal para escapar, una ciudad que sale de las normas; es agresiva, y a la vez, te ofrece muchas libertades.

Además de los escritores nombrados, y el presentador, tuvo la palabra también el Ministro de Cultura dela CiudadAutónomade Buenos Aires (el Ingeniero Hernán Lombardi), quien agradeció a todos los escritores participantes de este proyecto, y aseguró que la distribución sería gratuita,  a la brevedad, y probablemente anárquica, como todo suceso en Argentina.

Además de Natalia Madero (Uruguay), quien comparaba a Montevideo con música en el hogar a un volumen normal, mientras Buenos Aires es esa misma música pero a todo volumen), y de los argentinos Oliverio Coelho, Juan Terranova y Matías Capelli; participaron  también de la experiencia Alejandro Zambra (CHILE), Antonio García Ángel (Colombia), Gabriela Alemán (Ecuador), Elvira Navarro (España), Wilmer Urrelo Zárate (Bolivia), Yuri Herrera (México), Carlos Yushimito (Perú) y Eunice Shade (Nicaragua).

Después de esta descontracturada presentación, fuimos a tomar un café cerca del Pabellón Ocre, no sin antes perdernos (la Feriaes un verdadero Laberinto), y la falla de GPS sin querer (o por hilos inconscientes que la razón no lee) nos llevó al Pabellón Verde, donde en el stand 1230 se encuentra expuesto por segundo año consecutivo (lo cual me da mucho placer) mi último libro (“Historias de médicos hijos de puta”).

Con los dedos azules por el frío y la llovizna que iban in crescendo con las horas, un poco triste por no hallar al escritor chileno que había ido a buscar, subí a la bicicleta, y volví a casa para contarles desde mi óptica este suceso literario que se repite año tras años en la capital argentina, y eso estoy haciendo en este mismo momento.

caSSanDDra

(Médica, Bruja y Artista)

Buenos Aires, 2012.

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