Poeta de la fotografía, testigo de la historia

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Por Hugo Dimter Pérez

Brillante paradoja -entre literatura o fotografía- la de este liberal de tomo y lomo para quien el retratar con su cámara desata un fantasma y sus pasiones. Fotos tomadas sobre sucesos de gente común y corriente: una ida al campo en Osorno, un niño junto a un ser querido, un tren en invierno, el funeral de Neruda, García Márquez, un indigente, el Cardenal Silva Henríquez, Ernesto Cardenal, Enrique Lihn, Pinochet, el nacimiento de un mural, la última marcha de la Unidad Popular; la infinita violencia de un país.

Sin titulo, 1970

Sin título, 1970.

El destino es juez virtuoso; pero también severo. Fue éste quien dictaminó que nuestro entrevistado, el afamado fotógrafo Marcelo Montecino -para su tesis de Literatura- estuviera volcado de lleno en la generación literaria del 50. Así las cosas nada mejor que viajar a Chile. No podía estudiar todo el día, por lo tanto en las tardes daba una vuelta por Santiago con su cámara al hombro.
Eran comienzos de los 70. Marcelo Montecino había vuelto desde Washington donde emigró a los once años para alcanzar una sólida educación universitaria (Bachelor of Arts y un magister en Latin American Studies). De vuelta en el “país pasillo” este le iba a dar muchas sorpresas: Lamentablemente más terribles que dichosas.

El beso en el Mapocho, 1964

El beso en el Mapocho, 1964.

El Olimpo en blanco y negro

Montecinos está entre las divinidades de la fotografía chilena. Sergio Larraín a la cabeza. Luis Poirot y Marcelo Montecino a sus costados. Más atrás insignes del Olimpo de la fotografía chilensis: Claudio Pérez, Luis Navarro, los hermanos Hoppe, Paz Errázuriz, Juan Domingo Marinello, Tomàs Munita, Óscar Witke… Pero eso a Marcelo y a todo fotógrafo le fastidia: las comparaciones. No, Marcelo es un tipo alejado del bullicio. Un tipo tranquilo con un talento que lo ha hecho merecedor de interminables elogios, más privados que públicos. Un hombre sin segundas lecturas. Un hombre honesto.
“Me está dando julepe la entrevista”, me dice en un correo; pero cuando estamos frente a frente por Skype se retracta. “Démosle, no más. Véamos cómo queda”, señala corajudo. Marcelo ha lanzado, hace poco, su último libro: “50 AÑOS” de editorial Pehuén, donde recorre su trabajo.

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Para llegar hasta el Olimpo de la fotografía chilena se debe trabajar y sudar el doble, aunque sea con un dolor del alma. Marcelo perdió a su hermano Cristian, también fotógrafo, en 1973. Lo detuvieron y trasladaron a la periferia de Santiago haciéndolo correr en la cuesta Barriga para luego dispararle. “Una de las muertes torpes que solían cometer los militares” señala recordando con pena y recogimiento. Años más tarde aparecía el libro “Irredimible” en conjunto con Christian. Un tributo con el que nuestro entrevistado saldó una deuda.
Hoy se queda pensando a más de un millón de kilómetros que nos separan de Washington y yo para romper ese momento comienzo la entrevista. Una conversación que hace varios años deseaba tener.

Calle Lira, Santiago, 1962

Calle Lira, 1962.

– Marcelo ¿Cuál es tu filosofía fotográfica o tu forma de trabajo? Si se la puede denominar así y si realmente la tienes.
– A ver, es difícil. Ha cambiado a través de mi vida. Al principio era un pasatiempo, después se convirtió en que sė yo: quería ser artista de la fotografía, quería hacer fotos bien compuestas, emotivas, tristes, todas esas tonteras. Más tarde no sé, me convertí en una especie de reportero y ahí la visión de la fotografía es mucho más fácil. Y ahora estoy metido en todo lo anterior. Creo que la fotografía es todo eso.

Armando Uribe, 1989

Armando Uribe, 1989.

– ¿En un comienzo querías dedicarte a la docencia en literatura cuando terminaras de estudiar?
– Claro, siempre pensé en dedicarme a ser una especie de académico. Vine a Chile a principios del 73 para terminar de escribir mi memoria para el Master en Literatura Hispanoamericana. Y ahí fue donde cambió toda mi vida: me dediqué más bien a reportear por 15, 20 años.

– O sea que tu interés por la literatura venía ya de joven, de niño.
– Claro, toda mi vida. No sé si toda mi vida. Pero estaba ahí.

– ¿Y cuales eran tus escritores preferidos? ¿Tenías simpatía por algún género literario en especial?
– Pucha, nos tenemos que remontar muy atrás. Entré a la universidad, empecé a estudiar literatura justo cuando el Boom Latinoamericano estaba recién explotando, por decirlo. Así que todavía considero a todos los viejos del Boom como los que me enseñaron lo poco que sé de literatura. Recuerdo especialmente haber estado impactado con Julio Cortazar y su manera libre de escribir. En ese entonces salio Cien Años de soledad. Tenía un profesor de literatura española que era fabuloso y él nos encaminó hacia todo esto. Escribía mi tesis el año 73 sobre la generación del 50 en Chile. Estaba casi terminada y llegó el Golpe. Me pareció tan aburrido lo académico: ya había dado el examen de grado, había terminado todos los cursos y me pareció tan fome seguir estudiando literatura cuando había tanto que hacer en todas partes.

– ¿Cuáles eran tus escritores chilenos preferidos?
– Ah, pucha, a mí me encantaba José Donoso. “El obsceno pájaro de la noche” me fascinaba. El arte por el arte. Y tenía una cuestión tan interesante que está en todas las novelas de Donoso: esa economía, esa economía sexual de los chilenos; de los ricos que querían a sus empleadas, de las empleadas que querían a los ricos. Aparecía todo el microcosmo chileno en sus novelas.
Mi gran maestro en todo fue Claudio Giaconi, a quien conocí por mucho tiempo, y muy bien. Él me enseñó lo que había que saber. Hablábamos horas y horas y me convenció que hiciera la tesis de la generación del 50. Fue mi mentor en el arte, ya que sabía de todo.

Ultima Marcha UP, Sept. 1973

Última marcha de la UP, septiembre 1973.

-Ahora ¿ese viaje hacia Chile el 73 se debe también a tu interés por la política chilena, por la situación que se vivía en el país? ¿Era un viaje para llegar al paraíso? Un paraíso que se perdió rápidamente.
– Creo que era un poco de eso, pero en ese entonces pensaba que tenía que escribir la memoria. Mi madre tenía un departamento en Santiago -yo vivía en Washington en ese entonces- y dije: “Qué mejor momento para irme a vivir allá”. Me vine a radicar a Chile en ese entonces. Me compre una moto y salí a recorrer Santiago. Empecé a ir a las marchas. No podía escribir todo el día, era mucho. Además era difícil estar ajeno al hervidero politico. Santiago siempre me ha fascinado y creo que eso es lo más importante de mi trabajo. El centro de mi trabajo fotográfico es Santiago.

– ¿Sentías que la situación era muy complicada en Chile en 1973?
– Todos sabíamos que se venía el Golpe. Pero estábamos convencidos que iba a ser un Golpe, no sé, que los milicos se iban a tomar el poder un año, iban a ordenar un poco las cosas y devolver el poder. Nadie se imaginó un Golpe indigno, por así decirlo. Todos pensaban que era de ajuste.

– Ahora hay un momento que me llama mucho la atención que es cuando visitan el Estadio Nacional.
– Fuimos con un contingente de la prensa internacional. La prensa internacional había estado fuera esperando y no la dejaban entrar. Llegaron de Buenos Aires unos 100 periodistas fácil. Por fin entraron y evidentemente que todos querían ir al estadio. Era lo que más llamaba la atención en ese entonces. Creo que fue el 22 de septiembre, no sé la fecha para ser preciso. Pusieron dos buses pequeños y nos subimos todos y fuimos para el Estadio Nacional. Yo tenía una especie de acreditación más bien fulera. Había ido al Ministerio de Defensa, pedí un formulario, lo llené y donde decía publicación puse “free lance”. No sé, me da la impresión que los milicos creyeron que era un medio. Ese mismo día en la tarde fui arrestado en la puerta del Estadio por sacar fotos. Estuve detenido unas pocas horas en un camarín.

-¿Y cómo fue esa experiencia de ver a toda esa gente en el estadio, muy terrible? ¿Te conmovió mucho?
– Recuerdo que el día antes había estado detenido ahí mismo. Creo que me soltaron porque al dia siguiente la prensa iba a visitar el estadio. Aun así fue muy impresionante . Recuerdo el instante preciso que vamos caminando, entrando a los camarines y, de repente, de la oscuridad de los camarines salimos a la cancha, que fue como un golpe de luz. De improviso habían presos por todas partes, no eran muchos. Creo que nos mostraron el 10% de lo que había. Fue muy impactante y ahí me encontré con mi hermano -incluso no sabía que a iba ir- y él también tenía una credencial fulera (ríe).

-Perdón, ¿los dos sentían mucho amor por la fotografía?
– Eramos fotógrafos pero nunca nos consideramos como “profesionales de la prensa”. Mi hermano Christian era fotógrafo del Fondo Monetario Internacional, quería hacer cine y había venido a Chile a arreglar unos problemas familiares. No sé si sabes, pero los milicos lo mataron.

– Sí lo supe. Pero no sé las circunstancias còmo ocurrió eso. ¿Fue en un túnel?
– Claro, exactamente. Fue esas cosas terribles que los milicos hacían en ese entonces. Se los llevaban a la periferia y los hicieron bajarse de la micro, y los ametrallaron.

– ¿Eso te afectó mucho? ¿Qué consecuencia generó ese hecho?
–  No pude seguir sacando fotos en el 73. A las dos semanas me fui del país.

-¿Me imagino que con mucha rabia, con impotencia, con ganas de conseguir justicia, de ayudar a Chile de alguna forma?
– Claro todo eso pero esencialmente destruido y con ganas de desquitarme. Al poco tiempo empecé a trabajar en solidaridad con Chile en Washington.

Pinochet, San Bernardo, 1987

Pinochet en San Bernardo, 1987.

– ¿Y con el paso del tiempo después tú vuelves a Chile y te incorporas a la AFI?
-No, nunca fui un miembro activo de la AFI. Pero conocía a mucha gente de la AFI. De la calle, de las protestas, etcétera.

– ¿Cuál crees que fue el principal aporte de la AFI para el retorno de la democracia al denunciar todos los crímenes, los atropellos a los derechos humanos?
– Por supuesto. La prensa oficial “permitida” no publicaba fotos puntudas. Es una de las cosas que la fotografía hace mejor. Pero también hay que reconocer que lo peor que se hacía era a puertas cerradas.

– ¿ Cómo conoces a Rodrigo Rojas De Negri? ¿La amistad se inicia en Washington?
– En Estados Unidos. Sucede que había mucha vida de solidaridad en Washington. Existía gente de lujo, por ejemplo, como tú sabes, estaba Orlando Letelier (Marcelo lo fotografió tres días antes de morir), Ariel Dorfman, Pepe Zalaquett, Juan Gabriel Valdés. Un grupo muy importante de exiliados que hacían muchas cosas. Se desarrollaban conciertos de los Inti Illimani y Quilapayún. La solidaridad chilena fue un ejemplo para todas las otras naciones. En uno de esas reuniones conocí a Rodrigo y como era fotógrafo y no tenía laboratorio empezó a venir a mi casa literalmente todos los días a pedirme el laboratorio para hacer fotos juntos. Recuerdo que me copió muchas fotos en colores y hacíamos un proceso más o menos complicado que en ese entonces se llamaba Cibachrome. Pasábamos horas juntos. Era uno más de la familia…. todos los días estaba en mi casa y se quedaba hasta como las 6. Después se iba donde otra persona (ríe). Que sé yo. Era un muchacho maravilloso, incluso a veces me cuidaba la guagua.

– Que bueno ¿Podrías hacer un libro? ¿ No han pensado en hacer algo así?
– Claro, por qué no…aunque sea difícil.

– Porque la obra de él no se conoce mucho, ¿hay muchas fotos?
– Es que Rodrigo era tan joven, así que no hay tantas cosas.

– ¿Pero él tiene mucho trabajo realizado?
-Mira, más o menos. Él era fotógrafo, por ejemplo, de su colegio, así que hay mucho de ese tipo de fotos. Hay algunas fotos de los actos de solidaridad, mucha cosa en Washington……. No había marcha donde no estuviese. Estoy cabreado de escanear fotos de marchas de Rodrigo en Washington (ríe). De todo tipo de marchas: contra la guerras en El Salvador, de Nicaragua,,,,, Centro América, anti Reagan, anti política económica de Reagan.

Presos, Managua, 1978

Presos, Managua, 1978.

– ¿Tú tienes muchas fotos en Nicaragua, Centro América?
¿Qué conclusiones sacaste de esa vivencia en Centro América durante los 80? Acerca de los pueblos en Centro América, de lo que estaban viviendo.
– Después del Golpe para mí lo más impresionante fue ir a Centroamérica en el año 74, 75. Nunca había visto pobreza más brutal.. y gobiernos y regímenes tan caricaturescos. Recuerdo que estaba una junta militar en Honduras, estaba Somoza, estaba la seguidilla de milicos en Guatemala, era la guerra fría. La guerra fría ya me había afectado a mi bastante directamente. Era como la continuación de la pesadilla En Centro América, no había donde perderse políticamente. Eran gorilatos por excelencia. Nicaragua nos subió el animo el 79.

– Oye, trabajaste para Playboy. ¿De qué trataron esos reportajes o notas? Cuéntame un poco.
-En 1983 Playboy me contrató para servir de fotógrafo, intérprete y productor para la entrevista Playboy, ya que la periodista no sabía mucho de Nicaragua. Entrevistamos a Daniel Ortega, Tomás Borge, Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal. Como las credenciales decían Playboy, el resto de la prensa internacional nos preguntaba que hacía Playboy en Nicaragua y nosotros le respondíamos que estábamos haciendo “las chicas de Nicaragua”. Los otros fotógrafos quedaban muy celosos e impresionados.

– Marcelo, pasando a otro tema, y ahora ¿Cómo ves Chile? ¿Te da rabia, te da un poco de miedo, te da pena, te da esperanza?
– Esa pregunta era la que más miedo tenía. Chile ha sido muy bueno conmigo, qué te digo. Hay cosas del país que son muy fregadas. Así que, mira, es complicado hablar de Chile. Es un país muy chico. Por esa parte me ha dado un poco de miedo de volver a Chile, en el sentido que incluso tengo una suscripción al canal nacional aquí y veo las todas las noticias casi todas las noches, y me parece lo más siniestro del mundo ver las noticias chilenas.

-¿Por qué?
– Porque no hay noticias. Entonces hablan de puras huevadas, y ver una franja de una hora y media con noticias de las personas que vuelven a Santiago después del fin de semana largo, y ver al mismo periodista entrevistando al mismo paco.

– ¿Tú crees que hay noticias que -simplemente- no las informan?
– No, no creo…. No creo que las comunicaciones de hoy lo permitan. Eso sería muy difícil.

-¿O que la distorsionan?
– Algunos medios las distorsionan por hábito.  Pero por suerte han surgido instituciones que velan por el periodismo y no creo que eso pueda suceder muy a menudo.

– Ahora, metiéndonos un poco con el tema de la fotografía, sientes alguna simpatía o sientes más cariño por alguna fotografía en especial de las que hayas tomado? Hay alguna fotografía que tu digas “pucha, esta que me salió bien”.
– Evidentemente hay algunas que son mas apreciadas que otras, pero no puedo decir porque no sé. Todo es tan distinto de cuando tenía 18 años y sacaba fotos. Es diferente a cuando tienes 29 años, 30 años. Distintas fotos, distinta época, distinta persona.

Punti, 1973

Punti, 1973.

-¿Qué tan feliz te ha hecho la fotografía?
– Pucha, ha sido la manera de purificarme. O como decía mi amigo Giaconi: Ha sido de “uso íntimo”.  Y también ha sido terapia.

Untitled, 1983

Untitled, 1983.

– ¿Te gusta el trabajo de algún joven fotógrafo chileno?
– Mira hay un cabro, Alejandro Olivares. Me impresiona mucho su trabajo. Fabuloso. Este cabro Olivares pucha que promete. Que gallo con más buen gusto. Con buen ojo para el color, atinado. Encuentro excelente a ese muchacho. Y también hay que mencionar a Tomàs Munita que tiene mucha cancha.

– ¿Y cuáles eran tus referentes? ¿Hay referentes tuyos en la fotografía a nivel internacional, alguno en especial?
– El checo Josef Koudelka, el norteamericano William Klein, el suizo Robert Frank. Los de siempre. Me gusta mucho el fotógrafo inglés Bill Brandt. Es fabuloso, abstracto, sus fotos parecen esculturas de Brancusi.

Tercera clase, Osorno, 1973

Tercera Clase, Osorno, 1973.

– Ahora yo no sé si tu sabes pero yo soy de Osorno y tú tienes muchas fotos de Osorno en la estación de trenes, con trenes.
– Es que mi familia paterna es osornina. Claro mi abuelo era osornino y fue uno de los fundadores del Banco en Osorno, fue diputado de Osorno, después fue Presidente de la Cámara de Diputados de Osorno, y ministro. Mi padre y mis tios fueron al Deutsche Schule.

– ¿Cuándo te tenemos acá en Chile?

– Voy a ir de todas maneras. Quiero ir en Septiembre, para los 40 años del Golpe y creo que voy a hacer una exposición en el MAC .

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