TV Cable Extrañas formas de morir

TV Cable

Extrañas formas de morir

Discovery Channel

Por Estaban Schneider

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Al principio uno podría  sentir que está frente a un programa un tanto desechable, sin ningún aporte nuevo. Una serie que podríamos instalar en el género de tele realidad, es decir experiencia  recreadas y apoyadas con entrevistas a posteriori. Todo real por supuesto. Podemos imaginar  un espacio para rellenar la programación de un canal de cable que debe generar muchas horas de TV. Pero no; es más que eso. Hay algo en “Extrañas formas de morir” que lo hace especial.

De partida hay que decir que todos los programas se realizan porque a alguien le gusta la idea. Lo mejor es que le guste a muchos o, -si es posible- a todos. Pero en la práctica son pocos los programas que surgen en la inmensa oferta programática de los canales de cable, que no son ficción, y que logran destacarse.

El último tiempo hemos visto la consolidación de seriales de casas de empeño y ventas de garaje en los que se destaca el exitoso “Precio de la Historia” de History por un lado, y por otro  los canales continúan apostando por realitys de familias extrañas (evolucionamos del docureality de Gene Simmons a “Duck Dinasty”) o competencias en torno a algún oficio como las de chefs (master chef). Sin embargo no habíamos visto nada destacable o demasiado original en la temática de dramas. Nos quedamos pegados en formatos como “Intervención” o “Sobreviví”. Justamente por eso llama la atención esta nueva serie, su formato y (muy importante) el tono de humor negro que pone en cada relato alejado totalmente del sabor a tragedia y truculencia que sus antecesores en el mismo género imponían.

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Podría decir que “Extrañas formas de morir” parece ser una mezcla de varios shows de TV. Tiene algo de “Doctor House”, algo de “Mythbuster” y mucho de la antigua serie “La dimensión desconocida” (The twilight zone). Primero,  de “Doctor House” le roba las gráficas médicas que describen lo que ocurre en cada caso al interior del cuerpo humano. De “Mytbusters” le saca una pizca de ese gustito por investigar cosas extravagantes. Del manoseado género de la telerealidad este programa tiene el hecho simple, y poderoso, de que cada caso es real, ocurrió, se supone.  No es una convicción profunda pero todos los espectadores preferimos confiar en que son historia reales. Total no sirve de nada desconfiar y hay harto más por qué sentirse engañado hoy en día. Esto es un pelo de la cola por decirlo así.

Finalmente el último ingrediente de este brebaje lo pone la mítica serie “La dimensión desconocida”; para mí el más importante componente del  genoma de esta nueva propuesta.  Así es: “Extrañas formas de morir” tiene mucho de “La dimensión desconocida”, como cualquiera le puede deber a un antepasado alguna característica incrustada en nuestro código genético.

Recordemos que esta serie norteamericana, emitida en su primera etapa entre 1959 y 1964, luego tuvo un renacer en los ochenta y un tibio regreso en el 2002. En Chile fue emitida a finales de los ochenta, y los fanáticos la transformaron en un culto en esa televisión de finales de la dictadura y previa a la irrupción del cable. Pero los fanáticos -o los que simplemente la conocen- coincidirán en que la serie tenía algo que la caracterizaba, algo único. El relato. El tono del relato. La ironía. La ironía del locutor con que empezaba y terminaba cada historia. Al inicio presentaba la temática central de esa historia. Con su tono abría tímidamente la puerta a la fantasía. Todos sabíamos que aquí iba a pasar algo extraño. Luego,  al final del episodio, volvía el locutor que cerraba el tema, pero en el punto de lo inexplicable se conectaba con lo central de la serie: existe una dimensión paralela que produce alteraciones en esta dimensión.  Y decía algo así (imagínenlo con tono siniestro): “… un hombre que simplemente abrió la puerta y salió de su casa sin imaginar que esa sería la última vez porque al hacerlo estaba abriendo una puerta a……. la dimensión desconocida”.

Extrañas formas de morir tiene el mismo estilo de locución. Lo usa al principio de cada historia y al terminar, siguiendo el mismo esquema de su abuelo televisivo, y con el mismo tono siniestro: “Un hombre que nunca imaginó que un simple estornudo lo llevaría a formar parte de……. una extraña forma de morir”.  El parecido es innegable, y llega a ser escalofriante para los que seguimos la serie de los ochenta. Como dicen por ahí: la genética no perdona, o mejor dicho argumentarán sus creadores: lo que se hereda no se hurta.

La diferencia entre “La dimensión desconocida” y “Extrañas formas de morir” es que en este último las historias son reales, o se supone que lo son. Sin embargo tienen más de un cromosoma que los emparenta irremediablemente: está en el uso del locutor en off, está en la ironía para ver la vida y la muerte,  el humor negro y, finalmente, la visión de que el destino es una ruleta mágica y misteriosa.

Por todo esto “Extrañas formas de morir” es un programa de televisión muy recomendable, más para los fanáticos de “La Dimensión desconocida”. Para ellos sin duda será emocionante ver que la genética de “La dimensión desconocida” no se perdió en la evolución televisiva; sino que más bien está viva y sana ahora en “Extrañas formas de morir”.

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