La copa del mundo se llenó de Cerveza

Por Héctor Vega Onesime

1974 World Cup Final. Munich, West Germany. 7th July, 1974. West Germany 2 v Holland 1. Holland's Johan Neeskens (out of picture) scores his side's opening goal from the penalty spot in the second minute past West German goalkeeper Sepp Maier.

La naranja mecánica …superada por Alemania

Es la final. Uno siente en la piel ese escozor de los grandes momentos, en la aceleración de las pulsaciones, en la ansiedad, en la impaciencia. Es la final mucho antes que empiece el partido. En el prólogo de las deducciones. Que sí Holanda, que si Alemania. ¿Quién te gusta? Diez, cien, mil veces. Es la pregunta que nos hacen y que hacemos. Hace tiempo que se derrumbó la quimera de ver aquí a Argentina, pero igual la cosa apasiona. Un mes pensando en esto, en cómo será esto. Y ya está. Faltan apenas dos horas y ya estamos en el estadio. Familiarizados con las caras de los colegas de todas partes del mundo que vimos, dejamos de ver y volvimos a ver en esta maratón germánica de la Copa. En Francfort, en Dusseldorf, en Stuttgart, fuimos jalonando una ilusión que ahora iba a ser realidad. Es la final y nadie se puede sustraer a su influencia. (…)

No se habían jugado dos minutos cuando aparece Cruyff con su magia. Penal, no queda otro recurso que el penal de Vogts. La ejecución de Neeskens y el partido que se pone 1 a 0 para Holanda. Anuncio de gran partido. Ya están 1-0. Y parece que Cruyff se propone ser el gran protagonista del espectáculo. Antes de los cinco minutos Vogts conoce la tarjeta amarilla por nuevo foul a la estrella holandesa. Pero ni el talento de Cruyff ni la tarjeta amarilla lo sustraen de su disciplina en la marcación personal sobre el hombre clave del rival. Vogts sigue y sigue hasta donde sea. A la derecha, a la izquierda, al medio, atrás. Siempre encima… Y cada vez menos va necesitando del golpe para cumplir su misión.

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Llego a pensar que ese gol le hizo mal a Holanda. Porque se olvida de su ritmo para tratar de imponer otro. Nada del “fútbol total” con que nos asombró en este Mundial. Ahora, cadencia, toque y toque, para atrás y para los costados, sin aceleración y sin profundidad. Quiere imponer lo que acaso domine menos. Vamos a tenerla, supongo que se habrán dicho los holandeses, como muchas veces nos dijimos los argentinos. El público silba, los “naranjas” no se preocupan. Pero poco a poco va llegando el vértigo alemán, ese que destruye, que pisa, que desborda… Comienza a subir Breitner por su lateral. Comienza a trabajar bien por la raya Grabowski. con habilidad e inteligencia. Comienza a picar Hoeness en diagonal. Eso que también hacía por la derecha ganando las espaldas del marcador de punta, ahora lo hace por los dos costados. Son ráfagas, luego torbellino. Se ve venir el empate. Y llega. Holzenbein en lo que mejor sabe: entrando en diagonal desde la izquierda con pierna derecha. Gente en el camino y el recurso postrero del penal. Tira y convierte Breitner con gran serenidad. A partir de ese momento asistimos a los pasajes más interesantes del partido. Holanda que destierra su congelación excesiva. Alemania que busca mantener su control. Sigue siendo más Alemania, pero Holanda aguanta y busca. Hay un gol que se pierde Vogts. Porque ya a esta altura a Vogts le queda tiempo para irse al ataque, además de marcarlo a Cruyff. Hay un gol que se pierde Rep cuando Cruyff fabrica el dos-uno sobre Beckenbauer y lo deja al puntero solo con el arquero. Y hay un gol que no yerra Müller. Es el segundo, sería el de la victoria…

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El segundo tiempo y otro partido. Ahora quien se refugia es Alemania. Pero sin congelar, buscando el recurso de tirarla fuerte y lejos para ver qué puede hacer Müller. Pero Müller puede muy poco. Breitner que saca un gol sobre la linea. Van Hanegem que se pierde uno de cabeza. Se lo pierde Rep. Salva Bonhof. Gran tapada de Maier a Neeskens. Todo eso cosecha Holanda en este período. De cualquier manera en ningún pasaje nos reencontramos con el equipo que nos habíamos acostumbrado a admirar.

No vimos la sincronizada aceleración 40 para pasar al ataque. El cambio de ritmo y de frente, esa facilidad para crear los claros y disponer siempre de por lo menos un par de hombres libres para irse al gol. No, era aprovechar la contención de los locales para tirar centros. Muchos centros, demasiados centros… A veces ganaba Van Hanegem o Cruyff, otras Schwarzenbeck o Beckenbauer. No había ofensiva elaborada. Más elementos espirituales que técnicos, más temperamento que fútbol. Ni siquiera la serena zurda de Van Hanegem puede ordenar tanta desesperación. Y Alemania que sigue defendiendo y marcando con una tremenda fidelidad. Por momentos seis o siete hombres en el área de Maier. Por momentos Overath jugando detrás de Beckenbauer y Bonhof de marcador de punta. Sin confusiones: marcando y esperando la posibilidad del contragolpe. Segundo tiempo para Holanda, pero no alcanza. Y en el balance queda la superioridad germana para darle “justicia” al resultado. Esa justicia que no premió el trabajo de todo el campeonato de los holandeses premiaba este partido de los alemanes. Premiaba la gran actuación de Maier para resolver situaciones muy difíciles. La categoría de Beckenbauer a pesar de jugar muy metido adentro. El trabajo de Vogts borrándolo a Cruyff. El inteligente desmarque de Hoeness. La importancia de Grabowski, el mejor delantero dominando su raya, tranquilizando, bajando a tapar cuando era necesario, subiendo por los sectores más adecuados. La habilidad del Holzenbein. que incluso fabricó al final un nuevo penal que el arbitro no sancionó. El oficio de Schwarzenbeck, tosco pero eficiente. La calidad de Breitner, el despliegue de Bonhof, el gol de Müller. . . Premiaba todo eso. Lo que Alemania empezó a encontrar después de aquel segundo tiempo contra Yugoslavia.

(…)

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No hay avalanchas, ni invasión de campo, ni desbordes. Es el pueblo alemán festejando de la misma manera que había sentido este campeonato. Pero los jugadores, no. Los jugadores alemanes son iguales a todos. A los brasileños, a los italianos, a los ingleses, a los del Congo o a los argentinos. Son Campeones del Mundo y ellos saben muy bien lo que eso significa.

Y en el medio un grupo de casacas naranjas… Los holandeses con su resignación. El saludo en el centro del campo que casi nadie visualiza. Ni un solo gesto que recompense a los hombres que fueron parte integrante del espectáculo, a quienes habían ofrecido grandes exhibiciones a lo largo del torneo, los favoritos de muchos, los únicos invictos hasta la última fecha. No, todo era para Alemania, para su consagración, para su triunfo y su festejo. Y allá, en el palco de honor, esperaba la Copa. Dorada, reluciente, flamante.

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Para muchos, tal vez para una gran mayoría, no había forma de parar el “fútbol total” de Holanda. Era casi la perfección. La marca, el esfuerzo físico, la facilidad para el gol. Y Cruyff. Sin embargo, Alemania demostró que sabía y podía hacerlo. Por eso la superioridad de este partido, por eso el triunfo, por eso el título. Y en definitiva, un gran campeón. (…)

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Cruyff fue más que Beckenbauer

Por Juvenal

(…)

La primera aparición de Cruyff en la final fue electrizante. Hizo la salida el mismo Cruyff desde el centro del campo y la pelota empezó a viajar con exasperante lentitud entre los integrantes de la línea de fondo holandesa. A todo esto, toda Alemania esperando atrás, con Vogts pegado a Cruyff, fiel a la consigna recibida. De pronto Cruyff se echó atrás y prácticamente la robó entre los pies de Rijsbergen y Suurbier, quedando como último hombre de su equipo. Y desde allí arrancó llevándose a Vogts a la rastra, metiéndose en zigzag como un rayo entre los defensores locales y pisando el área en forma sensacional. Vogts alcanzó a engancharlo. Mr. Taylor pitó el penal y así, a los 55 segundos de juego, Holanda tuvo la oportunidad de ponerse en ventaja dentro de la lucha.(…)

En la etapa final Cruyff siguió entregando espléndidos pases gol. Pero casi siempre tuvieron por destinatario a Rep, quien los desperdició invariablemente (…)

La Copa se le había ido lejos a Johann Cruyff. Sin embargo, en una final con más clima que fútbol, sin un monstruo capaz de desnivelar él solo la balanza del partido (sobre el Estadio Olímpico pasó la sombra de Pelé en la final de México como un recuerdo inalcanzable…), unas pocas apariciones de Cruyff en la tarde fueron suficientes como para seguir considerándolo la figura cumbre en esta Copa del Mundo.

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