Esa ausente estocada mortal

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Martín Vargas  vs  Betulio González

por Zucchero

Nunca el boxeo chileno estuvo más cerca de lograr una corona mundial como el 4 de noviembre de 1978 en la Plaza de Toros de Maracay, Venezuela. Esa noche el púgil osornino Martín Vargas disputó el título de los moscas frente al campeón local Betulio González.

Si Arturo Godoy y Godfrey Stevens estuvieron cerca de coronarse campeones del mundo Martín Vargas rozó el sueño de todo un país que vio por televisión como el chileno del primer al quinto round le daba una verdadera paliza al peliagudo boxeador venezolano. Sin embargo Martín falló en lo que más lo caracterizaba: el instinto homicida y su golpe demoledor, el meter una de esas manos que hacían “dormir” a sus contrincantes.

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Pega Martín, pega

Estuvo tan cerca. Es que haciendo comparaciones Martín estuvo a un golpe de ser campeón mundial de boxeo. Algunos dirán que Arturo Godoy en su pelea con Joe Louis en New York realizó una tarea más elogiosa, y es cierto pero nunca logró sobrepasar al”Bombardero de Detroit” en más de cuatro asaltos. Martín no tenía frente a Louis; tenía como rival a Betulio González, un maestro del coraje, alguien técnicamente dotado pero no un virtuoso -no era un maestro como el mexicano Miguel Canto con quien Martín perdió de visita y en Chile un año antes-, lo de Betulio iba más por el lado de la potencia de susgolpes: un estilo similar al de Martín.

Un flash. Una luz. El golpe. El dolor. Y luego el boff, Bofff, bofff, Bofff, paff, Paff de la seguidilla de golpes. Eso sintió una y otra vez Betulio González durante los primeros cinco rounds. Martín sorprendió a todos, incluso a su rincón que le había aconsejado no desgastarse en los rounds iniciales. Renato González, “Mister Huifa” de la revista Estadio confirma el hecho que Vargas lo tuvo todo para derribar al venezolano en su propia casa.

“Sencillamente en la noche del sábado vimos dos peleas en una. Claritas las dos y con diferente resultado. Porque el comienzo del match fue una demostración neta de cómo Martín Vargas podía derrotar al campeón mundial. Un comienzo a ratos deslumbrante aunque con errores. Ahí, sobre la Plaza de Toros de Maracay, estaba dictando cátedra un futuro campeón del mundo. Y quienes estábamos viendo el combate por la televisión ya celebrábamos al primer campeón mundial de boxeo profesional nacido en Chile. Nunca se había visto tan soberbiamente dotado al osornino. En sus peleas con Canto supimos desde el comienzo que Martín no tenía posibilidad alguna de triunfar. Esta vez, esgrimiendo esa nueva arma suya, el recto de izquierda, dominaba el cuadrado, hacia retroceder al campeón, lo llevaba a las cuerdas y allí lo castigaba y allí sí que se advertían sus errores. Insistía en su derecha alta y no quería aprovechar la oportunidad de castigar a la línea baja, que era más fácil y que lo haría recoger buenos dividendos más adelante. Es lógico que Martín pensara liquidar el combate, pero pienso que erró el camino”, finaliza Mister Huifa, Renato González

Y realmente lo erró. Según sus entrenadores, más la totalidad de los entendidos el osornino se salió del esquema.

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Primeros pasos en calle Lynch

La calle más popular de Osorno es, sin duda, Lynch. Con sus vendedores ambulantes comercializando desde luche hasta harina tostada aún calentita, sus fuentes de recreo con orquestas de tres integrantes (si es que se pueden levantar por ebrios)-son famosas en la región. Vagabundos, prostitutas, huasos, y delincuentes son la otra parte de su geografía. La música de las rancheras y uno que otro garabato de alguna meretriz se escuchan durante horas. Es aquí donde se encuentra el Club Social y Deportivo México, la cuna boxistica de Martín Vargas.

“Nací en Osorno el 24 de enero de 1955. De niño me gustaban las peleas. Nos trenzábamos con mi hermano Pedro en duras luchas, eramos parejos, pero yo quebraba con mi inteligencia, era mayor, me quitaba los guantes y le daba a puño limpío. De niño nunca quise plata de nade. Mi infancia fue dura pero linda. Fui lustrador, canillita y vendedor. Rolando Trujillo fue quien más duro me pegó, sentí mucho sus golpes, pero pude noquearlo. Mis remates más espectaculares los conseguí  ante Gonzalo Cruz y Alex Santana. En pelea a veces me caigo pero no importa, soy fuerte y me levanto, pego y aguanto como un peso liviano. Cuando un niño me pregunta por el boxeo le digo: ojalá nunca pelees ¿sabes por qué? Por la gente, te suben y te bajan a cada minuto. A los 12 años me llevaron al Club México y a esa edad hice mi primer cotejo. Pesaba 38 kilos y lo hacía en categoría `hoja`. Me pegaron duro, pero sobre el final gané por K.O. Más tarde gané el Campeonato de los barrios, en 1969, de ahí en adelante ya fui Martín Vargas”, recuerda el osornino.

De ahí en adelante su nombre se comenzó a hacer conocido en todo Chile. El año 73 se hace profesional.”¿Sabes cuando estuve a punto de largar todo? En el 74, cuando me ganó Carlos Escalante en Bariloche. Fue un robo, te lo juro. Dije, esto se acabó, incluso regalé todo mi equipo. Más tarde me hicieron recapacitar y volví. El público de Chile no se preocupa por mí. Son crueles y duros, lo fueron la noche de Canto en Santiago, cuando me volvió a ganar, dijeron que yo estaba sobrado y que no me la jugaba. Eso me dio pena y fuerza, escuchaba los gritos y los reproches, y por dentro me decía: no importa Martín, mañana serás campeón mundial”, señala Vargas.

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La pelea

Así llegó la pelea con Betulio González. Martín con 23 años; Betulio con 30, tres veces campeón del mundo en 10 disputas, y con 59 combates: 28 ganados por K.O., 20 por puntos, 2 empates, 7 derrotas por puntos y 2 por K.O.Betulio era un buen boxeador. Canchero, de gran experiencia, buena defensa y de recursos significativos.

Martín por su parte era un peleador de tres etapas bien definidas. La inicial era aquella de aficionado: guerrero, espectacular a ratos, pero sin estilo definido y con recursos técnicos paupérrimos. De profesional fue ganando en contundencia, aprendió con el técnico Julio Cesar Barría y se transformó en una gran esperanza nacional. Luego llegó un período oscuro que comenzó en 1976 y finalizó a comienzos del 77. De ahí en adelante fue un Martín demoledor, que se hizo idiolo de todo un país. Fue el Martín Vargas del “Pega, Martín, pega”. En ese lapso ganó todos sus matches con cierta irregularidad frente a Madrigal, Buitrago y Lois Fernández. Hasta que llegó su primer encuentro con el mexicano Miguel Canto en Mérida, derrota decorosa y su pelea de revancha ante el mismo rival en Santiago con Pinochet como principal hincha. Una derrota inapelable. La apuesta de ponerle técnicos mexicanos resultaba fallida. Posteriormente se le envía a Buenos Aires donde el promotor Tito Lecture lo apadrina y le pone como entrenador a un viejito que sabe más de boxeo que ninguna cosa en el mundo: Osvaldo Cavillón. El octogenario señor con gruesos lentes hace un trabajo magnifico.Así Martín llega a la pelea con Betulio. La tercera es la vencida, decía la gente… Pero Martín falló. Como antes enunciabamos: erró el camino. Se apresuró. Había que medirse, racionalizar las fuerzas para aguantar quince asaltos con más de treinta grados de temperatura y mucha humedad, “Lo vas a aplaudir con facilidad y no te calientes arriba, hay que esperar, puntea de izquierda y crúzalo de derecha, sin entusiasmarte”; pero Martín quiso matar de un comienzo. “Púntealo Martín, no tanto, rápido, cuidado, eh…no tires todo…vamos, vamos, no te engolosines que es lo que busca…mántenlo de distancia, puntea, así, así, con la izquierda, que no entre en el cuerpo a cuerpo”, gritaba Cavillón. Y Martín estuvo cerca, del primer al quinto round ganaba lejos y sólo le faltó la estocada mortal, incluso hasta el octavo round ganaba por puntos pese a que Betulio había emparejado las acciones. Luego fue otra pelea. El venezolano tomó las riendas del combate, comenzó a hacer mejor boxeo y arrinconar al osornino, quien ya daba muestras de cansancio. En el noveno round Martín cae por primera vez, se resbala. El osornino tiene las manos quebradas de tantos golpes que le había encajado a Betulio, y ahora ese dolor se ponía en su contra. Sus golpes eran debiles, sin punch. Hasta que Betulio le mete un dedo en el ojo, según dicen y que podría ser bastante factible, para luego dominar en el cuadrilatero. El combate comienza a perder violencia. Hasta que llega el undécimo asalto. Betulio coloca un croos que dio por el suelo con el chileno quien se levantó rápido, luego en el round 12 caería nuevamente para no pararse si no hasta que el juez decretaba el fuera de combate, al mismo tiempo que una toalla vuela por los aires. Las esperanzas de todo Chile quedaban en la lona de ese ring en la Plaza de toros de Maracay.

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