Arturo Salah ¿Azul, albo, o incoloro?

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La discusión es inútil. Qué importa el color de sus amores, si es que los hay. Él mismo se ha definido como un hombre de fútbol, sin importar las etiquetas o insignias. Claro, ello -en un país siempre tan dividido- genera resquemores y suspicacias enfermizas, infantiles. Muchas veces malintencionadas.

“Los tres pilares que pretendo liderar es el primer equipo, el cuerpo técnico y los fichajes. El segundo, el fútbol base y los sistemas de entrenamientos. Y el tercer pilar es la estructura apropiada para que esos dos pilares se construyan de la mejor forma”, señaló Salah a su arribo al estadio Monumental.
Salah en definitiva es un formador. Un planificador serio. Un estratega de proyectos a largo plazo, si es que esto sea algo concreto en nuestro dubitativo fútbol criollo y no sólo un mito, dada la sobrevalorada inminencia de los resultados.
¿Sería mejor el fútbol chileno de existir más Salahs?
Creemos que sí.
¿Cuanto de improvisación tiene el fútbol chilensis? Bastante.
Hemos avanzado en infraestructura y mentalidad,  pero estamos fallando en un modelo que ha velado por los intereses comerciales versus la posibilidad de convocar a la familia, de establecer políticas futbolísticas acordes a los tiempos que se viven y basado en un espectáculo seguro. Añoramos volver atrás dejando violencia y chimuchina.
El fútbol parece ser reflejo de nuestra sociedad con su egoísmo e intereses mezquinos de los poderosos. Podremos velar por los anhelos de todos los clubes y no sólo de los grandes? La pregunta está hecha, pero la respuesta es incierta. Episodios bochornosos hay varios: la salida de Bielsa, la presión de los equipos emblemáticos por los dineros del cable, la presidencia abortada de Segovia, el sobreprecio de las entradas de los encuentros de la selección, y la irremetida de las sociedades anónimas en una sola dirección: lucrar y generar ganancias sin mayores proyecciones para el club. Los hinchas han visto atónitos como “secuestran” a sus clubes.
Hoy por hoy el fútbol es un negocio que genera muchas utilidades y ante ello los mercaderes aparecen de las penumbras. Algo se debe hacer, es imperativo. No hay que caer en ese juego del libre mercado, de todo en venta a cualquier precio. Ello llevaría al precipicio a todo este deporte nuestro. Salah -en su ámbito- tiene el deber de encauzar el rumbo en Colo Colo, de mostrar un camino más noble. Una senda más amplia, que devuelva la lozanía de antaño. En los 80 Salah, ex jugador de Audax, la Catolica y la U, veía la consolidacion de un modelo: el neoliberal. Los Chicago boys iban a trasformar todos los cimientos economicos de Chile y ello no iba a ser ajeno al futbol. Tuvo que pasar mucho tiempo pero a fines de este siglo, inicios del 2000, los clubes se iban a transformar en sociedades anónimas. La ingenuidad se perdía,  junto con el amor por los colores, no importando si son albos, azules o celestes. Hoy Salah tiene el deber de hacerse respetar ante los dirigentes y la barra. Debe -cual Quijote- contener un poco esa avalancha neoliberal contaminante. Los clubes están formados por jugadores, hinchas, directivos. En definitiva, por personas.
Una cosa es segura: Salah no dejará cosas al azar poniendo orden en un, hasta ahora, desordenado Colo Colo. El ahora presidente de Blanco y Negro evalúa las opciones para elegir un nuevo entrenador. Nombres hay muchos y existe confianza en la decisión del timonel. Aires nuevos se respiran en el club popular y en ese aspecto Salah es fundamental brindando garantías y esperanzas al alicaído pueblo albo.

El Clásico y otras derrotas

La derrota en el Clásico no fue sorpresiva. Frente a O’Higgins la letanía de los albos se escuchó aún más nítida. Ni Dios, ni la Virgen, ni todos los santos salvan a Colo Colo. El equipo anda mal y la defensa es la parte del engranaje que peor se ha desempeñado en este campeonato. El colombiano Domínguez no marca, apenas se proyecta y es un bluff de proporciones. Vilches muestra su nivel más paupérrimo y Mena ya no puede con rivales veloces, sumado a sus infracciones que lo han hecho ser expulsado con insistencia. Seguramente Salah advirtió estos detalles y pensará que es imperativo hacer  modificaciones a futuro. La llegada de defensores que rindan es la mayor urgencia de los albos. Eso y el trabajo desde divisiones inferiores para la aparición de jugadores jóvenes. Todos saben que Salah tiene buen ojo para detectar talentos. Los aficionados hoy no esperan ganar la Copa Libertadores pero sí que el equipo vuelva a mostrar un juego vistoso y ganador. Cómo hacerlo si la condición física no acompaña se preguntan muchos. Los jugadores apenas trotan y los segundos tiempos son un desastres ante rivales que los pasan a llevar. Qué sucede? Cómo hay fallas en un aspecto trascendental. Algo se está haciendo mal. Parece que una maldición se cierne sobre Blanco y Negro. Habrá que ver como se dan los próximos eventos deportivos del club popular. Mientras los hinchas esgrimen un dicho: “La esperanza es lo último que se pierde”.

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