Cine. Más corazón que odio.

por Andrés Caicedo

AndresVarios

El film se abre con el regreso de John Wayne al hogar. Regreso que como se verá después, no tiene nada de definitivo y cuando Wayne inicie su larga búsqueda quedará sobre la historia y sus protagonistas la gran ausencia del mundo familiar, ausencia que antepuesta al fiel cumplimiento del deber (búsqueda por un mundo rural hostil, que ya no desea el protagonista debido a su cansancio) construirá los cimientos de este poema épico.
Tenemos entonces dos mundos: el doméstico y el rural: colectivo uno, solitario el otro. El mundo doméstico, en su perfecto desarrollo en torno al conocimiento que se va teniendo del mundo rural ya que se va complementando y enriqueciendo por la creciente nostalgia de los personajes y sus repetidos y cortos regresos, nos da naturalmente la muestra más perfecta y querida del cine de Ford, y corrobora lo que ya se había advertido en Un tiro en la noche: se trata de una épica de lo familiar, y si se quiere, de lo íntimo. No es coincidencia que en ambos films las mejores secuencias se encuentren dentro de las características anotadas. En Un tiro en la noche la secuencia de la comida, cuya puesta en escena (ritmo conseguido en dos ambientes: la cocina y el comedor, y Vera Miles yendo continuamente de uno a otro) se basa en la utilización de un elemento muy bien encontrado: los biftecs, que a pesar de la copia blanco y negro (es una lástima) no alcanzan a perder su eficacia, y en Más corazón que odio la larga secuencia de la boda, regreso y reiteración del mundo familiar, en donde se dan algunas de las burlas más sabiamente contenidas en Ford, y no únicamente para con los componentes de ese mundo sino para su mismo tratamiento (el de Ford) dentro del género, y claro está, para con sus actores amigos (Ward Bond en este caso) y para lo que ellos representan en el mundo del film y dentro del mundo del western fordiano.
the-searchers9
La dedicación con la que está tratado lo doméstico (última sublimación de la democracia tal como la concibe Ford) y por supuesto la belleza visual y dramática que resulta de este tratamiento, es mucho más obsesiva en Más corazón que odio que en Un tiro en la noche, por tratarse la primera de una épica geográficamente más abierta (algunos exteriores son absolutamente fallidos: las batallas, por ejemplo, como veremos después, y que responden más a un look de producción Merian Cooper-C.V. Whitney-Warner Bros, que al sentimiento más profundo de Ford) contenida en los dos mundos ya anotados, de lo que se desprende (visualmente) que a Ford no le interesa el mundo rural si no es cuando mediante él puede definir mejor su mundo doméstico. Dicho de otra manera –tal vez ya repetida- el mundo doméstico se forma en el recuerdo y la necesidad que se tiene de él cuando se está lejos. De allí que el paso del tiempo (extenso en el film) esté muy abreviado en la búsqueda por Natalie Wood y por lo tanto, reducido, y es este paso del tiempo –invisible aunque imborrable- lo que permite la progresiva afirmación del mundo doméstico en la historia, lograda circularmente y valiéndose siempre de pequeños momentos, de situaciones no extremas pero siempre muy ricas (la boda, encuentros Vera Miles-Jeffrey Hunter, etc.). Un ejemplo muy aclaratorio puede ser la lectura de la carta: mientras Vera Miles la lee, en los minutos contados que le lleva la acción, John Wayne y Jeffrey Hunter transcurren un tiempo muchísimo mayor, de años, saliéndose incluso de los límites informativos de la carta, forzados en última instancia.

32342326

Además, se advierte en el film un marco de inadaptación para los personajes, que en John Wayne es el estar fuera del tiempo y de las actitudes nuevas, representadas estas últimas por el bello personaje que hace Jeffrey Hunter, origen del permanente contrapunteo generacional, muy marcado en Más corazón que odio. Hay otra cara de la inadaptación, de la extrañeza con lo social y con lo geográfico y que se ve en las actitudes de Olive Carey (Mrs. Jorgensen) con respecto a la tierra que le ha tocado colonizar y hacer fértil, tierra casi siempre hostil, cambiando continuamente. Esta extrañeza adquiere marcados visos anormales, patológicos en el personaje que interpreta Hank Worden (Mose, el de la mecedora) o en las niñas cautivas por los indios y recobradas años después por los hombres de raza blanca después de una matanza, y en última instancia Natalie Wood, personaje maltratado mucho al esquematizar (solucionar) su situación obedeciendo al eterno final feliz que en Ford no es una imposición sino un deber para con sus personajes. Por eso las limitaciones derivadas del final feliz son fácilmente comprensibles, y aún más: aceptadas cariñosamente. Eso depende de la actitud del espectador.

Searchers

Hay dos primeros planos en Más corazón que odio que merecen recordarse: John Wayne mirando a las niñas cautivas, imagen que da toda una situación del personaje, y sobre todo enmarca sus contradicciones ante el hecho que se propone realizar, y nos da una visión de su soledad, de su cansancio, toda la gama de sentimientos que Ford, en admirable síntesis puede arrancar de su actor cómplice. El otro es el hermoso primer plano de Vera Miles contemplando la pelea. Me queda dificil entrar a apuntar los componentes por los cuales considero este plano la imagen más bella de todo el film; habría que hablar largamente sobre la mujer, sobre la condición de la mujer ante la obra de arte, sobre el papel de la mujer ante el acto creador, sobre la responsabilidad de la mujer ante la obra de arte, en fin, sobre la posición de la mujer ante el mundo y ante su creador: el artista. Creo que todo eso se encuentra en ese plano de Vera Miles contemplando a dos hombres que pelean por ella.

searchers33r

La ingenua ideología que se desprende del film está expresada en ese curioso cambio de una familia a otra (cuando desaparece una, está la otra que viene a cumplir la misma función de hogar, de unión, de hospitalidad, de democracia) expresada admirablemente por Ford, con todo el cariño y la dedicación que a él le inspira el cine, sentimientos que no se ven en cambio en ciertos exteriores bélicos (la batalla en el río), que adolecen de una gran pobreza en la planificación.
Hay hacia el final un apresuramiento, palpable sobre todo en la poco convincente muerte del jefe Scar, arruinando aquí también un personaje tratado dedicadamente, sobre todo en las imágenes de su rebeldía marginada, su último alzamiento dentro de la más absoluta derrota. Recordar la posición de recuerdo ante pasadas glorias que mantiene el orgullo indio (las cabelleras, las esposas) mientras él y su gente han sido relegados a vivir en el desierto, entre el viento y el polvo, sin pasto, sin nubes, sin búfalos…

Hay que hablar también sobre el color, la precisión de cada tono, el constante anaranjado (el desierto, las montañas rocosas, el atardecer trágico en la casa de los Edwards), y también el azul (los vestidos, los cielos), representativos tonos del technicolor siempre marcado, siempre obsesivo, pero aquí dotado de un gusto a cosa vieja, resquicio de un pasado bueno y heroico, que comulga perfectamente con el total ambiente de nostalgia que segrega la película, nostalgia triplicada ahora a catorce años de su confección, ahora que uno ya sabe a John Wayne dirigiendo Las boinas verdes y necesitando Oscares; a Jeffrey Hunter muerto aún muy joven (nunca fue un buen actor, pero su trabajo en Más corazón que odio tiene que recordarse); a la excelente Vera Miles perdida en films de Walt Disney sobre la fauna y la flora y sus relaciones con familias modelo norteamericanas; a Ward Bond olvidado entre series de televisión; y a la entonces naciente Natalie Wood aún sin recobrar después de la importante pero discutible West Side Story.

Más corazón que odio es una de las tantas obras maestras de John Ford y una de las últimas disertaciones sobre un personaje amado, perdido entre convicciones adquiridas con sangre pero ya inservibles, y al final siempre fuera de los nuevos vínculos. De allí la puerta que se abre al comienzo y la puerta que se cierra al final dejando afuera a John Wayne, no sería únicamente el comentario del creador sobre el destino de su personaje sino también símbolo de una obra que se cierra de manera perfecta.
 *Boletín del Cine-Club de Cali (sin fecha). Extraído de Ojo al cine.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s