José Ángel Cuevas

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Preludio de un Chile extinto

… Pepe ¿Qué culpa nos une?

 

Por Hugo Dimter y Ernesto Medina Perea.

Fotos de María Eugenia Lagunas Peirale.

 

Pepe Cuevas tiene muchos tics. Cierra un ojo. Abre el otro. De improviso pestañea.

Una ruleta de contracciones en los músculos faciales del “ex poeta” frente a la multitud que lo escucha.

Pero esos gestos incontrolables se evaporan en la conversación diaria, en el saludo al vecino, al colega. Increíble: aún durante una entrevista.

– ¿Desde cuándo tiene esos tics? – le pregunto.

Y frente a esta pregunta impertinente que hubiese dado motivo a la execración y al fin del diálogo, Pepe Cuevas en un gruñido me dice:

– Ñiam, trompf, gloumpf, crunch- para luego largar una risa que aún conserva la frescura de los años felices, época en que había cien restaurantes en el Centro de Santiago de Chile y una cantidad no menor de boites y lugares pecaminosos.

-… ¿Qué culpa nos une?- pregunta un Pepe Cuevas Pepe Cueva tocado por la gracia divina que se cierne sobre pocos vates de la poesía chilena. El fantasma del Golpe de estado de 1973 no lo deja en paz. ¿Qué culpa nos une? Pues muchas más de las usualmente confesadas.

“No me paso películas” dice sabiendo cuan presto corre el tiempo. La fama es efímera, y parece burlarse desde el otro lado de la calle.

Al salir del Liceo Amunátegui entró a estudiar Derecho pero le apestaron todos esos “pijes”, como los denominó. Se va al Pedagógico participando en un concurso poético donde los jurados son Nicanor Parra y Alfonso Calderón. Pepe Cuevas gana la competencia.

El hombre es de izquierda. De los antiguos. De aquellos anteriores a la década del 70, antes del Golpe.  Con sus amigos se reunía en bares de la comuna de Ñuñoa: Los cisnes de Macul 775, Bambú de Irarrázaval y Mutual de Trabajadores. Pepe vuelve a vencer los premios de poesía de la Fech (Federación de estudiantes de Chile) durante el 71 y 72. Estuvo con Lihn,  Parra, Zurita, Naín Nómez y todos los posteriores: Jorge Montealegre, Eduardo Llanos, Floridor Pérez, Aristóteles España y la lista continua.

“Para otra vez será”, señala sobre sus deseos insatisfechos. Poeta urbano de un Chile nefando que es una mezcla de bar y restaurante, donde vale más el tener que el ser. “Antes no era así “, señala recalcitrante.

“¿Acabas de ver lo que yo he visto?”, parece preguntarse Cuevas pensando en un país extinto, ya muerto. El Golpe de estado de 1973 mató una nación y con ello a buena parte de lo mejor de ese Chile oblongo que de golpe y porrazo cambió para siempre. Lo que quedó fue una masa moldeable, amarrete, descreída, y paranoica.

Leo “Autobiografía de un ex-tremista” de editorial La calabaza del diablo. Cuevas en algunos párrafos escribe parecido a Bukowski en “Escritos de un viejo indecente” pero su prosa es política y llena de nostalgia, diferenciándose en ello del estilo bukowskiano. La bohemia está presente. Una visión de lo que somos también.

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Una entrevista con cebiche. Aliñada con cebolla morada.

Restaurante peruano de la Avenida Brasil con Rosas. Hora de almuerzo y los comensales arriban con teñida formal. Pepe quiere pescado y durante la espera comenzamos el diálogo coloquial con este vate chileno cuya simpatía cautiva de inmediato.

-¿México está más o menos igualita a Chile en cuanto a precios?- le pregunta Cuevas a Ernesto Medina Perea, un mexicano letrado que deseaba conocerlo. Una foto degustando la exquisita comida pasa a la posteridad. Un sorbo de cerveza.

-No. México es más barato- responde Medina-. En México está  casi todo subsidiado entonces es muy económico. No tanto como Nicaragua o todo Centro América; pero sí es más barato que Chile.

– Es misterioso México. Es interesante. Me gustaría ir a pasar un tiempo allá- medita Pepe Cuevas.

La entrevista ha comenzado. Entre platos rebosantes, cervezas y buen humor.

– Oye Pepe ¿Qué tan feliz ha sido usted durante su vida?- le preguntamos-. ¿Ha sido feliz,  o no tanto?

– Está buena la pregunta. Dentro de las dificultades que me ha tocado vivir, porque yo nací aquí cerquita, unas cuadras más allá… Mi papá era un joven que se  inventó su vida. Se dedicó a arreglar máquinas de escribir y residíamos todos en un departamentito chico, no sé, 100 metros cuadrados, una cosa así. Lleno de teclas y cuestiones, y yo era su ayudante. Así que desde chico mi papá era muy duro -antes se le pegaba a los cabros chicos -. Entonces había castigos, golpes y peleas en la casa. Pero dentro de esa dureza me paraba arriba de un ropero -cerca de un ventanal- y miraba todo Santiago. Ahí me volaba mirando el cielo. Era una contrapartida a la infelicidad a través de esas cosas: vagar por la ciudad. Siempre fui enfrentando lo malo buscando la felicidad  que logré en mi tiempo de estudios en el Pedagógico donde cursé Filosofía. Yo diría que he sido más feliz que infeliz; a pesar de haber vivido la dictadura que es lo más espantoso que uno puede imaginarse.

 

– Cuando pienso en Chile se me viene mucho a la mente el poema de César Vallejos que dice “Hay golpes en la vida, tan fuertes ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios”… y bueno, pensando en el Golpe y lo que viviste la pregunta es: ¿A qué le tiene miedo un hombre que sobrevivió a una dictadura?

– Mira, la vida es muy traidora en lo personal, en lo íntimo. Puede pasar cualquier cosa de repente. En Chile nosotros estamos acostumbrados a la desgracia porque uno está en lo mejor y de de repente ocurre un terremoto y todo se derrumba. Creo que la personalidad del chileno tiene que ver con eso de estar acostumbrado a estos guaracazos que son los terremotos, que destrozan todo y dejan esas desgracias que no están presupuestadas.  Y también al desamor, a la pérdida de los amigos, a la muerte. Bueno a muchas cosas. A eso le tengo miedo. Y pena porque el pueblo no ha vuelto a recuperarse nunca más de una cosa así.

 

– Estábamos en los 70 y de repente viene la dictadura de Pinochet. Eso tiene que haber sido muy traumático porque estabas empezando y de improviso todos esos  sueños en torno a la poesía se derrumban.

– No, porque mi persona estaba enfrentada a otra cosa más que la literatura. Estaba en la lucha. Hicimos un grupo político-poético, hicimos un colectivo que se llamó “Grupo América”. A los veinte años recorríamos  a dedo, digamos, no todo el continente pero gran parte, con aventuras maravillosas. Entonces después ver toda la efervescencia popular en la calle, los trabajadores, las mujeres, el pueblo, todo y bueno esto es lo que explico en este libro “Mecánica Chile”.

….Chile. Fue traumático haber estado en esa instancia donde todo se fue abajo.

Básicamente haberse adaptado de un día para otro a pasar inadvertido. Por ejemplo unos se cortaban la barba, se fondeaban, se cambiaban de casa.

 

-¿Y dónde lo encontró el Golpe?

– En Santiago. Estaba en mi casa porque hacia clases, era profesor en un liceo y tenía una empleada muy buena que me dijo:

– Don Pepe, Don Pepe…

-¿Qué pasó?

Estaban ahí mi señora y mis niños.

-Los militares se tomaron la Plaza  de Armas-, una cosa muy rara así dijo.

– ¿Qué? ¿Qué raro?- respondí. Porque el día anterior andaba cerca vagando y fui a la Universidad Técnica pues había sido nombrado algo así como Vicerrector en un centro de la Universidad Técnica en Chiloé, pero allá no conseguí casa y vine a arreglar todo eso. Entonces de repente pasé por un regimiento ahí en el parque Cousiño -así se llamaba antes- y vi lleno de ambulancias. “Que raro”, pensé. Habían como 30 ambulancias frente a la Escuela de Suboficiales. “Algo va a pasar aquí”, dije. Y me fui a hablar con mis amigos. Les expliqué y entonces llegó uno corriendo -era el diez de septiembre- y dijo: “Estamos colgados de la nada porque ya no tenemos el apoyo de la Escuela de Suboficiales. Estamos nuevamente dependiendo de Carabineros nada más”. Al escuchar eso me fui a la casa.

-¿Pensaban que Carabineros iba a defender a Allende?

– Sí, pensábamos que los carabineros iban a luchar. Al principio era el regimiento de suboficiales en Buin. Varios suponían -pues tenían contactos- que ellos iban a defenderlo como ocurrió el día 29 con “El Tacnazo”; pero no fue así. La otra cosa fue que ese día yo tenía que ir a un lugar donde íbamos a reunirnos todos. Era una fábrica en Vicuña Mackenna en el Cordón Victoria donde iba a ver lucha, iban a haber armas y todo. Así que me despedí de mi hijo, de mi mujer, me arreglé y partí. Llegué allá caminando, vi gente que se devolvía, gente sangrando. Eran las 10 de la mañana, llegué al lugar y dije: ” Aquí estamos compañeros”. Uno dijo: “No, no hay armas, no ha llegado nada, no tenemos nada así que estamos esperando”. Después habló Allende y dijo que nos fuéramos a la casa.

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En los Cordones industriales

Cuevas prosigue: “Entonces allí en los cordones industriales todos estábamos esperando las armas y nunca llegaron. Además vieron que no tenían apoyo militar, porque solos es imposible defender. Ahora yo escribo un poema allí que se llama “El sueño de Kiko Rojas” donde  llega este tipo y sueña que del norte se llena de obreros que queman autos para el Golpe. Entonces si hubieran dado la orden de hacer eso y llegan las armas o hubiera sido una masacre grande, o hubiera habido una resistencia, pero parece que ya el partido comunista sabía mas o menos, paró la cosa y dió la orden de pasar a la clandestinidad. El MIR -que tanto había hablado- al final  tenia 50 armas y el PS igual. Entonces quedó todo ahí no más; pero la gente estaba en todas partes dispuesta, y acuartelada. Había mucha gente esperando en diversos lugares hasta dos días tiradas en el suelo. Había muchas casas; pero no fue así.

 

– Sobre el “ex poeta” dices que es un intento de construir un personaje que dejó de ser chileno. Alguien que lo perdió todo y volvió a empezar. ¿Eso sigue siendo lo tuyo?

– A ver, no. Eso lo hablé el año noventa y tantos, más o menos. Cuando estaba volviendo la democracia, en ese preciso momento, inventé este personaje. Digamos que era un personaje interesante porque la voz que se forma es  distinta del poeta. Yo ponía que el poeta daba anuncios, así como la poesía nerudiana, daba esperanzas, tira cosas: maravillas. Pero el ex poeta  es uno que hizo anuncios, que hizo como presunción de las cosas, iluminó cosas, pero que no se concretaron. Entonces hablo como un boxeador que colgó los guantes y esa  es otra habla….te fijas. Por ejemplo, ahora tú vas hablar como el que recorrió América. Pero que cuando estuviera ahí te agarran, te toman la mochila y te sacan la cresta. Entonces la tu voz  es distinta. Una cosa así fue la que conté como ex poeta.

-Era una cosa como negar a los 4 grandes que hablaban en ese momento, hablando de Neruda.

-Bueno sí porque apareció la Anti poesía, la Anti poesía era justamente lo cotidiano, mira la Anti poesía es esto, todo ello, suponte tu Neruda, de Rokha, Huidobro. Son grandes imágenes, belleza, trabajo poético puro . Pero Parra dice: “Bueno, y dónde está aquí la palabra guagua, la palabra carabinero”. Entonces yo escribí una poesía cotidiana, digamos, tal como hablamos, y eso me parece bien porque lo otro es muy maravilloso, pero es como una invención. Digamos que es bonita, es un trabajo teórico precioso; pero el habla también es potente. Entonces este gallo empezó con el habla en los textos, y yo empecé con otra habla, de otra generación.

– ¿La influencia de De Rokha fue muy fuerte?

– Sí, fue muy fuerte.

– ¿Por la cosa poética o por la cosa política poética?

– Mira, la chilenidad que hay en Nicanor Parra y en De Rokha es inigualable en todos los grandes mitos. De Rokha parece que exige mucha perfección: él no sabe cortar, se larga y tiene unos tremendos “camotes”, pero si alguien lo editara, lo tomara, lo cortara y dejara lo mejor, allí creo que está el punto de él. Además, tiene hartos defectos, pero el mundo de Rokha es superpotente. Un mundo -en su tiempo- que levanta una chilenidad, del campo, de la comida. Muy bueno. Todos tienen su gracia porque por ejemplo la amistad es una maravilla. Tiene un lenguaje clásico, un misterio. Y Neruda: Residencia en la tierra es inigualable. Neruda era complejo y profundo.

– ¿Ahora usted se considera un poeta político?, así lo califican por la fuerte influencia de la política…En realidad todos somos unos sujetos políticos.

– Mira todos estamos en la poli, en la ciudad. Lo que me tocó a mí vivir me hace un poeta político; pero digamos a partir de la individualidad de un sujeto. Entonces no es que sea político como eran antes. Si no que digamos que a partir de la voz de un sujeto, digamos de rockeros, de gente vencida, de gente que no puede vivir bien.

– Como de crítica, con una crítica social fuerte.

– Una voz que va a hablar del mundo interior de las personas fracasadas, o de personas que la pasan mal. Es como hablar de cualquier chileno por aquí cerca, o de la gente que va a los hoteles de mala muerte (ríe).

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– Durante el Golpe de Estado y posterior dictadura tu generación estaba escribiendo poesía y resistiendo, ¿pero los grandes como Nicanor Parra qué estaban haciendo?

– Mira, en el momento del Golpe había en una escena muy interesante. Se estaba desarrollando una filosofía distinta, suponte tú del estructuralismo, estaban tomando un vuelo re bueno, que en el arte llegó a través de, ponte tú,  de Patricio Marchant, del Centro de Estudios Humanísticos, de Ronald Cain, posteriormente del Grupo CADA. Entonces eso dio como resultado, digamos,  todo un arte nuevo que llega ahora ,,,,de la  Nelly Richard y otro grupo. Y en la poesía estaba bien pero con el Golpe se produjo el desbande, se acabó todo eso. Diría que Enrique Lihn y Jorge Teillier, que  eran de otra generación, no fueron muy conmovidos por el Golpe. Además que Enrique Lihn había estado en Cuba y lo había pasado súper mal allá A uno  lo echaron y lo metieron preso y se arrancó de eso, porque era crítico. Y Teillier siempre estuvo metido en su mundo muy lindo del tiempo indefinido, lárico, y tomando. Fui muy amigo de Jorge Teillier,  se juntaban todos los días, antes, en el bar Ñuñoa y llegaban a las 11 junto a otros, muchachos como Aristóteles de España, Juan Cameron. La tomatera era el día entero. Estaba la Stella Díaz Varín que era una joya idealista…y ahora queda una sola que es Yolanda Lagos. Entonces ese mundo poético era súper bueno. Ahora los poetas, los gallos actuales trabajan en publicidad y son jodidos. No comprometen su persona, su existencia. Por ejemplo estuve en México y varios hablaban de contactos, que los otros eran unos fracasos. Están ubicados, están en la tele, muchos haciendo telenovelas y cuestiones. Así que bueno, por ejemplo, los amigos míos se fueron a Canadá, otros se fueron a Europa, y yo quedé aquí solo.

-¿Por qué te quedaste?

– Me encontré con un amigo y me dijo: “Mira estos maricones, se fueron todos. Te acuerdas cuando íbamos a las fábricas a enseñar. Ahora ellos se van, arrancan, y nosotros acá. No es correcto. Nos vamos todos o ninguno”. Irse y que los obreros no se fueran me parecía una mariconada. “Bueno, yo no me fui tampoco” dije. Tenía razón este tipo y si acaso llegaba algo muy duro ahí me tenía que ir, a pesar que hice una película donde va un gallo, al personaje le ofrecen un pasaje. Entonces no hay nada más que hacer: nunca me mandaron el pasaje.

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-¿A usted lo fueron a buscar a la casa?

– Claro, a mí me fueron a buscar y todo. Después me buscaron poco tiempo.

-¿Estuvo preso?

– Estuve preso varias veces, como siempre  En una me buscaban porque querían que les hiciera contacto del MIR. Me pescaron en la calle, yo pensaba que había sido un poroteo. El poroteo era cuando pescan a alguien y va a la calle y delata a sus compañeros. Dicen: “Avísame quién va….” “Ya, ven para acá”. Sacaban a la gente así, a los presos a recorrer obligadamente. En el bar La Unión había sapos. Una vez me senté y estaban metidos en todas partes. Habían reuniones y una vez estaba curao y uno entonces me dijo: “¿Usted cree que yo no sé quiénes son estos conchadesumadre que están aquí?… No creo que sean poetas. Son comunistas, y tengo una bala lista para el primer conchadesumadre.”.

Allende llegó e hizo lo más importante: nacionalizó el Cobre, realizó la reforma agraria y después nacionalizo -o sea pasó al Estado- 90 monopolios grandes de todos estos grupos económicos; pero estos crearon un sabotaje: escondían todo. No había azúcar, no había pan, toda la gente no tenía gas, imagínate y entonces decían: “Llegaron los pollos…” y todos bajaban corriendo a hacer una cola. Era una locura. Y después al día siguiente aparecía todo por obra de magia.

– ¿Cree que Nicanor Parra pudo haber criticado un poco más la dictadura?

– Sí, creo que sí. Claro. Parra también lo pasó mal. Parra fue a Estados Unidos, como en julio del 70, a la Biblioteca del Congreso de Washington. Luego le bloquearon la entrada a Cuba. No lo querían ver, hubo una fuerte repulsa de la Casa de las Américas de La Habana. Una postal: yo admiraba a Parra. Había un taller de poesía. Entonces un joven se levantó y dijo “Señor Parra usted fue a USA y comió con la esposa de Nixon, entonces yo me retiro. No  voy a seguir en su taller”, se levantó y se fue. Y Parra dijo: “Ándate a la mierda”.

Es que la cosa era muy política. Y Neruda igual. Neruda cuatro años antes había ido al Pen Club de New York, a recibir una cuestión. El Mir se reunió en New York, hicieron una asamblea y declararon que no lo iban a dejar entrar, en fin. Cuba también lo rechazó. Dijeron que se iba a pasar a comer unos huevos fritos con el Presidente Nixon. En ese tiempo había guerrillas allá. No se perdonaba nada.

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-¿A quién más le reclamaron, fuera de Parra?

– Varios como que estaban en otra. Enrique Lihn tenía trabajo y después con los años Lihn hizo unos libros del Paseo Ahumada como más político, pero él estaba metido en su mundo del conceptualismo.

-¿Usted conoció a Enrique Lihn?

– No, a Lihn lo conocí así no más. Era altanero, medio cuico. Era burgués realmente. Hablaba como pituco. Era pituco; pero no rico. Hablaba así, se había criado en el Liceo Alemán. Pero de todas maneras era un gran gallo, fíjate. Como le tocó ese tiempo se le exigía más. La poesía de él no me gustaba. Nunca me gustó.

– ¿Muy compleja, erudita?

– No sé, mucha palabrería. Es que no había de dónde agarrarse. No había mucha intimidad, había muchos problemas con las minas. No sé yo lo consideraba un pequeño burgués medio cuico.  Y también por otro lado sé que la poesía de Lihn era compleja e interesante. Muchos gallos lo adoraban, y muchos no. Me gustan sus libros de viajes. Ahora era re conceptual, re teórico; a pesar de que no tenía ni cuarto medio. Y sin embargo, era más estudioso por eso mismo: teórico, para él  un poema era el concepto del poema, o sea que el tipo tenía que saber teóricamente lo que estaba haciendo. Un personaje muy interesante, además muy existencial. Oye, entregar una vida -estar metido en una cosa- para algo que no te reporta ninguna utilidad material.  Creo que vivía en una pieza ahí en el Centro. Pero era un burgués y tenía hartas minas, tenía buena llegada con las mujeres. Bueno, Yolanda Lagos debe saber mucho. Y Adriana Valdés quien fue su pareja. Media cuica también,  pero bien teórica, sabe harto.

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-¿Cree que nos cambiaron Chile después del Golpe? Nos cambiaron gato por liebre, ¿nos cambiaron el país?

– Sí, lo aplastaron y la gente tuvo miedo para siempre. El no meterse en política. Me acuerdo una cosa tragicómica. Una vez iba en una micro de esos años y de repente un señor dice: “Mire, hicieron estos casinos para sacarle plata a la gente, para que la gente gaste plata”. Entonces otro que iba atrás dijo: ¡Hey chofer, aquí está hablando de política! Así que el conductor frena, cierra las puertas, y partió a buscar un carabinero. La gente decía: “Arránquese”. “No, no me arranco”, decía el tipo y lo fueron a dejar a la comisaría. Eso fue como el 76. Hablar de política era “meterse”, ese es el verbo. Decían: “Parece que el mexicano es medio sospechoso anda en algo, o se está metiendo en algo”, o: “Ella está metida, está metida en algo”, se decía así.

– ¿Pero eso era porque se tenía miedo? ¿O por simple delación?

– No, porque supuestamente todos teníamos doble cara, y eso todavía corre para todos.  Tú puedes ser sapa también, él puede ser sapo, o tú podías ser milico; o bien al revés tú podías ser del MIR y estás haciendo el bluff como que estás disfrazada y éste también. Duró años: del 76 hasta el 2000, creo.

-Nadie se atrevía a hablar nada.

– Nadie hablaba sino con gente de confianza no más. Había infiltración en las oficinas, en los bares, en las casas, en los domicilios. Todo estaba copado. Hasta en la Fech había sapos. Todos decían: “Tenga cuidado que ese huevón, ese que está ahí: es sapo.

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Una respuesta a “José Ángel Cuevas

  1. Reblogueó esto en Comunicaciones y Reseñas memoriay comentado:
    Leo “Autobiografía de un ex-tremista” de editorial La calabaza del diablo. Cuevas en algunos párrafos escribe parecido a Bukowski en “Escritos de un viejo indecente” pero su prosa es política y llena de nostalgia, diferenciándose en ello del estilo bukowskiano. La bohemia está presente. Una visión de lo que somos también.

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