En territorio de Dios y del diablo

Carmen Berenguer
Poeta chilena

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Por Hugo Dimter.
Fotos de Sebastián Silva Pizarro.

Parece haber encontrado la fuente de la eterna juventud cerca de Plaza Italia donde habita. Carmen sigue radiante pese al transcurso de los años y una que otra enfermedad. Los dardos del demonio no han logrado acertar en el blanco y ella lo ratifica: “Aquí estoy. En cuerpo y alma”.
Indestructible e incólume, al igual que el busto de David que desde hace décadas yace en su comedor. Las desatadas ganas de vivir -que rigen su obra- siguen intactas desde 1946. Una mujer con la sonrisa colgada de un cuerpo menudo, y un espíritu que enaltece nuestras telúricas letras nacionales.
Desde que publicó “Bobby Sands desfallece en el muro”, allá por 1983, su trabajo ha sido “nombrar aquello que no se nombra mediante una poesía impura”, como ella misma la denomina. Ahí el mestizaje y sus críticas van a contrapelo emanando a borbotones desde sus versos.
Ganadora del premio Iberoamericano de poesía Pablo Neruda, Carmen posee una simpatía a flor de piel, pero también un carácter fuerte que no se esconde ni disfraza.
Prolífica, nos cuenta que está escribiendo tres proyectos que pronto verán la luz. Eso, sumado a su labor como ex presidenta de la Sociedad de Escritores de Chile donde ha desarrollado una abnegada labor para restaurar derechos a quienes se han visto bastante desamparados: novelistas y poetas, estableciendo claramente que es defensora a ultranza de los artesanos de la palabra.
Casada con el científico Carlos Jerez vivió dos periodos -1969 a 1972 y 1979 a 1982- en Estados Unidos. Durante 1986 pública Huellas de siglo y en 1988 A media Asta. Luego, en 1990 lanza dos poemarios: Sayal de pieles y Naciste pintada, recopilación de cartas de presidiarios y sucesos prostibularios. Sus poemas han sido antologados y traducidos a muchos idiomas. Con justicia, en 1997, obtiene la beca Guggenheim. Maravillas pulgares es editada en el 2003 y su obra Mama Marx -un título muy sugestivo- aparece publicada por Lom en el 2009.

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De vez en cuando su poesía navega por el Mapocho y por todos los ríos de este Chile para luego decantar en el océano. De vez en cuando el ritmo frenético de la urbe la obliga a enclaustrarse -al igual que Nicanor Parra- en el balneario de Las Cruces donde esquiva la contaminación y las malas vibras citadinas. Los fríos invernales tampoco le simpatizan. Un mar ensortijado y el carácter bravío de Carmen Berenguer confluyen sin prisa en un territorio ideal para quienes lo disfrutan y conocen. El océano Pacífico y Carmen hablan el mismo idioma. Jamás se callan, nunca traicionan su espíritu. Así pasa la gloria de los poetas. Sin pena y sin gloria. Pero dando la batalla.

Usted habla del estoicismo de los poetas frente a la vida. ¿Cree que ese seño estoico sea una característica común en los poetas?
– No sé. No quiero generalizar ni darle un sentido, o una característica, a un grupo como si todos los poetas fueran iguales. Diría que hay poetas estoicos, otros tienen una acritud frente a la vida. En cambio hay quienes son bastante exhibicionistas, les gusta ostentar, sacar cosas grandes. Hay de todo un poco. Y también hay tiempos. Yo me guío mucho por eso: por el tiempo. Hay temporadas más melancólicas; o con un componente político. Cuando hay demasiada algarabía pasa que me retraigo, me produce una suerte de efecto en el cuerpo. Yo me guío mucho por esas cosas, cual vieja que estoy.

¿Y con cuáles poetas se siente más a gusto? ¿Se relaciona bien con esos vates grandilocuentes?
– No me gusta la gente que habla mucho. Ni la que cuenta que todo es perfecto, maravilloso, con demasiada espontaneidad, con demasiado… cómo te podría decir, “yoismo”. Me empiezan a dar ganas de coger un palo y dárselo en la cabeza.

¿Podemos definirnos?¿En estos tiempos que vivimos se lee mucha o poca poesía?
– Diría que hay cosas bastante interesantes como fenómeno. Hay mucho poeta, hay mucho cacique, y poca tribu. Hay mucho poeta y poco público. Entonces los poetas se leen a si mismos. A lo mejor siempre ha sido así. Ha habido momentos en que la poesía ha sido una vocería más política. Ha tenido un foro, una especie de plaza pública. Desde Nicanor Parra hacia atrás, en la cual el poeta está con su megáfono, o su voz propia, y está vociferando. Tenemos a Pablo de Rokha, tenemos a Vicente Huidobro, a Neruda. La poesía del continente ocupaba un espacio, o llenaba un espacio. Tal vez era un vacío pero siempre con una voz disidente.

Entonces definitivamente estamos leyendo poca poesía. ¿Qué valor le da a este hecho?
– Estamos leyendo casi nada de poesía y hay malas prácticas. A manos negras le gustaría sacar del horizonte la poesía. Sobre todo aquellos enamorados del modelo neoliberal que piensan que todo se vende y no piensan que un pueblo tiene que tener también, a mi juicio, un bien simbólico. La poesía es parte de ese bien simbólico; no solamente el bien económico. Entonces son miradas opuestas. He escuchado gente en el Consejo del Libro, con una mirada más economicista que piensa que si un libro no se vende no vale y en ese aspecto pensaron rebajarle un buen porcentaje al monto anual asignado a la poesía, ahí hubo un roce. Hay 40 narradores, por ejemplo, y quieren llevarlos a todas partes, afuera, para venderlos, para que tengan marketing. Un marketing fuerte ha aniquilado y ha puesto a la poesía en un rincón frente a la narrativa. Hay una venganza también, un aprovechamiento del momento. Por otro lado es bastante chovinista decir que Chile es un país de poetas. Sin duda la poesía a Chile le ha dado prestigio y reconocimiento mundial. Mucha gente lo piensa. Pero tampoco es por bolitas de dulce, porque yo creo que hay una genética cultural. Hay transmisión de boca en boca por decirlo de algún modo. Es cierto: hemos tenido muy buena poesía y tenemos países en América Latina como Perú y como Nicaragua. Sabemos que en Nicaragua hay buena poesía y sabemos que en Perú siguen habiendo buenos poetas. Uruguay es un lugar excepcional en la poesía, Rafael Courtoisie, Ida Vitale que todavía está viva. Son portentos, portento es la palabra. Ellos tienen ese carácter, de trabajar muy silentes. Cada autor es único. No requieren del foro como nosotros los chilenos, que de pronto quedamos con esa marca del foro.

Pasemos a lo local. A nuestra aldea, a nuestro paisaje ¿Qué opina de la Fundación Neruda? ¿Cree que hay también ahí un cierto aprovechamiento de la figura de Neruda? ¿Su opinión de la Fundación es positiva o negativa?
– Con la Fundación Neruda se ha tenido distancia porque no ha habido muy buena relación con la Sociedad de Escritores de Chile. Hay ciertas sospechas de personas que se han apropiado de ese sector cultural. ¿Recibieron de las manos de Matilde Urrutia una cláusula que diga: “Ustedes se van a encargar del legado y se lo vamos a quitar a los comunistas, o se lo vamos a quitar al pueblo, o cualquiera que pueda mancillar la historia”. Hay un aprovechamiento en ese sentido porque bastantes hechos así lo indican: Neruda tenía intenciones de que algunas cosas se encargara la Sociedad de Escritores de Chile, donde él junto a otros poetas fueron importantes gestionantes. Entonces hay muchas cosas que poner en orden. No podría argumentar que eso es efectivo, pero hay sospechas y como soy una poeta, puedo realmente sospechar. Hay cultores de la sospecha, hay filósofos de la sospecha, podemos sospecharlo todo. ¿Qué ocurrió mientras Pablo Neruda iba camino a la Clínica Santa María? ¿Qué pasó con su muerte? A lo mejor no lo sabremos nunca, pero fíjate que es el tiempo de poner en tela de juicio muchas cosas.

Hablando de la SECH ¿Cree que los escritores y poetas de Chile están unidos? ¿Hay unidad?
– No, que unión ni que nada. Cada cual anda por su lado. Porque el modelo neoliberal y el liberalismo es absolutamente propicio para una especie de individualismo. “Yo soy, yo conquisto el mundo”. Y ayuda el sistema que te dice: “Usted estudió en la escuelita allá en Maipú, su papá era ferretero, tenía una ferretería. Luego estudió en el Instituto Nacional: va a ser Presidente”.

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…Cada cual por su lado. Pero entonces ¿cuál es el papel que debería cumplir la SECH? ¿No debería unir a los escritores de alguna forma?
– Los que quieran, ya que hay libertad. Algunos pensamos que es importante. Hay momentos que se justifican porque la Sociedad de Escritores ayudó a que hubiera Premio Nacional de Literatura. Ayudó a que tuvieran una casa donde se pudieran reunir los escritores, para poder vender sus obras. Esas son las características de una Sociedad de Escritores sindicalizada, gremial. Donde tuviera algo que decir, ser parte de la vocería pública. La Sociedad de Escritores cumple el lugar necesario en una sociedad democrática, porque se compone de 3 estamentos: la economía, el gobierno y la vocería pública, que son los ciudadanos. La Sociedad de Escritores tiene que ser esa vocería, cumplir ese lugar de corregir las políticas públicas, culturales, especialmente ahora que estamos con un mamotreto del Ministerio de cultura. Tenemos algo que decir, y lo que hizo Pinochet fue acorralar la institución, dejarla sin voz. Eso es lo que le hizo Pinochet a todos los colegios profesionales. Ahora ha sido interesante esta gestión que hemos realizado porque, no es que me fascine la palabra “gestión”, pero de alguna manera ha sido importante reponer algunas cosas en la Sociedad de Escritores. O si no va a terminar como una casa vieja, chamuscada, terremoteada, sin que nadie se preocupe de ella. Es importante lo que se ha hecho con la salud para los escritores, se han conseguido convenios que le otorguen apoyos con la salud, ya que los escritores no cuenta con ningún apoyo estatal de salud. Había convenios también con Venezuela. Había convenios con Cuba, donde gente que está muy mal se puede tratar allá. Realizamos convenios culturales con la Universidad Central, la UMCE y la U. Alberto Hurtado. Con algunas de ellas planteamos la importancia de colaborar con una propuesta de carrera para escritores de la SECH, lo pensamos como una especie de bolsa de trabajo para los escritores como una forma de profesionalización de los talleres ya existentes. De esa manera se pueda obtener un título acreditado para realizar talleres en colegios, institutos profesionales y universidades. Pensando en la gran experiencia que han adquirido los directores de talleres y lo que pueden contribuir al fomento de la lectura, y aporte al conocimiento de la literatura como especialistas. En síntesis es la garantía de tener un espacio que se ha ganado en el tiempo trabajando y enseñando a escribir versos, creo que es muy importante. El taller tiene características interesantes y desde hace 40 años o más que está dando vueltas. Todos hacen talleres. Antes eran los maestros los que daban su voz; hoy no. Ahora hasta un muchachito de 20 años hace un taller.
Necesitamos que se profesionalice y eso lo estamos consiguiendo con la UMCE. Que haya también en las universidades esto que se llama “Escritura Creativa”, que contraten a escritores que tienen cierto nombre, que les interesen, como lo hacen en las universidades norteamericanas. Todo eso es bueno y es una gestión que se está haciendo.
Otra gestión se está haciendo, es con el Senado mediante un convenio donde quisiéramos ser parte de la dieta estatal, porque la Sociedad de Escritores es patrimonial. Necesitamos arreglar la casa mediante un convenio municipal patrimonial o congresal con el fin de restaurar este patrimonio nacional de los escritores. Hay que pensar que todo Chile ha pasado por esta Sociedad y tenemos una riqueza en imágenes fotográficas además de una biblioteca con una gran cantidad de autoeditados. Podemos pensar que Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Manuel Rojas, Nicanor Parra, estuvieron y fueron parte de la directiva, colaboraron y quizás Neruda dejó algún escrito o Gabriela Mistral, se encontrarán todavía aquí algo de ellos más allá de sus fotos. Ese es el misterio guardado entre sus paredes, papeles, muebles como el escritorio de Neruda, cosas guardadas en el tiempo. Es una historia que debemos recuperar y dejársela a las nuevas generaciones de escritores. Queremos reflotar el premio Alerce, queremos reflotar la revista Simpson #7 que le dio valor a esta casa. Queremos reflotar la librería de la Sociedad de Escritores, que es la librería de los socios como único lugar, donde se pueden vender sus libros. Algo muy importante es la lucha gremial que debemos lograr que el 10% se le pague al escritor. Sólo las transnacionales lo hacen y algunas grandes, el resto nada, viven de los escritores. A veces pagan con libros, a veces.

¿Se refiere a los porcentajes?
– No nos pagan nada. Esa es una sinverguenzura y eso yo lo voy a decir a los cuatro vientos.

¿Esto sucede en todas las editoriales?
– Todas aquellas que se dicen independientes. Es una sinverguenzura. Incluso se piensa que cada autor negocie por su cuenta. O sea si el editor te dice: “Mira, pero si tú no vendes nada”, te van a pagar el tres por ciento. Algunos pagan el 10% del costo de la unidad, es decir si el costo te sale por $341 y se venden a $6000 pesos lo que te pagan a ti es el 10% de ese costo y no del total. Entonces es un abuso y los que contribuyen a este abuso somos los escritores. No puede ser que no hayan tratamientos justos habiendo derecho de autor. Entonces hay que cambiar la actitud. Han sido abusivos. Te lo digo: han aprovechado este tiempo para ahogarnos, como en el gobierno de Pinochet, que nos dejó fuera de ser jurado del Premio Nacional.
Mira lo que ganaba el encargado nada menos de la Municipalidad de Providencia, el que tenía esta Corporación Cultural de Labbé, mira los millones que llegaban allí. Y a la SECH, nada. Ha habido muchas cosas tortuosas. Y nosotros queremos recuperar ese espacio para los escritores socios.

¿Cuántos socios hay actualmente?
– 2000 más o menos. Estamos revisando bien la calidad y la cantidad de los socios, cuántos hay. Algunos puede que hayan muerto.

-¿Hay gente en el extranjero?
– En el extranjero hay socios. Hay una filial en Nueva York. Tenemos 13 filiares en Chile, pero hay que ver cómo están funcionando. Se han hecho algunas cosas y cada directorio ha hecho cosas importantes. El Directorio pasado, a cargo de Reinaldo La Cámara, trabajó mucho con Felipe Harboe sobre el Premio Nacional – en la Cámara de Diputados- para que vuelva a ser anual.

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¿No sería bueno hacer un encuentro grande, con hartos escritores? Como se hacia antiguamente en la Universidad de Concepción.
– Mira, estamos en eso. Tenemos una propuesta, yo me quedé a cargo de estos proyectos y creo que lo haremos. Me interesa, he colaborado bastante para que ocurra. Estamos realizando el proyecto con la UMCE, y con la Universidad Central, de realizar un Encuentro Nacional de Escritores para fines de este año. Eso va a ser en Octubre.
Estamos en ese plan, un poquito corriendo para lanzarlo. Queremos hacerlo nacional tal vez con algunos invitados de afuera. Pero tenemos que debatir lo que nos ha ocurrido, queremos conversar, dialogar, queremos ver que pasa o ha pasado con esta gran fragmentación social que ha vivido la sociedad chilena. Queremos indagar para que ha pasado con esa gran fragmentación también literaria. Me parece bien, pero veamos, conversemos. Nadie quiere dictar normas.
¿Y eso cómo lo van a financiar?
– Bueno, con las universidades. Nosotros como Sociedad de Escritores no tenemos ni un peso. Tratamos de financiarnos. El único apoyo son 14 ó 13 millones de los cuales dos nos pasaba la Municipalidad de Providencia.. Date cuenta: 2 millones, y a la Corporación le pasaba como 800 millones, o sea olvídate. Y el Consejo del Libro que nos pasa 15 millones. Con eso tenemos que pagar a la gente que ha trabajado en la Sociedad de Escritores, que son las secretarias, el cuidador y otros. Se nos va todo en sueldo, no nos alcanza para nada. Entonces necesitamos hacer más proyectos, obtener más financiamiento
Considero, como dicen algunos vociferantes, que también tenemos que entregar nuestro tiempo para hacer cosas. No puede ser solamente la Feria del Libro la cara visible literaria, tiene que haber otras instancias. Hoy las universidades privadas cuentan con muchos recursos económicos, y están liderando la cultura en Chile, en el mismo Consejo del Libro, están realizando eventos de envergadura literarios con los recursos nacionales realizan programas como diálogos abiertos donde convocan autores desde América Latina. Lo peligroso de esto es el poder estatal por medio del gobierno de turno quién se arroga una representatividad cultural, eso impajaritablemente el resultado es tendencioso, con el dinero de todos los chilenos. En ese sentido es importante, cautelar la diversidad y pluralidad cultural.

¿Ahora en qué posición está la poesía chilena? ¿Es optimista respecto a la situación de nuestra poesía?
– Bueno han ocurrido cosas buenas en la poesía chilena, desde los 80 en adelante. Hay muy buena poesía. Poesía multicultural plural.
Poesía escrita por escritores mapuches, huilliches etc. etc. Son poetas que han levantado un discurso literario. Creo que Huenún tuerce la lengua. Porque no se puede ser condescendiente con la lengua del conquistador. No vas a tener una posición política confrontacional con el sector dominante y en la poesía vas a tener una condescendencia. Hay una contradicción abismal.

¿ Cuáles?
– No voy a nombrar a ningún hombre.

¿No? ¿Ni vivos ni muertos? ¿Ni a Nicanor Parra ni a Enrique Lihn?
– A Lihn por supuesto, junto con Lihn te puedo decir que Ximena Adriasola, Rosa Cruchaga, que junto con Lihn no tuvieron ningún espacio. La poesía masculina hoy tiene al diario El Mercurio. El diario El Mercurio los nombra todo el tiempo y yo no voy a nombrar ninguno. Esos generan libros sesgados a toda la producción multicultural que se ha dado en Chile, así que no voy a nombrar a ninguno que ha nombrado El Mercurio.

Estaba revisando un libro de José Angel Cuevas: “Ex-tremista”, hay una parte que me llamó mucho la atención. Él escribe de los 80, sobre la poesía de los 80 y en un párrafo dice: ”Poesía de mujer, Carmen Berenguer cruza en un caballo blanco totalmente desnuda hacia el otro lado del río Mapocho. ¡Que bueno! me digo a mí mismo, eso es una fiesta del atreverse, sé que son los happening de los años 60, pero en medio de una dictadura nazi es espectacular”.
– Míralo tú, él es muy buen poeta, ha levantado el discurso de nuestra derrota.

¿Eso ocurrió realmente? Fue durante una performance…
– Puede ser. Las performances que yo he realizado, nadie las nombra. Algunas las dibujé con Las Yeguas del Apocalipsis. Pero mis lecturas siempre son performáticas vivas, solo mi voz como soporte.
Me gusta la cita del Pepe Cuevas. Bueno, él es poeta. En los ochenta se hacían algunas cabalgatas locas con aquellas “Yeguas “. Entramos a la universidad enyeguadas en pelo. Tocábamos la flauta, parecíamos el Flautista de Hamelin, tirábamos las riendas como bien yeguas que éramos. Esa fue una perfomance que se hizo pensando en la intervención milica de facto y nefasta que había en esos momentos. La Universidad de Chile estaba en paro buscando que se fuera Federici, el militar que había echado a un biólogo, un científico muy importante de apellido Izquierdo. En la época de los 80 valía la pena correr el riesgo.

Usted es muy amiga de Pedro Lemebel.
– Sí, hemos sido amigos muchos años. Pedro Lemebel es un tipo muy agudo, muy inteligente, muy buen escritor. Desde que se inició en las tablas, en el tinglado. Desde que saltó al tableado “zapateó fuerte”.

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Poesía y verdad

Ahondemos en su persona, Carmen. ¿Usted busca algo en su poesía? ¿Hay una búsqueda de algo? ¿Hay un fin?
– No lo sé, a mi me gusta escribir, escribir es mi pasión, siempre lo he hecho he aprendido a pensar escribiendo, he aprendido a razonar y a enloquecer escribiendo, he pensado que si dejo de escribir me muero, es lo único que aprendí a hacer en mi vida y lo que le dio valor, para mi la vida es sagrada por eso escribo. Por eso nombrar las cosas existentes fue parte de mi escuela literaria y cuando los objetos de mi existencia comenzaron a desaparecer me puse obsesiva con la nombradía, para recuperarlas y no olvidarlas, como las cosas que viví, las aprendí a amar. El nombrar las ausencias me fue obligando a hacerme una gramática que renombra objetos perdidos. Me he dado cuenta que renombrar esos objetos me hace viva. Nada más me importa, ni el cómo lo hago, ni el porqué, solo escribo y leo, soy lectora y me he formado un gusto literario.Yo me he dedicado a ´manchar´ yo no hago literatura, yo mancho porque le incorporo hasta los mocos a la letra, las lágrimas, todo lo que viene del afuera todo lo que interviene la literatura y cual sería esa diferencia? Según la filósofa C.Sánchez dice que la diferencia entre literatura y escritura, “de modo general, puede decirse que la literatura pertenece al espacio magistral del significado fundado por la cultura greco-latina. Por el contrario, la escritura no excluye a ninguna cultura, en especial porque remite a una palabra que incluye la otredad; además de ser interminable porque es apertura, confesión, marca, cuerpo, espacio.” Bueno yo siempre escribí sin obedecer las leyes del logocentrismo.

…¿Desde que empezó con “Bobby Sands desfallece en el Muro”?
– Desde que empecé a escribir, “Bobby Sands desfallece en el muro” en realidad en ese entonces creo que tenía problemas con el lenguaje de uso, yo, llegué a pensar, que algo terrible estaba pasando en el mundo que había conocido hasta ahora, en ese año de mi vuelta a Chile, algo horrible había pasado en mi barrio, en mi casa, en mis amigos, nada estaba en su lugar excepto, mi madre, pensaba que tenía que comenzar a hablar de nuevo pues todo lo que escuchaba estaba mal dicho era el revés de un mundo desconocido, por ello comencé a escribir para poder comunicar algo y pensé que las imágenes del cine de posguerra pasaban al revés por mi cabeza, entonces leía los diarios y encontré una noticia que me llamó mucho la atención, un puñado de muchachos y su líder era un escritor irlandes en una cárcel inglesa y moría por ser libre, libre del dominio de un modo de , libre de ser libre de prejuicios por pensar de un modo, por pensar, y el lenguaje tenía que decir eso que yo pensaba, en las paredes, en los muros, en la calle. De esa manera escribí y quise hacerlo como pensaba en ese momento que debía de hacerlo. Capaz que me haya olvidado de cómo era ese cómo hacerlo, pero lo hice y punto. Escribí en mi muro de ese entonces y punto.
En “Bobby Sands desfallece en el muro” utilizo la imagen del graffiti y la muerte de un huelguista irlandés revolucionario puesto en la cárcel por esa mala mujer de la Margaret Thatcher que se fue al infierno. Esta neoliberal que hostigó al 40% de los ingleses pobres. Lo mismo que han hecho acá con nosotros. Ese era mi tema, pero yo estaba hablando del hambre y de cómo muere una persona de hambre. Ahí estaba hablando de América Latina, del hambre. En “Naciste pintada” No hablo solamente de la prostitución, ni hablo de la mujeres, ni hablo acá ni hablo allá. Sólo escribo letras y voces y tú como lector puedes leerme y ver qué es lo que digo que tu sabes y así podemos con versar acerca de esto y lo otro.
En ese libro, me encanta recortar y pegar, ese libro me dio dolor de cabeza me demoré años pensando cómo y porqué esta frase, este argumento debía de estar allí, la poesía, la casa de la tortura. Una parte del libro “La casa de la tortura. Es producto de las visitas reiteradas a la cárcel en esos tiempos, y fue en los días de visitas, en varias cárceles donde estaban presas mujeres, sin procesos, terminando en la cárcel de San Miguel. Donde habían 13, 14, mujeres con una población de mil quinientos presos comunes, hombres. Lo consideraba tan cruel y violento para la mujer un castigo supremo de violencia. Estas mujeres estaban divididas sólo por una reja y un candado con hombres rudos. De hecho a veces las amenazaban con eso: que iba a haber un motín. Ellas quedaban aterradas. Vivían aterradas. En el libro, quise recoger esa experiencia por medio de entrevistas y luego las convertí en cartas desde la cárcel de cárceles.
Mi obsesión era contar lo que veía. Estaba viviendo escenas muy fuertes y era muy difícil hablar de ello, me planteaba muchas preguntas acerca del cómo tendría que hacer algo que era tan doloroso. Por lo mismo jamás podría ni pretendía escribir sobre la realidad, sino escribir la realidad y punto.
En los colegios de los chicos uno se encontraba con eso, pero como era dominante la cosa militar, los pobres niños sufrían esa situación terrible. Los chicos siempre buscan identificación con los otros amigos, por lo tanto ahí había un contrasentido: “Mi mamá dice una cosa. En mi casa se dice esto, y acá no”. “Sí hay desaparecidos, claro que los hay”. “No hay desaparecidos, no existen, eso es mentira”. Esas cosas horrorosas eran las mentiras del sistema imperante que es lo que aprendimos, lo que aprendió nuestra juventud. Fue un pillaje. Un pillaje para instalar toda esta mierda que vivimos actualmente de puros huevones pillos con maletín y corbata. Eso es lo que nosotros vimos.
Y el lenguaje cómo iba transformándose; tú tenías que ir transformando tu propio lenguaje, entrabas en contradicción. Incluso los mismos partidos de izquierda, eran partidos donde de pronto se decía: “Mira dice ‘compañero’, no tiene sentido esa palabra: está prohibida, no podemos decirla”. “Pueblo” por “gente”. Cambiando todo el concepto general. Entonces te iban nublando la cabeza: “Cómprese un auto, cómprese un auto”. El chileno ama el auto. No he visto nunca alguien tan feliz con un auto. ¿Por qué? Porque siempre la oligarquía fue dueño de un auto, entonces como el chileno es envidioso -porque es normal tener envidia, si no no estás vivo- veía como la oligarquía se paseaba en autos que traían de Europa en los años 60, 50, 40. Cuando existía la peonada y el derecho a la pernada con las mujeres. El peón que usaba hojota -y un sector de sociedad chilena de los años 60- pasó de la hojota a la universidad. Y luego estos tipos borraron eso. Todo lo que costó 30, 40 años a través de la luchas sociales. Porque todo eso no es de la noche a la mañana. Acá se repudiaba: al upeliento, lanero, lanero pelo largo.

Vamos un poco más atrás. A la década de los 60. Otra cosa que siempre me queda dando vueltas es sobre “Bella Estrella” esa detective con nombre de cabaretera… que personaje más interesante. Una mujer de armas tomar.
– Hace poco fui invitada a la Feria del libro de La Serena y había una mujer que conocía a Bella Estrella.

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¿O sea es un personaje real? ¿No era ficción?
– Claro. Es que la ficción es siempre real, y son nuevos agentes los que le dan un carácter de irrealidad a la narrativa, la simulación del espectáculo sus atificios y sus guiños de le restan veracidad por lo mismo. Entonces aquello que encanta al realista ya no puede hacerlo si no va con la era tecnológica, el Internet, la era digital. Hoy día hay nuevas tecnologías, tenemos la televisión, tenemos las imágenes, tenemos aparatos. Esas nuevas tecnologías ingresan a la literatura y la vacían de su lugar tradicional. La Bella Estrella fue un personaje real que vivió en mi casa. Yo habitaba una pensión y ahí llegó esta mujer detective que nos contaba cuentos, e historias reales, utilizando mucho el coa -jerga delincuencial-. Ella era una buena detective que acababa con los monreros, cogoteros, lanzas. A veces estaba en una esquina horas esperando para pillarlos y esas historias las ornamentaba con fantasías detectivescas. Es ficción de los años 60 en calle Catedral 1338, Amunategui entre Teatinos y Compañía. un departamento con portón grande. Casas enormes de 14 piezas cada una y en una de ellas vivía doña Coralia: doña Coralia era la dueña del hotel Valdivia.
¿Cómo no va a ser fantasioso para una chica que tenía 13 años el encontrarse con estos personajes? El novio de mi madre llegó a vivir con nosotros, era un español que venía arrancando de Franco, un escritor. Todo eso estaba en mi casa, o al lado como Doña Coralia, creo, todavía está viva. Yo era amiga de sus hijas, amigas del barrio. Iba a su casa a almorzar. Incluso una vez le dijo a mi mamá: “Oiga, iñora, déjese de dar comida y véngase a trabajar conmigo al hotel”. Mi mamá le dijo: “Pero yo tengo una hija”. “¿Y qué? Yo tengo dos hijos hombres y dos mujeres”. Doña Coralia fue una mujer que crió a sus hijos con el hotel Valdivia. Creó que un hotel se le quemó ahí en el Parque Forestal. Un hijo, en ese entonces, estudiaba ciencias políticas y el otro arquitectura. Recuerdo haber visto “Rebelde sin causa” con el más chico. Te das cuentas, ese era nuestro hábitat. Era muy interesante porque existía un grupo de mujeres. Había una que vivía a la vuelta, tenia una librería y estaba casada con un leguleyo, tinterillo le decíamos. Un escribano que tenía una librería ahí en la calle Catedral, con textos de Derecho, pero también mucha literatura. Mi mamá era intima amiga de ella. Y a la vuelta vivía una mujer que tenía un bar. Mujeres solas. Recuerdo que una vez que a mi madre le dijeron: “Oye Adriana ¿Por qué no nos vamos a tomar un terreno? ¿Tú no tienes casa? Yo tampoco”. Creo que era en Puente Alto, la Santa Adriana. Mi tía Elvira que era más cuica le dijo: “No, yo no voy a vivir a una población”. Prefería vivir en una pieza que en una población. Te das cuenta, pero ahí va cambiando también la sociedad. Primero estaba el Zanjón de la Aguada, y se iban instalando otras poblaciones en puras tomas, estaba Renca. Yo iba mucho a Renca, al otro lado de la línea del tren. Porque tenía una familia muy querendona. Prácticamente me crié con ellos, los Radrigán. Siempre cruzábamos esa línea y nos bajábamos en avenida Santa María, un recorrido que a mi me gustaba. Bueno pero todas esas historias las tengo escrititas, para que no se me olvide lo bello que es la vida vivida de la manera que la he vivido. Ya las tengo bastante avanzadas y quiero publicarlas. Crónicas tengo hartas. Bueno esto es real como te lo cuento, pero en el libro es una ficción coloreada eso es “Naciste pintada”

Hablando de cambios en la sociedad. Quisiera saber su opinión acerca de las universidades y cómo actualmente han cambiado. ¿Se piensa hoy menos en las universidades? ¿Se debate poco? ¿Son instituciones que entregan una carga, una mochila de conocimientos, pero hay poco debate? ¿Desarrollamos unos monigotes que saben ciertas cosas pero no piensan? Uno conversa con abogados, con arquitectos, con médicos y algunos son poco cultos.
– Claro, de Estados Unidos siempre me llamaba la atención – a pesar de que yo llegué en la época de Vietnam- una época que nunca olvidaré y que me enseñó mucho.
Acá nada. Saben cosas especificas de sus carreras, pero nada más. Da pena. La influencia del gremialismo, Opus Dei o los Legionarios de Cristo. Saben más de Calvino y de Milton Friedman que de cultura nacional.
La Universidad siempre se pensó como transformadora de las sociedades. La universidad era el centro del pensamiento y allí se discutían cosas de todo tipo: culturales, políticas, sociales. Entonces era muy importante porque se sabía que los estudiantes iban a ser sujetos de transformación.
Claro, la educación pasó a ser una economía. actualmente la familia lucha tenazmente para que los chicos puedan obtener una carrera, porque es una manera de ascender socialmente. Es trágico lo que ocurre en familia chilena porque ha tenido que deberlo todo, endeudarse y la educación es de mala calidad. Según el resultados de las estadísticas de organismos relacionados con la educación, dice que en Chile, el 52% de la población no entiende el contenido de una frase sencilla, y ocurre en el sector menos vulnerable.
Los chicos lo cuentan y esta generación lo ha vivenciado. No solamente esta generación, lo que pasa es que en los años 80 se organizaron en los colegios secundarios y fueron activistas. Muchos de ellos perdieron sus colegios, los echaron, hubo mucho temor. Hubo un gran asesinato La Operación Albania, fue espantoso para los chicos estudiantes. Recuerdo mi hija en el Manuel de Salas. El director del Manuel de Salas era uno de los encapuchados del Estadio Nacional. Y Manuel de Salas era un centro experimental de estudio muy bueno, en los años 70. Entonces aquí ocurrieron cosas terribles. Esas fueron las primeras movilizaciones de estudiantes, después vinieron los pingüinos en el 2006, que fue también una movilización de los colegios secundarios. Bien la movilización del año 2011 fue un salto grandioso.

Un salto de la sociedad civil versus la política y su enanismo, su miopía de crear país. Es extraño eso: Por un lado toda la gente movilizándose y por otro lado unos políticos que llegan a dar vergüenza.
– Lo que pasa es que la injerencia norteamericana en nuestros países es muy fuerte. Estados Unidos tiene dos polos no más; los republicanos y los demócratas, y esta idea de alguna manera es un poco eso. El binominal de alguna manera ha sido para potenciar un mecanismo de control político. Esos dos polos se manejan mejor. Que no aparezca nada que sea disonante, controlar absolutamente el dúopolio: esa es la política llevada a cabo por la derecha. Y también hay que ser claro en esto, como dicen ellos. Me da risa las palabras que usan: “hay que ser honestos”, “hay que ser claros”, “digamos las cosas como son”. De tanto repetir terminan deshaciéndose. Nosotros estábamos en Chile para que nos hubieran respetado. Esta gente llegó de afuera, del exilio -que no merecen haber estado en el exilio sin duda- pero nosotros estábamos acá, y estos tipos nos avasallaron, esa fue la realidad. Negociaron. Este señor Enrique Correa negoció con Pinochet y cómo negoció. Ahora vemos cómo negoció y se cocinó en esa negociación, se centró. La izquierda no existe, se centró en su discurso político. Es una social democracia. Lagos es social demócrata. Eso lo digo en las crónicas que vienen. El partido socialista es una social democracia. Entonces no nos engañen por favor. Como los chinos. Los chinos hablan todavía del partido comunista y son más capitalistas que nadie.

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¿Usted está inscrita para votar?
– Mira yo la primera vez que voté en mi vida fue para el plebiscito del Sí y del No en los años 80. Ahí voté aterrada, una cosa espantosa, pero fui a votar.

¿Y ahora tiene su candidato?
– Sí, tengo mi candidata en honor al género. Me gusta Michel Bachelet, pero pienso que tanto la Bachelet como la derecha están tambaleando ya que han perdiendo un poco el norte. Todavía no saben qué hacer, no se han dado cuenta. Están agarrando el timón, pero haciendo caso omiso de las redes sociales, las dejan de lado. Pero prefiero a Bachelet antes que la derecha de todas maneras. La derecha es la más reaccionaria, la UDI el polo más radical de la derecha. A la UDI la encuentro realmente nefasta, abominable. Están divididos, pero también los liberales. Fue muy divertido porque aquí lo que se vino a dar fue el consenso. ¿Cuántos años estuvimos así? Toda la Concertación. Entonces el consenso nos mató. Muy raro todo esto. No pudimos decir nada porque había consenso. Y ahora hablan de “las cosas digámoslas como son”. Eso es lo que tú escuchabas todo el tiempo, o “ seamos claro” y la gente les creía. Hitler manejó un pueblo con el discurso, lo dice Focault. Pinochet manejó Chile a través del discurso. Eso no significa que no solamente lo haya manejado así, sino que tenia también los aparatos armados, pero con un discurso. Entonces le fue armando la cabeza y la social democracia es la que gobierna y se fue centrando.
Pero el cuento de Pedrito también es cuento real al final. Nadie te está creyendo y eso es lo que le está pasando a la sociedad chilena: que nadie está creyendo. Honestamente cuando llega Bachelet también da unos traspiés, hay cosas que ella no dice porque con tres años afuera pierde un poco el norte; pero la gente acá todavía le cree.

Vámonos a tiempos mejores. A su infancia. ¿Usted estudió en un colegio de monjas?
– Yo tenía esa vital contracción. Una tía abuela me crió, estudié en colegios públicos, subvencionados y particulares. Estudié en monjas bien pobres y en monjas clase media. Mi tía Elvira -como todas las personas- quería darme la mejor educación a sus hijos y consideraba que en los colegios, o escuelas públicas, yo aprendía malas costumbres. Curiosamente ahí me daban leche, dulce de membrillo, excelentes libros. Eso ocurría y luego me cambiaban y me ponían en las monjas. También no duraba porque era muy enfermiza, asmática. En esos años -no un siglo atrás pero hace muchos años- nadie sabía que yo era asmática y nadie me daba pelota tampoco. Nadie me diagnosticó y todos los años me enfermaba en septiembre cuando venía la primavera. Sufría de ataques, me enfermaba y perdía el colegio. Por eso y porque tenía mala conducta. Siempre fui una persona conflictiva y complicada. Las monjas me daban lata. Una vez me echaron de las monjas por esta situación: ”la vieron entrar a un club social” y resulta que era donde vivía, y eso que no sabían que allí residía la dueña del hotel Valdivia.
Más afuera había otro departamento que era un club social y entré ahí y por eso me echaron. Te das cuenta, por esas cosas te echaban. Yo odio las monjas porque las encontraba clasistas. Luego la siguiente etapa de mi educación pasé por colegios mixtos: estuve en el Pérez Rosales, en el Liceo Francés ahí en República, después en Viña del Mar en un colegio muy cuico de Viña: el Saint Peters School. Mi padre me sacó porque hice la cimarra, pero hice la cimarra porque tenía muy buena voz y cantaba.
Saqué un poco la herencia de mis abuelos que llegaron de España. Mi madre también cantaba. Ellos tenían un coro. Yo era contra alto, podría haber sido una gran cantante. Yo vivía con mi madre pero después me fui con mi padre y él encontraba horroroso todo eso.

¿Ellos estaban separados?
– Nunca se casaron. Esa era una de las razones por la que me echaban de las monjas, porque le pedían la libreta de matrimonio a mi pobre madre y ella decía: “Ahh, ya”. Se hacia la lesa y nunca llegó la libreta de matrimonio así es que me echaban. Además que empecé a trabajar en esta pensión a los 14 años con mi madre y con mi tía Elvira, así que fui una mujer trabajadora temprana edad.

¿Y no le hubiese gustado estudiar algo formalmente?
– He estudiado toda mi vida, no formalmente. Estoy feliz como soy. Quería ser escritora desde muy joven y creo que esa es mi profesión. ¿Por qué voy a querer otra profesión si soy escritora y poeta? Por favor. ¿Esa doble militancia de donde la sacan? Lo que debiera haber aquí es una escuela formadora de escritores. Ser escritor es un trabajo, yo trabajo todo el día. Me levanto en la mañana a ver mi reuniones culturales, aquí, allá, mi agenda y luego este libro, estoy colaborando con este, otro que estoy haciendo acá, un texto que me pidieron. Todo el día. A veces hasta las 12 de la noche. Ese es mi trabajo.

-¿En qué proyectos ha estado? ¿Va a sacar un libro pronto?
– Si las Crónicas. Es una recopilación de crónicas desde el 2001 hasta hoy. Ese libro lo voy a sacar luego. El otro proyecto es de los años 60, más un libro de poesía, y un libro de crónicas cuando viví en Estados Unidos. Son tres proyectos que se están haciendo, incluyendo un libro de pájaros que estoy haciendo con Carlos mi esposo. Estamos haciendo un libro de pájaros muy lindo porque él es científico, pero pudo haber sido pintor. Entonces le encantan las aves y saca fotos espectaculares.

¿Usted es muy feminista? ¿Siente simpatía por el feminismo?
– Soy feminista, toda mujer que piense que es mujer y que piense que tiene un lugar en este mundo, y que ese lugar no es muy estable, es feminista. No se necesita más que eso para ser feminista.

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No hay que andar con pancartas…
– No, nada. El feminismo es cuando la mujer se piensa a si misma el rol y la función que tiene en la sociedad patriarcal. Yo soy muy maltratada en la sociedad chilena. Acá es asesinada la mujer chilena y no solamente acá. Hay países en peores condiciones: en Arabia Saudita es horroroso, en la India hay 23 mil abortos todos los años porque a las mujeres prefieren abortarlas antes que nazcan, debido al maltrato. Es atroz. Indonesia, otro país de maltrato. México: maltrato tremendo con el narcotráfico y no solo el narcotráfico. Hay una buena cantidad de países donde el maltrato ya es esclavitud, y nosotros en América latina también hemos sido bastante maltratados. Todavía tenemos que pedir el permiso al marido para poder salir con nuestros hijos fuera de Chile.
Y todavía la herencia que recibe la mujer, pertenece a mi marido. ¿Cómo es posible esas cosas en este siglo? Es una cuestión medieval. Lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo. No puede ser. A la Constitución se le ha hecho algún ajuste, pero hay que corregirla en ese sentido y las mujeres tienen que hacerlo. Es un problema nuestro. Aquí el joven no tiene idea porque es joven y tú como hombre estás consciente, pero te da exactamente lo mismo porque estás dentro de esta sociedad, entonces no vas a perder esos privilegios.
Se quedan callados. No se dan cuenta que eso es político, es una situación absolutamente necesaria de corregir, porque si no vamos a tener gente de primera categoría y mujeres de segunda categoría. Es un problema transversal que porque lo que padece una mujer de clase media no es lo mismo lo que padece una mujer en una población, una mujer de menos ingresos. Así que si tú me preguntas si soy feminista, claro que soy feminista. En el mundo hay algunos tontos que dicen feminismo sin mujer, solamente como discurso. Una tontera. Hoy que los cuerpos importan.

¿Es miedosa?
– Sí mucho. Soy más paranoica. De los temblores salgo arrancando. Empieza el temblor y ya estoy abajo. Soy miedosa, me aterra cruzar las calles, le tengo miedo a la velocidad, le tengo miedo a las maquinas. Los ascensores: me puedo subir a una maquina, no tengo problema, pero he pasado vergüenzas. Me detengo, me quedo así como los caballos, no puedo avanzar. Pero son superadas. Ahora pasar bajo un túnel me da más miedo todavía, así es que cuando vamos en la carretera digo:” No pasemos por debajo del túnel. No. Salga antes”. Tengo la sensación que soy claustrofóbica. También soy supersticiosa.

¿Pero al extremo de tener cábalas y cosas así?
– Sí, tengo mis cábalas. Yo abro un libro como una Biblia. Tengo unas primas que eran bien chifladas y siempre que iba a llegar alguien abrían la Biblia. Y lo que decía la Biblia ellas lo interpretaban, era bonito; se equivocaban por supuesto. Me veo el I Chin, abro la Biblia, abro un libro y a veces lo que me sale en el libro, al azar, lo interpreto. Hago mi propia lectura.

¿Usted es creyente?
– No. Yo creo en las energías. Hay un lugar, una vez que anduve en Praga, donde se pone una mano en el puente Carlos, (Karlův Most). Toda la gente pone la mano ahí e interpreta, siente. Esas cosas son bonitas. Estoy convencida que a la iglesia llega la gente buena, porque en la iglesia van y entra la gente a orar y luego se van porque se ponen buenos un minuto. No es que sean buenos eternamente, sino que en ese momento hay una energía buena. No es que no crea en nada. Sé que fui escéptica de la religión toda una vida; pero sí creo que en las buenas energías.

-¿Y en la Biblia encuentra buenas energías?
– La leo como un libro. La Biblia es interesante como un libro histórico. Lo demás es pamplinas no más. Yo no creo que los ángeles estén dando vueltas; pero si tú piensas que hay poesía ahí. Hay poesía de la buena. Tú puedes leer esa poesía, puedes leer esas escrituras. Léela. Hay cosas que son extravagantes, fuertes. Un lenguaje muy fuerte. Escucha esta sentencia: “¿Por qué no me mató en el vientre y hubiera sido mi sepulcro?” Dime que no es maravilloso.
Hay textos, cábalas, textos antiguos maravillosos: los mayas por ejemplo es una historia increíble. Pero ahí hay más mito, más cuento, más dilatación, más oralidad. La cultura originaria oral es tan importante y allí se podría decir y voy a citar a una ensayista que tiene un título impactante” El cuerpo de la voz” Masiello.
Entonces también me interesa mucho la cultura, toda la cultura originaria fue maravillosa: cuentos, historias, los mayas donde hacían su sacrificio y echaban las guaguas, sacrificios terribles y habían jerarquías también.
Esas cosas las encuentro interesantes: las animitas. Dime si no es una expresión popular tremendamente interesante. En Las Cruces pusieron una animita frente a mi casa por un muchacho que asesinaron, hasta el día de hoy no se sabe el porqué. Hay una nebulosa. No se sabe si fue por narcotráfico, pero está frente a nuestra casa.
Y hay como 10 animitas más por todos los que se ahogaron en el mar de Las Cruces. Y esta animita que tengo al frente de pronto está apagada y de pronto está llena de velas. Y me pregunto ¿en qué momento vinieron a ponerle velas? ¿Pero cómo? Estoy al frente, estoy viendo siempre. ¿En qué momento la familia va y coloca velas? Entonces es una cultura popular sincrética. Como La Tirana que es pagana, pero también la vida es sagrada y la muerte también es sagrada. Entonces son cosas paganas y eso lo encuentro vital. Que todo el mundo vaya a vender allá, que bailan, venden, toman, que sé yo, danzan. Es espectacular eso en el norte. Es lo que nos falta a nosotros acá, acá somos más tranquilos. La gente del sur es más atávica: ve una flor y después tú pasas por ahí y esa flor está en el suelo. Esas son energías. Pero eso no tiene nada que ver con creencias, son creencias.

La conversación ha finalizado. Carmen se pierde entre la gente recorriendo el bosque de calles, gentes y tiendas extrañas. Distante, a diferencia de los 80, Carmen se mimetiza ahora entre los abrigos y la ropa usada. Entre los muertos y quienes los buscan en los escaparates.
¿Qué habrá interpretado Carmen en algún libro cuando llegamos a su hogar? Las cartas están echadas sobre la mesa.
Su vida y sus energías son una foto en blanco y negro. Angeles y demonios. Una postal de Chile en estos tiempos de filisteos, estafadores de maletín y mapuches sitiados en un territorio de Dios y del diablo…
A lo lejos se despide Carmen. Que simpáticos son los lentes de Carmen Berenguer. Que linda ella.

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