Gelman

Hoy: o antes o mañana o para siempre: Gelman es más que el tiempo

gelman

Juan Gelman, Hoy, Buenos Aires, Seix Barral, 298 pp. 2013

Por Ignacio Uranga

Doscientos ochenta y ocho poemas componen Hoy (Seix Barral, 2013), el último libro del poeta argentino Premio Cervantes Juan Gelman. Doscientos ochenta y siete poemas titulados con número romano, menos el poema que da cierre al volumen, titulado “¿y”. Del mismo modo en que cierta crítica ha, podría decirse, equivocado el juicio al juzgar “surrealista” alguna producción de Gelman, también sería un error decir que Hoy está compuesto por “prosas poéticas”. Hay un elemento clave en el tejido textual, un elemento al que Gelman ha dado uso ya en libros anteriores: las barras. Signos funcionales no gramaticales –será mejor decir “no prescriptos por gramática alguna”-. Prácticas significantes, entonces, cuya función semiótica, entre otras, está ligada a la respiración, al ritmo, es decir, al corte de la sucesión de golpeteos creados por la distribución de tónicas y átonas. La presencia de este significante no implica la elisión de aquellos elementos prescriptivamente gramaticales (comas, puntos, etc.), sino que se conjunta a ellos y dona a la trama escrituraria un nuevo signo, un signo que urge a la respiración y al ritmo: significante que oxigena, a la vez que resignifica –por ejemplo, interrumpiendo y segmentando en hiatos como cesuras respiratorias, por sólo nombrar un modo de funcionamiento-. Este nuevo signo, esta novedad traída a las lides de poéticos tejidos textuales hace algo más: hace que haga en sí el signo, hace hacer al texto, hace hacer al lector. Es incesante el hacer de este significante claramente gelmaneano; las barras son hacencia incesante, pues no agota sus posibilidades ni su incesancia. He ahí un claro ejemplo de por qué la inagotabilidad de este signo: la crítica –al menos alguna parte de la crítica- ha nombrando a estos textos con el rótulo de “prosas poéticas”, ha nombrado absoluta y rígidamente para que lo hecho por Gelman en Hoy cupiera en cajas, o en alguna caja, en la caja rotulada “prosa poética”. Sin embargo, esta línea no hace más que ir a pérdida, en detrimento del potencial de hacencia e insesancia, la inagotabilidad plurisignificante del signo incorporado: la barra termina siendo barrote a la crítica que deviene, por sus propias palabras, reclusa, encarcelada junto al lenguaje.

En cuanto al plano estructural Hoy abre -al estilo de la tradición grecolatina, tardoantigua y medieval, bien conocidas por Gelman- con una invocación a la “Señora” (conocida forma nominal de Gelman para sustituir “musa”; puesto que la suya no es una poética ni “divina” ni de “museo”, sino llena de pulso vital, tal cual vive terrenal y cotidiana una señora). Motivo invocatorio, entonces, en un cotexto que bien podría entenderse, también acá atendiendo a preceptos de la tradición- como una suerte de proemio:

I

La vida que se va deja un soplo en medio de la mano que es inútil besar. Trátelo bien, señora, no equivoque los platos que calentó y sirvió, sueños, abrigos, oscuridades, claridad, la fe que se repite, dolores en la mitad del día, bellezas que se deben quedar.

Ese poema inicial, en el que no se advierten las barras mencionadas anteriormente, es uno de los pocos en los que Gelman prescinde de dicho significante. No obstante, las comas dispuestas lo están en función de una cadencia rítmica construida en la parte suprasegmental: la dispositio. En cualquier caso, sea con barras o no, no cabe duda alguna de que estamos frente a un poema, un poema que en “prosa” con barras o en “prosa” sin barras no hace más, entre otras cosas, que establecer una crisis: ¿hasta dónde el poema y hasta dónde la prosa?, pregunta nada menor. Esta relativización, desde el plano formal (un poeta que atiende el plano formal), del binomio antitético poema/prosa traza una línea directa al título que nuclea el conjunto de poemas: ¿qué es Hoy? ¿Hasta dónde ayer, hasta dónde hoy, hasta dónde mañana? Nuevamente la forma que habla; es pasible de interpretarse acá una concepción de tiempo no lineal, una negación –débil, no absoluta- (entonces, mejor dicho, una relativización o puesta en crisis) de tiempo uniforme, unidireccional; sobre todo si se tienen en cuenta las palabras de Gelman sobre por qué creó este volumen: para responderse o preguntarse hoy sobre él en este tiempo desde la desaparición física de su hijo Marcelo Gelman, secuestrado y desaparecido en la última dictadura militar argentina. De modo que “hoy”, entonces, fue simultáneamente ayer, mientras vuelve a ser, cada vez, cada día, una vez más, hoy.

A lo largo del volumen retornan palabras, imágenes, preguntas, algunas bajo la forma de la mise en abyme (puesta en abismo), figura que retrotrae y trae al presente algo de atrás: hace al pasado un hoy, parte del hoy. La mise en abyme no queda limitada a poemas del mismo libro, sino que hay el modo sagital de ir a previos libros del propio Gelman (y de otros; la intertextualidad restringida es un procedimiento, pero hay también el diálogo de intertexto con la amplia tradición). Esto logra una figura de espiral, no de círculo: nada del pasado vuelve intacto, nada del presente, traído el pasado, queda igual. El libro cierra con un hallazgo propio de un poeta tocado por la gracia: el título es parte del poema, es decir, el poema tiene su comienzo en el título mismo, y todo el poema queda enclavado entre signos de interrogación.

Lo que interroga el yo poético es a la poesía, algo que dejó, desde el título y desde el plano formal, en crisis, en total relatividad.

Incluso Juan Gelman, considerado, con total justicia por sus méritos, como el mejor poeta de la lengua española vivo, no puede dar respuesta acerca de qué cosa es eso llamado poesía. Entonces dice:

¿Y

Si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió la sangre/ una delicia falsa/ una fuga en mí mayor/ un invento de lo que nunca se podrá decir? ¿Y si fuera la negación de la calle/ la bosta de un caballo/ el suicidio de los ojos agudos? ¿Y si fuera lo que es en cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?

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