Netflix, el nuevo negocio; La Tercera TV, el viejo negocio.

Por Esteban Schneider F.

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El domingo 22 de septiembre de este año se realizó la entrega de los premios Emmy para la industria de la televisión en Estados Unidos, y por primera vez este premió fue para una serie de televisión que no salió al aire a través de lo que, hasta ahora, conocemos como televisión. Se trata de “House of cards” producida por Netlfix, un sitio que vende streaming (transmisión) de películas y series on line.
“House of Cards” es desde el punto de vista del guión y la realización una serie extraordinaria, un producto fino, con profundidad y lleno de detalles, sin duda es de lo mejor que se ha estrenado este año. La serie relata la inescrupulosa carrera por el poder de un operador político en Washington. Magistralmente protagonizada por Kevin Spacey, un actor de cine, del cine grande, un ganador del Oscar; un tipo importante en la industria que decidió dar este paso a la televisión, un paso aparentemente peligroso para una estrella como él. Pero don Kevin no estaba sin pega, no andaba necesitado de “cash”, no, nada de eso, este paso lo dio porque sabe que aquí viene una revolución y él, nada de leso, quiere ser el parte de esta. 78 millones de dólares costó “House of Cards”, un presupuesto nada de exiguo, para tranquilidad del contador del señor Spacey. Pero tremenda inversión no es una simple locura, esta “revolución” comenzó en Netflix mucho antes de “House of Cards”, y esta serie es sólo la punta de un gran iceberg, en este caso de un gran negocio.
Y Hablando de negocios, en Chile todo parecía indicar que la industria debía enfrentar la irrupción de un nuevo actor que no estaba dispuesto a conformarse con un rol secundario. Se trata de la tercera Tv, el canal de la tercera, una apuesta ambiciosa que iba a tener presencia en todas las plataformas. Desde la pantalla hasta el sitio web, en el cable estaría en todas las empresas disponibles y como no, en el sistema de libre recepción, la televisión abierta, en la frecuencia 22 en Santiago, y en otras frecuencias en Concepción, Talcahuano, Temuco, Viña del mar y Valparaíso, alcanzando a más del 60 % de la población urbana del país. Como ven, la cosa iba en serio.
Según las autoridades del nuevo canal de televisión abierta, el proyecto pretendía consolidar una oferta programática potente, de calidad y, en cuanto a cobertura e inversión, del nivel de los llamados canales grandes. Para eso se contrató rostros reconocidos en el medio, se construyeron oficinas, se generó un acuerdo con CNN para el uso de estudios de televisión, se adquirieron los derechos de series extranjeras, se proyectaron espacios de ficción propios; incluso ya tenían un slogan surgido de la cabeza ingeniosa de algún creativo: “Aire fresco”. Pero el gran proyecto del grupo Saieh, el aire fresco de la televisión chilena nunca salió al aire.
Netflix nace en 1997 en California (Usa) como un videoclub con una plataforma de video online. En un principio el modelo de negocio consistía en que la gente entraba al sitio revisaba el catálogo, incluso podía revisar los productos online para luego arrendar una película o serie y esta era enviada a su domicilio, este servicio aún se mantiene en Norteamérica. Pero la “Revolución Netflix” no comenzó ahí, la visualización de series y películas vía streaming hizo la gran diferencia. Gracias a un potente servidor que permite que sus 32 millones de suscriptores a lo largo de toda América y parte de Europa puedan disfrutar de cualquier producto de su catálogo, al mismo tiempo en cualquier dispositivo como Smart Tv, consolas, dispositivos móviles, tablets, etc.

En este escenario los competidores de Netlfix ya no eran los otros video club, sino más bien lo sitios para ver películas o series sin pagar como “Cuevana”. Es por eso que Netflix debió plantearse como una alternativa los más accesible posible, ya que su competencia era la gratuidad. Es por eso que el costo (7 doláres aprox. 3.790 $) abre la posibilidad de la reproducción ilimitada del catálogo completo, además de que le asegura al espectador una transmisión impecable, que es el principal problema de los sitios gratuitos. Por otro lado el usuario puede personalizar su cuenta para que el servicio le ofrezca contenidos afines y poder guardar sus favoritos o una reproducción a la mitad y retomarla en ese mismo punto. Así comenzó esta revolución, pero a este modelo de negocio le sumaron la guinda de la torta: la creación de productos propios como “House of cards”.
A partir de ahí Netflix sacó tres series más (Orange is the new Black, Arrested development (nueva temporada) y Hemlock Grove) y se proyecta a generar cinco programas originales al año. Según su director y vicepresidente de contenido Ted Sarandos: “El objetivo es convertirnos en HBO antes de HBO se convierta en Netflix.” Esto último da cuenta de una fuerte competencia que se avecina entre HBO, el gran creador de contenidos televisivos de los últimos años y que funciona con el antiguo formato de estrenar la serie por capítulos semanales; y Netflix, que le entrega al espectador la posibilidad de ver inmediatamente todos los capítulos de la temporada ya que están a disposición de los usuarios desde el día del estreno, así ocurrió con “House of Cards” el 1 de febrero del 2013. De esta forma el usuario puede ver los productos cuando quiera, como quiera, y las veces que quiera. De alguna manera el poder frente a la entrega de contenidos, en televisión o en el medio que sea, ahora lo tienen las personas, esa es la revolución. Entonces las personas ya no son espectadores ahora son usuarios de un servicio.
¿Pero que va a pasar con televisión abierta frente a esta nueva forma de acceder a contenidos? La televisión es una costumbre, más allá de la entretención, es una acción social, una necesidad frente al colectivo y si bien el usuario valora esta nueva forma de ver televisión, no puede aún prescindir de la televisión abierta que todavía marca el diálogo social, para bien o para mal, de manera muy fuerte. Por lo menos eso pensaron los ejecutivos de la Tercera TV, y más allá de que los estudios de mercados anunciaban un par de años de pérdidas, quizás más, y que se proyectaba una inversión creciente si retorno alguno, lo más importante si se iba a conseguir: influir en una sociedad. He aquí un negocio viejo donde el espectador es sólo eso, y donde de pasada se le pretendía convencer de una manera de ver el mundo.

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De vuelta de la semana festiva del dieciocho de septiembre, el lunes 23, los directores de la tercera tv anunciaron que su proyecto quedaba suspendido y que no verá la luz ni a mediano ni a largo plazo, es decir, todo quedó en nada. Más allá del problema de la concentración de medios en un sólo dueño, tema no menor, pero que da para otra crónica; y más allá de la delicadeza de estos directores de no darles esa mala noticia a los trabajadores antes del dieciocho para que no arruinarles las fiestas, la tercera tv pretendía ser un controlador más, mientras que Netflix le entrega el control a las personas. El primero tropieza en su ambición de apoderarse de las comunicaciones chilenas, independiente de las razones técnico financieras. La verdad es que la tercera no quería hacer un canal de televisión cuyo norte fuese principalmente la innovación en la entrega de contenidos, más bien quería tener una máquina de poder, una más. Con cierta calidad y novedad pero en el fondo lo mismo que los otros. Netflix por su lado ha ido consiguiendo logros en su desarrollo como marca, ha expandido su servicio más de lo que ellos mismo imaginaban en tan corto período de tiempo y la creación de series propias con alto nivel de calidad, los deja instalados en el mercado de los grandes generadores de contenidos a nivel mundial y en un terreno (internet) donde aún no tiene competidores y donde por el momento no se vislumbran límites para su crecimiento.
En Chile la televisión abierta es un monopolio, pero esto no debería sorprendernos en un país donde todo, o casi todo, es un monopolio. Donde cuatro actores dominan el mercado y nadie realmente pierde, todos ganan y no permiten que nadie entre en el negocio. Para los grandes avisadores (El retail y la banca) la televisión abierta sigue siendo el mejor escaparate para poner sus productos, por eso la ley de TDF (televisión digital terrestre) ha costado tanto, porque simplemente no le conviene a los canales.
Ahora parece ser que la TDT (televisión digital terrestre) ha iniciado su proceso de implementación en Chile a partir de la formulación de la Ley en el congreso nacional. ¿Qué pasará en la industria a partir de este cambio? ¿Los canales de televisión, las empresas destinadas a la generación de contenidos audiovisuales tenderán a parecerse más a La Tercera TV o a Netflix? Veremos, por el momento seguiremos siendo espectadores o más bien telespectadores.

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