Gonzalo Contreras

“Mi narrativa precisa de un lector dotado de tiempo”

Por Gonzalo Robles Fantini. Fotos de María Eugenia Lagunas P.

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Pese a que –mediáticamente- no es tan conocido y  hace nueve años no publicaba, Gonzalo Contreras es un escritor que se ha ganado un reconocimiento y prestigio a nivel nacional con creces.

De estilo realista, pero cultor de la corriente de la novela psicológica -deudor del narrador inglés Henry James, de quien se declara abiertamente admirador-, Contreras saltó a la figuración dentro de la escena literaria chilena con el primer lugar en el concurso literario de la Revista de Libros de El Mercurio, el cual obtuvo con su novela “La ciudad anterior” (1991). El libro fue, luego del galardón, inmediatamente publicado y se convirtió en un fenómeno editorial. Con varias ediciones, la novela vendió 36 mil ejemplares en dos años, lo cual situó al escritor como una de las figuras más destacadas de la por entonces naciente Nueva Narrativa Chilena de los noventa. Sin embargo, sus inicios literarios se remontan a 1986, cuando publicó su ópera prima, un volumen de relatos titulado “La danza ejecutada”. Si bien recibió generosos elogios del crítico Ignacio Valente, el libro fue una autoedición pequeña que, con suerte, vendió 100 copias. Gonzalo Contreras había regresado hace poco tiempo a Chile.

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Nacido en Santiago en 1958, el escritor inició su formación literaria a los 18 años en el hoy mítico taller que impartía Enrique Lafourcade en la Biblioteca Nacional. Paralelamente y por invitación del -por entonces- joven Carlos Franz, asistía dos veces al mes al taller de Mariana Callejas, que se convertiría en la polémica residencia de Lo Curro, donde se especula que el marido de la escritora, el agente de la CIA y sicario de la dictadura militar Michael Townley torturaba a opositores al régimen incluso cuando se desarrollaban estas tertulias literarias.

Yo no vi absolutamente nada”, declara Contreras al respecto, y revela que Roberto Bolaño escuchó de su boca la descripción de los hechos acaecidos en dicha casa, los cuales luego escribiera en narración ficticia en “Nocturno de Chile”, claro que, evidentemente, el autor de “La ciudad anterior” no se hace cargo de la versión del escritor de “Los detectives salvajes”.

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Contreras ingresó a la carrera de Periodismo, pero en 1978 interrumpió sus estudios y emigró temporalmente a Europa, principalmente a España y Francia. Su residencia europea duró hasta 1983. De regreso al país, no sólo publicó su primer volumen de relatos. También participó del renombrado taller literario de José Donoso, y compartió con algunos que más tarde se convertirían en destacados escritores y pares de la Nueva Narrativa Chilena: Marco Antonio de la Parra, Marcelo Maturana, Darío Oses, Carlos Franz, Juan Andrés Fontaine, Alberto Fuguet, entre otros. De los comentarios de sus compañeros de taller no guarda buenos recuerdos. “Era una crueldad, una violencia innecesaria”. El por entonces escritor en ciernes decidió retirarse, pero continuó manteniendo una estrecha amistad con Pepe Donoso y su familia.

Posterior al éxito arrollador de “La ciudad anterior” vino la novela “El nadador” (1995), que recibió el Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura al año siguiente de su publicación. Fue con su tercera novela, “El gran mal” (1998), que la crítica abrazó estrechamente a su autor, considerándola, en opinión de algunos, su mejor obra. El año 2000 Contreras publica una recopilación de cuentos bajo el título de “Los indicados”. Le siguió en su producción literaria su cuarta novela, “La ley natural” (2004), en la cual aborda el tema de la filiación mediante la creación de personajes singulares: dos hermanos, uno arquitecto, casado y residiendo en Santiago, y el otro un médico con años fuera de Chile, que trabajó por varios años en África para Médicos Sin Frontera, más la hija adolescente de este último, que llega al país luego que su madre no pueda hacerse cargo de su crianza, para acogerla por compromiso familiar forzoso en Santiago. A la historia se suman otros personajes que completarán el cuadro. La novela tuvo comentarios críticos encontrados.

Luego un largo silencio de nueve años y hace pocos meses, por Editorial Planeta, Gonzalo Contreras publica “Mecánica Celeste”, su quinta novela, la cual retoma uno de los hilos argumentales de “La ley natural”. Durante ese lapso inédito, y desde mucho antes, Contreras mantuvo su taller literario de narrativa, el cual destaca por ser parte de la formación de actuales escritores súper ventas, como Pablo Simonetti y Carla Guenfelbein.

Pero han pasado años desde que Gonzalo Contreras irrumpiera a la escena literaria chilena con su novela “La ciudad anterior”, la cual es hoy considerada una de las obras importantes de la historia nacional de la narrativa.

Amable, de aire distinguido y con atuendo sobrio, Contreras accede a la  entrevista al día siguiente. Sentado en un sillón de la sala de prensa de la Filsa, el narrador se muestra agudo, inquisitivo, con respuestas enérgicas y opinión tajante. Su estatura y figura delgada le otorga un aire hidalgo, pero sus respuestas enfáticas, su pelo liso entrecano y su mirada penetrante y ceñuda, sumado a su vasta cultura y su empleo del lenguaje asertivo y elegante, lo asemejan a un intelectual europeo, apasionado por la creación literaria.

Sin ser un escritor comprometido políticamente, su literatura, desde sus inicios, expresa una posición contraria a la dictadura militar. En efecto, en “La ciudad anterior”, hay alusiones referidas a la tiranía castrense. Su protagonista, Carlos Feria, es un vendedor de armas que llega a trabajar a una ciudad de provincia chilena. Al poco tiempo de establecerse descubre que quien ostenta el poder fáctico en el poblado es Araujo, un empresario afín a la aviación, de quien se sabe que arrojó cadáveres al mar de víctimas de militares y bombardeó químicamente las nubes de la zona para provocar precipitaciones.

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– ¿Hay un tratamiento deliberado de la dictadura militar en esta novela?

– Yo volví a Chile el año 1983. Estuve seis años fuera. Esta novela se publica el año 1991, fue escrita durante el fin de la dictadura. Se empezó a apurar su escritura después del Plebiscito de 1988. Digamos que la dictadura está presente. El tema del Chile real de la dictadura me quedaba grande todavía, era inabarcable tal vez. Hay algunas señales que son simbólicas: que está por llegar el Presidente; que hay una huelga permanente, donde los huelguistas están fuera de la ciudad. Curiosamente hay un edificio de altura sin terminar, que está por sobre la línea de la ciudad (yo miro todos los días la torre del Costanera Center sin terminar). Está tratada, evidentemente, bajo un modo simbólico desde un punto de vista que sí pretendía trabajar, que era sobre aquellos que en Chile, como mis hermanos, no estaban viviendo la dictadura. Esa especie de Chile secreto. Mis hermanos, en esa época, no hablaban de dictadura. Y los símbolos eran externos. Como el helicóptero: hay un pasaje en que, como había un paro viene un corte de luz, y el helicóptero sobrevuela la casa, y el personaje del inválido escucha las noticias en una radio a pilas. Con un foco, el helicóptero alumbra la ventana de la sala del inválido mientras él escucha las noticias. Esos son símbolos muy de la dictadura. Yo tengo un recuerdo muy claro de los helicópteros con focos sobrevolando Santiago. La parte donde yo estaba en esa época, por el Metro Salvador, a una baja altura los focos iluminaban la sala para los cortes de luz. Entonces son esos símbolos externos. El protagonista vende armas, pero por catálogo, es una especie de inminencia de algo, y ese algo está como a las manos. Yo creo que la dictadura está tratada de no en una clave realista sino de una clave simbólica.

– Y en definitiva, está tratado el tema del Chile escindido en que algunos vivían la dictadura y para otros era un fenómeno en sordina, como de fondo…

 

– Es que yo no viví esas experiencias. Viví en Francia hasta el año 1983 y allá veía en la televisión reportajes sobre lo que sucedía en Chile, y uno pensaba que era una guerra. Lo que sucedía en las poblaciones y hasta en la Plaza de Armas, protestas llenas de pacos, y esas imágenes en Chile no las volví a ver más. No vi en la televisión chilena lo que vi en la televisión francesa. Y las imágenes que vi allá mostraban que el país era una batalla campal. Y en la televisión de acá tú no veías nada, pero nada de nada de nada. A mí me sorprendió mucho ver en Francia a unos muchachos de población pelear con unos pacos a patada limpia, y uno pensaba que aquí había una rebelión. Cuando volví me sume a las marchas, que eran de una violencia extraordinaria. Yo afuera vi imágenes que un ciudadano común en Chile nunca pudo ver y debía resignarse a ver la información oficial.

 

Pero las temáticas narrativas de Contreras no se restringen a hechos políticos nacionales. En la novela “El nadador”, el protagonista, Max Borda, es un científico casado con una mujer que sufre problemas mentales. Engaña a su esposa con su cuñada, y dentro de sus pasatiempos favoritos está la natación, de ahí el título de la obra. Es, de lleno, una novela psicológica, en la cual Contreras, como declararía a un diario español, es un homenaje a Henry James.

¿Se puede interpretar que en esta novela que hay un empleo del mito de Narciso, en el sentido de que el protagonista es un ser narciso que permanentemente contempla su imagen, como vicio social, se espejea en la piscina?

 

No lo descarto. Que el personaje de Max Borda sea un narciso, tal vez sí. Más bien es un decadente. Es un personaje más cínico de lo que yo hubiera querido. Él realmente está enamorado de Virginia, su cuñada, ése es su amor. Es un matrimonio equivocado. Él se casó con Alejandra y debió haberse casarse con Virginia. Es un problema actual los errores en los matrimonios. Ahora, se puede ser narciso y decadente a la vez.

 

A partir de esta novela, al menos en opinión del crítico y escritor Camilo Marks, la narrativa de Contreras retrata personajes de clase socioeconómica media alta. Marks argumenta en el comentario de “Mecánica celeste”, en la Revista de Libros de El Mercurio, que esto se debe a que es una realidad que el autor conoce y no podría escribir, por ejemplo, sobre integrantes de bandas de rock u otras realidades que no le son cercanas o familiares. 

– ¿Comparte esta opinión?

 – La comparto a medias. Creo que la afirmación de Camilo es engañosa. No se trata de una cuestión socioeconómica. Tal vez se trata de una cuestión sociocultural. Yo me considero un escritor realista, yo entro a las casas de mis personajes. Lo que no puede ocurrir es que en esas casas esté el televisor encendido todo el día. Que se esté viendo fútbol o un reality. Mis personajes no ven televisión. O, mejor dicho, la televisión no tiene en mis personajes la participación que tiene en la vida del santiaguino común. Esos intereses no pueden estar en mis personajes porque ellos necesitan estar en un estado de ánimo un poco álgido. Yo soy poco dado a escribir diálogos cotidianos, sino que éste siempre debe ser significativo. Necesito que se den en esa condición. Entonces, realísticamente, si yo me pongo en una situación de un estrato medio bajo, la cual no conozco bien, no sé si probablemente el televisor estaría encendido todo el día, probablemente sí el reality fuera un tema de conversación en esa casa. Además, mis personajes no existen. Los personajes de “Mecánica celeste” son raros, no sé a qué categoría pertenecen. Y es por algo que no deja de ser interesante. ¿Por qué la literatura inglesa pone tanto de personajes a los profesores universitarios? Porque tú necesitas que tu personaje tenga un nivel de lecturas, pueda mantener diálogos complejos, que los personajes puedan entrar en honduras. Ahí el profesor universitario te saca de todos los pillos. Porque no tiene clase social. Si es de clase baja, asciende; y si es de clase alta, desciende. Es como el personaje ideal, porque tú necesitas que tenga un cierto nivel discursivo, que es necesario si ocupas diálogos, Si no ocupas diálogos, podrías saltártelo.

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Justamente esta influencia anglosajona es clave en Gonzalo Contreras. Declarado admirador de Henry James (como Iturra), una singularidad dentro de los narradores chilenos, lo defiende a ultranza y aclara que son pocos los lectores actuales de su obra que dimensionan su valor a cabalidad.

“James es un narrador que se lee mal, en general. Cuando el lector cree que James no está narrando, está narrando. Son cosas que vienen a percatarse después de la lectura. Cuando el lector cree que James no está narrando, sí está narrando. Es un prodigio de él. James nunca deja de narrar. Nunca hay una palabra de más. Toda descripción no hace más que abundar en un nuevo aspecto del personaje. Esa es la lectura que yo hago de James. De ahí la complejidad de sus personajes. Puede ser un escritor muy difícil, particularmente en su período final. Es un narrador, para la actualidad, complejo. Un lector inadvertido puede pensar que James pierde tiempo en algunas descripciones. Cada descripción en James, que tiene que ver con cuestiones psicológicas, no es para nada una pérdida de tiempo. Él no para nunca de narrar. La máquina de narrar en James no se detiene nunca”.

 -Aparte de esta vertiente anglosajona, ¿reconoce influencias hispanoamericanas?

– Yo en mi juventud fui un gran lector de García Márquez. Obviamente que fue una influencia. O sea, encontrar un escritor de esa magnitud. Hoy día hay gente que tiene el tupé de ningunear a García Márquez, cosa que encuentro de una estupidez, de una ignorancia infinita. Gente que no le ha ganado a nadie, que no va a escribir nunca ni una sombra de un libro como “El coronel no tiene quien le escriba”, ni la sombra de un libro como “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, o de “Cien años de soledad”. Nadie va a destruir el poder de la prosa de García Márquez. Para mí fue muy importante constatar que él existía. También Cortázar, básicamente. Primero el Cortázar de los cuentos, luego el de “Rayuela”, por la cual yo rayé (hoy reconozco que la he intentado releer y la encuentro más juvenil que antes), pero los cuentos están intactos. Su prosa, la limpieza de su prosa, son tremendamente importantes. Ahora, nunca pude con Vargas Llosa. Con Carlos Fuentes menos.

 

– Tal vez por un estilo un tanto ampuloso en el caso de Carlos Fuente, como alguna vez dijo Jorge Edwards…

 

– Un estilo artificioso. Como el que copia Isabel Allende a García Márquez. Es de él, surge en él y tú notas la autenticidad en su prosa. Ese lenguaje no es impostación. Como sí es impostación “La casa verde”, de Vargas Llosa. Ése es Faulkner. Es un Faulkner tirado de las mechas. ¿Cómo puede pasar de “La casa verde” a “La tía Julia y el escribidor”? Yo diría que fueron presencias tremendamente importantes para un autor joven. Mi primer cuento lo escribí a los 17 años. Y a esa edad me tomaba la cosa muy en serio. Para mí fue un hallazgo muy importante el boom latinoamericano: José Donoso, no tanto su escritura pues nunca me gustó mucho. Me encantó “Coronación”, pero más la segunda parte. Fueron presencias cercanas, como por ejemplo Donoso, y constatación de que la figura del escritor existía. El oficio del escritor no estaba reservado a los europeos, habiendo por supuesto esa tradición. Entonces yo crecí con la literatura del boom latinoamericano. Mis padres, un matrimonio joven lector, leían esos libros.

 

El autor de “El obsceno pájaro de la noche” es un referente ineludible para los escritores de la Nueva Narrativa Chilena. Más si muchos lo conocieron personalmente. Contreras participó en el taller de José Donoso, junto a, en ese entonces, inminentes escritores. Claro que el recuerdo de esa experiencia no es del todo grato.

– José Donoso tenía fama de ser muy severo al evaluar a sus alumnos en el taller. ¿Efectivamente era así?

– Pepe no era severo. Eran los compañeros de taller. Más que severidad era una crueldad, una violencia innecesaria. Era un grupo de gente muy ilustrada, todos escribiendo desde hace un tiempo. Estaba Marco Antonio de la Parra, Marcelo Maturana, Darío Oses, Carlos Franz, Juan Andrés Fontaine. Fuguet participó también, y otros. Pepe cometía un error: hablaba primero él. No era halagüeño, no le gustaba serlo, porque como que ponía la nota. Entonces los otros se tomaban de eso y la crítica se convertía en una carnicería. Yo esperaba que le tocara el turno al otro y así nos íbamos. Era bastante improductivo. Yo me salí pero seguí siendo muy amigo de Pepe.

 

– ¿Qué opinión le merece la versión de la hija de José Donoso, Pilar, que reveló, entre otras cosas, la relación con su padre adoptivo en el libro “Correr el tupido velo” (2009), donde hace afirmaciones bastante polémicas con respecto al autor de “Coronación”?

 

– Acá hay muchos mitos. La Pilarcita, yo la conocí en España. Era una cabrita (muchacha) en ese entonces. Yo diría que era una niñita malcriada. La Pilarcita era, tanto para su madre Pilar como para Pepe, sus ojos. Cualquier otra cosa que se escriba es absolutamente falso. La Pilarcita era tiránica. Ella llevaba la casa en que vivía junto a sus padres. Llevaba las cuentas, manejaba la cuenta corriente bancaria. Había declarado a Pepe y a la Pilar prácticamente interdictos. A su vez, Pepe sentía una especie de adoración por Pilar, su esposa. Los escritos que aparecen al final del diario, que la Pilarcita emplea en su libro, son porque Pepe ya tenía destruido el hígado. Pepe ya no estaba irrigando sangre a su cerebro, estaba al borde de la demencia. Tomar en serio esas partes del diario no me parece, por parte de la Pilarcita, errado. Lo que opino, yo que siempre fui un asiduo de esa casa, es que la Pilarcita siempre fue los ojos de sus padres. Nunca la vi como una niñita adoptada no querida. Otra cosa es que los tres fueran neuróticos, y neuróticos de alto calibre. Una neurosis que fue una osmosis para toda la familia. Ahora, sobre el supuesto alcoholismo de la Pilar, yo nunca la vi ni medianamente pasada. Los domingos en la noche había un cóctel en la casa de Pepe. Dos años antes del Plebiscito, nos juntábamos todos los domingos. Había whiskey, coñac, gin a destajo. Yo nunca vi a Pilar con un vaso en la mano. Ahora, lo que sí es que se internaba. Una vez que volvía Pepe de la internación, Pilar se internaba. Pero yo no diría que era lo que se llama una familia disfuncional. Lo que quisiera dejar en claro es que la Pilarcita fue una hija muy querida.

 

De los tiempos de la amistad con Pepe Donoso surge su primera novela. Marca una pauta, al menos en cuanto al estilo característico en Contreras, que algunos lectores han calificado de un tanto “cerebral”. De hecho, en la evaluación que hizo el crítico Ignacio Valente al primer lugar de la novela “La ciudad anterior” como jurado del concurso literario de la Revista de Libros de El Mercurio, dijo que Contreras era de un estilo literario parco, en el sentido de que la prosa de Franz Kafka era parca.

– ¿Cree que cultivar un estilo de rigor intelectual puede haber desincentivado a lectores menos avezados?

 

– El estilo viene desde las lecturas. Yo lo he leído todo. Me refiero a todo desde la novela moderna, que inicia Balzac. Desde el realismo hasta hoy lo he leído todo. El estilo eres tú. Ahora, lo que sucede es que hay una premisa en la novela hoy en día en que si tú me encuentras complejo, yo le escribo más fácil. Si me sigues encontrando complejo, yo le escribo más fácil todavía. Yo vendería, tal vez, muchos más libros. Pero eso yo no lo voy a hacer. Lo que yo necesito es producir al personaje, que ese personaje esté vivo. Para eso necesito trabajar ese personaje. En estos tiempos express, mi narrativa precisa de un lector dotado de tiempo interno. Si no tiene ese tiempo que no tome mis novelas.

 

Las novelas de Contreras construyen elaboradamente personajes. Son novelas psicológicas con temáticas de hondo contenido humano. En su anterior entrega, “La ley natural”, abordó el tema de la filiación. Un arquitecto casado debe hacerse cargo, por compromiso familiar y humano, de una adolescente criada en Europa, hija de un hermano médico que lleva años sin paradero conocido en el extranjero. La sobrina ya no puede vivir con su madre europea, e intenta adaptarse a la realidad chilena. Su reciente lanzamiento, “Mecánica celeste”, retoma un hilo argumental de la novela anterior.

– ¿Vuelve a abordar el tema de la filiación en esta novela?

– “La ley natural” es la desintegración del núcleo familiar. Total. En “Mecánica celeste” culmina el proceso de desintegración y comienza un proceso que es de crear una nueva familia. Se rompen los vínculos de las filiaciones, por decirlo así, sanguíneas, y comienzan las filiaciones por las afinidades electivas.

 

Si bien Gonzalo Contreras es un narrador nato, su vasta cultura y gusto literario, evidentemente, no lo excluye de disfrutar del género lírico.

– ¿Cuáles son sus preferencias poéticas?

– Me gustan los cuatro grandes: Mistral, Neruda, Huidobro y Parra, e incluiría un quinto: De Rokha. Los he leído a todos con mucho celo. Soy de los que les gusta el “Canto General”. También me gustan las “Residencias”, pero adoro ése libro.

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Siendo un destacado integrante de la Nueva Narrativa Chilena de los noventa, Gonzalo Contreras ha sido partícipe de hitos literarios e históricos del país, algunos más relacionados con la política que con la literatura. Participó en las tristemente conocidas sesiones del taller de Mariana Callejas en la casa de Lo Curro, donde se ha denunciado que, el por ese entonces marido de la escritora, -el agente de la CIA y sicario de la dictadura militar Michael Townley- torturaba en el garaje de la residencia, ubicado en el primer piso, incluso durante las tardes en que se desarrollaban las tertulias literarias. Sin ir más lejos, Mariana Callejas estuvo procesada por ser cómplice de su marido en diversos crímenes. Además, se le acusó de denunciar a opositores al régimen castrense que eran asiduos de la Biblioteca Nacional por esos años, los cuales habrían ido a parar a centros de tortura de la DINA, y se le ha imputado que el taller literario desarrollado en la casa de Lo Curro era más bien una fachada para otras actividades extra literarias, pues algunos aseguran que durante las sesiones se efectuaban fiestas orgiásticas entre los integrantes, como fue representado en la ficción de una serie televisiva sobre la violaciones a los derechos humanos en dictadura.

– ¿Cómo fue esa experiencia?, ¿son verdad esas afirmaciones?

– Yo llegué por el diario a un taller que era de la Fundación de Amigos del Arte. Se postulaba con un texto. Yo presenté un cuento. Tenía 18 años. Quedé aceptado y fue el taller de Enrique Lafourcade. Al segundo o tercer taller se me acerca un joven llamado Carlos Franz, y me dice que ellos llevan un taller paralelo con una escritora que yo había oído de nombre, porque la Mariana acababa de ganar el concurso de cuentos de El Mercurio, con un  cuento que se llamaba “¿Conoce usted a Bobby Ackermann?”, que yo encontré muy bueno. Se hacía en la casa de Mariana Callejas, pero no era un taller tradicional. Era una reunión social de los alumnos del taller de Lafourcade para que cada uno leyera, pues en el taller del escritor podía hacerlo cada diez clases. Esto era en el año 1977. Yo no vi absolutamente nada, ni aún después, que me llevara a inferir que la Mariana tuviera otra identidad, por así decirlo. Me tocó ver pasar dos veces a Michael Townley. Era un grupo de niños que se inscribía para leer en la próxima clase, claro que la Mariana leía todas las clases. Se leían dos cuentos por clases cada 15 días. Lo que se hacía era que se llegaba a las seis de la tarde y se leía. Como había toque de queda, a las nueve uno estaba en su casa. Bolaño, que conoció esta historia de mi boca, habla de que habían fiestas en la casa de Mariana Callejas. Yo nunca en esa casa estuve en una fiesta, nunca bailé ahí. Yo nunca vi nada que pudiera hacer sospechar de esta doble actividad de Mariana. Ella no fingía ser escritora; realmente escribía. Era un ser extraño, eso sí. Había vivido en Nueva York, había pertenecido a un partido socialista sionista, había vivido en un kibutz, tenía un pasado interesante, que yo nunca indagué. Era casada con un tipo que se dedicaba a la electrónica, mucho menor que ella. Esa fue mi experiencia. Claro que Bolaño trató de sacarme más. No había nada más.

– Mariana Callejas desmintió todo lo que Bolaño afirmó sobre ella en “Nocturno de Chile”… 

– No, lo que Mariana niegue no tiene ninguna importancia. Lo que ocurrió en esa casa, puede haber ocurrido en esa casa. Yo no lo pongo en duda. Lo que sí dudo es que haya ocurrido cuando habían 12 personas o más, era un grupo cercano que pudo ver algo. No creo que el señor Townley haya sido tan idiota para elegir los días en que su señora hiciera su taller literario para torturar personas en el primer piso. Me imagino que no. No sé si coinciden los años. No sé en qué estaba Townley el año 1977 exactamente. No tengo idea. De lo que se cuenta que pasó con Carmelo Soria en esa casa, me lo creo. Este taller venía de antes. Participaban antes que yo Carlos Franz y Carlos Iturra, creo que en otra casa que tenía la Mariana. Me parece que era en Pío X. Tengo la sensación que la Mariana quería ser una Isidora Zegers, una dama de salón, pero ella no tenía el estilo para eso.

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Un elemento indispensable en la historia de la literatura chilena. Aún es joven el escritor Gonzalo Contreras y tiempo para seguir escribiendo tiene de sobra. Con cinco novelas a su haber, más dos volúmenes de cuentos, este narrador se ha caracterizado por un registro y arquitectura introspectiva de sus personajes, abordando conflictos humanos desde argumentos psicológicos y con una prosa inteligente, prolija, mas no liviana ni descuidada. Alcanza suficiente profundidad en sus novelas, se interioriza de la vida de seres cultos y de acciones significativas, empleando figuras literarias asertivas y agudas, de incisiva expresión en la sensibilidad intelectual del lector. Justamente, se le conoce en los círculos de talleristas literarios como un académico solemne. Por sobre estereotipos, podemos decir que es un serio y talentoso escritor que desnuda conflictos humanos de la sociedad chilena contemporánea.

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2 Respuestas a “Gonzalo Contreras

  1. nesecito urgente todo lo relacionado al cuento los santos resumen motivo principal caracterisacion del personaje espacios tecnicas narrativas comentario critico del texto etc hay muy poca ayuda en esta novela los santos de gonzalo contreras para poder hacer los trabajos en el liceo

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