Óscar Hahn

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“ Parezco un pájaro raro en relación a mi generación literaria”

Por Gonzalo Robles F.  Fotos de Pepe Durán.
El Premio Nacional de Literatura es, desde hace décadas, un galardón polémico. Su jurado, el supuesto lobby que ejercen algunas de las instituciones que postulan a los candidatos, los motivos políticos, en fin, nunca deja de presentar una cuota de polémica. Parte de la cual es reproducida por los medios de prensa. Sin embargo, cuando el año pasado la presea fue otorgada a don Óscar Hahn, la reacción de muchos fue la de pensar: “enhorabuena, al fin se lo dieron. Bien merecido lo tiene”.

Óscar es querido y respetado por sus lectores y la comunidad literaria chilena. De carácter un tanto tímido, a los pocos minutos de iniciar una conversación con él uno advierte -además de su caballerosidad y trato amable-su concisa y sólida gramática y sintaxis mental a la hora de elaborar frases. Habla en términos claros, con un lenguaje accesible, jamás rebuscado, y compone sus oraciones con claridad e ideas bien articuladas.

Óscar Hahn perdió a su padre siendo un niño, a los cuatro años. Sus estudios primarios y secundarios los realizó en Iquique, sumado a algunos años en Valdivia y Rancagua. Estudió Pedagogía en la Universidad de Chile en su sede en Santiago. Obtuvo el título de profesor de castellano. Sin embargo, se desempeñó como profesor en Arica durante diez años. De hecho, él mismo identifica su formación poética con el norte de Chile.

Luego del Golpe Militar es encarcelado en la Cárcel Pública de Arica. En 1974 sale al exilio y se establece definitivamente en Estados Unidos durante 38 años. Obtuvo un Master en Arts en la Universidad de Iowa, donde más tarde impartió clases de Literatura Hispánica, y el grado de Doctor en Filosofía en la Universidad de Maryland. Actualmente está asentado en Santiago de Chile, al menos la mayor parte del año, pero sigue residiendo algunos meses en Norteamérica y también en Europa.

Empezó a escribir desde muy joven. En 1961, a la edad de 23 años, publicó su primer libro de poemas: Esta rosa negra, motivada por una ironía de amor durante una relación de infancia. Su poesía ha sido definida de tinte existencialista, aunque también romántica. Críticos chilenos, y extranjeros, han destacado su visualidad de un tipo de narración cinematográfica, que él asume. Se considera deudor de la poesía del Siglo de Oro de la Literatura Española, principalmente porque se resistió a leer en sus años de formación poesía escrita en otro idioma y traducida al español, por la pérdida que ello necesariamente implica.

Él mismo se define como un integrante disidente de la Generación del 60 y por una razón muy evidente: su residencia en la juventud en las ciudades nortinas de Arica e Iquique, pues las distancias geográficas y culturales de grupos poéticos como Trilce (cobijado en la Universidad Austral en Valdivia) y Arúspice (al alero de la Universidad de Concepción) marcan necesariamente la psique de un poeta, así como que sus inicios creativos poéticos fueron en solitario en relación al carácter gregario de estos grupos, también desarrollados en Santiago, y que muchas veces contaban con talleres frecuentes e incluso publicaciones de revistas.

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El crítico Matías Ayala, en su investigación “Sujeto lírico en la poesía de Óscar Hahn desde Mal de amor”, afirma que en sus obras Versos robados (1995) y Apariciones profanas (2002), su poesía “exhibe una suerte de surrealismo cinematográfico, en donde predomina la visualidad discontinua de una narrativa, un montaje de cuadros que recuerda el cine de vanguardia”, ¿reconoce esta influencia cinematográfica en su producción poética?
– En primer lugar -manifiesta Hahn-, lo que ocurre con la poesía, por lo menos con la mía, es que uno incorpora todas las experiencias que uno tiene en la vida. Éstas, a diferencia de lo que cree la persona común y corriente, no son solamente experiencias de vida, sino también las lecturas del autor, las películas que uno ha visto, los programas de televisión. Las pinturas, lugares, cosas que uno ha visto que le suceden a los amigos. La gente piensa que si uno habla de un determinado tema es porque le sucedió a uno. Pero muchas veces no le ha sucedido a uno, sino que le ha ocurrido a un amigo y uno ha sido impactado por el relato de él, se le quedan en algún lugar del inconsciente, y después aparecen. Pero volviendo a lo del cine, que se aplica a lo anterior, no hay nada hecho deliberadamente, sino que, puesto que mi educación, como la de todo el mundo, es bastante dependiente del cine (¿quién no va al cine o no ve películas en televisión?), el tipo de narratividad que tiene, el montaje que poseen las distintas escenas que aparecen, son cosas que de alguna manera uno incorpora. Y cuando le toca a uno contar algo en un poema, tiende a imitar, por así decirlo, sin proponérselo, o sea, no conscientemente: la estructura que tiene una determinada película o el montaje cinematográfico. Eso lo han dicho bastantes críticos con respecto a mi poesía. De hecho, hay un estudio de una norteamericana, que se basa solamente en la técnica cinematográfica que se observa en poemas míos.

-¿Podría identificar alguna obra fílmica que ha incidido en su creación?

– Bueno, yo creo que hay una: “Hiroshima mi amor”, una película dirigida por Alain Resnais, que es de fines de los cincuenta. Hay un poema mío que se llama “Visión de Hiroshima”, que yo creo que esté muy influido por esa película, o por lo menos fue el estímulo que motivó el poema. Porque, naturalmente, yo no estuve en Hiroshima. Este evento está mediatizado por la película y me llega a mí a través de ella.

“A mí, la teoría surrealista, los manifiestos surrealistas, no me interesan para nada”.
– Y sobre la influencia del surrealismo, que algunos atribuyen a su lectura de Huidobro, ¿la reconoce como tal en su poesía?
– Yo no me considero deudor del surrealismo. A mí, la teoría surrealista, los manifiestos surrealistas, no me interesan para nada. Lo que sucede es que los elementos inconexos que hay en mis poemas alguien los puede leer como surrealistas. Pero nunca provienen de una técnica como la escritura automática o el cadáver exquisito, de ese tipo de técnicas que usaban los surrealistas, sino que utilizo otras herramientas muy distintas a las de ese movimiento.

– Sin embargo, usted ha declarado que tuvo un influjo importante en su formación poética la lírica del Siglo de Oro Español…
– Efectivamente, yo leí a Góngora, Quevedo, autores anteriores como San Juan de la Cruz, muy tempranamente en mi vida de poeta. Y leí a esos autores fundamentalmente como una exploración, porque mis compañeros de generación leían poemas de otros idiomas, no del español, pero en traducción. De hecho, los leían en español. No hablaban ni una palabra de francés, por ejemplo. Tenían que leer la traducción. Lo mismo que del inglés, del alemán, ni hablar. Entonces yo pensé: si yo leo, por ejemplo, a T.S. Elliot en traducción, por muy buena que sea la traducción, no estoy leyendo a Elliot. Estoy leyendo al traductor de Elliot, y hay muchas técnicas que él no puede traspasar al español porque son inherentes al idioma inglés. Simplemente no se pueden hacer en español. El inglés, por ejemplo, es una lengua muy monosilábica. El español, en cambio, tiende a palabras con más sílabas, con palabras más largas. Y que el inglés sea más monosilábico hace que las palabras tengan un ritmo distinto, que después en la traducción no se puede traspasar. Una música que suena de una manera, pero que se pierde totalmente en la traducción, porque los acentos mismos de las palabras, en los monosílabos, son distintos a los acentos en palabras de cuatro o cinco sílabas. Entonces yo quería ver qué es lo que hacían los clásicos en nuestra lengua, así como preparar sobre la base de lo escrito, y eventualmente esas técnicas las he usado en mis poemas actuales.

– … A propósito de sus compañeros de generación. Se ha definido como un integrante disidente de la Generación del 60, ¿a qué cree que se debe esto?
– Hay una razón evidente. Un poeta alimenta su psiquis de toda clase de materiales. Ahora, el tipo de experiencias que yo tuve en esa época, en mis años de formación, era muy distinto al de la gente de mi generación. Yo era una persona del norte de Chile, vivía en Arica, en Iquique. Ellos eran poetas, generalmente, de Santiago hacia el sur; de Concepción, Valdivia. Entonces, yo no he vivido ahí. Evidentemente no puedo alimentarme de esas experiencias, ni ellos de las mías. Por otra parte, ellos desarrollaron una especie de lenguaje grupal. Ellos se juntaban, se veían, tenían las mismas lecturas. Pero yo estaba completamente aislado en Arica. Entonces mis lecturas no eran las de mi generación, sino las que me caían, simplemente. Todos esos elementos hacen que al final esos poetas puedan tener una gran afinidad entre ellos. En cambio yo parezco un pájaro raro en comparación con eso. Hay una anécdota que yo cuento que es muy decidora. Me parece que fue el año 70 durante un encuentro que hubo en Valparaíso de poetas de mi generación. Hubo un crítico y poeta que habló de la Generación de los 60, a la cual pertenezco yo, y habló de los poetas obvios de mi generación. Entonces, era un trabajo muy bien hecho. Nunca me olvidaré que Waldo Rojas dijo: “Yo encuentro tu trabajo muy interesante, pero hay una ausencia muy notoria: Óscar Hahn”. Y el investigador respondió: “Sí, tienes razón, lo consideré, pero no supe qué hacer con su poesía”: Eso significaba que no calzaba con el modelo de mi generación. Recuerdo que Enrique Lihn dijo una vez, en relación a esto, que yo era un poeta desfasado con respecto a mi generación, lo que, en el fondo, quiere decir que yo corro con otros colores que mis compañeros.

– Usted emigró a Estados Unidos por el exilio en 1974. ¿Cree que su percepción fue un tanto distinta de la dictadura chilena debido a la distancia geográfica y a la forma en que se conceptualizaban estos hechos en países extranjeros?
– Sin duda, porque cuando uno está en el extranjero ve las cosas de otra manera. Tiene una distancia. Lee diarios de allá (The New York Times, Washington Post, diarios así), y uno se alimenta, se nutre de ellos. Recuerdo que esos diarios no había día en que no le dieran como bombo a la dictadura. Todos los días aparecían cosas contra la dictadura, pero cosas muy bien investigadas, muy bien escritas, muy bien armadas, muy sólidas. Entonces, claro, esa visión mía era muy distinta (más cómoda porque yo estaba allá a salvo) de aquella de los que estaban acá. Por eso a mí me sorprende que algunos civiles del gobierno militar, que salían todo el tiempo de Chile, manifiesten su ignorancia sobre las cosas que estaban sucediendo acá. ¿Ignorancia?, si Chile tenía embajada en Washington. ¿Me van a decir que no leían el Washington Post en Washington? Por favor. ¿O Le Monde en País, o el Corriere de la Sera en Italia? Y esos diarios estaban todos los santos días dándole duro a la dictadura y denunciando. Y después salen alegremente diciendo: “Ay, yo no sabía lo que estaba pasando” Por favor.

– Empero, actualmente usted reside la mayor parte del año en Santiago de Chile. Con respecto a la conmemoración de cuatro décadas de sucedido el Golpe de Estado, ¿qué opinión le merecen el modo cómo fueron recordados estos hechos y su manifestación en medios de comunicación social, especialmente los televisivos?
– A mí me merece una opinión muy positiva. Porque los jóvenes (los jóvenes actuales, que tienen 18 ó 20 años), en general, estaban en una situación en que sabían esto como solo de oídas, como escuchado en la calle. De repente alguna cosita en la casa, como al pasar. Creo que con todo lo mediático, hubo muchos programas de televisión que mostraban e incluso escenificaban hechos. Entonces se dieron cuenta que el asunto no fue tan simple como pensaban. Le tomaron el peso.

“¿Para qué sirven las Naciones Unidas?” 


– En su obra más reciente, usted ha sido muy crítico de la Guerra de Irak, acaecida en el año 2003. ¿Cuál es su percepción de este conflicto bélico considerando que usted para esa fecha residía en Estados Unidos, país que protagonizó la invasión a la nación de Medio Oriente?
– Yo creo que ese es uno de los actos de mentira más descarado que uno ha visto en la historia de la humanidad. Y uno se pregunta: ¿para qué sirven las Naciones Unidas? Cuando un gobierno, como el de Estados Unidos, puede presentarse en el Consejo General de las Naciones Unidas mostrando unas supuestas armas químicas que tenía Irak, y que todos sabemos que no existían. Entonces, ¿cómo todo el mundo se traga eso tranquilamente? Luego George W. Bush da como razón de la invasión para destruir estas armas químicas inexistentes y después, que se descubre que todo fue una gran mentira, no sucede nada. A ese tipo lo deberían meter preso por haber provocado una guerra en la cual murieron por lo menos 70 mil iraquíes, si no más, y el tipo dice: “Ah, perdonen, me equivoqué. En realidad no tenían armas químicas”. Chao, se acabó el asunto.

– Alguien advirtió que existe una relación entre los tópicos de amor y muerte en sus poemas, observación que se planteó al poco tiempo de publicado Arte de morir.
– Efectivamente. Resulta que “Arte de morir” es un libro anterior a “Mal de amor”. Es curioso porque la persona que advirtió esto, naturalmente no sabía que venía “Mal de amor” (lo dijo antes de la publicación de éste último). Entonces él dijo que eran poemas de amor disfrazados de poemas sobre la muerte. Y resulta que después, cuando apareció “Mal de amor”, esta persona dijo que eran poemas de muerte disfrazados de poemas sobre el amor.

– Pero, por cierto, se establece una relación dialéctica entre amor y muerte, pues ambas están contenidas la una en la otra, como una simbiosis…
– Claro. Enrique Lihn había hecho una observación muy buena. Él hablaba de “arte de morir”, y se refería al erotismo que tenía el libro, y habla de que Eros y Thanatos son los ejes centrales de “Arte de morir”. Llegaba incluso él a mencionar que, más allá de los temas, había una erotización del lenguaje en el libro. Así que el erotismo está en “Arte de morir” como está también en “Mal de amor”.

Adentrarse en la poesía de Óscar Hahn es introducirse en una voz poética de temple y carácter reflexivo, de sensibilidad pausada y razonar agudo. Lejano a los estilos barrocos, mas no por eso la lectura y el asombro ante sus versos es menos intenso. Este disidente de la Generación del 60 es con sobrada razón merecedor del Premio Nacional de Literatura 2012. La deuda que tan miserablemente se perpetuó con Enrique Lihn hizo justicia con Óscar Hahn. Un poeta que retrató a los chilenos del exilio, cantó a la muerte y a la desilusión amorosa. Arremetió contra la invasión norteamericana en Irak, viviendo él en ese entonces en el país de las barras y las estrellas, y que hoy salda su deuda con su patria al residir en Santiago de Chile. Es de las figuras literarias que se agradece conocer.

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