Ángel Parra

Ángel Parra, músico y escritor

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“Al canto no lo puede matar nadie”

Por Hugo Dimter. Fotos de Pepe Durán.

– Oiga, este libro: “El pasado que habito”, trata de explicar el Golpe de estado” a los niños. Es un texto para niños. ¿Que lo incentivó a escribirle a sus nietos? ¿Cuál es el motivo central que tienen que adquirir de este relato?- le pregunto coloquialmente como sí estuviéramos en una plaza del Cerro Barón en su natal Valparaíso.

– El motivo central es que, en los libros de Historia,  los que ganan los golpes de estado y las guerras son los que redactan la historia oficial. Entonces, quería dar a mis nietos, fundamentalmente, y a todos los nietos de Chile, la versión que me tocó vivir y que no está en ninguno de los textos de historia. No está en las escuelas. No se enseña qué fue lo que sucedió y cómo fue lo que sucedió. Ese es el motivo central- señala Ángel Cereceda Parra. Músico. Escritor. ¿60, 70 años? Setenta para ser exactos. Carnet 4.515.918-3. Hijo de Violeta Parra. Hermano de Isabel. Sobrino de Roberto, de Lalo, del antipoeta Nicanor Parra. Con el tiempo y las vivencias -que son muchas y de toda índole- también se ha convertido en un sabio popular chileno (aunque eso él no lo sabe, pero tal vez lo intuya).

– … ¿Como enseñanza para que no se vuelvan a repetir estos hechos?- le vuelvo a preguntar.
– El ser humano es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra- me contesta. Y continúa:
– No me da mucha confianza. Sobre todo con ejércitos que están adiestrados en la Escuelas de las Américas en Panamá, buscando reprimir, torturar, y hacer desaparecer. Entonces es bueno que la gente sepa, que las nuevas generaciones estén al tanto.

– ¿Pero no es un poco pesimista pensar así?
– Lo que estoy diciendo es pesimista; pero yo soy un tremendo  optimista. Por eso me dirijo a los niños. Yo me voy a morir mañana y ellos van a quedar con este trauma, con esta carga que es fuerte. Lo que significó un golpe de estado, donde, insisto: las heridas aún están abiertas.

– O sea con el tema de la reconciliación tenemos para varias décadas más.
– Varias generaciones, no me cabe duda.

– ¿Cómo se imagina el Chile de sus nietos en 20 años?
– Podría hacer un poco de ficción…

– … ¿Y esa ficción sería más optimista?
– Si  lográramos construir una política consistente donde hubiera una verdadera decisión para cambiar las cosas, una nueva constitución, algo para, efectivamente, tener una educación laica, gratuita y de calidad para todo el mundo, sería muy positivo.
En 1973 Ángel Parra fue delatado por un vecino y luego de permanecer en el Estadio Nacional, enviado al campo de prisioneros de Chacabuco en pleno desierto de Atacama. Lo que siguió fue el exilio. Definitivamente las utopías se habían perdido en la niebla de la dictadura. Pero Parra no se rinde, caramba. Y cada cierto tiempo vuelve a su Chile querido, donde no termina de asombrarse. “Hay mucha actividad cultural en el país. Yo no vivo aquí desde 1976, si no en París, pero cuando vengo me doy cuenta que está el Teatro a Mil, que en las poblaciones hay gestión cultural, hay casas de la cultura. Hay actividad”.

– ¿Y apoyo hay?
– Bueno está el sistema de los Fondart; pero ya no creo tanto en eso. Creo que debería, efectivamente, el estado hacerse cargo. El Ministerio de educación. Y no hacerse estos concursos cada año.

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El pasado que habito

Septiembre de 1973. Ángel Parra está detenido en el Estadio Nacional. Una noche los prisioneros son levantados a culatazos y se enfrentan por primera vez al Encapuchado del Estadio Nacional. Una manta con dos orificios en los ojos sirve de vestimenta macabra para este delator. Muchos de los detenidos sienten el aire gélido en el cuerpo. Es la cercanía de la muerte. Ángel es una persona bastante conocida en el país. Ha editado muchos discos y su cercanía con el gobierno de Salvador Allende es notoria. Ahora, enfrentado al encapuchado, siente que sus minutos en esta vida están contados. Se forma una hilera de detenidos y el encapuchado comienza su inspección. Lento recorre los cincuenta metros con paso cancino. Va avanzando hacia  Ángel Parra. El músico está helado. “Hasta aquí no más llegué”, parece pensar. El encapuchado pasa junto a Ángel, se detiene un segundo y continua. Lo ha reconocido pero no lo ha señalado. Finalmente se va. Ufffff. Ángel vuelve a tomar aire. Vuelve a la vida.

Fines de 2013. Ángel Parra lleva una pañoleta al cuello que lo hace ver sencillo. ¿Alguien adivinará las cosas por las que pasó Parra? El tiempo ha  transformado esos dolores en un espejismo distante. El pasado se ha diluido, pero no ha terminado. ¿La herencia de todo ello? Pues la sabiduría, Ángel Parra es un hombre sabio.

– Hice unas entrevistas hace poco a Elicura Chihuailaf y Gastón Soublette y ellos hablaban del sabio popular chileno. Recordaban a ese sabio del campo, del mundo rural…
-… Que ya no existe.
– Que ya no existe y que ha sido reemplazado por los economistas y por los políticos.
– Y por Google- señala sonriendo Parra.
-Y por Google también. ¿No cree que deberíamos volver a ese hombre sabio y popular?
– Es muy difícil eso. Sería un sueño utópico maravilloso pero muy difícil, puesto que las comunicaciones hoy -internet, la radio, la televisión- invaden la vida privada en el campo, en la ciudad, en la montaña. Están en todas partes. Hay mucha gente joven que se esta yendo a vivir a las Torres del Paine. Se van a vivir lejos sin teléfono y sin internet. A lo mejor puede salir de ahí una generación pero que bien esos locos, aventureros, y maravillosos muchachos.

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– Su generación apostó a un canto puesto al  servicio de un ideal, de una utopía. ¿Cómo terminó esa utopía a su juicio?
– Bueno, terminó con Víctor Jara asesinado,  con el director de la Orquesta Sinfónica Infantil de La Serena Jorge Peña Hen asesinado. Miles y miles de exiliados, cárcel, tortura, expulsión del país -que fue el caso mío-. Después de haber pasado por todas esas primeras cosas. Entonces, aquellos que quedamos vivos y que salimos vivos de la experiencia, continuamos, seguimos. Porque al canto no lo puede matar nadie. Si yo dejo de cantar otro va a tomar la guitarra y así. Hoy vemos que hay mucha gente joven cantando; entre mujeres y hombres. No solamente Manuel García que es un gran músico, sino también muchachas en Valparaíso, en Santiago, en provincia. Entonces eso da mucha esperanza. Nosotros la pusimos efectivamente al servicio al servicio de la gente. Pero lo nuestro no era para hacer bailar ni para entretenerlos; era para hacerlos reflexionar.

– ¿Quién ganó? Quién perdió? O todo Chile perdió con el Golpe, con la dictadura?
– Creo que todo Chile perdió y que de eso no se va a recuperar en tan poco tiempo. Creo que necesitamos mucho tiempo, mucha reflexión, mucho sentido de identidad -que era lo que buscaba mi madre-, identidad nacional, ser chileno, qué es ser chileno, cuáles son nuestras leyendas, nuestra cultura popular; no la cultura universitaria. La cultura popular, la cultura de la calle, del hombre de la vega, de los campesinos que aún quedan. Si logramos recuperar esa identidad el futuro puede ser muy bello.

– Pero estamos tan globalizados.
– Así es: muy globalizados. Pero esta feria del libro, las manifestaciones culturales, sirven para despertar en la gente la vocación. Mire este joven tan chiquitito, anda con un libro en las manos. Eso es maravilloso. Él lo mirará, lo leerá, verá los dibujos.

Un murmullo, alguien se acerca. Comienza a hablarnos. Es un ciudadano que alza la voz: “… falta que la gente se dé cuenta que es lo que está pasando. Cómo nos están vendiendo la pomada. ¿Sabe qué? Estaba conversando con una persona que va a votar por la cara de las personas y no por lo que representan.
-… No hay ideología- me susurra Ángel.
El anónimo ciudadano continúa con su perorata:
-…No hay ideología. Siempre he dicho, tengo una palabra que no me la quitan y no me la quitarán nunca: la dignidad. La ideología, en realidad, se perdió cuando murió Allende.
– Es muy cierto lo que él está diciendo, y espero que también lo pongas en la entrevista porque es verdad- me dice Ángel Parra y continua:
– Con el asesinato del Salvador Allende se asesinó el ideal de todo un pueblo. No va a aparecer cada 10 años un Salvador Allende. La prueba es que en el mundo entero es reconocido como un líder que defendió sus ideales desde muy joven, desde que era estudiante. Cuando llegaron los españoles del Winnipeg él ya era ministro de la salud de Pedro Aguirre Cerda y él los esperó en Valparaíso. Entonces tuvo una trayectoria al lado del pueblo. Derecho siempre. En Europa, en Francia particularmente donde yo vivo, se dice que los pilares de la cultura chilena son Salvador Allende, Pablo Neruda, Violeta Parra y Víctor Jara.

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– En 1973, en el campo de prisioneros de Chacabuco, hicieron El oratorio de Navidad. ¿Cuál es la lección de vida que sacó de su paso por el campo de Chacabuco? Me imagino que ese oratorio tiene que haber sido muy, pero muy, conmovedor.
– Efectivamente fue algo tremendo. Éramos 1500 detenidos y la noche que se cantó eso, que fue el 24 de diciembre el 73, fue un impacto enorme. Porque era un coro de hombres  que habían sido torturados, que habían sido encarcelados. Entonces marcó mucho. Años después lo hicimos, ya en democracia, en la Iglesia de San Francisco. Fue otro momento muy grande y muy importante. En ese caso también la música sirve para mantener el ánimo, para levantar el espíritu y eso fue lo que se logró con eso.  Escribí también La pasión según San Juan. Fue maravilloso ver un coro de 400 personas; pero prisioneros.

– Tiene un disco también con prosa de Manuel Rojas. ¿Era un admirador de Manuel Rojas?
– Efectivamente. Yo fui amigo de Manuel. Amigo amigo. Siempre fui un joven que buscaba la sabiduría de los hombres viejos. Eso que usted estaba hablando al comienzo. Fue así como pude trabajar con Pablo Neruda, con Manuel, con Fernando Alegría, con Rafael Alberti, con Nicolás Guillén.

– Poetas insignes.
– Poetas insignes. Me interesaba saber bien cómo y para qué servía esto. Si yo podía aliarme con ellos y poner mi música y mi público para atraer su poesía.  Fueron momentos muy gratos, enormes, que me marcaron definitivamente. Chile de arriba a bajo con textos de Manuel  y con su voz porque él participaba activamente en el disco. Él leía los textos y luego yo los cantaba.

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– Ahora usted pasa gran parte de su tiempo en Paris, fuera de Chile. ¿Cuál es la visión, que a su juicio hay, de Chile actualmente en el exterior?
–  Bueno hay dos visiones. Una visión es la versión oficial que dan las estadísticas, que da la Sofofa, que dan los empresarios chilenos: que  aquí está todo maravilloso, crecimiento al 5%. Lo que no se dice es que ese crecimiento no llega a las capas populares. Ese crecimiento no se refleja en los cheques que tienen que firmar los padres en las universidades para endeudarse por sus hijos.  Entonces esa es una visión y la otra visión es la que damos nosotros, los que decimos la verdad. Yo trabajo y voy habitualmente a La Pintana, a la casa de la cultura, a La Granja, San Ramón. Sé lo que pasa, sé cómo vive la gente, las casas donde hay 11 allegados. Entonces doy mi versión que tiene que ver con mi verdad y con lo que yo veo: que hay tremendas injusticias. Y no hablemos de la salud.

– ¿Y cómo ve los movimientos sociales que han aparecido?
 – Mira los movimientos sociales me parecen súper interesantes; pero creo más en los partidos, los partidos políticos que se conforman de hombres y mujeres reunidos para defender ideas.

– Pero esa es la gran crítica que le han hecho a los partidos y sus cúpulas: que no han defendido a la gente.
– Es un tema muy complejo y no quisiera frivolizarlo en la conversación. Pero soy partidario de eso porque tú te metes en Twitter, o en cualquiera de estas cosas modernas, y todo el mundo opina y dice lo que quiere, pero mañana pasan 10 días y no dicen nada. Y tú puedes hacer eso desde tu computadora, pero estar con los compañeros, discutir con ellos, es otra cosa. Se ha perdido esa militancia. Ojalá se pudiera lograr. Así como se reúnen a jugar fútbol, como se reúnen a comerse un asado, deberían hacer una reunión al mes, por lo menos, para hablar de temas políticos en torno a un partido. Sea el partido radical, sea el partido comunista, socialista, da lo mismo. Pero que se haga.  Entonces los movimientos sociales me parecen interesantes, claro. Pero les falta base.

– ¿Y cómo se podría solucionar eso? ¿Con políticos más carismáticos?
– No. Creo que lo que se requiere es más educación. Es fundamental. Hoy con esta educación los jóvenes, a los 18 años, no entienden lo que leen. Pero la sociedad está diseñada para que la gente no piense, vea tele, vea futbol, vea harto futbol de todas partes de Europa, vea programas en la noche con niñas en pelotas. Eso es lo que les da, esa es la información que les brinda.

– Pero ahí la gente es utilizada. La gente no tiene, en parte, culpa.
–  La gente se deja utilizar porque el botón de apagar la televisión está a la mano.
– Pero ellos no discriminan.
– Bueno ahí está el problema: es un problema que se puede resolver en familia. Esas cosas se discuten en familia.

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