Ignacio Echevarría

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                                 Un peregrino en Sodoma

Por Hugo Dimter. Fotos de Pepe Durán.

La mochila que lleva al hombro lo hace ver como una especie de peregrino posmoderno deambulando en tierras lejanas. Parajes chilenos donde sopla el viento tras los malls, shoppings y las tumbas. Sonriente. Como quien pasa por esta vida, pero se dirige a la eterna con un libro bajo el brazo.
Chile es una nave aterrizada en el fin del mundo y los seres que la habitan no se han acostumbrado a las inclemencias atmosféricas, culturales, y menos sociales. Es ahí que la literatura y la poesía tratan de encontrar una respuesta -lamentablemente inútil pareciera- ante la sordera y el embrujo de estos nuevos tiempos. Pero la misión, tanto de los creadores como de ciertos críticos. se está cumpliendo y -pese a los agoreros- algún día tendrá éxito. Por lo menos eso cree el crítico español Ignacio Echevarría.

Santiago de Chile.

Calor. Demasiado calor.
Ignacio Echevarría viste jeans, polera, y (como Alejandro Zambra) zapatillas de lona. Un look sencillo, muy juvenil; quizás más latino que europeo.  Una barba bien cuidada. Un metro ochentaytanto en una estructura ósea tan delgada como particular. Ignacio tiene anhelos, recuerdos, miles de ideas en la cabeza, y amigos que están y otros que ya se han ido, incluido Roberto Bolaño.

Esto debería haberlo dicho:
Ignacio Echevarria, uno de los críticos literarios más influyentes de España y del mundo, se lo toma con calma y sin ningún ápice de soberbia. Estudió Letras en la Universidad Autónoma de Barcelona, para luego trabajar en una editorial. Desde los 90 se desempeña como editor, ensayista, conferencista y crítico.
De niño comenzó leyendo cómics y tebeos del tipo Capitán Trueno. Eran inicios de los 70 y unos años más tarde Franco gozaría de sus últimos días en este mundo. Vientos de cierta liberación, denominada maliciosamente como “el destape”, corrían prestos desde el sur hasta Barcelona, urbe donde Ignacio residía junto a los suyos, y verano tras verano junto a miles de turistas que disfrutaban del mar y las cervezas en una España donde el turismo masivo se proyectaba. Lo siguiente fue la influencia del Boom Latinoamericano.
Luego -mucho más tarde- vendría su arribo al suplemento literario Babelia del diario El País, donde -cual crack del Real Madrid o del Barza- sería estrella rutilante. Todo ello hasta el 2004 cuando llegó la crítica del libro de Bernardo Atxaga, El hijo del acordeonista, y todo se fue al demonio. La crítica era mala y eso molestó al diario El País, y por ende al Grupo Prisa y a Alfaguara. Lo siguiente fueron dimes y diretes, con variadas explicaciones y teorías sobre la ida del crítico. Echevarría escribió una carta abierta donde, entre otras cosas, se preguntaba:
“¿Tiene sentido ejercer la crítica en un medio dispuesto a desactivar los efectos de la misma y a desautorizar a su propio crítico? ¿Tiene sentido tratar de hacer una crítica más o menos exigente e independiente en un medio que parece privilegiar y defender a ultranza, sin el mínimo decoro, los intereses de una editorial que pertenece a su mismo grupo empresarial?”. El País señaló que la crítica era una arma de destrucción masiva. Echevarría respondió: ” … te confieso que, dentro de todo, no deja de resultar halagador, para mí y para el oficio de crítico, que a alguien le quepa pensar que una simple reseña, escrita en el tono que sea, pueda tener los efectos de una arma de destrucción masiva. No deja de resultar cómica, por otra parte, la ocurrencia de emplear la metáfora “arma de destrucción masiva” en estos tiempos que corren. Parece que estamos todos condenados —unos más que otros— a presumir su existencia allí donde no las hay”. Fin de la cita y -tras 14 años- fin de su labor en El País. Episodio cerrado.

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La crítica en Chile tiene un nivel medio aceptable pero no envidiable.

El inicio del peregrinar

Su historia comenzó mucho antes. Fue con un preestablecido destino catalán que llegó a este mundo el año 1960 en un tradicional hogar de clase media. ¿Cómo recuerda Ignacio su infancia y su acercamiento a la literatura? “Uff, recuerdos muy vagos, imprecisos”, señala él. “No pertenecía para nada a una alta cultura, a una familia especialmente ligada a la literatura. La biblioteca de mi casa era una biblioteca común de clase media española y mis inicios en la lectura son historias convencionales: leyendo cómics y literatura juvenil. Tebeos, cosas como Asterix y Obelix o El inspector Dan. Aunque no me he quedado ahí….hay mucha gente que ha permanecido muy, muy, ligada al mundo del cómics. Yo no me he quedado especialmente prendido con eso. Supongo que hubo momentos de transición entre el cómics y literatura”.

– ¿En qué momento haces click con la literatura?
– Creo que en la adolescencia. Fue por la influencia de mi hermano mayor que había empezado a leer cosas más complejas y más exigentes. Con los libros que él tenía en casa me fui asomando y accediendo a otros niveles. En ese tiempo, estoy hablando de los años 70, casi todos mis primeros deslumbramientos de literatura adulta están ligados al Boom Latinoamericano. Borges primero. Luego Cortázar, Vargas Llosa. Eso es lo que recuerdo como lecturas, como primeras experiencias de lectura adulta, compleja. Y con una sensación de que estás viviendo cosas importantes.

– Vivías una adolescencia en una España franquista…
– Ya no era tanto, eh… yo tenía como 15 años. Digamos que yo me siento culturalmente muy perjudicado por el franquismo. Bajo otros aspectos sí, porque fui a una escuela franquista muy religiosa. Pero desde el punto de vista como lector, mi vida en la lectura empieza más o menos coincidiendo con la muerte de Franco. Pero nunca sentí limitaciones, censura, ni cosas por el estilo.

– ¿Pero lamenta a esa España franquista ?
– Sí, claro.

Bolaño

“ A Roberto Bolaño lo conozco muy, muy tarde, cuando se da a conocer como escritor. Quizás, como escritor emerge muy tardíamente, todos lo sabemos: Bolaño  fue casi simultáneo  a esa irrupción. Yo era crítico literario y me correspondió ocuparme de la reseña de Estrella distante que escribió el mismo año que Historia de la literatura nazi en América. Luego también hice la reseña de Llamadas telefónicas, y fue con motivo de esa reseña que era muy positiva -donde me había gustado mucho el libro de cuentos- que el editor me pidió presentar el libro y en esa ocasión conocí a Roberto. Él, lógicamente, estuvo en el lanzamiento, y a partir de ahí nos hicimos amigos ya hasta su muerte.

– Ahora, como estudioso de la obra de Bolaño quisiera preguntarle acerca de “Estrella distante”. ¿Qué importancia tiene Estrella distante en el trabajo literario de Bolaño? Para mí es una de las mejores novelas que ha escrito Bolaño, tal vez por esa cercanía con ese Chile de los 80.  
– Sí, me imagino. A mí me gustó mucho Estrella distante. Roberto Bolaño, muy tempranamente, tuvo una especie como de concepción global de lo que quería escribir. Es algo que impresiona mucho y de lo que no se sabe suficientemente. Él lo dijo en alguna entrevista: “Todo lo que entra en mi obra está programado hace mucho tiempo”. Es decir, su proyecto literario lo tuvo armado, casi, desde los orígenes. Entonces, yo lo he dicho muchas veces, y he oído decirlo a otras personas, o sea que no es una idea muy propia, que toda la obra de Bolaño podría encajar una dentro de la otra, y leerla como un continúo. De hecho Estrella distante surge con el desarrollo de un capítulo de Historia de la literatura nazi en América, igual que Amuleto surge con el desarrollo de un capítulo de Los Detectives Salvajes , y Los Detectives Salvajes  -en la parte final- encaja con Santa Teresa y 2666 . O sea, de hecho podría leerse la obra de Bolaño como una especie de piezas encajadas entre si, donde se podrían recorrer casi en continuo: los cuentos.

– Como un cubo mágico que, finalmente, da forma a todos los colores.
– Sí, exactamente. En este sentido yo hablé muy tempranamente de la obra de Bolaño, incluyendo un principio físico que dice que la parte y el todo tienen la misma estructura ¿no?….La idea es de un físico polaco francés (Benoît Mandelbrot) que habla de los objetos fractales, como por ejemplo las ramas de una árbol que se van desarrollando siempre de forma parecida. Puede ser que el principio, digamos constructivo, de la obra de Bolaño es fractal. Van reproduciéndose elementos donde partes del todo se van asemejando. Si uno lee Los Detectives Salvajes pues es un libro en buena medida como de cuentos englobados dentro de una estructura que lo convierte en novela, pero dentro de Los Detectives Salvajes podríamos meter tranquilamente los cuentos de Llamadas telefónicas y no desentonarían, y a su vez Amuleto sale de ahí. Todo encaja. En ese sentido a mí me cuesta mucho priorizar, o dar importancia a una obra sobre otra, porque creo que todo forma parte de una especie de eclosión de un proyecto creativo que en el momento que pudo dispararse surgió como un chorro.

– En esta novela Estrella distante hay un personaje impactante que es Carlos Wieder, un militar de la Fuerza Aérea que se infiltra en esos talleres literarios de izquierda en Concepción. Posteriormente hay una escena que es la del departamento en Santiago cuando hace la exposición de las fotos con los cuerpos mutilados, desfigurados. ¿Le llamó la atención cuando leyó por primera vez este personaje y esas escenas tan fuertes?
– Mucho, mucho. Lo que pasa es que yo recuerdo que lo leí en ese instante sin el trasfondo con que puede leerlo un chileno. Ignorando en aquel momento, por ejemplo, el tipo de las lecturas que hace con la obra de Raúl Zurita como poeta. Todo ese transfondo yo lo leí un poco como algo que no hay que perder de vista nunca cuando aparece Bolaño: como algo que es una gran broma. Como buena medida me llamó mucho la atención el elemento humorístico de su obra, tiene un elemento trágico también muy grande. Lo recuerdo -si soy sincero- con mi  primera experiencia de lectura porque, aparte de esto, fue lo primero que leí de Roberto Bolaño. Recuerdo que lo leí como un autor borgeano, como un autor que juega con la literatura dentro de la literatura. Digamos que recuerdo el impacto de un autor humorístico, resabiado, muy culto, sofisticado; más que otras cosas que luego son las que más me han gustado de Roberto. Pero bueno, eso forma parte de los circuitos propios de cada uno.

– Ahora, en una entrevista dijo de que “… intranscendente, sentimental y comercial, esas novelas ganan premios literarios”. ¿Es tan así la literatura y sus premios actualmente?
– Bueno, no. La literatura no. No me quejo del estado de la literatura en términos absolutos. Pero sí de los modos de circulación de la literatura, del mercado editorial, que sé funcionan con unos códigos que no son los de  la literatura. Eso no afecta la literatura en realidad. Yo no dudo que sigan existiendo muy buenos textos y muy buenos escritores. Otra cosa es aquello que consigue visibilidad y lo que vende. ¡Qué va! Una cosa y la otra no hay que confundirlas; entonces ahí lo que tú citas es una condena de la mecánica de los premios literarios, que es un invento de la cultura hispánica, totalmente española. Y que son plataformas comerciales y publicitarias que lo que hacen es distorsionar completamente los méritos reales de un libro.

– ¿Y el éxito literario? Porque el éxito literario algunas veces está planteado por la cantidad de libros que vende un autor y no por la calidad del texto.
– Pero bueno esto ya viene de una cuenta del desmontamiento, del desmontaje, de la institución crítica. Es decir de la crítica como discurso ordenador y discernidor. Entonces, en la medida que el mercado no tiene contrapuntos con los que equilibrarse pues no está regulada. Claro, en la medida que no queda regulada por ninguna instancia, pues bueno, la gente sin ningún amparo acaba leyendo lo que se beneficia de grandes plataformas publicitarias, de grandes campañas publicitarias, de grandes premios , y se pierde un poco la capacidad de acceder a según qué autor y hacia  libros que son mucho mejores.

– ¿Cuál es su apreciación de cuántos lectores hay? ¿Existen más lectores, menos lectores, cómo influye Internet en este juego un tanto desordenado?
– Bueno habría que distinguir entre lectores de libros y lectores. Yo creo que nunca han habido tantos lectores como ahora. Nunca se ha leído tanto y nunca se ha escrito tanto sobre todo. Cualquier persona común, por inculta que sea, hoy en día se pasa horas, seguramente, escribiendo mensajitos y leyendo mensajitos. O sea que la actividad lectora y escritora jamás ha tenido tanta extensión como ahora . Otra cosa es la actitud silenciosa, atenta y concentrada que supone leer un texto largo. Eso sí que se está perdiendo. Pero más que se está perdiendo, digamos, se están perdiendo posiciones. Es decir, lo que se está perdiendo es el automatismo entre leer y leer un libro. Eso es lo que se está perdiendo ahora. No hay que derivar de eso un diagnóstico inapelablemente negativo de las nuevas formas de leer, igual que de las nuevas formas de escribir, pues es probable, es esperable además,  que surjan nuevas formas de textualidad, nuevas formas de expresión, nuevas formas artísticas. Entonces no hay que ser necesariamente catastrófista. Yo creo que hay que estar atentos y hay que ver por donde surge algo nuevo y ver por donde se organiza lo nuevo. Porque en el fondo lo que se está haciendo es reconfigurando toda la actividad, la actividad que es secular: la de leer y la de escribir; pero se está reconfigurando con códigos que todavía nadie puede saber adónde nos va a llevar.

– ¿Qué le llama la atención de la escena literaria chilena?… ¿Hay algo que lo sorprenda? ¿Encuentra que estamos muy desunidos?
– No, no.

– … Tal vez en España suceda lo mismo.
– Sí.

– ¿Cada uno por su lado?
– Sí, me da la sensación de que hoy las condiciones del sistema literario en los países, por lo menos occidentales, son muy comunes. Puede haber matices con respecto a la española y la cultura chilena -que no conozco tanto-, pero digamos que tiene un poquito el problema de que es un país relativamente muy grande pero con una población relativamente pequeña, y por lo tanto tiene un mercado editorial muy restringido. Eso limita mucho la vida literaria de un país. Ocurre con España respecto a Alemania: los índices de lectura y de consumo de libros en Alemania respecto a España pues son infinitamente superiores. Entonces, bueno, eso sí que interviene a la hora de diagnosticar el estado de una cultura. La cantidad tiene mucho que ver, pero no creo que las formas de estructura general de lo que es la sociedad del sistema literario chileno tenga presente diferencias, o peculiaridades, muy singulares respecto a lo que puede ser el argentino, el venezolano, o el español.

– ¿La crítica literaria chilena le parece interesante, aceptable?
– Bueno, no me parece especialmente poderosa, es un discurso menguante como todo de occidente. La crítica está perdiendo posiciones en los periódicos, la crisis de la crítica está asociado a la crisis del medio en el que se han alojado tradicionalmente, que es el periodismo. Es la prensa, como institución, la que está perdiendo posiciones. Los periódicos tradicionales están perdiendo mucho de su sentido por la competencia de internet, por las nuevas formas de comunicación.

– ¿Pero los críticos también están perdiendo su sentido?
– Sí, yo creo que sí; no su sentido: su sitio, su espacio, su lugar, su protagonismo -relativo siempre-. Entonces, yo creo que hay muy poca convicción, por parte de los críticos, en lo que hacen. Del mismo modo que hay muy poca convicción, en general, por parte del periodismo en lo que hacen. Veo que hay una especie de pérdida. Y por otro lado Internet  es una plataforma donde seguramente se están ya gestando las nuevas formas de discurso crítico, pero todavía aquello no ha cuajado. Entonces estamos en un momento de transición en el que no cabe ser muy optimista respecto al tiempo presente. Creo que hay que esperar a que las cosas se ordenen, un sentido del otro. Pero la crítica en Chile, que es lo que me preguntabas, pues me parece que tiene un nivel medio aceptable pero no envidiable.

– Tal vez haya mucha injerencia de los medios en los críticos, presión. Usted tuvo un problema en el diario El País.
– Sí, pero en el caso de Chile el problema es otro, porque en España digamos que la prensa, la prensa hegemónica, como es el caso de El País, está muy ligada a grupos editoriales, pero en Chile no ocurre esto, por lo menos que yo sepa: El Mercurio no tiene intereses editoriales en la industria del libro.

– Mas posee el sello El Mercurio Aguilar.
-Sí, pero no de literatura, no es un sello competitivo en las librerías. No es un sello con marca literaria, por así decirlo. Entonces, lo que yo entiendo aquí es que el problema en Chile es que la prensa está muy concentrada en manos de una elite económica e ideológica muy concreta. Eso también habla de un tipo de crítica que si quieres es más conservadora y más convencional.

– Pero hay nuevos medios alternativos en Internet. Han aparecido muchos medios alternativos relacionados con jóvenes que están en la etapa inicial.
– Yo no pierdo, no solo la esperanza, si no la atención, sobre todo en lo que surja, que será lento seguramente. Estamos en el principio de un cambio muy estructural que va a llevar mucho tiempo, hasta que las cosas se ordenen de otra manera, y entre tanto pues conviven muchas formas de leer, muchas formas de escribir, muchas formas de producir textos, de consumir textos y de criticar textos.

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España y olé

Pasando a otro tema. ¿Ha perdido la esperanza sobre la situación en España ?….la esperanza de que se pueda resolver.
– (Ríe) No, la situación en España es penosa pero bueno, saldremos de ésta como siempre se sale. Pero desde luego la expectativa a corto plazo es catastrófica… Y en el sector del libro más que ningún otro.

– ¿Y a qué se debería esa salida… a una alternancia del poder en España?
– No, no, hombre. Primero la crisis económica, y del modelo político del país que está en quiebra.

– ¿No es culpa de Rajoy?
– Hummmm, no.

–  ¿No?
– No especialmente (ríe). Me encantaría que lo fuera; pero no. Significaría ensuciar. Es más fácil; pero no.

Son los tiempos que se viven. No es un campo de rosas y el paraíso es una invención poetica o religiosa para todos los que vivimos el día a día acá en la urbe. De más está decir que en las mañanas cuando Ignacio yace en cama -sintiendo que el mundo es Sodoma y Gomorra- el fantasma de Roberto Bolaño lo coge del pelo y hace que se levante. A fin de cuentas Bolaño y Echevarría son peregrinos y su destino es errar por el mundo en busca de algo que nadie ha encontrado. ¿Qué será lo que busca Echevarría?

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