Karmele Jaio

Es muy bonita Karmele Jaio ¿no les parece?

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por Alejandro Ávila Saulés, Ernesto Medina y Guadalupe Islas Rivera

Todos miran a Karmele Jaio (Vitoria-Gasteiz, España, 1970) en el stand de literatura vasca. Es muy bonita, una muñequita de cristal, o una especie de universitaria de buena familia, culta y educada. Pero no es una universitaria. Que va, la universidad fue hace mucho; pero ella parece una universitaria. Que radiante se ve ¿no les parece?

Esperamos nuestro turno mientras en una mesa vecina termina Karmele una conversación con una infinidad de periodistas galanes que se quieren hacer los lindos. Los muy babosos. Ay, estos mexicanos son únicos, y los argentinos peor, y los colombianos, pues esos sí que se pasaron. Minutos más tarde Karmele nos saluda con mirada baja y sonrisa suave al saber que somos de un medio chileno. Su mirada es franca y alegre. Lleva una chasquilla dispersa, y que bien le sientan esos pantalones. Los babosos de más allá la siguen mirando y sonríen los muy pelmazos.

Con gran humildad se sienta en nuestra mesa y también sonríe, pero nos sonríe a nosotros. No a los babosos que están más allá con sus camisitas Polo y sus Rolex paraguayos. Malditos cretinos. No deberían permitirle el acceso a malnacidos de esa calaña.

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Karmele Jaio ha venido a Guadalajara para presentar su segunda novela: Música en el aire (Musika airean, Ttrattalo, 2013). Licenciada en ciencias de la información y  autora de tres libros de cuentos. Su novela Las manos de mi madre fue adaptada al cine.  Comenzamos a hablar del extranjero y dice que antes de Guadalajara sólo ha visitado Buenos Aires, y que le gustaría conocer más de América Latina, pero está muy lejos, dice sonriendo. Y cuando ella está sonriendo uno de los babosos ejecutivos levanta la mano a la distancia y la saluda con sus cara de afeminado. Pedazo de basura, ¿no se da cuenta que ella está en una entrevista?

Y entonces yo pregunto lo primero que se me viene a la mente:

– ¿Con motivo de la Fil, ¿cuál es el interés de publicitar tu libro en Latinoamérica?

– El motivo de que yo esté aquí responde a la invitación del Instituto Cultural Vasco, que promociona la literatura vasca en el mundo- me responde ella asombrada de que yo haya preguntado eso, y Karmele –que a estas alturas y en vista a cómo todos estos babosos la miran, debería llamarse Caramel- continúa explicándome:

-Y el interés de promocionarlo aquí es el mismo que en otra parte del mundo. Quiero decir que yo escribo desde mi país. Escribo cosas concretas de mi país, pero estoy escribiendo temas universales que pueden conectar con cualquier lector, de aquí, de allá y del más allá (ríe y me mira)… Ese es el interés y también conocer fuera.

– ¿Lees literatura latinoamericana?– pregunto totalmente absorto ante su belleza. Y luego reacciono. Dios, ¿cómo pude preguntar eso? Bueno, ya está.

– Yo leo de todo lo que puedo- contesta ella y ya no sonríe.

– ¿A Cortázar, Borges, Lezama Lima, etcétera?

– Sí, por supuesto- responde ella y ya no sonríe-. Yo además vengo del género del cuento, he escrito dos novelas pero he escrito más cuentos y relatos. Cortázar está ahí en el top ten. La literatura latinoamericana está muy presente en lectores del país vasco.

– ¿Piensas que te han influido, has encontrado voces, ecos?

– Creo que todo lo que lees te influye, aunque no especialmente, porque estoy influida por los cuentistas pero más norteamericanos. Quizás, si tuviera que decir de dónde tengo más influencia, sería de ellos.

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– En este ambiente latinoamericano que a veces suele ser tan bélico. En países como Colombia o México que tienen conflictos sociales donde aparecen personas muertas a diario ¿qué motivación te da el escribir para este continente en una época tan violenta?

– Un mundo diría yo. A veces tenemos estereotipados países como conflictivos y violentos, es verdad que hay algunos con más problemas. Es algo muy extendido en el mundo, que como está organizado ya es violento. El hecho de que haya personas que no pueden comer y otras viajando en crucero eso es violencia. Quiero decir que a veces sólo llamamos violencia a una explosión social que puede producirse por una crisis, por ejemplo. Hay violencia de muchos tipos. Y escribir para un mundo así pues es el que nos ha tocado. Por nuestra parte lo que podemos hacer es hablar de cómo vemos nosotros el mundo. No vamos a poder cambiarlo con las manos, pero sí visibilizando cosas que no se ven, haciendo hincapié en cosas que en los medios no aparecen.

– Tu novela habla sobre dos mujeres que se reencuentran en sus relaciones afectivas. En este contexto de desencuentros en el mundo. ¿Crees que tu novela ayuda los lectores para reconciliarse con la realidad?

– No que ayude. La novela tiene varios temas que se tratan, pero uno de los importantes es la incomunicación entre las personas. Todo lo malo que trae la incomunicación. Yo creo que eso, trasladado desde las relaciones humanas concretas a lo universal, se puede. Muchas veces los conflictos en el mundo se deben a no escuchar a la otra parte. Cada uno tiene su punto de vista, la defiende y no escucha la otra parte. Es como el ABC,  ocurre en todos los conflictos. El escuchar a la otra parte aparece en la novela, expresar tu propia opinión. Esa comunicación es uno de los mensajes que lanza.

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– A veces en México se tiene la idea que el país vasco es conflictivo, por ETA y los separatistas. ¿Eso  está en tu novela Música en el aire?

– Aparece, aunque no está como protagonista. La novela habla de una relación entre madre e hija, pero aparece como escenario. Ella recuerda un novio que desapareció de un día a otro porque comenzó a militar en ETA. Quería que estuviera en la novela porque es una realidad en nuestro país. Si estaba hablando de la realidad de esa protagonista que está viviendo en ese país, tenía que aparecer. No he profundizado en ello pero está.

– Chantal Maillard dice que ella escribe para que el agua envenenada pueda beberse ¿tú para qué escribes?

– Yo creo que escribo para decir algo. Parece algo obvio, pero no escribo para hacer un adorno, algo bonito. Escribo para decir algo que no sé decir de otra manera si no es a través de la ficción. Hay cosas que aparecen en la creación de la ficción que no hubieran existido de otra manera. Te das cuenta de cosas que tienes en la cabeza. A veces digo que escribo para saber lo que pienso. Me doy cuenta después de escribir. Hay temas que se repiten en mis libros como el tema de la incomunicación.

– ¿Tú crees que es tu tema?

– Hay varios temas. Es uno de ellos. Pero si he de describir el terreno de los temas en que me muevo, es el de las palabras no dichas. Que pasan por nuestra cabeza pero que por lo que sea no salen, por miedo, vergüenza, por lo que sea. Y me da la sensación que lo que queda dentro es lo más importante. Nuestras conversaciones del día a día son muy superficiales, no hablamos de lo que realmente nos está comiendo dentro. Por eso en todo lo que escribo le doy más importancia a lo que los personajes dejan sin decir que lo que dicen. Me parece más importante lo que no dicen pero piensan, que lo que dicen- finaliza Karmele y me doy cuenta que ya no hay nadie alrededor.

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Se han ido los chismosos, los babosos y los donjuanes. Estoy solo con Karmele y no se me ocurre preguntar nada ni decir nada más. La entrevista ha terminado. Le iba a decir a Karmele que estaba muy bonita pero me he arrepentido: no vaya a pensar que soy un baboso.

 

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