Conversando con Sebastián Piñera

Un libro de Mauricio Rojas

La Tercera Ediciones – Planeta

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Con atraso llega un Sebastian Piñera recibido con vítores por algunos entusiastas que se levantan de sus asientos en la Sala América de la Biblioteca Nacional. A los incondicionales pareciera que no les importa la tardanza con tal de ver y demostrarle afecto a quien lleva las riendas del país.
Piñera -Presidente de Chile en sus últimos días de mandato- ha ido al lanzamiento de un libro sobre su persona e ingresa sonriente y a la carrera, muy en su estilo por lo demás. Como una locomotora. Con el irrefrenable impulso de su avasalladora personalidad.

Todos los presentadores, e innumerables ministros, se ven más delgados y radiantes que en televisión y eso de que la TV aumenta ocho kilos parece ser verdad. Todo está ordenado. Mucha planificación y esmero en un trámite que, usualmente y en otras instancias, es desordenado e informal. Las últimas actividades del Presidente no deben estar marcadas por el azar y menos en un ambiente de amigos como parece ser éste. Rápido, ya con el invitado de honor presente, se inicia el lanzamiento de Conversando con Sebastian Piñera. Los asistentes están expectantes y relucen embutidos en sus mejores trajes. Todo brilla: las alhajas, los zapatos, los inmaculados dientes. La suave textura de las camisas.

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Guillermo Turner, director del diario La Tercera, toma la palabra e inmediatamente descoloca a la multitud contando que hace unos días leyó un tweet de una analista donde se señalaba que sacar un libro de Piñera a pocos días del término de su mandato “valía naranjo”. Turner refuta manifestando que siempre un libro sobre un presidente es bienvenido y Piñera pasa con rapidez de una actitud intranquila a otra más sosegada.
Entre los presentadores se da una situación curiosa: los analistass no parecen analistas y los periodistas no parecen periodistas. Menos el autor -Mauricio Rojas-  que no es periodista sino historiador económico y ha vivido gran parte de su vida adulta en Suecia. Al comienzo es extraño todo en este lanzamiento rimbombante, como sacado de foco. Pero la mayor sorpresa la daría el mismo Rojas un poco más tarde. Una gran sorpresa que dejaría a todos boquiabiertos y sonrojados.

El rinoceronte loco

Andrés Benítez – rector de la universidad Adolfo Ibañez- es el siguiente en tomar la palabra y cuenta que en una reciente entrevista efectuada por Don Francisco, Mario Kreutzberger, éste le preguntó a Piñera:
– ¿Qué hay detrás del presidente?
– Un ser humano- respondió Piñera.
Plop. La gente sonríe y Piñera se pone de todos colores. Pero no se queda ahí y -sin mayores reparos- confidencia que “hay alguien atrás” y que el abuelo Piñera se rapta a sus nietos para jugar al “Rinoceronte loco”. La gente vuelve a sonreír y a Piñera estos comentarios parecen no gustarle en demasía. Benítez argumenta que es bueno mostrar el lado humano del Presidente, y que al mismo Piñera le hace bien con dar a conocer esa faceta más intima. Al fin y al cabo Piñera es un ser humano, podría haber argumentado. Y manifiesta que, dada esa faceta tierna, habría que tener un ministro nieto en La Moneda para relajar un poco las cosas. El abuelo Piñera, alguien bastante alejado de la típica figura que se plantea de un político, debería ser, señala, como un abuelito benefactor y tolerante.
En su sillón, y acompañado de la Primera Dama, el Presidente se ve más canoso e ingratamente sorprendido.
Benítez habla de las Piñericosas: de cómo se ha insistido hasta el cansancio en denostarlo, en humillarlo y reírse de él. A la palabra “Piñericosas” el mandatario parece querer levantarse y salir definitivamente del salón. Pero Benítez rectifica y enumera que el episodio de los mineros, la reconstrucción pos terremoto y el millón de empleos fueron sus principales e innegables obras. Benítez señala que es difícil encontrar empresarios dedicados a lo público y Piñera es uno de ellos. Un Presidente que derivó de ser un académico y empresario hasta llegar al Senado y posteriormente a La Moneda. Piñera es un batido de esas tres cosas. Luego agrega que su veta académica no se ha extinguido y muchas veces sigue siendo un profesor explicándole innumerables materias, en sesiones ministeriales, a estos “alumnos” que hoy son sus ministros.
Turner se toma la cabeza al escuchar a Benítez quien hace reflexiones y se “escapa con los tarros”. Pero durante gran parte de su intervención repite cosas súper conocidas y la presentación se torna una letanía. Salvo cuando habla de dictadura y no de gobierno militar y los asistente abren un poco más los ojos. El rector de la Adolfo Ibañez se congracia y dice que “esta es una derecha que gobierna democráticamente y gobierna bien”. Finalmente, y para rematar, señala que Álvaro Vargas Llosa, hijo del autor peruano, estima que sí un presidente llega a un 50 por ciento de aprobación debe considerarse exitoso. Y Piñera está en ese rango.
Los asistentes aplauden con desgano un tanto adormecidos por la perorata.

El turno del analista Max Colodro

La primera definición de Colodro se centra en los temas importantes del gobierno de Piñera. Señala que es loable que no hubiera nada de silencios o auto censuras; y sí opiniones sobre todos los temas. Colodro manifiesta que se corrían riesgos -como persona pública- con esta postura del Presidente y para ejemplificar señala el último programa en Tolerancia Cero donde, durante dos horas y media en vivo, Piñera explicó su política ante una andanada de cuestionamientos. Colodro sentencia que muchas de las actitudes del Presidente con esta postura habrían dado origen a una “Nueva Derecha”. Y recalca que había que dar un golpe de timón sobre todo cuando la izquierda valora las indefiniciones y las ausencias. Sin embargo lo más importante, para el analista, es que éste haya sido el primer mandato de la “derecha democrática” después del gobierno militar. Eso era de suma importancia y no se ha analizado y explicado bien hasta hoy, si bien mejoró con una cuota importante y afortunada dada la aparición de Andrés Chadwick.
Referente a la crisis de la derecha, Colodro, sentencia que se debería haber aplicado bisturí antes y no al final de un mandato. Por otro lado señala que Chile estaría, según el analista, convirtiéndose en un país polarizado, y cita que es para la risa que en el 2006 la Concertación -durante la presidencia de Lagos- realizara unas mini reformas constitucionales, cual tibio maquillaje, y ahora estuviera pidiendo una Asamblea Constituyente. Para finalizar Colodro señala que el cierre del Penal Cordillera debió hacerse mucho antes y si la derecha cambió fue gracias a un Piñera que dejó la vara muy alta.
De más está decir que, a esas alturas, Piñera sonríe sintiéndose más seguro en esa repleta sala de la Biblioteca Nacional.

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Mauricio Rojas

Mauricio Rojas casi mata cien personas

El autor de este libro Conversando con Sebastian Piñera parte su intervención con una sonrisa picarona  y narra la génesis del libro luego de un encuentro con su amigo Cristian Larroulet, posterior a un viaje desde Suecia durante el 2013. Muy campante confidencia que en su juventud perteneció al MIR y cuando dice eso todos parecen desfallecer. Se produce un silencio sepulcral y la mayoría de los rostros de los presentes al escuchar MIR adquieren un tono mortecino como si les hubiera dado un ataque cardíaco. Los presentadores miran para cualquier lado. Rojas sigue contando que fue parlamentario por el partido liberal en Suecia. Algunos en sus sillones cuchichean y el muchacho que está a mi costado murmura con enojo “en el barrio Suecia será…”. Rojas narra sobre sus primeras conversaciones con Piñera en su casa del barrio San Damián, y antes en su oficina. Diez horas de conversación dieron paso a este libro. Rojas confidencia que Piñera se apasiona con la historia de Chile, más aún con la Guerra del Pacífico y con el submarino Toro del ingeniero Federico Blume. Rojas enumera datos y sonríe canchero. Sin embargo algo lo hace desentonar y su génesís izquierdosa lo muestra como pedófilo en jardín infantil. El autor del libro, a duras penas, trata de aparentar normalidad.
Señala que en aquella época bélica -al igual que hoy- se debía derrotar a la adversidad y vencer los desafíos impuestos, con política y pasión, muy inherente a la personalidad del actual Presidente. Rojas señala que en 1879 sólo Nueva Zelanda nos superaba durante aquellos años de la fiebre del salitre en cuanto a cifras económicas. Teníamos todo para llegar al desarrollo y no lo hicimos. Ello generó pobreza y resentimiento que inexorablemente habrían culminado en idologias y utópias que desencadenaron en el Golpe de estado. Todo por no haber conquistado el desarrollo en aquellos años que el salitre era oro.
Luego sorprende nuevamente: Las raices familiares de Piñera -confidencia el historiador- son extraordinariamente frondosas. El Presidente Piñera es descendiente del último gran inca: Huayna Cápac. Una mujer en la sala rie a viva voz por varios segundos. El público ríe contagiado por la mujer y Turner vuelve a tomarse la cabeza definitivamente agobiado mientras Benítez y Colodro toman agüita. Mauricio Rojas continua explicando el dato que ha tomado por sorpresa a la mayoría, y que seguramente no le va a agradar a su par peruano Ollanta Humala. Rojas argumenta que todo se debe a un gran amor entre un conquistador y la hija del último gran emperador cuyo nombre (Huayna Cápac) significa mancebo poderoso. No da nombres pero a fin de cuentas Piñera es el décimo octavo descendiente de este lujoso y rico emperador inca. Tal vez de ahí su destino para incrementar su fortuna y consabida habilidad para los prósperos negocios.
Mauricio Rojas sigue entregando curiosidades como que a un año de nacido Piñera se va a Nueva York. Después vuelve a los 16 años y se dedica con su hermano Pablo a una empresa de mudanzas por la Quinta avenida llegando a comprarse un Fiat 600 gracias a acarrear televisores y colchones con un carrito. O cuando va a Bolivia a asesorar a un pobre gobierno altiplanico esperando ganar 10 mil dólares y le pagan 70 mil.
Sebastián Piñera ha hecho el gobierno más social, enfatiza Rojas, señalando que algunos lo tildan de quinto gobierno de la Concertación.
Menciona sobre la tesis doctoral del Presidente que abordaba la meritocracia recalcando que no les estamos dando la oportunidad a todos los jóvenes en educación. Hay que invertir en la igualdad de oportunidades, diria la tesis de Piñera. El historiador enfatiza que la critica es importante pero no hay que ceder a la presión de la calle. A esas alturas algunos dudan de su militancia como ex mirista, y nadie entiende nada. El autor del libro estima que Piñera no la tuvo fácil gobernando en tiempos complicados pos terremoto. Y del terremoto pasa al dato culinario y el invento gastrónomico de Piñera: el churrasco a lo Piñera que es en marraqueta y con ají. Surrealismo chilensis sui generis contado por un sibarita ex mirista. Yo no sé si llorar o reir.
A Rojas le llama la atención el espíritu emprendedor de Piñera. Algo alejado de los empresarios. El emprendedor es un soñador aterrizado a la realidad, al que tenemos en el aquí y en el ahora; al contrario del revolucionario donde no basta un sueño, una utopia,  donde se construye un mundo fantástico que termina siendo un infierno. Ese es un elemento meritorio en la personalidad de Piñera, dice este renovado Rojas.
Muchas gracias, sentencia Rojas y la gente aplaude con simpátia y extrañeza.

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Turner pide que suba el Presidente para entregarle el libro y éste accede. La gente aplaude a rabiar y Piñera -como es su costumbre- no se contiene y toma la palabra. “Es mucho más comodo estar sentado aquí que abajo en ese sillón”, dice el Presidente.
“Tengo una pasión incontenible por la libertad, una rebeldía interior profunda con el mundo. Y lo que sigue es la misión que debe desarrollarse para que esa rebeldía no sea esteril”, manifiesta el mandatario.
Canoso, gesticula, moviendo las manos con su reloj de plástico rojo y comienza a contar historias de rebeldía exterior. “Hay que hacer cosas. En este país la izquierda destruyo la democracia y por qué le cuesta tanto al otro sector de la derecha admitir que se cometió tanta brutalidad. No reconocer en público lo que se habla en privado. Recuerdo el discurso del 9 de septiembre por los 40 años del Golpe -dice Piñera- y algunos me aconsejaban que lo dejaramos pasar. Y yo sentía que Chile quería enfrentar esa realidad, ese dolor. Más tarde quisimos despertar a Chile, que venía de un letargo: la siesta chilena donde debiamos reaccionar. La metafora del 24 por 7 quería decir que saquemos lo mejor de cada uno de los chilenos, con desarrollo y libertad, porque si no hay libertad no hay democracia”. Piñera ha terminado.

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Yo apago la grabadora y observo a Mauricio Rojas que permanece solo arriba del escenario. Pienso en acercarme y preguntarle algunas cosas pero desisto al ver el enjambre de personas saludando a Piñera quien finalmente pasa a mi lado flaco y diminuto. Desisto saludar a Turner quien fue compañero durante breves años en el San Mateo de Osorno. Desisto de todo, tal vez sorprendido con las cosas extrañas que se dijeron. Chao coctel, chao fotos, chao todo. Que raro el mundo de la politica: es como si vivieran en el mundo de Bilz y Pap. Sin embargo, yo que pensaba que este lanzamiento iba a ser de una fomedad abismante, no puedo negar que me he divertido como nunca.

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