De sismos, colibríes y poesía

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Por Carlos Poblete Ávila

El idioma (las palabras) son el instrumento, el buen canal de expresión de
nuestras ocurrencias y, en primer lugar, de las cosas que existen y que el
hombre ha bautizado, nombrándolas.

Nuestro territorio chileno nuevamente es azotado por la violencia
telúrica, por la agitación de las placas que subyacen en las profundidades
que no vemos. Temblores, sismos y terremotos son parte de nuestra diaria
realidad, y de nuestro vocabulario activo.

Los seres humanos y todo lo que vive sobre la faz del planeta somos parte
-a la vez- del más amplio cosmos que no terminamos de conocer en su proceso
vital y en sus leyes, pero que existen.

Todo lo que vive, también las plantas, experimentan los cambios estacionales
que en nuestro hemisferio nos hacen hoy vivir el otoño que cursa. En este
abril han regresado los colibríes, pequeñísimos pececitos
emplumados, insuperables batidores de alas, nada más mínimos que ellos
libando la dulcedumbre de la flor de la salvia.

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¿Sismos y colibríes son frontales antónimos? Violencia geológica
unos, levedad absoluta los otros. Pero todo es movimiento, todo es acción, todo
es dinámica, todo es energía. La naturaleza es en sí misma, esencialmente, la
más poderosa fuente de energía. Es el principio material vital y original
por antonomasia. Sismos y colibríes responden al mismo principio, y todo lo
que vive.

El planeta es un cuerpo vivo. Las aguas, el aire, el fuego, las plantas, las
aves, y nosotros (humanos) con todos, son y somos realidades
materiales plenas de activa vitalidad.

Suele decirse que en todo hay sabiduría, complemento perfecto. ¿Qué hace
que los colibríes regresen, y por qué lo hacen? ¿Y qué hace que ocurran
sismos y por qué suceden? Es nada más que por la ley del principio vital
de la materia que mueve, que opera. Lo que existe simplemente sucede…

En todo tiempo, en toda estación, las aves son sabias. Nos sucede que no
observamos con atención lo que hacen y cómo viven. Tal vez si copiáramos
mucho de ellas nuestra vida sería mejor. El sentido de la vida de los seres
que vuelan por sus propios medios es majestuoso, entiéndase y mírese el
traslado de las aves que migran de un continente a otro, casi sin descansar
siguiendo climas y espacios benignos para su existencia. Y qué decir de la
sabiduría de nuestras abejas y su sentido de organización. ¿Son
enigmas, ignorancia, secretos, o todo una misma cosa?

Definitivamente en la poesía, en la gran poesía, hay más respuestas que en la filosofía, más que en la historia, y más que en las ciencias.

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