La prensa cómplice y los héroes de Corpus Christi

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En días recientes el Colectivo Patricio Manzano, con el respaldo de la FECH, logró que la justicia chilena cite como inculpados a dos ex ministros de Pinochet, el delegado de la dictadura Alberto Cardemil y al golpista Sergio Onofre Jarpa, para aclarar la muerte de Patricio Manzano González, estudiante de ingeniería que en 1985 participaba en los trabajos voluntarios de la FECH, en Los Andes.

Al mismo tiempo un grupo de valientes mujeres interpusieron una querella por violencia sexual como forma de tortura en centros de detención entre 1973-1990. Ellas son Nieves Ayress, Alejandra Holzapfel, Soledad Castillo y Nora Brito, quienes siendo muy jóvenes fueron abusadas por personal de Ejército y la DINA, los que usaban animales para violentarlas sexualmente.

Son muchos los crímenes de la derecha y los militares que todavía están sin justicia ni castigo, qué decir de sus autores directos, los que daban las órdenes y sus mentores intelectuales e ideológicos.

Un dramático ejemplo es la suerte de María Cecilia Labrín Lazo, Nalvia Rosa Mena Alvarado, Reinalda del Carmen Pereira Plaza, Elizabeth de las Mercedes Rekas Urra, Michelle Peña Herreros, Diana Arón y Gloria Lagos Nilsson. Todas tienen algo en común: menos de 30 años, detenidas y torturadas en estado de embarazo, desaparecidas y no se sabe si sus hijos llegaron a nacer.

La prensa fundamentalista de la dictadura, El Mercurio, La Segunda y La Tercera, principalmente, negaron los crímenes y protegieron siempre a los terroristas. Cuando las evidencias hacían imposible esconder los hechos de horror, los tergiversaban con la complicidad de los mismos autores. Luego, al conocerse finalmente la verdad, mostraban los hechos como acciones aisladas y de responsabilidades individuales, sobre todo de los escalafones inferiores de mando. Vinieron oportunamente en su apoyo los argumentos de políticos de la Concertación que decían que las instituciones debían funcionar porque trascendían a los actos violatorios. Esta prensa hasta hoy evade su responsabilidad.

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Con los años y la irrupción de los medios sociales de difusión se ha contribuido enormemente para que se conozcan los crímenes cometidos por la derecha política y las Fuerzas Armadas contra el pueblo chileno. Por ello, la omisión de la información veraz de las violaciones de DDHH por la prensa de la dictadura, es vista como algo más grave: como  complicidad entre esa prensa, los ministros de la dictadura y los órganos represivos.

Quizás uno de los peores crímenes de la prensa dictatorial, es haber informado que los asesinatos que cometían los agentes, no eran tales, sino enfrentamientos con “terroristas o elementos extremistas”. Ello sucedió con el brutal asesinato de doce combatientes rodriguistas el 15 y 16 de junio de 1987, en la llamada la “Operación Albania”, conocida como la matanza de Corpus Christi. Doce muchachos y muchachas, que enfrentaban con las armas al terrorismo de la dictadura, fueron asesinados sin piedad. Ellos eran jóvenes como Patricio Manzano y con la plena juventud que tenían Nieves, Alejandra, Soledad y Nora, las valientes denunciantes mencionadas.

El asesinato de los militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, fue mostrado por la prensa escrita y televisiva servil como un enfrentamiento. Solo la entereza, persistencia y voluntad de los familiares hizo el milagro de que saliera la verdad a la luz pública: fueron asesinados. Estos héroes, combatientes, murieron por la libertad de todos los chilenos. Nunca debemos olvidar sus nombres: José Joaquín Valenzuela Levi, Ricardo Rivera Silva, Ricardo Silva Soto, Patricia Quiroz Nilo, Patricio Acosta Castro, Esther Cabrera Hinojosa, Julio Guerra Olivares, Wilson Henríquez Gallegos, Juan W. Henríquez Araya, Manuel Valencia, Elizabeth Escobar e Ignacio Recaredo Valenzuela Pohoresky.

Hasta hoy impacta entrar a la casa de Pedro Donoso en la comuna de Recoleta, uno de los lugares de esa masacre, cruzar el portón de fierro oxidado, sentir el frío de la muerte en los arruinados pasillos, caminar por el piso que ahora es de tierra y ver los nombres de nuestros compañeros y hermanos escritos en los mismos sitios donde fueron asesinados.

Finalmente y después de muchos años, los militares condenados por la Matanza de Corpus Christi recibieron penas que no se condicen con el crimen y como únicos responsables, según la justicia. Sus instituciones no tienen culpa, ellas deben seguir funcionando, según rezaba la filosofía de los que reemplazaron a la dictadura.

A El Mercurio, La Tercera y La Segunda, no hay que creerle “ni un tantito así”, como decía del imperialismo el Comandante Che Guevara.

Los combatientes caídos y las víctimas de la dictadura, jamás deben ser olvidados.

Construyamos un Chile Digno

José Miguel Carrera

Mayo, Santiago 2014

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