Guiiiiiarrr de champions

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Por Rafael Walker. Fotos de Sebastián Silva Pizarro.

El 13 de junio, y a las 18.00 horas, este lindo país esquina con vista al mar comienza a revivir las jornadas que mejor reflejan su pasado fascistoide, tan añorado por quienes deciden hacia donde debe dirigir su atención la “opinión pública”.

Los medios de comunicación masivos, todos, establecen sus pautas informativas sobre la base del Mundial. En la medida que nos acerquemos a la fecha fatídica, será posible apreciar el chovinismo, el patrioterismo, el nacionalismo a ultranza, en portadas de los diarios, en los matinales y todo el resto de los programas estúpidos de la tele, también en aquellos espacios que llaman de noticias, en los discursos de las voces radiales, veremos a “todo un país” vestido de rojo.

Las empresas que participan como auspiciadores de la selección, que invierten durante cuatro años para “apoyar los procesos”, reciben, por fin, la justa retribución a su apuesta generosa por el país. Ahora es cuando los ciudadanos podemos percibir, en todos los formatos imaginables, como, gracias a ellas, es que estamos en Brasil 2014.

El entrenador, convertido en líder de opinión, y analista financiero, promociona a un banco distinto del oficial, los jugadores estrellas aparecen en comerciales de todos tipos, portes y tamaños. Todos amando a la roja.

Los medios, otra vez, nos muestran qué significa, de verdad, querer al país. Un hombre, ya grandecito, padre de un par de niños, vende los muebles de la casa de su madre para poder ir al mundial. No tiene tickets para ninguno de los partidos, pero no importa, los chilenos somos pillos y nos vamos a conseguir entradas allá, y no preguntís más, ceacheí.

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Chile va al mundial a ser campeón, qué duda cabe. Y eso será posible, si todos, desde la distancia, nos comprometemos y enviamos nuestra fuerza, que nuestros muchachos sientan que tienen al país detrás de ellos. ¿Por qué va a ser campeón? Porque si pós weón, o ¿tú no erís patriota, no querís a tu país? ¿No cachai que está el Alexis, el rey Arturo, el Gary? ¿No te dai cuenta que somos chilenos?

Y… esta necesidad de ser campeones mundiales de fútbol, patología social dirá alguien, ¿se cimenta en toda una tradición de un gran nivel de competencia a nivel internacional, inserto en un país cuya competencia local, es por lejos, una de las mejores del mundo? No, por cierto. Este es el noveno mundial, de veinte, al que concurre la selección chilena. Su mejor ubicación fue aquí, terceros el 62, en un mundial de 16 equipos, cuando no teníamos nada y queríamos hacerlo todo. Cuando se imponía la modestia, la ubicuidad. Luego, el 98 y el 2010, se pasó a la ronda de los 16 mejores, siendo goleados por Brasil, las dos veces, al intentar escalar a una mejor posición. Esa es la historia.

El campeonato chileno es malo, casi siempre predictible en sus resultados, donde es común que partidos de la primera división profesional se jueguen con menos de mil personas en las galerías. No existe el país futbolizado que venden los medios. Hay dos clubes “grandes” que tienen un grupo de hinchas que se comportan como desquiciados. Los demás, tienen grupitos pequeños que los imitan. Suficiente para que sus actos delictuales determinen las portadas de los medios, e incluso, para la implementación de políticas públicas.

¿Quiere una fecha de instalación de “la importancia de hacer sentir al rival la potencia de la barra”? Seguro, se la doy, 1979. ¿Protagonistas? Pinochet, Manfredo Mayol y la UDI en su más tierna infancia. Instrumento cómplice, los medios de comunicación favoritos de la dictadura, TVN, Canal 13, La Tercera, y el nunca bien repudiado El Mercurio. Obvio, también los dirigentes del fútbol, que por extraña coincidencia son los mismos que son os dueños de las empresas que lucran con esta tan noble actividad. ¿Tontos útiles? Santibañez, Elías Figueroa, Caszely, Osbén y el resto de sus amigos. Y nosotros, claro, el público, que siempre llena los estadios, y revienta el rating televisivo, para ver a su selección.

Chile quiere ser campeón del mundo, porque si, porque estamos en Latinoamérica por error, por accidente, nosotros no somos iguales a los indios de los países vecinos, y tampoco a la corruptela del resto. Menos iguales todavía que a los totalitaristas de Bolivia, Ecuador o Venezuela. Nosotros somos blancos,  exitosos, todos tenemos smartphones, vamos a los gimnasios, somos esbeltos, altos y bellos. ¿Qué tendríamos que ver con los negros, los chicos y los gordos? Nada pues. O, ¿acaso ud. no ve la tele? Allí se puede apreciar, en su total dimensión, a la raza chilena.

No se equivoque eso sí. Chile quiere ser campeón mundial en algo sano, como el deporte, tuvimos al chino Ríos, y entonces nos gustaba el tenis. No nos interesa ser campeones mundiales en terminar con la desigualdad, con la pobreza, o terminar con la impunidad de los que se adueñaron del país en dictadura, menos con los violadores de derechos humanos. No, no nos interesa. Eso es tema de la política. Y la política es sucia, los políticos corruptos, ladrones, sólo buscan su acomodo y hacer sus negociados, y al final da lo mismo el gobierno de turno, igual vamos a tener que seguir trabajando.

En lo deportivo, es posible tener una participación digna. El grupo es duro, conformado por dos selecciones muy fuertes, Holanda y España, y otro integrante de nivel similar al chileno, Australia. Para los que nos gusta este cuento, el mundial será muy entretenido, una ilusión de gozar de un espectáculo de primer nivel en el que estaremos involucrados.

Si por esas cosas del azar, o porque la FIFA mandó a los árbitros a perjudicarnos, no llegáramos a campeonar, entonces las deudas y venta de enseres de primera necesidad que ha sido parte del costo para los cuarenta mil chilenos de corazón que empeñaron hasta la educación de sus hijos por ir a Brasil, va a devenir en una carga muy pesada, y un retorno a casa extremadamente amargo.

Nos quedará el consuelo  que los muchachos lo dieron todo, que el fútbol da revanchas, y en la Copa América del próximo año, que se disputará aquí, entonces si que nos van a ver.

Los que han creado esta campaña de Chile campeón mundial celebrarán, sus bolsillos estarán llenos, y los medios y sus “periodistas” que participan y exacerban esta política demencial, pasarán de largo con la frustración popular que encubaron, y sus análisis los eximirán de responsabilidad. Probablemente reciban un bono junio por servicios destacados. Y así, como cada cuatro años, emprenderemos nuestro camino rumbo al título mundial. Rusia 2018 nos espera. Al fin podremos cantar, y en la Plaza Roja de Moscú, güiiii arrr de champions.

 

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