La matanza de Corpus Christi

Directamente le pregunto al sacerdote:
– ¿Dios habrá estado presente en esa casa de Pedro Donoso 582?
– No me cabe la menor duda- responde sin titubear el religioso que trabajó mano a mano con el Cardenal chileno Raúl Silva Henríquez defendiendo oprimidos durante los primeros años de la dictadura. Y luego comienza a fundamentar su respuesta.

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La matanza de Corpus Christi 
Una visión cristiana

Por Hugo Dimter

Señor lector:
Los doce frentistas muertos le están hablando… ¿Logra usted escucharlos?

Entre otras cosas digamos adiós a los eufemismos. El mundo nunca ha marchado por el cauce correcto.
Esta crónica no debía publicarse así. Lo normal es que me hubiese remitido a los hechos, a los testimonios, a lo que se sabe. ¿Pero qué es lo que sabe? ¿Cuánto de lo que ocurrió se sabe realmente?
Lo aconsejable era no involucrarse. Lo usual es que leyera el expediente (cosa que hice varias veces), que conversara con algunas personas y listo. Eso hubiese sido lo correcto, lo fácil. Sin embargo no lo hice. No lo hice porque este artículo, las personas que lo van a leer y quienes entregaron su vida -por un criterio, por una ética, por un país- no merecen una crónica a medias. ¿Qué es lo que debo hacer? Debo ser sincero, arrojado, y transparente hasta en la génesis de lo que pensaba hacer. ¿Cómo desarrollar eso cuando no se está a la altura de aquellos jóvenes que murieron el 15 y 16 de junio de 1987? Nunca encontré la respuesta. Tuve una idea y eso es todo. Una simple idea imposible de corroborar salvo que sea con el corazón. Algunos pensarán que es una locura pero no puedo dejar de creer que Dios estuvo en esa casa de Pedro Donoso. Que el mundo, pese a lo caótico, desalmado y plagado de crueldades, es así solamente acá, y por obra de nosotros. Y si algunos -de esos 12 mártires, o apóstoles- trataron de que fuera mejor debemos darles las gracias. Pues ellos serán recompensados. Y vivirán para siempre.

Génesis

Santiago era una ciudad gris durante la segunda mitad de los 80. La gente vivía atemorizada y el pueblo padecía una hambruna de justicia. Los ajustes económicos y la crisis del 82 habían provocado una situación muy precaria en los sectores más desposeídos. Ello -sumado a los crímenes  y atrocidades- desencadenaron en reclamos cada vez mayores. Fue así como se incubaron las primeras jornadas de protestas. La gente salió a las calles, en las poblaciones, en las universidades, y desde las parroquias.
Fue así, también, que nació el Frente Patriótico Manuel Rodríguez a fines de 1983. La gente comenzó a memorizar una sigla: FPMR. ¿Pero quiénes eran estos tipos? El brazo armado del Partido Comunista. Claro. ¿Pero quienes eran realmente? Nadie lo sabía a ciencia cierta. Ni siquiera ellos mismos. Se presumía que, a diferencia de los integrantes del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) ya mayores, el Frente estaba compuesto por gente muy joven.
Acción tras acción Pinochet montaba en cólera. “Son terroristas marxistas entrenados en el extranjero, son despiadados”, señalaba a los medios incansablemente. Lo que Pinochet no sabía era que, salvo algunas excepciones, el grueso del Frente estaba compuesto por jóvenes sin ninguna instrucción militar, pero con unas ganas tremendas de doblarle la mano al destino y conseguir la tan anhelada libertad.
Tampoco eran blancas palomas deambulando por el limbo. Los muchachos tenían convicción y si había que luchar y dejar la vida en alguna acción se haría. Pinochet señalaba que no se movía una hoja sin que él lo supiera. Con la irrupción del Frente se había desatado una tempestad y Pinochet no se había dado ni cuenta. Y así fue como pasaron cuatro años hasta llegar a junio del 87. Mucha agua había corrido bajo el río: el atentado a Pinochet, la internación de armas en Carrizal Bajo, el naciente protagonismo del fiscal Fernando Torres Silva, a quién habían dado la misión de investigar el tiranicidio y neutralizar al FPMR.

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Cae la noche

Entre otras cosas digamos que junio fue un mes particularmente frío en 1987. La temperatura mínima osciló entre dos y tres grados bajo cero. Santiago sufría una hipotermia, y esa gran vena que lo atravesaba -el río Mapocho- mostraba unas aguas turbias, pero ahora casi escarchadas. Los chilenos buscaban una salida a sus problemas pero más de algunos pudo pensar que Dios parecía haberse marchado del país.

La presión sobre la dictadura de Pinochet era insostenible y esto motivó una profunda rabia en la derecha. Fue así como llegó junio. Algo raro se advertía en el ambiente: el rumor lejano de la muerte, el latido ausente de la ciudad. Como sí todo se hubiese detenido. Lo que nadie sabía era que un luctuoso plan se a urdía en La Moneda, la casa de los presidentes de Chile, ahora ocupada a la fuerza por los esbirros de Pinochet. Los centauros de la muerte, representados por el cuerpo de generales, iban tras un acto adicional, pletórico de crueldad y total ausencia de respeto por la vida.
Un año antes el Frente Patriótico Manuel Rodríguez había atentado contra Pinochet y el dictador deseaba vengarse a toda costa. Para ello contaba con un bien nutrido contingente de asesinos que conformaban la Central Nacional de Inteligencia (CNI). Ellos, al mando del general Hugo Salas Wenzel, con el mayor Álvaro Corbalán Castilla como coordinador, y Francisco Zúñiga como principal lugarteniente debían exterminar a esos jóvenes que habían osado atentar contra el Capitán General, como se había auto denominado Pinochet. De hecho en septiembre del 87, después de Corpus Christi, cinco frentistas desaparecen tras ser detenidos posterior al secuestro del Coronel Carlos Carreño. Y las cosas iban a continuar por ese cauce. El cuartel Borgoño, en pleno centro de Santiago de Chile, era uno de los lugares importantes donde se realizaban operaciones que iban por esa línea.
Ni siquiera la visita del Papa Juan Pablo II, los primeros días de abril de aquel año, logró mermar el odio y la sed de sangre de Pinochet, quién estaba convencido que los curas amparaban a frentistas. El partido de ultraderecha Avanzada Nacional y la CNI comenzaron una serie de acciones contra la Iglesia. Ya en 1980 cinco obispos habían firmado decretos que excomulgaban a quienes realizaban torturas, las ordenaban, y a quienes no las impedían. En marzo del 83 la dictadura había expulsado a los sacerdotes irlandeses, insertos en la comunidad de Quinta Normal,  Brendan Forde y Desmond Mac Guillicudy; y al australiano Brian Mac Mahon. En La Legua el cura Guido Peters sufre acosos, que se transformarían en su secuestro, para luego drogarlo y tomarle fotos desnudo junto a unas prostitutas.

Los malos son una minoría 

El día 15 de junio de 1987 comenzó a gestarse uno de los crímenes más brutales de la historia de Chile. Se daba marcha al asesinato como medio de eliminación directa de 12 integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. “Hay que reventarlos” señaló Álvaro  Corbalán Castilla una y otra vez. Y todos ellos: los malos, esa minoría que se hacía denominar como impoluta, se pusieron manos a la obra. La patria y el sendero por el cual debían marchar los destinos de la nación eran más importantes que todo lo demás, incluyendo los reclamos de ese mismo pueblo, de ese mismo país.

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Es así como llegamos al 15 de junio. En calle Alhué en Las Condes, muere acribillado el ingeniero Ignacio Valenzuela. Más tarde el frentista Patricio Acosta es abatido en la comuna de San Joaquín.
Cerca de la medianoche la casa de Varas Mena 417 es copada por agentes de la CNI, dándose un intenso tiroteo entre las fuerzas de seguridad y dos frentistas que cubrieron la retirada. Juan Waldemar Henríquez y Wilson Henríquez Gallegos finalmente, tras la huida de varios de sus compañeros, son acribillados.
Casi a la misma hora la CNI rodeó el dúplex 213, del block 33 de la Villa Olímpica, en Ñuñoa. Julio Guerra Olivares, “Guido”, arrendaba una pieza desde su participación como fusilero en el atentado a Augusto Pinochet, en septiembre de 1986.
A esa hora, medianoche, el agente de la CNI Iván Cifuentes procedió a forzar la puerta del departamento. El oficial de la CNI decidió lanzar al interior del dúplex una bomba lacrimógena militar. Mientras esperaban a que Guerra saliera, llegó otro equipo de seguridad. Acto seguido el agente Fernando Burgos, valiéndose de una máscara antigas, llegó hasta el baño del segundo piso donde Julio Guerra se encontraba refugiado. El frentista fue inmediatamente abatido por cuatro disparos del agente. Algunos disparos fueron en los ojos.

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Pedro Donoso 582

El tibio sol de junio de 2014 cae inerte sobre el frontis de la casa en Pedro Donoso 582. A poca distancia de la estación del Metro Dorsal se ubica la casa. El Frente y organizaciones de Derechos Humanos construyeron una especie de recordatorio con fotos y muchas velas. Hay roídas banderas que, con el gélido viento invernal, parecen no dejar de flamear. A un costado un vivero de plantas y flores recibe uno que otro cliente. El barrio desarrolla una vida normal, como todo barrio santiaguino.
Los terrenos de Pedro Donoso 582 y los colindantes pertenecen a un mismo dueño, quién no ha querido vender. El mito dice que deseaba cederlos a la Iglesia  o que el Frente deseaba comprarlos para hacer un centro de desarrollo y memorial pero ello nunca se ha concretado. Daniel Jadue, alcalde de la comuna, ha señalado que es el momento de hacerlo. Ahora, según el cuidador de las propiedades, de vez en cuando aparece uno que otro estafador diciendo que es el dueño o haciéndose pasar por abogado. Lo cierto es que el inmueble está en el más completo abandono. De hecho el cuidador -donde también hay un vivero- nos narra que muchas veces un grupo de punkies, como él los denomina, ingresan a pernoctar y los vecinos, alarmados ante las fogatas que realizan, los han conminado como mínimo a apagarlas. De la casa sólo queda un esqueleto y dos piezas al final del inmueble. Sin embargo -pese a que peritos de Investigaciones de esa época removieron partes de los trazos donde se alojaron las balas- aún se advierten algunos impactos en las paredes. Piso ya no hay. Sólo pasto, basura, una que otra hoja de una solitaria palmera y desechos orgánicos. El encargado, preocupado ante un posible incendio provocado por los ocasionales inquilinos, dice que está sacando el techo de la parte posterior. Ya no queda nada. Sólo el recuerdo de lo que ahí sucedió. Y las sombras que provocan los árboles alrededor.
Me lo cuenta el cuidador: “Hace unos meses vinieron dos personas -un hombre y una mujer- en un auto muy bonito. Personas muy elegantes, muy bien vestidas. Impecables. Me pidieron entrar al lugar. Yo no los pude hacer pasar pues la entrada principal está con un candado puesto por los de los Derechos Humanos, o no sé quien. Les dije que la única forma de ingresar era por un costado colocando una escalera. Aprobaron la idea así que a duras penas lograron traspasar la verja. A los 15 minutos los veo regresar. La mujer en un mar de lágrimas. Yo me asusté, cuestionándome si hice lo correcto. El caballero me dijo que había actuado bien, que para ellos era una instancia dolorosa pero necesaria”, finaliza el administrador.

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Actualmente el memorial en el frontis no ha sufrido deterioro. Pareciera que los vecinos y la gente del sector lo respetan. Tomo algunas fotos y un señor se me acerca.
– Que terrible lo que pasó acá, ¿no cree usted?- me señala-…y eran tan jóvenes. Casi todos estudiantes universitarios. Muchos eran estudiantes de medicina- me dice el caballero.
– Sí, fue una tragedia- respondo. Y luego el hombre continúa narrándome su versión de los hechos en lo que sería una versión mítica-urbana de lo que se conoce como la Matanza de Corpus Christi, un suceso marcado a sangre y fuego en el imaginario colectivo de un barrio, de una ciudad, y de un país.

El río 

El periodista se levanta a las tres de la mañana de una madrugada de junio del 2014. No ha sonado el despertador. El periodista estaba durmiendo y de improviso abre los ojos y decide ir al cuartel Borgoño, lugar donde estuvieron recluidos siete de los mártires antes del desenlace.
“Tal vez se escuche el río, el sonido de las aguas”, piensa sin saber si ello será cierto. Se viste, se abriga más de la cuenta, y sale en su bicicleta. Tres y media de la madrugada. Arriba de la bicicleta adquiere un cariz cómico con tanta chaqueta, bufanda y gorro de lana. Pedaleando se dirige al cuartel Borgoño. El periodista desea tener certezas. Algo a lo que aferrarse. Pero lo que más espera dilucidar es si desde ese lugar, en ese cuartel -por la cercanía- se escucha el sonido del río. El cauce provoca un ligero sonido ante el silencio reinante sólo interrumpido por los vehículos que se desplazan desde la zona norte de la capital o el grito de algún indigente pasado de copas. El periodista da una vuelta por el sector. El viejo cuartel se mantiene tal cuál y al final desemboca en las nuevas instalaciones: un edificio moderno revestido con enchapes. En una garita un detective con parka y un pasamontañas alzado parece dormitar parado.
– Buenas noches. ¿Hasta aquí llegan las instalaciones del viejo cuartel Borgoño?- le pregunta sin bajarse de la bicicleta.
– Sí, hasta acá llegan. Toda esta parte es nueva- responde soñoliento el detective tratando de desperezarse.
Antes de que el policía pregunte a qué se deben los cuestionamientos el periodista se despide enfilando nuevamente por el costado. En un instante se detiene y trata de escuchar. El río Mapocho a esa hora de la madrugada se escucha levemente. Las luces naranjas tratan de romper el frío reinante pero sucumben ante la noche. Una noche que envuelve la ciudad con sus garras, con su manto negruzco, con el alma de los que están y de los que se han ido.
Desde ese cuartel salieron cinco vehículos con los frentistas en dirección a un destino maligno. Por un costado del río, cruzando la Vega y la Pérgola, llegando a Recoleta y enfilando por esa avenida. Fue el último viaje que hicieron. A esa hora no tardaron más de 15 minutos en llegar. Los últimos minutos de sus vidas.

El expediente

Ese día 15 de junio de 1987 se detuvo en diversos lugares de Santiago, por los agentes del Cuartel Borgoño de la Central Nacional de Informaciones (Brigada Azul y Verde), a los militantes del FPMR Esther Angélica Cabrera Hinojosa, Manuel Eduardo Valencia Calderón, Ricardo Hernán Rivera Silva, Elizabeth Edelmira Escobar Mondaca, Patricia Angélica Quiroz Nilo, José Joaquín Valenzuela Levi y Ricardo Cristián Silva Soto, quienes fueron trasladados e introducidos a los calabozos del Cuartel Borgoño, lo que incluso a la fecha de los ilícitos no correspondía, porque ya la CNI no estaba facultada para mantener detenidos.

Krantz Johans Bauer Donoso, capitán ya fallecido, quién se encargó de analizar la estructura del Frente, señala en el expediente:
“Concluidos los procedimientos en el sector de Villa Olímpica y calle Varas Mena, que son más o menos coetáneos, calculo que a eso de las 02:00 de la madrugada se dispone que el personal vuelva al Cuartel Borgoño. Allí había siete personas detenidas, respecto de las cuales, por los datos que tenía, las únicas sobre las que había dispuesto su detención eran el “Rapa Nui” –Joaquín Valenzuela Levi- y la “M16” –Esther Cabrera Hinojosa- pues era a los que en mi estudio preliminar tenía ubicados”, señala el oficial.

Iván Belarmino Quiroz Ruiz, segundo comandante del Cuartel Borgoño, testificó lo siguiente:
“Estando de vuelta en Borgoño, a eso de las 16 horas, el Mayor Corbalán me citó a su oficina, estando además allí, Francisco Zúñiga (“El Gurka”) y Krantz Bauer. Corbalán pidió a Bauer que se retirara y ocurrido eso, me dijo que para la segunda fase necesitaba cinco Oficiales y que yo tenía que buscarlos a la brevedad. Salí con Zúñiga y le pregunté a Bauer si es verdad lo que él percibió, esto es, que había que matar a los detenidos, respondiéndole Zúñiga con una expresión algo así como que ‘los detenidos se iban a ir todos cortados’ ”.
Ante ello y como Zúñiga a veces se excedía en sus atribuciones, Bauer volvió donde Corbalán para que le confirme la orden y éste, en su presencia, llama al General Hugo Salas, diciéndole a través del teléfono lo siguiente: “Va mi General la segunda etapa de lo que usted me ordenó hacer”, por lo que, después de concluida la llamada, Corbalán le reprocha a él sus dudas acerca de que la orden era superior.
– El Director de la CNI sólo depende del Presidente de la República, ¡por lo tanto, no podemos dejar de cumplir la orden que se está dando!- gritó Corbalán.
“Con ello no pude insistir en nada y correspondía cumplir lo ordenado en el menor tiempo posible dada la hora en que se encontraban, por lo que escogí y comuniqué la orden a Cifuentes (Nombre operativo: capitán Montalva); José Aníbal Rodríguez Díaz, ex Oficial agregado a la CNI; al jefe de la UAT, el Capitán Pérez (N.O. Capitán Sanz), quien me reprochó dicha orden, sobre todo porque su Unidad dependía directamente del Director de la CNI y también del Presidente de la República, razón por la que tuve que insistirle que era una orden del General Salas y que si tenía alguna duda lo consultara con el Mayor Corbalán, consulta ésta que no sé si hizo o no; al detective Guzmán (N.O. Maluje) y también al detective Maass (N.O. Apablaza), señala. “Debido al apuro y constante apremio de Corbalán, no pude hacer más, por lo que el resto debió hacerlo Zúñiga. Esto es: buscar a las otras personas, sacar a los detenidos, sacar las armas y trasladarlos al sitio elegido, el que yo no había visto ni conocido”, finaliza.

Un Cristo crucificado doce veces

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Pasadas las 04:00 horas de la madrugada del día siguiente -16 de junio de 1987- son sacados en distintos vehículos de dicha organización y llevados a una casa deshabitada de calle Pedro Donoso 582, comuna de Recoleta. Luego los agentes, habiendo descerrajado con un napoléon el candado de entrada, introdujeron a los detenidos en distintas piezas de esa morada.
Previo, el Comandante del Cuartel instruyó a tres oficiales subalternos para que dispusieran los hombres y medios necesarios con el objeto de hacer efectiva la orden. En cumplimiento de dicha misión, éstos ubicaron selectivamente a oficiales inferiores para que se encargaran de las personas determinadas, trasladándolos a la casa deshabitada antes referida, también escogida por ellos, e instalándolos, en espera de la señal convenida –el sonido de un disparo o de una pedrada en el techo-, dispararon, cada cual, sobre el detenido previamente determinado por los organizadores. Cumplido lo anterior, al menos uno de éstos, apodado el Gurka, recorrió las piezas de la casa y procedió a disparar sobre el cuerpo de los ya fallecidos. Asimismo quedó demostrado el haber  preparado sistemáticamente un plan para obtener ya no sólo la certeza de la muerte de los detenidos, sino que procurarse la impunidad, simulando la existencia de un enfrentamiento. Se colocó armas a las víctimas para aparentar aquello; se disparó, sea a los muros o al aire, con igual objeto y, por último, se inventó que de entre los agentes de la Central Nacional de Informaciones resultaron algunos lesionados, todo lo cual fue difundido al público por los medios de comunicación como hechos ciertos, sin serlo.

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El vecino del sector, Ricardo Muñoz Mella, sostiene que en el mes de junio de 1987, poco después de las 00:30 horas, estando en su domicilio, sintió que se estacionaban varios vehículos, que se abrían y cerraban las puertas de éstos, pareciéndole que se trataba de furgones utilitarios por el sonido de la puerta de corredera, produciéndose una descarga de algo que no podía precisar. Señala que poco después éstos se retiraron para regresar a eso de 04:45 horas estacionándose frente a su casa. Refiere que visualizó a diez o doce personas armadas, vestidas de color oscuro, premunidos de armamento largo y gorros pasamontañas; que luego escuchó una ráfaga de metralleta corta y acto seguido una voz pro megáfono que le decía que estaban rodeados. Posteriormente hubo otra ráfaga de metralleta produciéndose una gran balacera que se prolongó entre diez a quince minutos, que posteriormente unos jóvenes de apariencia militar llegaron a limpiar y recoger los casquillos de las balas.

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Álvaro Corbalán Castilla señala, que ese día 15 de junio de 1987 concurre al sitio del primer suceso en calle Alhué, comuna de Las Condes, y que, de regreso al Cuartel, como a las 16:00 horas, se empiezan a dar cuenta que faltará gente para los operativos de neutralización y se entera, también, que había ya personas detenidas. Ante esto, llama al General Salas para hacerle saber el inconveniente y éste le manifiesta que verá la manera de obtener apoyo y que, respecto de los detenidos, espere instrucciones. A la medianoche, se dirige a la calle de Varas Mena porque sabe que allí se había sorprendido una escuela de guerrillas y comprueba que habían muerto dos personas que se enfrentaron con armas de fuego a los agentes, luego de lo cual regresa de nuevo al Cuartel. Como a las 04:00 horas de la mañana y como estaba pendiente la situación de los detenidos, llama al General Salas para solicitarle instrucciones al respecto, esto es, si se entregaban a la Policía de Investigaciones o Carabineros, o si se mantenían detenidos y eran enviados directamente a los tribunales. Allí, entonces, el General Salas le dijo que ninguna de esas posibilidades porque, siendo éstos importantes dentro del Frente, había que eliminarlos. Seguidamente, dice que llama a Bauer para hacerle saber la orden superior y éste manifiesta disposición de no aceptarla porque le parecía conveniente interrogarlos para ver su vinculación e importancia dentro del Frente y su participación en los actos terroristas que se investigaban. Ante esto, aceptó que se retirara Bauer del procedimiento y una vez que éste salió de la reunión, comunicó a Francisco Zúñiga y Belarmino Quiroz que ellos tenían que asumir la responsabilidad de cumplir aquella orden.
Ante la duda de Quiroz –que regresó a su oficina para que le ratificara la orden- llamó por segunda vez al General Salas con el objeto que éste le confirmara la orden de eliminar a los detenidos. Ante la orden imperativa del General, agrega, dispuso que los nombrados Zúñiga y Quiroz busquen la gente para cumplir la misión impuesta y tiene entendido que Zúñiga, que estaba encargado del plan mismo, encomienda a Quiroz que ubique a cinco Oficiales para el cometido y él se desliga del asunto esperando su cumplimiento. Al poco tiempo le comunican que la operación se había realizado y, como el Fiscal estaba en el Cuartel, se dirige con él y Bauer al lugar de los hechos. Allí no entró a la casa en que se había ejecutado a los detenidos, pero desde ese mismo lugar comunicó al General Salas que su orden ya había sido ejecutada.

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Agrega que todo se realizó de acuerdo a las expresas órdenes del Director de la Central Nacional de Informaciones, el General Hugo Salas, y que no tiene antecedente alguno como para afirmar que dicho General hubiese recibido orden de otra autoridad para dar muerte a los terroristas detenidos.
Concluye Álvaro Corbalán diciendo que dos o tres días después de los hechos se organizó un asado en el Casino de Suboficiales en la calle Rondizzoni, al que asistió él y el General Salas. Este último llevó unas botellas de wisky, fue el único orador de la reunión y felicitó a todo el personal por la culminación y participación que se tuvo en la Operación Albania.

El caso de Esther Cabrera Hinojosa y las declaraciones de los implicados

Todos los hijos del matrimonio Cabrera Hinojosa tienen nombres bíblicos: Esther, David, Omar, Ruth. Esther es un nombre de origen hebreo y significa Estrella.
El padre de Esther y sus hijos vivían en el pasaje Felipe Berliner de la comuna de San Miguel. Lamentablemente la madre de Esther murió en los años 70. Luego del Golpe se fueron a Venezuela para retornar tras el paso de largos años. La vida para los hermanos Cabrera Hinojosa no había sido fácil lejos del terruño natal. Pero volvieron a Chile con tremendas ganas de ayudar a sus compatriotas que no lo estaban pasando nada de bien. La familia completa se brindó a tareas sociales.
Una de sus únicas fotos existentes se tomó para un supuesto carnet universitario donde aparecía con otro nombre. Luego de su muerte esa casa del pasaje Berliner fue allanada y no quedó ni un retrato, salvo una que otra siendo muy niña. Es como si la CNI, de una plumada, hubiese tratado de borrar su vida. Nada de ello lograron. Todo lo contrario. Su figura adquiere nuevos ribetes. Al igual que a Cecilia Magni le decían Chichi, y es asombroso su parecido: alegre, jugada al cien, comprometida, muy responsable, preocupada de sus compañeros, siempre cayendo bien donde fuera. Y ambas lindas, muy lindas.
Estudió en el Liceo 8 de niñas de San Miguel. Ya en esa época había ingresado a las Juventudes Comunistas. Eso fue allá por el año 83. Esther era una muchacha sencilla que incluso había aparecido en el documental Chela del sueco Lars Palmgren donde se narraba la vida de la adolescente Graciela Castillo en Santiago durante aquellos años. Ambas eran amigas. Se divertían, soñaban, querían ser felices.

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Esther quería aprender a tocar guitarra, ya que era uno de sus hobbies. En sus ratos libres trataba de interpretar el tema Vuelta y vuelta del grupo chileno Congreso. Algunas veces lo lograba, otras no, pero no se amilanaba. Esther nunca se amilanaba. Pero también era una buena lectora de Benedetti, Borges, mucho texto político, e informes. Leer era una forma de superarse y ella lo tenía muy claro. Lo que faltaba era tiempo para hacerlo. Su diario vivir era un incansable cúmulo de actividades.
Su sueño, luego que terminara la lucha, era formar una familia y tener muchos hijos. Quería que la dictadura terminara lo antes posible. Y se puso a la tarea para que aquello se hiciera realidad. En el liceo 8 desarrolla una labor admirable y luego de egresar de cuarto medio el Partido le pidió que siguiera en lo de los secundarios y no se fuera a lo poblacional. Pero las cosas no fueron tan bien como ella quería.
Estuvo seis meses recluida luego de un acto propagandístico en una micro. Al huir del vehículo de transporte se cayó y fue capturada. El padre de Esther también estaba preso por acciones propangadista en la Cárcel Pública.
Inicialmente a Esther le habían pedido que se integrara a las milicias rodriguistas pero ella no estaba tan segura, y su padre menos porque la veía muy comprometida y sabía que aquello, al final, le iba a pasar la cuenta.
Tras la creación del FPMR los militantes de las Juventudes Comunistas comenzaron a extrañarse ante la irrupción de innumerables panfletos del Frente que llegaban a sus manos. Muy pocos sabían que el PC estaba detrás del FPMR. Luego las bases de la Jota comenzaron a cambiar, el 4 era de propaganda y el 5 militar y eso el 83 cambió: lo militar estuvo más arriba. A La joven y otros muchachos eso les intrigaba. Finalmente a Esther las organizaciones estudiantiles le quedaron chica. Ante los atropellos deleznables ella decía que debía establecerse una justicia popular, sobre todo frente a las violaciones de los derechos humanos.
Posterior a su detención se estableció que en el caso de Esther había que “sumergirla” luego de su salida de la cárcel en octubre del 86. Sin embargo nada de ello ocurrió.
“A fines del 86 me la encuentro en el Metro y me invita a integrarme al Frente. Yo acepté de inmediato”, señala Ignacio, quién fue su amigo desde niños.
“Había mucha irresponsabilidad, la casa donde ella vivía estaba súper quemada. Era una casa donde llegaba mucha gente, como un albergue o un oasis donde uno recibía cariño. Pero era peligroso. Sus hermanos con antecedentes políticos, muy complicado”, ratifica Ignacio.
Esther era operativa en la columna de la zona sur. “El asunto de la compartimentación conmigo no funcionó pues nos conocíamos de chicos, de los14 años. Ella luego pasó a la logística del FPMR. Fue en esa época del quiebre con el Partido y no sabíamos qué pasaba. Había mucho desorden.
Estábamos muy chequeados. Incluso cuando llegábamos a Carlos Valdovinos, a la casa de Esther, había un negocio y el dueño nos alertaba de lo que pasaba: que habían autos extraños, hombres de negro, ‘chanchos’, etcétera. La CNI tenía muchas fotos de la Esther. Uno mismo cometía muchas irresponsabilidades. Luego de la Operación Albania todos empezaron a deshacerse de todo. “, sentencia Ignacio.

– ¿Ustedes tenían asumido que el hecho de caer presos significaba la muerte?
– Sí, siempre lo tuvimos claro… No nos iban a dejar libres- finaliza.

La madre de Esther murió en los 70. Han aparecido documentales o entrevistas con una supuesta madre, cosa que no es efectiva. El padre de Esther debió cumplir los dos roles durante aquellos años, e incluso hasta ahora.

Declaraciones de implicados en la muerte de Esther Cabrera

Luis Arturo Sanhueza Ros manifiesta que efectivamente pertenecía a la División Antisubversiva, donde el Comandante era el Mayor Corbalán y que estaba asignado a la Brigada Verde y que, a esa fecha, por encontrarse en curso de perfeccionamiento su Comandante, el Capitán Guzmán (Nombre operativo “Capitán Téllez), se fusiona con la Brigada Azul, que comandaba el Capitán Bauer, por lo que, entonces, a éste correspondía investigar las actividades del FPMR. Agrega que su equipo estaba formado por un conductor, Manuel Ramírez Montoya (N.O. Pablo Godoy) y un empleado civil llamado Luis Santibáñez Aguilera (N.O. Pablo San Martín).
Afirma que su equipo recibió la instrucción de detener a una mujer que se la identificaba como “M16”, sin saber por qué se le denominaba así, pero era la forma de distinguir a quienes se hacía seguimiento debido a que desconocían su identidad. Le tenían ubicado un domicilio en Carlos Valdovinos casi al llegar a Gran Avenida y le suponían una misión de enlace entre los dirigentes y personas importantes del FPMR. Recibió del Capitán Bauer la orden de proceder a su detención, y se le entregó la carpeta con la orden judicial y las hojas para estampar el acta de los allanamientos e incautaciones. Se dispuso, también, que un equipo de la UAT, formado por Burgos, Acosta y el “Viejo Horacio”, se integrara a este operativo. Fue así como la esperaron, desde la mañana, que saliera de su casa, lo que hizo como a las 15:00 horas; subió rápidamente a una micro y en definitiva llegó a un departamento en la Villa Portales, de donde sale al poco rato hacia Alameda, y allí se la detiene, introduciéndola al furgón de la UAT. Hecho lo anterior, se le traslada al Cuartel, para dejarla allí y dar por concluida la misión.

Luis Alberto Santibañez Aguilera sostiene que integraba un equipo de trabajo con el Teniente Sanhueza y Manuel Ramírez, conocido como el “Olafo”, habiéndoseles encomendado la detención de una mujer que vivía en el sector de Carlos Valdovinos con Gran Avenida.
Agrega que ese día llegaron temprano al domicilio en espera que ésta saliera, lo que ocurre después del mediodía. Esta toma una micro en dirección nort poniente y ellos, dice, la siguieron hasta la Villa Portales, donde se baja. En ese momento se produce un cambio de conductor en los equipos –que eran dos- porque el chofer del Teniente Sanhueza manifestó que le quedaba poca bencina y éste ordenó a Ramírez que fuera solo a llenar el estanque, motivo por el cual quedaron solos él y el Teniente Sanhueza; y en el otro equipo, el Horacio y otro, cuya identidad no recuerda. Agrega que cuando la niña se bajó de la micro, en el sector N°1 de la Villa Portales, fue detenida por el “Viejo Horacio” –Carlos Pino Soto- introducida en el furgón en que se movilizaban y trasladada al Cuartel Borgoño para su entrega.

Mauricio Eugenio Figueroa Lobos señala que a la época en que ocurren los hechos se les había destinado a la UAT, cuyo jefe era el Capitán Pérez, quien les ordenó que debían concurrir a Borgoño para integrar algún equipo de las Brigadas de ese Cuartel. Dando cumplimiento a ello, dice, se le designa como conductor de un furgón e integra equipo con Burgos y Soto Pino (“el Viejo Horacio”) ordenándoseles que se integren al equipo del Teniente Luis Sanhueza para prestarle colaboración en un procedimiento de detención y allanamiento de una persona que se encontraba investigada y que la denominaban la “M16”.
Advierte que se constituyeron temprano en el sector de Carlos Valdovinos y, después de una espera, la mujer salió de la casa y se le siguió hasta el sector de Villa Portales y allí, al salir, se dispuso la detención, la que fue practicada por el Teniente Sanhueza y el “Viejo Horacio.”. Recuerda que era una mujer joven y baja, quien fue trasladada en el furgón hasta el Cuartel y entregada allí a los guardias, desvinculándose él del procedimiento, toda vez que sólo era conductor y siempre estuvo consciente que todo esto se hacía bajo el amparo de la legalidad.

Carlos de la Cruz Pino Soto expone que ingresó a la Central Nacional de Informaciones en el año 1984, en comisión de servicios, que pertenecía a Carabineros de Chile, en donde tenía el grado de Cabo 2°. Allí se le asignó el nombre de Horacio Olmedo, pero era conocido como el “Viejo Horacio”, en alusión a su cabellera canosa. Agrega que mientras cumplió funciones en el Cuartel Borgoño se desempeñó en la Brigada Verde, que investigaba el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y que comandaba el Capitán Téllez. Su equipo normal de trabajo era con un Sargento de Ejército apodado el “Manano” -.René Fernando Olivares Faúndez- y un empleado civil nombrado como el “Arica” –Mario del Carmen Salazar Sanhueza-. Integraban, asimismo, a veces, el “Bolchevique” y el “Rascabuche”, ambos empleados civiles.
El día de los hechos investigados recibió la orden de acompañar al Teniente Ramiro Droguett – Luis Sanhueza Ros- a un procedimiento de detención. Fueron en un furgón utilitario celeste que conducía el propio Teniente Droguett. El grupo estaba conformado por dos equipos, esto es, seis personas. Agrega que iniciaron la vigilancia tipo 14:30 a 15:00 horas y fueron llamados de apoyo por otro equipo que estaba en el lugar, dado que les avisaron que venía saliendo la sujeto a la que había que detener. Esta tomó una micro que se vino derecho por Gran Avenida, en la Alameda dobló a la izquierda hacia Estación Central y bajando por Ecuador, llegó a la Villa Portales, en donde se bajó; subió al segundo o tercer piso de un block de departamentos y bajó de nuevo en unos diez minutos más. Agrega que él no la conocía y que al venir caminando por la vereda en dirección al grupo, unos treinta metros antes había estacionada una micro sin pasajeros y después que pasó caminando aquella micro, el Teniente Droguett le dice :”Ella es”. Expresa que se bajó del vehículo, se identificó como miembro del O.S.7 y le dijo que lo acompañara al furgón porque estaba involucrada en un asunto de drogas, lo que negó, pero en definitiva subió al furgón y una vez adentro, el Teniente ordenó hacerle un allanamiento superficial por si llevaba armas o algo semejante, las que no portaba. Se le vendó y amordazó, trasladándola en el furgón al Cuartel Borgoño donde se procedió a su entrega.

Manuel Rigoberto Ramírez Montoya señala que el día 14 de junio de 1987 fueron citados todos los equipos al Cuartel Borgoño, pero al parecer sólo asistieron Oficiales. Luego su jefe de equipo, el Teniente Droguett –Luis Sanhueza Ros-, le dijo algo así como “se revienta”, razón por la cual debían estar temprano al día siguiente. De tal forma que, de la manera ya convenida, pasó a buscar a “Ramiro” –Sanhueza Ros- y Pablo San Martín -Santibáñez Aguilera-; que en la Sala de Conferencia el señor Quiroz se dirigió a todos los equipos allí reunidos diciéndoles algo así como “Hoy vamos a reventar. Siempre cuando muere algún colega nuestro todos reclaman pidiendo poder hacer justicia y ahora tienen la oportunidad, huevones” agregando, además, que “ahora, todos los equipos a sus marcas”, lo cual significaba mantener la vigilancia a los sujetos a quienes se les estaba haciendo seguimiento y cuyo control era llevado por el Capitán Hernández. Prosigue diciendo que ellos salieron a tomar posición para el seguimiento de la persona que les había sido asignada, que ubicaban como la “M- 16”, que vivía en el sector de Carlos Valdovinos con Gran Avenida y cuya identidad supo después correspondía a Esther Cabrera Hinojosa. Esta joven salió de su domicilio abordando una micro por Vicuña Mackenna, pero como al parecer no hizo “punto”, regresó sola a su domicilio. Refiere que el equipo era reforzado por un furgón utilitario integrado por el “Costilla” como jefe, un conductor y otro a quien le decían “El Viejo Horacio”. Agrega que estaban en esa vigilancia cuando en calle Alhué se había producido un enfrentamiento, al que no concurrieron. Alrededor de las 17:00 horas salió nuevamente la niña y tomó una micro para dirigirse hacia el sector de la Villa Portales, por General Velásquez, donde finalmente se bajó. Añade que cuando fue a echar bencina a la Copec que queda frente a la Villa, se percató que se había producido la detención de la joven, la que fue introducida al furgón y conducida al Cuartel Borgoño, enterándose en el trayecto de otro enfrentamiento en Varas Mena al que tampoco concurrieron porque llevaban el “paquete” –detenida- al Cuartel. Ahí estuvo largas horas. Luego, finalmente, la llevarían a su destino final.
Erich Silva Reichart, el comando que la trasladó a la casa de Pedro Donoso 582, dice que iba tranquila, sin vendas ni esposas. Que no hizo comentario alguno.

 

Ahora podemos interpretar que iba pensativa. Tal vez tratando de adivinar cuál iba a ser su destino. Con la incertidumbre de quién está en medio de la noche, desprotegida, a merced de desconocidos, esperando que el curso de los acontecimientos le fuera favorable. Tratando de aparentar una tranquilidad imposible de sostener por mucho tiempo. Los tipos la hicieron bajar con rapidez. Algunos de ellos fumaban. Algo iba a pasar. ¿Pero qué? ¿Qué iba a suceder? Lo único certero era que hacía frío, muchísimo frío, y estaba en mitad de la noche sin ninguna posibilidad de escapar. Con el corazón apretado, la respiración entrecortada. Buscando despertar de ese mal sueño, de esa pesadilla.
Esa muchacha era Esther Cabrera Hinojosa, 22 años.

Declaraciones de Ruth Nadia, Omar Elías y Daniel Cabrera Hinojosa, quienes refieren que Esther era su hermana, la cual antes ya había sido recluida por Ley Antiterrorista y finalmente absuelta; participaba en actividades estudiantiles y a poco antes de su muerte estaba en espera de un viaje a Estados Unidos donde pensaba estudiar y trabajar con la ayuda de un tío allí residente. Señala, la primera, que siempre tuvieron la percepción de que su domicilio era vigilado por agentes de seguridad, lo que era mucho más relevante respecto a Esther y que de esa situación ella tenía conocimiento. Expresan también que el día 15 de junio salió de su casa en horas de la tarde y no regresó. Luego de dos días se enteraron de su deceso, de tal forma que tuvieron que abandonar la propiedad por algún tiempo, inmueble que fue también allanado con posterioridad.

Declaraciones de Carlos Alexis Saravia Jiménez quien expresa que el día 15 de junio de 1987, en la tarde, salió de su casa con su hermano menor a comprar el pan y al regresar observó unos sujetos apostados en la única escala de acceso al departamento, haciéndole el comentario que parecían ser unos “chanchos” –refiriéndose a agentes de la Central Nacional de Informaciones-, los cuales al parecer buscaban a alguien. Ya en su departamento supo de la visita de su amiga “Chichi” –Esther Cabrera Hinojosa- con quien compartió unos momentos, hasta que ésta decidió retirarse, sin aceptar la invitación a tomar onces o a alojar. Solamente supo el 18 de junio de la muerte de su amiga a la que la información oficial señalaba que había muerto en un enfrentamiento. Dice haber sido objeto de algunos seguimientos desde su casa al Liceo de Aplicación e incluso uno de sus compañeros de clases le exhibió un arma diciéndole que andaba “cargado”, sin amenazarlo directamente.

El asesino de Esther

Erich Antonio Silva Reichart manifiesta que en esa época tenía el grado de Teniente de Ejército, destinado a la CNI, pero en la Unidad Antiterrorista –UAT-, cuyo Cuartel estaba en La Reina, y que era una Unidad absolutamente militarizada y profesional, compuesta por personal seleccionado, en donde él era el segundo Comandante y su función era la de jefe de instrucción del personal. El Comandante era el Capitán Pérez y ellos, aún cuando estaban destinados a la CNI, su función no era de inteligencia, sino de mantener en las mejores condiciones físicas a ese personal que estaba reservado a actuaciones extraordinarias y constituía una reserva de elite del Director Nacional.
Señala que el día de los hechos tenían instrucciones de permanecer en el Cuartel de La Reina y por la tarde, a eso de las 18:30 horas aproximadamente, se trasladó al Cuartel Borgoño con alrededor de quince comandos. Allí permaneció y concurre también a la reunión ampliada con la Brigada de Asaltos de Investigaciones que se celebró como a las 21:00 horas. Expresa que fue destinado para realizar un allanamiento en una casa que estaba cerca del Cerro San Cristóbal, la cual fracasó porque el guía que le asignaron se equivocó de casa y cuando llegaron a la correcta, dos personas adultas que allí había escaparon hacia el cerro y no pudieron detenerlas. Se hizo acta de allanamiento que llenó y firmó con su puño y letra y su nombre real –pese a que su nombre operativo era Benjamín Urzúa Figueroa- lo que a su juicio es representativo de la confianza y buena fe con que estaba actuando. Cumplida esta misión, regresa al Cuartel y no se le asigna otra.
Sin embargo y en circunstancias que estaba descansando en la camioneta con otros funcionarios de la UAT, alrededor de las 04:00 a 04:30 horas, alguien le indica que se le necesita en el segundo piso del Cuartel Borgoño, lugar al que concurre y allí, en la oficina, estaban el Comandante Corbalán, que en un momento determinado se retira, quedando Quiroz, Zúñiga y Cifuentes. Estaban allí también el Capitán Pérez, unos detectives y otras personas que no recuerda quienes eran. Como él llegó, al parecer, al final, y ya se habían tomado decisiones, dice que Quiroz le dio la orden en los siguientes términos: “Comando, su misión: cuando baje al primer piso le van a entregar a una persona y un conductor lo va a trasladar a un lugar determinado donde Ud. debe dar de baja a la persona que lleva en el lugar que se le indique”. Recuerda que en ese momento el Capitán Pérez señala “¿y quién da esta orden? y se le responde por Quiroz, al parecer “Es orden del escalón superior”, por lo que se entiende corresponde a la Dirección Nacional de Informaciones. Sabiendo, como militar, que no puede dejar de cumplir una orden, baja al patio donde efectivamente había un vehículo con un conductor y se da cuenta que suben a una mujer joven, morena, de pelo negro, que no había visto nunca, andaba con vestido, era baja, no la vio nerviosa sino tranquila, no estaba esposada ni vendada, a quien le dijo que bajara la vista y estuviera tranquila. De ahí el vehículo salió con rumbo desconocido hasta llegar frente a una casa donde había un vehículo adelante y estaba en la puerta el Capitán Zúñiga, quien le indicó que debía avanzar por el pasillo del fondo y se dirigiera hacia la cocina y así efectivamente llegó a una pieza muy oscura, pero que era una cocina, dejando a la mujer de pie, frente a él y a una distancia que no pudo calcular en el momento dada la penumbra y la dimensión de la misma cocina. Cuando siente el disparo que indica el inicio de la misión le dispara de frente hacia la cabeza un solo tiro buscando que muriera de inmediato y no sufriera. Agrega que si la persona presenta más balazos fue porque luego pasó Zúñiga disparando otros tiros al cuerpo de la mujer.

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Declaración de Adrián Cabrera Rojas, quien señala que Esther Cabrera era su hija, a quien la llamaban “Chichi”. Estaba preocupado porque no había llegado esa noche y se habían producidos diversos operativos, resultando varias personas muertas, entre ellas mujeres. Dice que su hija tenía ideas de izquierda, pero por su carácter pacífico, solidario y generoso, no participaba en actos de violencia. Refiere, asimismo, que la casa donde vivía su hija fue allanada posteriormente, siendo detenidos sus hijos Daniel y Omar, más la pareja de éste, imputándoseles falsamente la tenencia de explosivos. Por ello estuvieron presos varios meses.

Se estableció que Esther Cabrera Hinojosa recibió los impactos que ocasionaron su muerte estando situada en dicha habitación; que el hecho de encontrar un proyectil incrustado en el piso de cemento en una posición similar o cercana a la ubicación en que quedó la cabeza del cadáver, permite concluir que el tirador efectuó, a lo menos, uno de los disparos al cuerpo con una dirección descendente y que existe otro proyectil encontrado en la misma habitación, y que habría sido disparado por la misma arma de fuego que disparó el proyectil antes señalado. Presenta cinco heridas a bala, siendo la causa de la muerte los traumatismos cráneo encefálicos y toráxicos.

No hay amor sin libertad

– ¿Dios está ahora aquí en este lugar con nosotros, no es cierto?- le pregunto al sacerdote para ahondar en esta matanza de Corpus Christi.
– Sí.
– O sea siempre está con nosotros siempre.
– No solo con nosotros, está con todos. Es la humanidad entera y cada persona el objeto de su cariño. Pero no nos impone, no nos fuerza a actuar de una u otra manera, porque el regalo más grande que nos ha dado es la capacidad personal que cada uno de nosotros tiene de tomar decisiones. Es decir nos regaló libertad.  Esa libertad es la que permite que seamos capaces de amar. Porque tú no puedes amar si no eres libre. Nadie me puede forzar a amar a mí – y no estoy hablando del amor libre- sino que la libertad necesaria para que el ser humano pueda amar a otra persona.
Entonces él respeta mi libertad pero me acompaña. Me ayuda a ver, a asumir las consecuencias de mis opciones.

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– La fiesta de Corpus Cristi es la fiesta de la Eucaristía: El cuerpo y la sangre de Cristo.
El año 87 hubo una matanza de doce miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Yo de alguna forma quería establecer si Dios habrá estado presente en esa casa donde murieron siete de ellos.
– No me cabe ni la menor duda. Sabes tú la muestra más fuerte del cariño de Dios por los seres humanos es que ha querido estar con nosotros. Y recordamos con tanta devoción y gratitud lo que conocemos como el misterio de la encarnación; Dios se hace uno de nosotros, se hace un hombre. Nace de María, pero la encarnación tiene como consecuencia si Dios quiere asumir lo humano lo asume entero. Todo, hasta la muerte. Eso significa que crece como nosotros, que habla como nosotros, que come como nosotros, que vive y trabaja como nosotros y que muere como nosotros. Y esto causa un montón de sufrimiento. Y es por eso que Jesús muere y tú miras a un nombre clavado en una Cruz dices: “Este es Dios que quiso estar con nosotros y que se pone todo lo humano”. Lo matan en la Cruz pero al matarlo en la  Cruz está asumiendo las muertes de esos frentistas que mataron ahí. Y la respuesta del padre Dios es que lo levanta vivo. Entonces el sufrimiento humano es asumido, abrazado por Jesús. Y se levanta vivo y resucita.  Cuando Jesús resucita no estamos recordando la resurrección de Jesús solamente; sino que también el comienzo de nuestra resurrección. Y tú con todo lo tuyo, con tus características personales -de las cuales no hemos hablado nada ahora y no tenemos porque hacerlo- todas las mías, hemos empezado a resucitar porque Jesús resucitó. Porque él tenía un cuerpo igual al nuestro. Entonces tú me dices: ¿Estaba Jesús en esa habitación cuando murieron los frentistas? No me cabe la menor duda. Pero si a él justamente lo mataron en un juicio injusto, burlesco, en donde el gobernador romano Pilato no se animó a decir nada. Entonces el famoso ejemplo que toman los evangelios que se lavó las manos y dijo: “A mí no me vengan con cuentos, yo aquí no tengo nada que ver, yo me corro”. El tipo no quiso usar su autoridad. “No veo ninguna razón para matarlo pero ustedes deciden eso”. Es lo que se llama cobardía. Pero así fue.
– Yo quería establecer algún vínculo porque en esa fecha se celebra la fiesta religiosa.

– El Cuerpo de Cristo en la Cruz lleva todos los sufrimientos humanos, los tiene puestos todos; desde el comienzo del mundo hasta el final. Y a ese Jesús que representa a todo lo humano el padre de Dios lo resucita y dice:” Hay esperanza, hay vida. Yo quiero que vivan para siempre. Así que no me cabe la menor duda de que estaba ahí.

– ¿O sea Dios ama a todos  a todos, independiente que sea el torturador o el torturado?
– Lo que pasa es que con el torturador Dios sufre y con el torturado Dios es solidario.  Ahora el torturador está usando su libertad. Está rechazando a una persona a la que Dios ama. Somos nosotros los que decidimos qué pasa con nuestra vida, si yo decido encerrarme y prescindo de todo lo que están sufriendo los demás. Yo soy el dueño de mi vida. Dios no se va a oponer pero eso es lo que significa infierno; si yo vivo haciendo de mi vida un infierno.

“Dios no está ahí junto a esa gente que está sufriendo porque crean en él”, señala el sacerdote. Y continúa: “No. Está ahí porque a esas personas les dio vida y les tiene cariño al margen de lo que las personas hagan con su libertad.
Dios no se va a fijar en eso. Dios no se fija ni en las pintas, ni en los colores políticos. Va a respetar nuestra libertad. Si yo dedico mi vida a que los otros estén mejor, a ayudar a los otros, a colaborar con ellos, a darles esperanzas, animo, acompañarlos en solidario, entonces yo voy a estar funcionando con los mismos criterios de Dios, que quiso hacerse solidario con nosotros y se vino a meter aquí”, finaliza el sacerdote.

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“… Porque sí uno no tiene libertad no puede amar”, dice el religioso. Lo que implicaría que estos jóvenes Frentistas asesinados luchaban por la libertad pues querían amar, o luchaban pues deseaban acabar con el odio. El bien estaría unido a la libertad y el odio unido a la dictadura. Hagamos la pregunta de rigor. ¿Por qué luchaba el Frente? Luchaban por la liberación de un pueblo oprimido. Ellos no deseaban la muerte de otros hombres. Ellos deseaban acabar con un tirano que sometía injustamente a gran parte de un país. Y los chilenos al no tener libertad no podían amar. Ya lo había dicho Raúl Pellegrin en una entrevista para el documental Acta General de Miguel Littin: “Quiero vivir en una sociedad democrática donde los grandes intereses los defina el mismo pueblo, el cual pueda tomar sus propias decisiones”.

Nelson Caucoto, emblemático abogado de causas de Derechos Humanos y militante de la Izquierda Cristiana también da su parecer de esta visión cristiana de la Matanza de Corpus Christi, caso en el cual fue el abogado de los familiares de las victimas.

– ¿Piensa usted que esas siete víctimas de la calle Pedro Donoso 582 eran personas de bien?
– Sí, yo pienso que sí. Eran personas que se plantearon una posición muy radical frente a la dictadura. Eran todos militantes del Frente Manuel Rodríguez y el Frente, es una institución que resistió a la dictadura por medios distintos a lo que resistieron otros. Yo puedo decirle desde un punto de vista de abogados: nosotros resistimos con las manos desarmadas, a cara descubierta. Ellos buscaron otro frente de la resistencia política armada muchas veces. Pero indudablemente que eso está incluso amparado por el derecho de defensa que tiene el pueblo frente a las tiranías. Además que se trata de un gobierno usurpador. Si la dictadura pierde la perspectiva y lo dijo la Corte Interamericana: “… los usurpadores del poder no pueden haber generado nada legítimo”. Y era una situación permanente la usurpación de un poder constitucionalmente constituido. Entonces no. Siempre se pierde la moción de que no vivíamos en un régimen que haya nacido por mandato constitucional,  o como representación de la soberanía popular; si no que los militares usurparon el poder y simplemente generaron una revolución o una contra revolución que fundó de nuevo a este país.

– ¿Usted cree que cuando los asesinaron en esa casa estaba presente Dios?
– Dios está en todas partes y más aún en el padecimiento de esta gente que fue martirizada, que venía de un martirio. Ahí se produce una contradicción notable que a mí me hace repensar la forma en que se educan los militares chilenos; porque yo creo que muchas veces  alguien tiene que tener un móvil probablemente personal para asesinar. Pero a la gente que estaban matando, la gente que estaba con los ojos vendados, arrodillados, yo digo: ¿cómo puede un sujeto matar a alguien y no saber ni siquiera quién es? Porque hubo un tipo que no tenía idea quien era la víctima. Simplemente lo llevan y le dicen: ” Tú tienes que matar a tal persona”.
Hay uno que venía de casualidad, llegó al cuartel Borgoño ese día a visitar a un amigo pero era un suboficial del regimiento de Arica, era un Rambo, y él se sentía que era un buen soldado, y como empiezan a buscar oficiales. Se preguntan cuántos hay, falta uno,  “que estai haciendo ahí, ven para acá, paamm, dispara”. Y si uno ve el papel de las víctimas, uno: que no tuvieron la posibilidad de ver quienes los mataron, y otro tipo que es el victimario que no tenía idea a quién está matando, más encima mujeres indefensas. Entonces yo digo: qué clase de militar es ése. Un militar está educado para ir a la guerra en un combate abierto, como sea, pero viendo quién es el enemigo y las razones del enemigo; y no matar alguien sin tener ninguna razón particular o personal simplemente…en una doctrina de seguridad nacional contra un enemigo interno. Hay que tenerles miedo a ese tipo de militares. O sea un militar que de pura casualidad se encuentra en un lugar y le dicen tienes que ir a matar a alguien, y él llega y lo mata. Y con eso piensa que es un buen soldado revela que toda la escala de valores de la institución que los formó está en crisis. Ahora del punto de vista de la mansedumbre de gente indefensa indudablemente que hay alevosía, una premeditación de un acto cobarde  todo lo que uno quisiera decir. Lo mismo uno lo puede transportar al martirio de Cristo. Cierto Cristo absolutamente  indefenso, a quien le pedían que con sus poderes se defendiera, pero era un hombre más. Yo encuentro que fue entregado a un victimario al igual que estas personas quienes estaban amarradas, vendadas, y arrodilladas.
Yo me podía ir a mayor profundidad y pensar que el cristiano es un ser que se la juega por su semejante ¿verdad? Entonces yo digo: de repente el Che Guevara me parece más cristiano que muchos cristianos porque fue capaz de entregar su vida en aras de otras personas. ¿Qué tenía que hacer el Che Guevara si tenía toda la capacidad para estar cómodamente sentado en un escritorio burócrata en Cuba siendo Ministro y qué tenía que ir a hacer a la Sierra o a la montaña en Bolivia, enfermo de asma, con una humedad enorme,  sin medicamentos, sin recursos materiales, logísticos, sin ninguna  comodidad?  Bueno, pero él lo hacía por un bien superior que era liberar a un boliviano y llevarlo a un régimen distinto, lejos de la opresión. Ese es tal vez el mensaje cristiano y ahí se conjuga el pensamiento  materialista y el pensamiento cristiano, o el humanismo, que incita también el marxismo, y donde se confunden con este otro humanismo cristiano.

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– Ahora todos estos victimarios que asesinaron a estos frentistas ¿en algún momento se habrán arrepentido de lo que hicieron?
– Yo creo que no. Por eso yo apunto a un tema de la formación de las instituciones, y si uno le pregunta a un militar y le coloca una escala de valores y le digo: ¿La familia o la patria? Él va a preferir la patria. Me parece que ese es un desajuste con el tema valórico, con la ontología del ser militar, o del ser ser humano. O sea la Patria no es más que la composición de muchas familias, de la cual yo formo parte de una de ellas. No es un concepto abstracto.  Hay un problemas ahí de los valores, es una exacerbación o una confusión de los valores.

– Pero también hay un déficit ético.
– Por supuesto. El asesinato ya es la culminación de un deterioro ético.
Y no olvidemos a los medios de comunicación que estuvieron hasta 10 años después diciendo que era un enfrentamiento. Si esto fue gracias a la acción judicial que se logró determinar.  El Mercurio hasta hace una fotografía del enfrentamiento, aquí están los agentes, están los tipos, y era falso total, falso total. Si la CNI tiene hasta filmada la operación en alguna parte.
Entonces operativos de esa naturaleza venían con orden de arriba. Además que cuando uno busca la responsabilidad entonces uno tiene que decir Pinochet estaba en condiciones, él era el que tenía el dominio del hecho, en el sentido de que él puede detener lo que se va a hacer, o acelerar lo que se va a hacer,  o puede cambiar el curso de lo que se va a hacer.    O sea él tenía el poder. Eso es tener el dominio de todo, es más: se transmite a sus hombres que funcionan como una máquina, no importa quién mató. Él sabía perfectamente.

– ¿ Usted cree en la justicia divina?
– Yo creo que sí, que hay justicia divina, que se manifiesta en algún momento, tal vez no en forma instantánea pero se manifiesta. He visto la justicia divina bien concreta. No le voy a decir en que caso, pero la he visto. Hay varios que se suicidan. Uno entiende que el remordimiento es el elemento más asfixiante que existe en el ser humano, que no deja dormir. Hay muchos que derivaron en el alcoholismo, la drogadicción, otros se suicidaron, otros se volvieron  locos.
– Dios va haciendo justicia a cada instante.
– A cada instante, exactamente.

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Una respuesta a “La matanza de Corpus Christi

  1. Reblogueó esto en HIJXS . VOCESy comentado:
    ¿Usted cree que cuando los asesinaron en esa casa estaba presente Dios?
    – Dios está en todas partes y más aún en el padecimiento de esta gente que fue martirizada, que venía de un martirio. Ahí se produce una contradicción notable que a mí me hace repensar la forma en que se educan los militares chilenos; porque yo creo que muchas veces alguien tiene que tener un móvil probablemente personal para asesinar. Pero a la gente que estaban matando, la gente que estaba con los ojos vendados, arrodillados, yo digo: ¿cómo puede un sujeto matar a alguien y no saber ni siquiera quién es? Porque hubo un tipo que no tenía idea quien era la víctima. Simplemente lo llevan y le dicen: ” Tú tienes que matar a tal persona”.
    Hay uno que venía de casualidad, llegó al cuartel Borgoño ese día a visitar a un amigo pero era un suboficial del regimiento de Arica, era un Rambo, y él se sentía que era un buen soldado, y como empiezan a buscar oficiales. Se preguntan cuántos hay, falta uno, “que estai haciendo ahí, ven para acá, paamm, dispara”.

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