Carmen Mantilla

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Un alma, muchas voces

Por Hugo Dimter Pérez. Fotos de Patricio Carrasco.

Es fácil entrar en el mundo de Carmen Mantilla. Parece que ella -confiada y transparente- ha dejado la puerta abierta. Cualquiera podría pensar que es ingenua pero su mundo es un descampado: un terreno donde todos transitan libres y sin prisa. Mucho más rural y chillanejo que citadino o santiaguino.
La vida por 35 años la ha hecho replantearse las cosas siempre desde una perspectiva nueva. No es un mundo fácil; pero es su mundo.

Para esta Licenciada en Trabajo Social de la Universidad del Bío Bío, y poeta sin estrépito ni fines de lucro, el destino continúa siendo un baúl lleno de sorpresas.
“Creo en la vida como un proyecto de diseño emergente. Tanto, que ni sé si tenga que ver con la poesía. Vengo de un área diferente en términos profesionales, lo que ha supuesto para mí un esfuerzo adicional. El Trabajo Social es un área que me convoca pero en condiciones particulares, que en términos institucionales se dan como una excepción. La docencia también es un área que he disfrutado, pero que captura una cantidad de horas que no estoy dispuesta a entregar en forma permanente. Me acomoda hacerlo sólo por ciertos periodos. Tengo un compromiso real con mi patria chica y quizás retorne a Chillán a realizar un aporte con la experiencia actual, pero no hay nada concreto en cuanto a proyectos, salvo los más inmediatos que están relacionados con Varonas de Cartón, una propuesta microeditorial en que colaboro, en los eventos de stand up comedy (humor) que tengo comprometidos para los próximos meses y en llegar a buen puerto con un disco de música de diversos estilos en la que haré las letras y que interpretarán músicos chilenos (tango, trova, cueca)”, manifiesta esta poeta.

“Yo estoy más bien por el rescate de la palabra hablada que de la palabra escrita”, sentencia Carmen, quién se denomina como declamadora al igual que su bisabuela chillaneja.
“En la medida que tú te vas siendo parte de actividades dónde lo oral está presente la gente todavía requiere lo escrito, quiere volver a leerlo después. Quiere llevárselo. Hay algunos versos que le quedan dando vuelta, pero quieren leer el poema entero. Y esa necesidad fue la que derivó en la realización de los primeros plaquet y del primer trabajo escrito. Pero así en forma derivada; no como objetivo central”, señala Carmen.
“Si tú revisas mis escritos hay mucha presencia de paisajes, de evocación de frutas, de cosas que son parte de mí en los textos en general. Y lo otro es la impronta de la declamación. Yo me crié, tuve vínculo con mi bisabuela que era declamadora. Ella se dedicaba a eso: declamaba en todo acto público. Entonces la poesía reconstituida desde la palabra escrita, oralizada (sic), vuelta a pasar así, que primero te entre por el oído es para mí lo más relevante. Lo más importante, incluso”.

En la capital Carmen se puso a realizar trabajos de gestión cultural, ya que para eso se trasladó a Santiago. Pero no se quedó sólo con aquello.
“A mediados del año 2009, trabajé en algunos lugares que nada tenían que ver con lo que vine a hacer, hasta conocer a personas que me abrieron no solamente espacios para lo mío, sino que compartieron sus públicos y sus afectos, para que alcanzara mi propio proyecto: compartir la poesía (en primera instancia de otros, pero también la mía) en forma oral. Recibí el apoyo solidario y generoso de los músicos de la trova chilena que en sus conciertos me invitaron a acompañarlos, hasta llegar a presentar espectáculos poéticos musicales conjuntos, en el último tiempo. En un núcleo conformado por algunos de esos músicos chilenos, se encuentran hoy mi sentido de familia. Hace algunos meses hacía el recuento de lo que han sido estos 4 años de pasión y han sido más de 200 presentaciones con públicos muy diversos y lugares muy distintos: hospitales, cementerios, plazas públicas, juntas de vecinos y otras organizaciones comunitarias, y muchos, muchos locales del circuito nocturno de Santiago; junto a una cincuentena de músicos y más de un centenar de poetas… Si fuera el momento de evaluar lo estrictamente mío, diría que la vida pagó con mucho mi pasión. Pero ahora queda otra arista: quiero encender esa pasión en otros, compartir y aprender que la palabra te hace encontrarte en y para una comunidad, que puede ser que habite en los márgenes de la subalternidad pero en ella construye vínculos que le hacen falta a los que habitan el centro para humanizarse de nuevo, para reconectarse con lo esencial.
En Chillán había escrito en la primera parte de su adolescencia y después, por muchos años, dejó de hacerlo debido al trabajo y otras opciones personales. “Escribí del ’92 al ’95, que fue en el tiempo que estuve en el liceo. Después de esa fecha no volví a escribir hasta finales del 2008 o inicios del 2009. Y ahí, poco. Pero me sentí tan cómoda cuándo volví a escribir que dije: `Tengo que retomarlo de un modo distinto`. Y ahí decidí venirme a Santiago y cambiar un poco de ambiente porque en el sur era más complejo. Allá yo me desarrollé en un área diferente, más bien en el ámbito político y hacer el cambio al tema de la literatura erótica iba a ser más difícil en un pueblo chico.

– ¿En el ámbito de lo político? ¿Militabas allá?
– Sí. Participaba en el gabinete político de la Gobernación. Funcioné muchos años, todo ese tiempo, en una lógica diferente.

– ¿La influencia del sur tiene que haber sido muy fuerte: Chillán, Concepción?- le pregunto.
– Sí, hay una impronta necesariamente. Si tú revisas lo que yo escribo hay mucha presencia de paisajes, de evocación, de frutas, de cosas que son parte de mí en los textos en general. Y lo otro es la impronta de la declamación.
– ¿Qué valor le das al hecho de rescatar el hablar? Porque cada día hablamos menos. No solamente leemos menos, sino que hablamos menos también.
– Pero hay un hecho particular. Sabes que unas semanas atrás revisaba alguna noticia referente al tema literario y el auge de los audio-libros: lo que ha significado que ahora muchos libros, además del formato escrito, vengan con su formato de audio. No pensado como una manera de acercar a personas que tienen capacidades diferentes, cómo por ejemplo que sean discapacitados visuales, no pensando en acercar el texto a ese tipo de personas; si no que a cualquier persona. ¿Por qué? Porque nosotros no nos encontramos en la palabra que ingresa por el oído, y la palabra escrita para mí es una palabra que transmite menos. Cuándo tú te acercas a un libro para mí es como un arqueólogo que se acerca a una ruina. Porque para acercarte a esa palabra escrita necesitas ciertos códigos, ciertas posibilidades para poder interpretarla en forma adecuada. En cambio cuándo hay una interpretación oralizada de ese texto es más completa. Te entra no sólo en términos de la letra en forma estricta si no que también en la manera que la persona interpreta: el timbre, el tono, el lenguaje corporal. Entonces la poesía, la palabra, te ingresa de una manera diferente. Yo creo que eso ha permitido que, efectivamente, se pueda mantener, y de alguna manera surgir, un auge de la palabra hablada.

Nunca fuimos modernos

Con certeza no nos acomoda la cama mordida
y las tardes de plácida desnudez negada.
No fue suficiente la siesta breve
y el libro que dejé abierto
(como todos los finales)
llora su soledad.

Se nos hizo poco el pan,
el columpio, los tordos,
la neblina de la mañana,
tus dientes como un collar cerrado en mis hombros.

Nunca fuimos modernos:
Somos antiguos,
como las planchas a carbón,
las chonchonas,
los trompos,
y jugamos con el destino contemporáneo,
olvidando que antiguamente la rabia
se nos deshojó como una magnolia.

Quiero dormir abrazada a tu cuerpo y
despertar con el corazón cuequero.
Quieres cartas, fuego, toros…

Definitivamente, el problema que hoy tenemos
es que nosotros nunca fuimos modernos

– Ahora, dentro de los poemas que tienes hay uno que evoca que no somos tan modernos, a lo mejor nos queremos presentar como modernos, pero en realidad no somos tan así.
– Lo que pasa que cuándo tú te acercas a temáticas vinculadas al erotismo y algunas corrientes más bien feministas, de repente, existe una visión del sexo, del encuentro sexual, del encuentro erótico, más bien como un acto político. En alguna medida lo es, pero a veces parece que no somos tan modernos, y entonces vamos buscando o extrañamos en ese encuentro ciertos elementos que tienen que ver con un pasado, con algo anterior que tiene que ver con el encuentro más bien campesino. En ese mismo texto que tú comentas, está el tema de la chonchona, está el tema que te vuelve a unos cuerpos que están ruralizados (sic) que no están en lo urbano, que no son en el encuentro rápido, que no son el encuentro con un rostro menos conocido; si no que el vínculo es con un rostro que conoces profundamente.

– ¿Por qué el amor es un acto político? ¿En qué sentido?
– El sexo, en general, se ha constituido más bien como un acto político en el sentido que el placer ya no viene del otro; buscas encontrar tu propio placer. Ya no estás esperando, en términos de la revalorización que la mujer ha hecho de su propio cuerpo. O sea que el otro sólo te entregue un placer. Ya no depende tu placer del hombre. Es más bien encontrar ese propio placer lo que te motiva, lo que te erotiza, lo que te gusta. Tiene que ver con un autoconocimiento. Ahí hay algunas ideas que más o menos corren por esa línea.

– ¿Y tú te has enamorado mucho? ¿Eres de enamorarte?
– Poco la verdad (ríe).

– ¿Pero has encontrado una voz en el amor para llevarlo a la poesía de alguna forma?
– Sí, eso sí. Es siempre más fácil escribir de aquello que tú has conocido, de lo que has sentido, de las cosas que te han provocado. Desde esa perspectiva uno siempre usa un poco su propia experiencia. La experiencia derivada del otro para poder crear. Por lo menos, generalmente, en un primer momento se puede.

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El país pasillo y la emoción 

“Todas  las experiencias no son iguales. Hay algunos texto que si más bien remiten a la ira, a una sensación de resentimiento. A veces, incluso, después de una relación. Pero hay otros más bien que dialogan incluso con la ternura, con la nostalgia, con la sensación de entrega”, señala Carmen sonriendo pues ella es una mujer muy positiva, lo que no significa que sea miope. Conoce su país, conoce a los chilenos.

– ¿Cuál es tú sensación de Chile cómo país?
– Chile es un país fracturado. Una fisura profunda profunda. Y la verdad es que no hemos podido reconstituir esa fisura. Las personas han seguido funcionando en caminos diversos, en términos individuales. Pero en términos comunitarios no hemos logrado encontrar aquello que nos hermana y que por lo tanto nos permita funcionar en términos de colectivo.

– ¿Y qué nos podría hermanar si estamos tan divididos ya? Uno se hace esa pregunta.
– Yo creo que la emoción. Esa es una de las cosas que me motiva profundamente: el compartir la palabra hablada. Porque cuando tú compartes la palabra hablada el otro se motiva, el otro se quiebra. Desde el punto de vista de lo que yo puedo sentirme pagada, si es que se puede hablar de un pago en términos de lo literario, es cuando yo he interpretado un texto y noto que ese texto llegó de tal manera que tengo personas en mi público que están llorando y eso te acerca necesariamente. Esa emoción te hace compañero, te hace compañera. Entonces ahí se genera un vínculo que yo creo que es parte de lo que podríamos usar para reparar esa fisura.

– O sea, deberíamos conversar entre nosotros.
– Totalmente.

– Y emocionarnos también.
– Totalmente, totalmente. Es que en la conversación tú te encuentras también. No sólo encuentras al otro, no sólo te permite acercarte a la otra persona, a cuáles son sus andamiajes, sus rejas incluso, a cómo está mirando el mundo. Si no que también en ese conversar, cómo es dialéctico, tú también te vas cuestionando, tú también te vas desnudando o te vas ocultando. ¿Y por qué te ocultas? Y ahí en ese proceso te vas conociendo también. Es difícil conocerse sin contraponer tú propio discurso a otros, o a otro así en términos de una vinculación uno a uno, o en términos propios y de un colectivo de personas.
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El solemne

El solemne habita una pajarera,
una pajarera azul con petunias.
El miedo lo lleva a la cintura
para sostenerse el pantalón gastado.

Quizás un café a destiempo
le recuerde la muerte,
las rotondas mal diseñadas,
las tortillas con ají.

El solemne es un libro titulado imprecisamente,
por eso su humanidad menta madres en los semáforos
y acude a prostitutas para que le acunen los domingos.

Lee a Lihn: con una mano sostiene Manhattan
y con la otra se acomoda el sexo,
lánguido como alstroemerias rojas en un jarrón.
Se encomienda a Teillier con risotadas cuando brinda en bares;
en privado, es un cuervo que llora en calzoncillos.

-Estoy revisando tus poemas y de ahí saco algunas ideas. Por ejemplo el ser solemne. Parece que el chileno en comparación a otras nacionalidades trata de mantener esa solemnidad, cargada de pena, de miedo, preocupado del qué dirán, de no expresar lo que uno siente, si no mantenerse dentro de un margen en comparación a otros países donde son más extrovertidos.
– Sí, yo creo que más que conservadores somos hipócritas en términos de sociedad, porque lo que públicamente no se acepta, en forma privada sí. Y en eso evidentemente hay un problema de consistencia individual que termina generando también un divorcio con lo de todos. Hace una década atrás, recién alcanzamos una ley de divorcio cuando todo el país está de acuerdo con una ley de divorcio. Y así con otras temáticas. Por ejemplo con la legalización de la marihuana, con la cantidad de personas que efectivamente están de acuerdo con que el auto cultivo se permita. Pero en la práctica las posibilidades de alcanzar eso, en el corto o mediano plazo, son bastante poco probable porque nuestra sociedad todavía no da el paso.

Un póster del Che, miles de libros, la luz tenue, y un café son los elementos que conforman el hábitat laboral de Carmen. La librería queda en el Patio Bellavista. Allí, entre medio de turistas de todos los países del mundo, se mueve a su destajo Carmen.
“Hoy leo diariamente porque me lo permite mi trabajo como encargada de una librería, pero también lo hago porque constituía un vacío de formación que busco disminuir. Actualmente los escritores que re-leo, sobre los que vuelvo y a los que interpreto poéticamente cuando tengo oportunidad son, principalmente, Pessoa, Lihn, Gonzalo Rojas, la uruguaya Idea Vilariño y Julio Cortázar, y de los escritores vivos en Chile a Rosabetty Muñoz y Germán Carrasco. Mis inicios en la escritura fueron en un taller de literatura en mi liceo, a partir de los 13 años. Durante esos cuatro años asistí cada semana al espacio de creación y “tiempo fuera” que significaba el taller y lo agradezco. Sin embargo hubo algo que me faltó: que fue la lectura de otros, a lo que me he abocado durante los últimos cinco años. Pasé diez años sin escribir nada y después del quiebre de mi relación matrimonial -como suele suceder- volví a aquellos espacios afectivos y materiales en los que me sentí en algún momento más feliz, entre ellos la literatura. Al cabo de algunos meses, decidí emigrar de mi ciudad y venirme a Santiago a aprender y a hacer carne ese empeño de la literatura oralizada que siempre me acompañó en la infancia, a partir del temprano ejemplo de mi bisabuela que también era declamadora, como del placer que en sí mismo me provocaba esa manera de compartirse, de encontrarse en la palabra. Creo en la necesidad de rescatar el “estremecimiento poético”, el “decir verdad” y en usar la poesía no como fin en sí misma si no en vehículo para otras experiencias que van más allá del placer lector o del placer del escucha, incluyen también aquellas de sanación individual y colectiva”, señala Carmen, sin dejar de hacer una crítica al modelo neoliberal.
“Cuando tú tienes como foco de acción solamente el beneficio económico, evidentemente si eso es lo más importante otras áreas -que son tanto o más importante cómo por ejemplo aquellas que tienen que ver con lo ético o con lo moralmente convenido- pasan a un segundo plano, y al estar lo otro sublimado se va generar necesariamente un quiebre”, manifiesta Carmen, la poeta que vino del sur. La declamadora que alza la voz entre medio del murmullo de la ciudad.
La gente comienza a salir del trabajo. Los rostros no se ven muy felices. Partirse el lomo de lunes a sábado durante más de ocho horas por menos de 400 dólares no es del agrado de nadie. A ninguna persona le gusta ser explotado; salvo que tú seas el explotador.

– Hemos hablado de hartas cosas y no hemos hablado casi nada de poesía- le señalo.
– … ¡Pero todo es poesía!- me responde.

– Sí, todo es poesía. La música, el cine. Todo tiene su dosis de poesía. ¿Qué poetas te gustan? ¿En qué momento la poesía se hace cercana?
– A ver. Los poetas que para mí fueron más importantes: Gabriela Mistral. Te estoy hablando de los ocho, diez años, que fue en un tiempo que yo la declamé mucho. Gabriela Mistral, Federico García Lorca, Santa Teresa de Jesús. Y por un tema absolutamente anecdótico: eran los únicos libros que habían en mi casa, por lo tanto fueron los primeros que empecé a memorizar. La declamación es no sólo la interpretación usando el lenguaje verbal y no verbal; si no que también es memorizado. No hay texto declamado con papel; eso es lectura.
Entonces los primeros que efectivamente memoricé para ser declamados fueron esos y tenían que ver con unos libros rojos que había en ese tiempo, no sé si te acuerdas, que venían con la revista Ercilla.
Unos chiquitos rojos con hojas de roneo. Ese fue mi primer acercamiento. Y marcó la manera de estructurar los textos. Algunas palabras que yo digo… esta palabra me suena y sale el recuerdo de algún otro verso que se usa en otro sentido y eso, es la palabra. Ciertas palabras de prestigio poético me vienen por ahí. Me aprendí completo el libro Dolor de Gabriela Mistral y los Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada de Neruda. Antes de los diez años, ya era capaz de recitar de memoria varias horas- finaliza.

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Canción de Amor

Tedoyunacanciondeamor… decía Silvio:
Yo no te doy nada.

Que después de trollearme los días,
de hacerme bullyng erótico,
me pidas versitos sosos, es a lo menos un desatino,
un despropósito, un disparate de antología,
una patudez de multitienda,
de Hogar de Cristo usufructuante,
como si Paulmann me pidiera ser éticamente santa.

Me jode.

Que te escriba versos tu mujer
que te manda cupcakes de arándanos
para el café de media mañana;
que te escriba cartas la secretaria
que tira contigo en horario de oficina;
que te los escriba tu madre que te circuncidó.
O tu prima que recibe una cacha anual
el día del cumpleaños de tu abuela
(exquisita nonagenaria que es lo mejor que tienes);
que te rime tu jefe,
que te coge con métrica perfecta
y te lo mete en el ojo desde hace diez años.

Yo tengo que lavar la loza, tejer, regar las plantas,
dormir la siesta,
amar la cuarta vocal en la pulcra cama que me espera cuando viajo.

Yo no puedo escribirte versos.

Mira:
tengo el cesto de la ropa sucia lleno,
el arriendo e internet por pagar,
dieciocho libros pendientes de lectura,
al Rojo al otro lado del océano,
casas imaginarias por barrer,
tangos por bailar
y una vida completa para hacerme cargo…

No tengo tiempo para tu canción de amor.

“Ese un texto de despecho puro y duro- manifiesta Carmen con una sonrisa-.
Surgió a partir de una experiencia muy similar a lo que se comenta en el texto. Una relación que no funcionó, que no la hicimos caminar, pero él me dice: ‘¿Por qué no me haces un poema?’ Así cómo si tú fueras por la vida haciendo poemas a pedido y me resultó casi violento. Por eso es que el texto la respuesta es también violenta. En el sentido que yo estaba en un proceso de alejamiento y la persona me pide que me acerque. No puedes escribir si no estás cerca. Incluso cuando estás escribiendo enojadísimo estás escribiendo al lado. Entonces eso me violentó y ahí surgió ese y otros textos, el Solemne es de ese mismo registro”.
El otro libro recién publicado por Carmen se llama Seis por Siete. Es de poemas de amor y poesía erótica propiamente tal, con 42 textos que el año pasado se financió con venta en verde, y que ahora sale en formato audio-libro e impreso.

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Te hice caso en todo, madre mía

No hablé nunca con extraños
ni golpeé puertas de hombres solos,
no sonreí más allá de la justa medida
de mis cuatro dientes superiores.

Me abrigué de mayo a julio,
agosto lo miré por la ventana,
en septiembre estrené falda,
pinté la casa
y la bandera flameó planchada.

Me comí toda la comida del plato
en memoria de las que no la tienen
(también de sus madres que por ello sufren).
Llevo veinte años con una dieta variada,
consumo mariscos y nueces en días alternados,
espero religiosamente dos horas antes de nadar
(aunque haya tragado sólo polvo y saliva).
Y con la boca caliente
no le abro la puerta ni a Dios Padre.

La ropa la guardé en baúles
con bolsas pequeñas de poleo,
sé curar mis males con hierbas
(salvo uno en rebeldía: el corazón arreado).

Pero una sensación de casa sola,
de fracaso almidonado,
me fue clavando alfileres por las tardes…

Salí hace dos décadas de tu casa:
es el momento de dejar de hacerte caso en todo, madre mía.

– ¿Y la figura de tú madre fue muy fuerte? Me refiero al poema Te hice caso en todo madre mía.
– Sí, pero esa madre no es mi madre. Esa madre es más bien la Madre. Vivimos criadas por un matriarcado bien fuerte en el país, independiente que más allá de esos matriarcados, de la forma en la cual se organiza el núcleo familiar a partir de las ideas de la madre sea, también en forma conjunta, un matriarcado muy machista. Pero es necesario quebrar con esa imagen, con esa impronta que deja la madre. La imagen de mi madre tiene que ver con mi abuela. Ella fue quien me crió y todo mi registro de maternidad tiene que ver con ella, más allá de la diferencia de pensamiento producto que somos generaciones diferentes, no tengo mayores  reclamos que hacer en términos del amor de madre.

– ¿Y por qué? ¿Tu mamá no estaba contigo?

– No. Me crió mi abuela. Mi mamá vive, mi papá también, pero no mantengo mucho vínculo con ellos.

– ¿Nunca?
– De niña sí. Pero mi primera familia era mi abuelos. Ellos fueron los que me criaron, quienes me dieron el cariño de familia. Con mi papá tengo una relación pero no intensa. Podemos pasar meses sin vernos, semanas, o más, sin hablar por teléfono. Con mi mamá mantengo una relación cordial y distante, pero pueden pasar dos años sin que la vea y además vive en Chillán, es lejos. El vínculo no es intenso. Porque no son más allá del hecho biológico; no constituyen el hecho emotivo, que es lo central- señala Carmen y nos cuenta de uno de sus últimos trabajos:
Cementerio de Angelitos surgió un día que yo andaba en Chillán en la parte del cementerio de angelitos, dónde están los niños muertos. Es fuerte lo que significa saber que en un cementerio de niños hay mucho abandono en general. Las tumbas que no están abandonadas están demasiado presentes. Son tumbas que tienen peluches, a los que se les hace cumpleaños, a los que se les celebra la Navidad. Andaba dando una vuelta ahí y de repente viene una brisa y hace caer de uno de los arbolitos de pascua -eran los primeros días de enero, había pasado recién la navidad- cayó una tarjeta, de esas tarjetas musicales, ding dong bell ding dong bell, y sabes que la sensación de desamparo fue tan profunda: el cementerio desierto, el calor de Chillán, que no te puedo explicar lo que es al medio día. Y, en ese desierto de arbolitos de pascua secos, la música. La sensación fue demoledora. Y dije: algún día voy a escribir de esto”.

– ¿O sea esa tarjeta fue el mensaje de alguien?
– No lo sé, no sé si verlo así, pero por lo menos en ese momento la sensación que me provocó fue muy fuerte. Y el año pasado yo perdí a una amiga muy querida, que, desde que se enfermó, estuve cuidándola junto a su hijo. Entonces la muerte de Rebeca Godoy que fue folclorista, me dejó muy dañada en términos generales. O sea dañada, sentida con el país, sentida con algunas personas…

– ¿Por qué sentida con el país?
– Porque Rebeca murió de Chile. Ella no murió de otra cosa. Ella murió de este país. Porque resulta que durante siete semanas se la pelotearon entre un servicio de salud y otro sin entregarle exámenes finales, sin darle hora. Murió esperando asistencia médica. ¿Te fijas? Y probablemente creo que por todas las características de lo que tenía o del síntoma, probablemente haya sido un cáncer, pero si hubiera existido siquiera un diagnóstico ella hubiera muerto con menos dolor. Y eso es lo que a mí me removía: ver como una mujer grandiosa, poderosa como la Rebeca, era doblada en su dignidad. Lo que no pudo hacer la dictadura lo pudieron hacer las ventanillas de los hospitales. Y eso me dolió mucho. Y en esa emoción me aproveché para escribir el Cementerio de Angelitos, que está hecho con un fotógrafo de Chillán que se llama Máximo Beltrán.

– Esta actividad es muy interesante porque es alegre en un lugar que debería ser triste. Es como alegrar a esos mismos niños fallecidos.
– Lo que pasa es que nuestro vínculo general con el duelo, con la muerte, es muy poco sano como sociedad. Nosotros no hablamos de la muerte, no la normalizamos, nadie lo siente como parte del ciclo vital y resulta que por ese miedo, incluso para tenerlo cómo tópico de conversación, es que nos enfrentamos a la muerte con tanto miedo. Por eso que desde esa misma perspectiva la muerte de niños es todavía más traumática.

– ¿Y tú cómo interpretas la muerte?
– Yo intento reconciliarme con que la muerte es un hecho natural.

El humor

– … las fichas de alguna manera están más bien puestas en seguir con el tema de hacer humor- confidencia Carmen-. En eso estoy hace un tiempo pero ahora lo he intensificado.

– ¿Hacer humor?
– Hago stand up comedy. El año antepasado hice un taller con la Fundación Apalabrar para desarrollarme como cuenta cuentos, pero más por el adquirir algunas técnicas adicionales porque yo vengo de un área diferente, del Trabajo Social. En el tema de la declamación nunca he recibido clases de técnica vocal o de manejo escénico. Entonces me parecía necesario tratar de adquirirla -mediante el tema de los cuentacuentos- e hice el taller. Ahí me encontré con el tema del Stand Up Comedy y me gustó mucho. Al final terminé graduando del taller con el stand up comedy. Nunca he contado un cuento; me he desarrollado en esa línea del stand up y ahora tengo compañero de stand up. Entonces se ha ido haciendo más fácil. El stand up comedy es  una forma de hacer humor dónde no hay construcción de personajes, tú te ríes generalmente de tus propias situaciones o de situaciones de otras personas. Te acercas un poco a lo que hace Coco Legrand por ejemplo.

– Qué analiza a los chilenos…
– Claro. Una línea similar es el tema del stand up y el nombre lo dice: comedia de pié, así textual. Lo haces así: no hay construcción en el sentido que no hay vestuario ni construcción de un personaje en particular.

– Pero ¿no es que improvises?
– No, no improvisas. Tú desarrollas un libreto temático humorístico y ahí es flexible, uno tiene salidas considerando el público. A veces hay stand up que uno desarrolla en 40, 45 minutos.

– ¿Y el público participa de alguna forma?
– El público generalmente, como es un ambiente más bien informal, hace acotaciones y uno las integra. Lo mezclamos con mi compañero hacemos stand up y tango, Stand Up con boleros, porque por ejemplo desarrollo una rutina respecto al despecho y entonces ahí caben también muchos tangos. Pasa volando, pero hay que hacer un guión que soporte esa cantidad de tiempo sobre el escenario.
Se ha comenzado hablar harto desde que Jorge Alis se presentó en Viña con formato de stand up comedy y ahí muchas personas se acercaron al tema.Ya hace tiempo que se ha estado trabajando en bares, pubs. Se ha ido desarrollando bastante en el último tiempo como una alternativa del manejo del  humor diferente. No es un cuenta chistes. Es una rutina a partir de una agudeza de análisis. Hay mucha ironía. Principalmente la ironía del abordaje.

” Estuve 10 años sin escribir y no lo extrañé, no tuve deseos ni necesidad. No es que yo me haya peleado un día con la poesía y me hubiese ido enojada de ahí. No lo requerí, no necesité escribir. Hubo un momento distinto en mi vida en que ya lo necesité de nuevo y ahí estoy todavía. Pero no sé qué pasará en 10 años más”, manifiesta Carmen.

– ¿Y qué cosas necesitas siempre?
– Bueno, mis afectos. Soy sumamente cercana con mis afectos y los necesito, los requiero. Tengo una hija, Constanza Belén de 13 años, con quién tengo una relación extraordinaria, muy buena, que ya es una lolita. Y tengo amigos con los cuales cultivo la amistad”, sentencia.

“No fue central -y sigue no siéndolo para mí- la edición literaria del libro como objeto. Para mí el libro en sí mismo es una ruina, tarea que arqueólogos desentrañan, yo prefiero la palabra “reconstituida”, con un color, un timbre, con volumen…Sin embargo, sucede que para una parte importante de las personas que escuchan les es necesario “volver a escuchar” en la lectura individual de un texto. Por esa razón, autoedité algunos trabajos para la venta y me he abierto a una forma de gestión que tiene que ver con el financiamiento compartido o venta en verde. Prácticamente los ejemplares de cada edición entran a imprenta comprados (fue el caso de mi libro “La Muerte y el Hombre” y es el caso de otro libro que sale en pocas semanas “Seis por Siete”, el que además viene con audio). También me he acercado al trabajo conjunto con otros artistas, como es el caso de mi libro “Cementerio de Angelitos” que se lanza a finales de Abril en Chillán y que vio la luz de la mano del fotógrafo Max Beltrán, como el del libro álbum que se encuentra en proceso “Pleuresía, Tos Ferina y otras enfermedades del amor” con la ilustradora Carmen Gloria Quiroz. Pero han surgido en forma subsidiaria al empeño mayor que es compartirme desde el registro oral”, manifiesta Carmen.

Ha publicado dos libros de poesía “Alicia en el País de la Urgencia” (2010, Segunda Edición 2012 bajo el nombre de Camas Anárquicas por Editorial La Polla Literaria) y “La Muerte y el Hombre” (2012) y cinco plaquettes “El Mundo de Alicia”(2010), “Bestiario Infinito”(2010), “Cartas para Gonzalo” (2010), “Marías”(2011, 2012 y 2013) y “Rokha/and/rolleando” (2011 y 2013). El Libro de poesía y fotografía “Cementerio de Angelitos”(abril),  y en mayo su libro de poesía erótica “Seis por Siete”, en formato impreso y audiolibro.

mantilla3

Espejo

El hombre pájaro me ha regalado un espejo.
Me suelto el pelo y observo lacias mis canas nuevas.
La boca parece un barco,
un telegrama que en dos palabras
corta el aire distraído,
una breve alocución,
también un pozo.
Me gustan las intersecciones de mi cuerpo,
el librito de oraciones redondo que soy.

Sobre el hombro y por el reflejo, lo miro y le sonrío.
Con sus plumas brillantes y a contraluz,
parece una plateada virgen pagana.
Me muerde los hombros como una manzana roja
y caemos riendo en horizontal condescendencia…

Abandono

Impecable,
limpia como el pasillo de las viudas.
Sonriendo al sol y con el cuerpo baldeado de lavaza tibia,
prendida del paraíso de los pianos sin polvo.

Palabra rotunda de pronunciación perfecta,
a merced de la dictadura de los predicadores.

Pulcrísima,
pero sola como las iglesias.

La poesía de Carmen está ahí cercana. No es metafísica, o venida de otro mundo. Sólo debemos cruzar la calle para encontrarnos con ella. Con sus poemas, con la melodía que emana de ellos, con su voz que retumba por las callejuelas de la gran ciudad repleta de hombres de bien y villanos de la peor ralea.
Mientras tanto Carmen sigue en la poesía, en la declamación, en todo lo relacionado con su hija, con sus amistades. No hay tiempo para otra cosa.

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