Martín y otros tiempos

 

Por José Ángel Cuevas

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El misterio del ser humano que carga en sí épocas, períodos históricos, hechos del lugar, país,  continente, o de su propia casa.

Sí, me gusta darle vueltas, sacarle sentidos, reinterpretar.

Se me ha pedido hablar de los años de Martín Vargas , y claro, de inmediato se  me abre un espacio mental “ Dale Martín, Dale”, “ Pega Martín, Pega”  toda la gente de verdad pegada al televisor en blanco y negro. Como siempre en Chile, las esperanzas de sentirse ganar  y saltar de goce. Ganar, ganar, ganar . Martín era un tipo del sur, Osorno, de unos veintitantos años,  no era un choro santiaguino, pero si tomador duro.

Varias veces me lo encontré en diversos lugares  de Santiago, por ejemplo cuando le pegó al mexicano Miguel Canto… iba por el Centro. Todos lo abrazaban , esa pelea había sido brillante.. con el Caupolicán lleno. Recuerdo otra vez en la calle Victoria con San Diego, donde yo iba a comprar  tevinil, neopren ,chapas, para fabricar maletines James Bond. Me habían exonerado de mi trabajo de profesor, eran los años duros.  Y de repente  veo que Martín iba entrando con dos o tres compadres a una bar,  bien vestido con terno y corbata, hace poco había ganado una pelea y estaba feliz … los otros  le bolseaban de lo lindo. Hablaban de mujeres, de ir a algún lado …. después atravesaron a una boite o topless casi al llegar a San Diego.

Y aquí hay que agregar algo importante: el nacimiento de los topless en los años 80, que justo coincide con la enorme crisis económica del año 82… una cesantía del 33%. Los topless causaron furor, era como una boite (el Zeppelín de Bandera con General Mackenna) pero con valor mínimo… y pasaban muchachas, gordas, chicas, flacas que se desnudaban totalmente frente a los hombres, a veces callados y tristes.

Yo mismo una vez que andaba comprando repuestos, en 10 de Julio vi algo insólito en un topless que había al llegar a Carmen, oscuro y lleno:  sube una señora al escenario moviéndose de un lado a otro,  a desnudarse… y de pronto me di cuenta que era cojita, que  apenas caminaba. La pobreza, la miseria del momento. Y otra vez en Cartagena una señora que evidente que era una dueña de casa , sin ese arte y voluptuosidad de se necesita  en el tablado… Era la cesantía del hogar.

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Entre paréntesis, San Diego es una calle tan importante para Chile… llena de hechos. Sé de uno,  allá  al llegar a la Avenida Matta,  estaba el restaurante Vesubio. Se juntaban Manuel Rojas, González Vera, que le daban a la literatura, la vida intensa del momento, también Héctor Barreto….y muchachos socialistas, comunistas del año 36 o 38… Una de esas noches se enfrentaron a los Nacis chilenos, salieron a relucir las pistolas y dele balazos , cayó el escritor Héctor Barreto. Tiene su nombre un pasaje ahí en San Francisco o Santa Rosa.

Un período del pasado, lleno de cosas y potente por los golpes de Estado la caída de Ibáñez.. los nacis y la famosa Revolución Socialista de los 12 días.

Porque el Centro era tranquilo dice Feliú Cruz, la gente salía de la vermouth de los cines, o la función de noche…  la calle Huérfanos estaba llena de cines y pastelerías, salones de té… mucha vida social nocturna.

Pero volvamos a San Diego.  Volvamos a los años 70 … Martín Vargas ganaba peleas locales o con argentinos, mejicanos, centroamericanos, pero con el japonés Yoko Guchiken  u otro que disputó el Título Mundial siempre perdió … Martín como dije era chiquitito como un muchacho, y cara de choro , hablaba raro, egocéntrico, duro, de la parte pobre de Chile, pero seguro de si mismo en una pelea de box, el Caupolicán repleto de esos “patriotas” apolíticos chileneros, especialistas en boxeo (que durante mucho tiempo fue considerado un deporte). Como dije, Martín les pegaba a todos los peso  mosca chilenos o latinoamericanos y salía en andas, feliz con su cara redonda y morena a veces con un ojo cerrado, la boca rota, hablaba como un Capo…. Nadie sabía que su vida privada era la de un  chileno pobre típico que llega a ganar mucho dinero y lo gasta al tiro en casas de putas, borracheras, con su lote de amigos bolseros que lo rodeaban. Al fin Martín  fracasó..  Perdió siempre la pelea por el título mundial. Tengo el recuerdo que Pinochet en su bajeza típica se hacía el que lo apoyaba en los lugares donde Martín iba a pelear  para ganarse  a los aficionados,  así como iba al Festival de Viña donde el FPMR una noche le  dedicó un enorme apagón  en la llamada Quinta Vergara.

Años después cuando  caí a vivir en  Puente Alto -lleno de gente traída de los “callampas” de las Condes, La Reina …y campamentos El Castillo, Silva Henríquez-  vi a Martín Vargas en la calle  Concha y Toro con Menadier, una esquina donde  existía una  vulcanización … Parece que Martín estaba  para los mandados… los cabros chicos pasaban y le pegaban en la cabeza, un empujón,  no lo respetaban. Martín estaba mal,  parece que estaba “ en la calle” se había separado… dormía por ahí.

En fin, así es cómo es que  se va configurando la vida que a uno le toca.  Es un misterio, y lo recojo como momentos que después pueden ser  épocas , por ejemplo junto a la existencia de Martín había  una dictadura feroz  a lo largo y ancho de Chile. Sin libertad, toque de queda, sin información. Y asesinando, torturando gente en forma impune durante 17 años. Apropiándose de las grandes empresas públicas… etcétera, etcétera. Todo en secreto.

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Pero entiendo que muchas personas, recuerden esa vida como  “Todo más tranquilo”, sin peloteras callejeras, harta tele, y después tele a color, cosas para comprar, con los objetos importados de Taiwán…

Ningún diario informaba sobre Grimaldi, Borgoño, Nido 20… Simón Bolívar. Recordaban el caos, períodos con  falta de alimentos, inmensas colas para comprar azúcar , carne , pan, harina. Sólo que dos días después del 11 de Septiembre de 1973  apareció todo.

En fin, gente que no se “mete en política”  ve las cosas así.

Martín al parecer se recuperó, lo ayudaron, le dieron una pensión, dejó de tomar … y por ahí debe andar ahora, ya viejo, pensando en su pasado a cuántos tipejos noqueó, dejó con los ojos morados… y cuánta gente la gozó viendo esas peleas en el  teatro Caupolicán de la gloriosa calle San Diego.

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