Taira, mujer en llamas

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Por Hugo Dimter. Fotos de Patricio Cantín.

Taira -la cantante, la femina- no se guarda nada. Lava y ceniza. Carne y sangre. Movimiento y descanso. Voz y cuerpo. Toda en llamas. Taira Pizarro arde como un leño.

A los 16 años, durante una gira con el Teatro del Silencio (bajo la dirección de Mauricio Celedón), se inicia con presentaciones en Francia y Alemania. Ahí trabajó cual asistente de escenario y realizó algunas performances como cantante y bailarina con un grupo de flamenco y música popular latinoamericana en festivales. Desde entonces la música -como un carrusel- no se detuvo. El año 2004 formó las bandas “Hermanos Casablanca” y el 2006 “Gatichaves”, con los cuales tiene un registro en vivo: “Tour Marginal” (2006). De esa época es la participación con “Barraco” Parra, Jorge Lobos y Andy Casablanca, con quienes formó una agrupación de boleros y folktrot de culto. Vocalista en la obra “Los Salmos del Olvido” (2006) junto a “Los Bluseros Muertos”, luego pasó a boleros experimentales en el disco “Taira canta las canciones de Jorge Gallardo” (2008), donde destaca una versión del poema “La vejez de Narciso” escrito por Enrique Lihn.

… Entonces surgía ella y los focos la seguían. Ese pelo rojo y el resguardo que atravesaba a las personas. El vozarrón se iba de esquina a esquina con sus blasfemias, diciéndonos a mí y a mi hermana -como mujeres a cargo-:

– ¡Ohhh, que orgullo! ¡Pero ustedes no quieren y no deben creer en estos hombres de la Sociedad de Escritores!…

Stella señaló el camino- enfatiza Taira que rememora a la inflamable poeta Stella Díaz Varín. Las palabras de Stella vuelven a retumbar en el cerebro de Taira. El cálido sonido se repite como un eco: -Siempre les van a decir que todo está muy lindo pero después, al momento de criticarlas, las van atacar por la espalda. Porque un hombre nunca va a querer mucho rato a una mujer sobre él. No lo pasan tan bien- manifestaba Stella Díaz Varín a unas quinceañeras Taira y su hermana poeta Amanda Durán. “Bueno, un montón de mensajes de la Stella eran muy fuertes. Y esos días compartíamos vino, obviamente en caja, ahí mismo con sopaipillas. Mi mamá me preguntó:

– ¿Tú sabes quién es ella?

Y ahí me cuenta su historia, de la poesía y la unión y cosas que a mí me siempre me llamaron la atención”, rememora Taira, quien trabajó con los actores Diego Neón y Marinero Miel (Compañía La Cartucha) en la obra teatral “Las tres Stellas”, centrado en la vida y obra de Stella. “La poesía nunca quise escribirla por respeto a mi hermana y a mi abuelo que eran, para mí, realmente los que sabían en la familia. Por eso lancé el Libro I como un disco de poemas, porque todavía no me atrevía a plasmar mis escrituras en la música, como que estaba pendiente. Su libro Los dones previsibles, el primero que leí, fue un abrir y empezar a hacer canciones, como que estaba encantado. Y en el prólogo escribe su gran amigo Jorge Tellier, y dice que su poesía es canción.

Yo después de hacer canciones leo el prólogo porque me doy cuenta. Antes de conocerla en persona ya leía su poesía. Años más tarde logré tener el libro, porque en esos tiempos no había internet, fue en el 99 y no tenía acceso, pero después lo conseguí. Fue fantástico saber quién era la mujer que se vestía sensual a pesar de que los tipos la trataran como si fuera una puta. O quien le había dicho unas cuantas verdades a Nicanor Parra”, sentencia Taira. “Los hijos de Stella son normales, pero los nietos sacaron la inquietud e hicieron musicalizaciones más punk; lo mío es más pop-rock”, señala la joven cantante.

Libro de Canciones es el tercer disco de Taira Pizarro y el primero como solista. Este trabajo está marcado por la presencia vital de Stella Díaz Varín, cuya poesía profundamente política y social, interpreta para Taira el sentimiento de todas las mujeres artistas y luchadoras. Cuatro de las siete canciones del disco (Los dones previsibles, Hubo una vez, Trasluz y Datos para un dibujo) están hechas con poemas de ella, composición que se extendió por 3 años. El resto: Cuando el frío es un silencio cojo nace de un poema de Amanda Durán; sumado a Cátedra de aterrizaje y Valparaíso Vintage (poemas de Absalón Opazo).

– ¿Y qué imagen te formaste de Stella? – le pregunto.

– Como mi madre, así. Pasado el tiempo voy leyendo toda la antología: una mujer tan madura a los 20 años, que se viene a Santiago. Tan erótica, erotizada, que erotiza la tierra porque también su simbología, el fosis, el árbol, todo lo que representa la vida, lo permanente, lo que queda, todo en ella es tan de fluir, tan de canción. Es una cosa maravillosa su poesía. Son etapas como de la mujer en el mundo. Incluso se podría decir que se va liberando del pequeño miedo que le tiene al  patriarcado. En el fondo nunca le tuvo miedo, sino que siempre se está rebelando. Creo que muchas mujeres, incluyéndome, somos como ella, como Violeta Parra. Puede que hoy tomemos la guitarra y hagamos una cosa que está de moda; pero ellas fueron vanguardia. Esa moda comercial en Argentina ya pasó. Ahora otra cosa está dejando huellas: las mujeres tomando la guitarra y haciendo movimientos de letras educativas. Por ejemplo Alejandra del Río… Eso es Stella Díaz Varín para mí- señala Taira mirando a través del ojo se buey del barco- restaurant en el que nos encontramos.

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“Me llaman la atención los cuentos. Ahora escribí uno infantil, el único que he escrito. Unos niños ocupan una casa de una muchacha que es egoísta, que había heredado ese inmueble y después aparece. Se llama El Pueblo de Los Niños porque los niños logran crear en ese lugar una forma diferente de vida. La dueña es una niña cantante muy famosa, tipo Violeta egoísta, pesada y mala, y le dice a los niños: ‘Salgan de acá. Ustedes son pobres, salgan de mi casa´. Después arriba el invierno. Es como El Gigante Egoísta pero en versión okupa. Los niños entraban a la casa y empezaban a hacer un huerto, y a tratar de vivir en ella porque no tenían hogar. Ellos residían en el río Mapocho, que era el río de los duraznos. Los niños empiezan a vivir del reciclaje, en un río donde subsisten de lo que encuentran tirado. Entonces ya sabían reciclar, sabían todo. Encuentran esta casa abandonada que para ellos era oro pero también era horrible. La arreglaron en meses. Hicieron un huerto y todo lo que aprendían lo llevaron a cabo. Invitaron profesores para que les enseñaran, gente que le llamó la atención fueron a ayudar. Hasta que una niña famosa del pueblo llega en su limosina a sacar a los niños de su casa porque ella la había heredado y se había dado cuenta que estaba ocupada. Para ella era terrible esa situación y los echa y los lleva a una mediagua… Traté de simular como lo del maremoto del 27F. ¿Y los niños qué hacen? Vuelven a empezar de cero. Y ella desde su casa veía la mediagua de los niños con tanto sol. ´Y a mí no me da sol, estoy aburrida, tengo que estar cuidando la casa para que no entre nadie´, pensaba. Hay un niño muy especial que le llamó la atención que la niña tuviera el corazón tan vacío y empieza hablarle de poesía y de amor y ahí ella le pide a los niños que vuelvan a habitar la casa”. Fin.

“Empecé a leer y me di cuenta que hay un montón de cuentistas en Chile. La literatura en Chile es potente y con profundidad. Hay diferencias con Argentina: allá es más narrativa y acá es profunda, llegando al dolor y a la descripción de la vivencia, pletórica de imágenes. Por la estructura de nuestro país debe ser. Eso le dije siempre a los argentinos: “… como la poesía de mi país no hay. Poesía como la de Chile no hay en ninguna parte”. Yo voy a recitales poéticos en Argentina y la mitad son charlatanes y la otra mitad buenos actores. Salvo uno o dos, pero realmente lo que he escuchado son chilenos. Claro, está un escritor como Cortázar, no hay comparación con él tampoco. La historia de la narrativa allá es muy respetada, y acá nuestra poesía. En los sindicatos argentinos reciben en vez de regalos de Navidad libros para los niños. Es un aspecto de la educación, de la vida misma. El Peronismo impidió que hubieran huelgas, como en Chile donde mataron tanta gente, y pudieron avanzar con los sindicatos. Por eso hay editoriales de los sindicatos, tienen programas de radio. El desarrollo es mayor”. Con 10 años de trayectoria, Taira inició un viaje que la llevó el año 2012 a radicarse en Buenos Aires, participando en la noche porteña y pasando por varias radios de la capital argentina. El 2013 decidió cambiar de rumbo, volver, y recaló en lo más alto del puerto de Valparaíso. Vive desde entonces en la Toma Ecológica Violeta Parra, en una casa de barro y madera, construida por sus propias manos.

– ¿Y en que minuto decides irte a Buenos Aires?  ¿Fue también por lo mismo?

– Tuve a mi hija. Cuando estaba esperando a la Aurora grabé el disco en Santiago con Jorge Gallardo, que me cobró poco. Entonces también me produjo y de ahí me llamaron a los Temporales Musicales de Valparaíso, a las escuelas de rock por el disco y me empezó a ir bien. Pero todo fue cuando anuncié que me iba a Argentina, y fue muy raro. Me fui a una gira y después caché que me iba muy bien allá. No hablo de muy bien, pero sí que podía vivir tranquila: un poco cantando, vendiendo los discos en la noche, y hacer más serio el asunto, porque en realidad la gente en Argentina es más estimulante para una artista amateur, como me sentía en ese momento. Compartí escenario con hartas grossas del movimiento lésbico, de las trans. Así hacían sus shows: toda poesía y música. Y yo siempre metida ahí. Me invitaron, incluso, a  un montón de cuestiones poéticas de viejitos en Almagro. Pero todos con tanto respeto por la música, por la onda, por la Stella. Y preguntando, llamándole la atención las letras. Gente tan culta que, en una plaza ensayando un rato, te van a aplaudir. Entonces quería puro venir a estudiar y a ver si existía la posibilidad de criar a mi hija allá, cosa que no se dio. Ahí me di cuenta de la realidad que vive el bonaerense, donde también tiene que subsistir. Estuvimos un año allá, yo estudié en una Fundación de Neurociencias Arte Terapia, y cuando empezaron los calores de nuevo nos venimos porque no daba para quedarse el verano.

-¿Cuál es la realidad que vive el bonaerense?

– Ehhh, nosotros los chilenos estamos muy acostumbrados a los avances tecnológico y toda la onda. Del neoliberalismo de mierda. Para mí era súper importante volver habiendo hecho ese curso de arte terapia y poder hacer acá algo.

-¿ Absalón Opazo, es poeta y utilizas varios textos de él en tu música?

– Es poeta. Ahora tiene una editorial independiente: Ediciones Periféricas. Y en Argentina  también se empezó a mover con eso.

-¿Musicalmente qué tiene Buenos Aires que no tenga Valparaíso o Santiago? Tú me decías que te había ido mucho mejor económicamente.

-Claro, por la respuesta del público. Más profundo diría yo: no hay tanta pachanga; aunque igual les gusta harto el hueveo. Pero también hay público para la literatura, los músicos como trovas. Yo no soy trova, no me siento así, soy  rock-pop de palo. Porque todavía falta un espacio acá para que la gente se siente a escuchar, cachaí. Escuchan como hueveo. La mina hablando, por decir  Francisca Valenzuela, por decir alguien que la gente conoce, y que es tan liviana. Como si las mujeres fuéramos estúpidas, eso me enoja. Entonces aquí el público cuando yo hablo es fuerte, y allá en Buenos Aires era una cosa donde ya pasaron por eso. La mujer allá está empoderada de alguna manera. A pesar que igual se nota un poco de machismo; pero también es empoderamiento. La belleza. Sentirse bella sin necesidad que haya otro al lado. También lo encontré especial. Cosas que hay que aprender viviéndolas. Interesante eso. Bueno, la música, la composición, porque mis amigas me van a matar si digo que aquí es muy liviano todo.

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Los postulados no siempre se cumplen

– Me decías que en tus inicios te fuiste a vivir a Valparaíso. Eso no me quedó claro. ¿Por qué te fuiste?

– A hacer rock and roll.

– ¿ Allá en Valpo podías hacer algo diferente?

– Acá en Santiago estaba haciendo puras tonteras. Trabajando, tocando, pero en nada así. Mucho rock and roll de mentira, me faltaba madurar.

– ¿Y allá cambió la cosa?

– Claro. Hice radio, que era súper importante porque aprendí más de música. Entrevisté montón de gente. Aprendí más de poesía, conocí a De Rokha, a quien no conocía, a Ocho Bolas: una banda súper importante que musicalizó a De Rokha, conocí su vocalista. Un montón de contactos que empecé a hacer gracias a la radio.

-¿Hiciste clases también?

-Hice clases en una escuelita. Primero trabajé en la radio, después me fui a trabajar a la Municipalidad de Valparaíso en Cultura, me pusieron a cargo de los museos de Valparaíso. Trabajé casi un año, porque era un poco corrupta la situación y para mí no era muy agradable estar entremedio.

-¿Ahora cuál es la meta? ¿Cuál es el deseo con este segundo disco?

– Hacerlo con una calidad musical superior al anterior. Quiero viajar, se llama La carretera perdida, y todos mis temas son en blues, rock and roll y indfroctus mezclando obviamente mis raíces chilenas que vienen por una cosa normal natural y lo otro que aprendí de niña que es el rock and roll, viajar. Por eso, pero hacer que la gente disfrute de la música también. No solo de la letra y de mi voz que es mi instrumento. Entonces está como pendiente. Mi meta es lograr esa calidad como banda también y poder presentarnos en festivales más masivos.

– ¿Tú quieres ser más masiva?

– Presentarme a festivales masivos. No sé si ser masiva. Me encantaría ser masiva si en ese sentido hubiera una apertura real de las personas hacia lo que se está diciendo. Igual mis letras no son tan profundas como la poesía de aquellos que interpreto.

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Golondrina transparente

-¿Cómo encuentras la movida musical chilena actual?

– Igual hay hartas cosas rebuenas. La mente se está abriendo a no ser tan alegadores y proponer. La propuesta de la poesía. En la lírica consciente. Ya pasamos por una  etapa, pero hay que proponer cambios a las personas y  no decirles que está todo tan mal, porque siempre ha estado mal. No me cuentes una cuestión nueva. En el fondo dame una salida, o dame fuerza. Eso en la música que a mí me llama la atención, en lo que yo estoy viendo en el hip hop o en las bandas también como una propuesta de vivir de forma diferente y con eso, con el ejemplo poder crear una forma distinta de respeto también. Más allá de que hay que hacer valer los derechos humanos y que todo eso debe ser masivo absolutamente. Una voz poderosa, pero  para afirmar una voz poderosa tiene que haber una conciencia de clases. Para que  haya conciencia de clases la gente tiene que ponerse en el lugar del otro y para ponerse en el lugar del otro tienen que hacer arte. Tienen que encontrar su felicidad, cachai. Por eso hago arte terapia. Porque cada persona que hace algo artístico encuentra su felicidad, encuentra su ser feliz. Las personas que crean son especiales, van más allá del ser normal. Los niños que pintan son niños que sueñan, los niños que cantan, los padres, las señoras que logran cocinar algo rico, todo lo que tiene arte. Entonces por eso mismo hay que verlo en el lenguaje, como guían la educación, ahí el dominio del pueblo. Entró Piñera y sacó todos los Talleres de Arte, fue una de las cosas por las que me fui: quedé sin pega.

-¿Y ves a la sociedad chilena poco feliz, feliz, más o menos feliz?

– Hummm, una felicidad muy alcoholizada.

– ¿Alcoholizada?

– Hummmm.

-¿O sea, cuando se toman una cerveza son felices?

– Como forzada, de fin de semana. Rápido, altiro. Ya vamos, el paseo. Mucha histeria colectiva. Aunque el chileno por estructura mental siempre busca su felicidad. O sea en momentos el hueveo, no sé el cahuín. Pero también la gente está trabajando tanto: la plata, la plata, la plata. Como que está polarizado. Igual como el mundo, muchos están así; hagamos reciclaje, seamos la familia feliz del reciclaje. Se polarizan las cosas y la gente se divide, cachai. Entonces empieza una competencia de quién es mejor ser humano, que es súper ilógica. Estamos buscando quien es mejor ser humano porque competimos con el otro.

-¿Tienes referente acá en Chile de música?

-Sí, la Sol Domínguez, Violeta Parra.

-¿Y la poesía de tu hermanastra Amanda Durán te gusta?

… Ella vuela en este vagón vacío nocturna, enorme, torpe y vieja la memoria es un asco la mujer que no grita es un asco se retuerce en este vagón como una polilla habitada por gusanos muriendo una y otra vez en esta estación del metro justo en el reflejo de una publicidad rosada que apenas se lee,

Está triste, tal vez siempre estén tristes las mujeres muertas

Con pedazos de piel pegados al holograma que son

Como quien dibuja alaridos en el aire.

Se ve linda así, vacía y frágil, como una virgencita de yeso…

-Ayy, esa me hace llorar. Yo soy su fans número uno desde muy pequeña. Ella era muy chica y me contaba cuentos. Yo era mayor y cuando uno es chico se nota más la mayor. Yo le secaba el poto y ella me contaba cuentos en las noches (rie). Yo esperaba que me contara los cuentos, ella se quería dormir y yo no. Los inventaba, o me contaba los sueños al otro día en la mañana, hasta hoy la Amanda es como vidente, no sé, tiene cosas mágicas. De hecho por ella me acerqué al arte, porque ella me enseñó a mirar el mundo de una manera tan sensible. Yo era muy estructurada cuando chiquitita y me desestructuré. Taira algunas veces toca con su hermano chico, tiene 18 años, y toca batería. “Espero que le guste mi música depresiva. Mi papá algunas veces toca conmigo la armónica y flauta traversa” confidencia Taira.

-Hablando de mundo estructurado pasemos a otro tema. ¿Qué te parece la ley que obliga a las radios tocar música chilena?

– Encuentro que es estúpido esa huevada. La Sol Domínguez -a la que admiro mucho- ha defendido todo el rato la ley del 20%. Mi respeto para todos los músicos que lo hacen, pero tambien estoy de acuerdo con aquellos que se preguntan: Vamos a tener más de quién? Porque quién maneja las discográficas? Yo creo que por ahí va el tema, y las leyes. Si no cambian el sistema no va a cambiar nada en este mundo, en este mundo en el que vivimos acá. El arte que se cobra. En la Feria del libro, para comprar un libro de tarot tenía que tener 50 lucas. Una verguenza.  ¿Qué irá a pasar ahora? Yo todavía estoy esperando que la ministra de educación, que es tan comunista, haga algo, no sé, una declaración: “Hola ¿cómo están? Bienvenidos a la cultura nueva. Te juro que no vamos a mandar en yate a nadie”.

Ese nacionalismo estúpido también es una tontera, si Latinoamérica también es una sola y el mundo también y en África también hay gente que toca música bacán, y yo no he escuchado ninguno en la radio Carolina. Tocan a los mismos de los sellos Sony Music, Warner Music. Y el periodista o el manager que se mueva más con la casa de discográfica tendrá los frutos necesarios. Como aquí la cuestión es trabajo como se dice, “El trabajo dignifica al hombre”, pero yo no encuentro que lo esté dignificando mucho. sobre todo porque van a competir un montón los músicos que viven de su arte. Es tan ingrato porque tienes que venderte en el fondo.  Hay otros muchos más dignos que en realidad  que viven de su empresa y aparte tienen su arte y pasan piola.  Pero el músico vive de su arte y es tan ingrato a veces: tienen hijos y están jodidos. O sea ¿Por qué la música podría salvar al mundo, cuando con cueva salva al que canta? Claro, yo creo que en el fondo es la cultura en su totalidad y se trata de valorar lo que somos, quizás eso también tenemos que aprender de los pueblos que tenemos al lado, que valoran su patrimonio. Tenemos tantas ciudades o comunas patrimonio:  Chanco, Cobquecura, Valparaíso. ¿Patrimonio de qué al final? Si la gente va caminando por la calle y hay un francés mirando un edificio y queda anonadado, pero la gente no tiene idea donde está parada. Y si tuvieran idea donde están parado, están viviendo una toma a la mierda y no pueden disfrutar mucho de la playa porque les cuesta el pasaje para abajo y para arriba. Indignante.También hay un dejarse estar del pueblo por no creer en los sueños, no solamente en cultura. Mejor no salgo ni de mi casa, mejor que mis niños no vayan ni al colegio, mejor sigo robando total gano más que con cualquier cosa vendiendo pasta base, total  si no la vendo yo la va a vender el del lado, y así la bolita se va haciendo más grande. Lo importante para que no sea tan negativa es ir valorando todas esas cosas que se pueden hacer entremedio de los discurso de Víctor Jara y Violeta Parra y todo los artistas que nos mataron. Hay que sacar un nuevo discurso y no quedarse en el pasado. Como una amiga decía: en la historia de Chile te enseñan que la dictadura tuvo que ser porque no había otra, o  sino los comunistas se iban a comer las guaguas. Te enseñan la historia como que fue algo inevitable. Y hacer un discurso nuevo. Con acción. Hacer, hacer, hacer. Lo que realiza Alejandra de Río que admiro mucho, lo que hace Oscar Saavedra que también lo admiro mucho, tantos educadores artísticos que están intentando ahora una nueva forma, haciendo una nueva escuela, la nueva escuela. Los cubanos siempre lo dijeron, la nueva escuela es la nueva casa, el hogar, tú seguridad, informando en tu entorno. Pues teniendo una actitud mejor, ya a partir de eso, le das al otro una nueva onda para la vida. Un amigo me lo decía y es verdad: las mujeres llevan la energía de la casa ¿cachaí? Si la mujer anda depre el huevón se pone pesado, los hijos andan mañosos. La mujer anda alegre y todo cambia. Es como que la matriz envuelve, y siento eso. Si algo no me resultó ando idiota y mi hija se pone pesada. Mi mino también en mala onda. Pero ando en buena y todo resulta, todo fluye. No sé por qué, no sé por qué pasa eso. La mujer tendrá la unión con la tierra creo.

-¿Ahora tú lees mucho?

-No tanta poesía, sino otro tipo: narrativa, ensayo. Soy media disléxica, me cuesta. Pero me gustaba Bolaño. Me encantan las series de misterios sobre todo si tienen poetas. No me gustan sus finales, eso sí. Me dan rabia. Los Detectives Salvajes, que lo terminé hace poquito, no le entendí el final, me costó. Pero leo mucho sobre teoría del arte donde uno aprende. Y ahora estoy leyendo a Paulo Freire para aprender más sobre educación, que es como los libros que llevo de bolsillo. Y Julio Faúndez, poeta que descubrí ahora con Estilo y Destrucción.

“Yo sé (…) Que la felicidad es un estanque vacío

Un convertible

Sin bencina

Abandonado

En algún punto de la carretera”

“Julio Faúndez es un tipo Huidobro. Se debe haber recibido. El tipo debe tener como 40 años porque nació en el 73. Maravillosa su poesía. Es chileno pero vive en España. Se parece a Huidobro en fotos, hasta con los labios casi rojos, como un elegante monito de tacataca vestido así. Dije ¿Quién es este tipo? Ahí me compré el libro en Argentina. Sale más barato que aquí. Son geniales las ferias independientes que hacen allá a cada rato. Yo tocaba a cada rato, entonces cambiaba discos por libros.

– ¿Con tu hermana han pensado en hacer algo?

– Igual siempre la invito, improvisamos, estoy viendo la posibilidad de musicalizar un libro de hecho ya llevo un par de temas, pero sería un proyecto como de las dos yo creo me gustaría tener más su opinión como que tendría que no sé me da miedo. Estamos viendo con Macondo Producciones, de un gran amigo de mi madre, Darío Salas. Y nos ayudó mucho cuando hicimos una campaña para Puyuhue de arte terapia, hicimos, una brigada de arte y él nos ayudó mucho porque llevó a Los Jaivas. Se maneja, y ahora me ofrecía ayuda, pero estamos viendo con la Amanda que es lo que queremos artísticamente conseguir, porque él me puede meter a un montón de cosas chilenas, festivales, pero si es en nombre de Bachelet a mí jamás me gustaría tocar para respaldar lo que está haciéndose con la naturaleza en este país. Cuando toqué en los Temporales Musicales, y hablé todo el rato en el Teatro Municipal, fue genial. Habían como 2000 personas y todos eran viejitos, porque eran fans de los Blue Splendor que cumplían 40 años. Yo toqué primero, la raja, el público súper despierto y después me voy para ver a los Blue Esplendor y la gente se había quedado dormida (ríe). Pero fue maravilloso. Ahí mi Facebook se llenó de solicitudes de amistad. Tengo unos fans muy de los años dorados. Gente que conocía la poesía de Stella le encantó, aparte que la presentación que hicieron hablaba de mí: cómo llegué al puerto cantando en el Liberty y haciendo tertulias de poesía en la Plaza Echaurren con los borrachitos” apostilla Taira.

“Yo me siento de Valparaiso. Vivo en una toma que se llama Toma Violeta Parra, en Cerro Yungay, muy cerca de la subida Ecuador, Camino La pólvora: el camino más empinado que hay en Valparaíso”, me cuenta Taira.”Esta toma es ecológica. Tenemos hartas cosas avanzadas: su placita, su biblioteca, camino de tierra, tenemos agua, por suerte llega el camión. Al principio no tenía ni luz. Como soy artista visual aprendí a hacer barro y mi sueño era hacerme mi casa  y hacer una escuelita. Una amiga que vivía ahí me dijo: “Taira, una señora se va de acá porque no se la puede con la toma”. La cuestión es muy empinada, realmente de esfuerzo es vivir en el invierno ahí, y ya pues, me fui. La casa no tenía nada, era puro barro y lata por dentro. Empecé a hacer barro. Un caballero me enseño, hice una ampliación de barro y me llevé a mi hija. Ella nunca se dio cuenta de cómo vivimos. Sí. Una noche de tormenta yo me acuerdo que le contaba cuentos y le decía :”No te preocupes que estás en el barco”. La casa se movía, los cimientos de concreto y rollizo de 40. Ahora tiene más concreto pese a que igual se mueve porque es inevitable. Estar ahí es estar como en un palafito. Es una toma muy especial, no es tan periférica como las otras que están súper expuestos. O sea, si mi hija se metiera en una toma de esas me muero. Esta toma es de puros profesores, deben haber como tres señoras que tienen sus almacenes ahí. así que es súper linda Violeta Parra, por eso le pusieron Violeta Parra que fue una parte que se separó de otra toma. Esta es hippie, entonces están todos haciendo cosas de barro preciosas, mis vecinos que tienen  más power y que son hombres tienen más historia pero hermosas las casas redondas, o con puros vidrios de botellas en las ventanas, todo súper bonito tipo San Pedro de Atacama. Se nota el esfuerzo ahí. Creo que hay otra así, que está en Laguna Verde es una comunidad ecológica, pero no es toma. Los terrenos son de ellos, hacen barro hasta con máquina y ya están súper, llevan como 20 años”, finaliza la cantante.

“A mí me pasó lo mismo del caso Larraín: me atropellaron de la misma manera, podría haber muerto, dejé de caminar por seis meses. Fue en Santiago, en Bellavista. El tipo escapó pero un taxista pudo anotar la patente así que podía comprobarlo. Yo tenía un abogado que era tan ordinario que este tipo se lo compró en tres tiempos, tenía mucha plata. Mi abogado me dice: ‘No vamos a poder llegar más allá de 3.000.800’ y yo ya veía a mis papás que estaban gastando plata en mí, y yo inválida, sin poder hacer nada. “Ya, cerremos el caso. Voy a firmar”. Yo en silla de ruedas. Todavía no sabíamos si iba a poder caminar, y el tipo va y me saluda de beso, ‘Hola ¿Cómo estás?’ Y mamá que estaba viva en ese tiempo llamaba a Canal 13 cuando aparecía el tipo diciendo: ‘Este desgraciado atropelló a mi hija'”.

En Santiago, en la plaza Concha y Toro con la Daniela hicimos un evento súper polémico que se llamó PoechileanRocker en la Casa Rosada. Y en ese evento la poeta Eli Neira realizó una performance: con una bandera envolvió una vela y se la frotó por la vagina. Todos estaban fotografiando, iban hacer un video clip pero después la pobre tuvo que bajarla porque unos neonazis la querían matar. Siempre que nos juntamos cuenta esa performance como una de sus primeras con la poetisa Karen Devia. ¿A la Karen Devia de la Sociedad Escritora de Artes la cachai?, me pregunta una incinerada Taira y yo me quedo pensando en si la conozco o no, mientras miro por el ojo de buey de este submarino en que navegamos por las calles de un Santiago amenazante por el Leviatán y otros monstruos cuyos creadores parecen ser los hombres.

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