Denisse Vega Farfán

Cuerpo de metal y humo

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Por Zucchero. Fotos de Adrián Alberto.

Una mujer guarda un silencio auto impuesto buscando blindarse del mundo. No hay palabras, argumentos ni perdón. El arte es para quienes sufren. Es un escape.

Denisse en el año 2008 ganó el premio “Poesía Joven del Perú”, organizado por el Centro Cultural de España y Lustraeditores, con su primer poemario “Una morada tras los reinos”.  Título que concretó una edición bilingüe español – francés, en el año 2013. En el año 2010 publicó la plaquette “Hippocampus” en Uruguay, con La Propia Cartonera, la cual tuvo su edición en Perú en el año 2011. Forma parte de numerosas antologías, entre las que podemos destacar recientemente: “Poetas peruanas de antología” (Mascapaycha editores, Perú), realizada por el crítico Ricardo González-Vigil; “Mangueras rojas y azules” (Yaugurú, España); “En tierras del cóndor” (Taller de edición Rocca, Colombia); “Mirando sobre el heno. Muestra de poesía peruana reciente.” (Vallejo & Company, Perú); “Poesía que gira” (Amaru Cartonera, Chile); “Ladder made up of staircases of time” (Festival de Poesía del Lago Qinghai, China). Así como de revistas: Hueso Húmero, Fórnix, Review (Nueva York), Exit (Canadá), Prometeo (Colombia), Vuelapluma, Río Grande Review (Texas), entre otros. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, chino, italiano y alemán. “El primer asombro” (2014) es su más reciente publicación, aparecida bajo los sellos Animal de Invierno y Paracaídas Editores.

Como vemos Denisse Vega Farfán es una de las poetas con más futuro en tierras incaicas. Nació en Trujilo pero a los diez años se trasladó a Chimbote, puerto y albergue de extranjeros e indígenas. En lo alto las gaviotas y el sol. Más abajo la ciudad y Denisse.

“No creo en el poeta alejado de su entorno. Todo lo escrito siempre tendrá que ver con lo que nos inquieta del mundo, así se haga con el lenguaje más encriptado o el tema más cotidiano”, señala Denisse, quien va a por su tercera década en el difícil rol de ser mujer y poeta. Aferrarse a algo. Ella -después de la pintura- eligió la poesía.

-¿Qué querías ser a los diez años?- le pregunto.
– Qué curioso. La edad de los diez años es muy significativa para mí. Fue el umbral de una nueva página en mi vida. Los cumplí en el año 1995, año en que falleció mi abuela y me trasladé a vivir a Chimbote con mi madre. En fin, a esa edad aún tenía el sueño de dedicarme a las artes, en especial a la pintura y la escritura. Y creo que, fueron esas circunstancias justamente las que más me determinaron. Empecé a tener más tiempo a solas, para contemplar, para escucharme, además que mi asimilación en el nuevo colegio no fue exitosa con mis compañeros de clase. El arte era una forma de insistir en la vida y abrirme a un conocimiento extraordinario, a una patria personal- señala la poetisa del puerto donde recalan y zarpan los barcos de todo el mundo.

– ¿Qué problemas tuviste a los diez años con tus nuevos compañeros de colegio?
– Sucedió que me encontré con un grupo de niños muy cohesionado, casi impenetrable. Niños que habían estudiado juntos desde el primer año que no cedían fácilmente a una “intrusa”. En Trujillo estaba habituada a participar en variadas actividades artísticas (baile, canto, etc.), pero de pronto en el nuevo colegio no se me elegía para nada. Con el tiempo, fui encontrando relaciones valiosas. Y claro, podría decirse que estas circunstancias me ayudaron a forjar un mundo propio más pronto, ahondar en mis inquietudes, la escritura, por ejemplo. Tengo muchos cuadernos de mi época escolar llenos de poemas, no publicables, por cierto.

Me impacta una niña que luego de llegar a un lugar guarda un relativo silencio. Trato de encontrar una similitud con el poeta. El poeta es un mudo en la imposibilidad de ser entendido. Sólo algunos podrán escuchar “su voz”. Su poesía es un acto fallido, es un ejercicio a la perdición; pero a la vez es todo lo contrario a la mudez. Es voz y expresión. Y cuando llega a quién lee se produce la comunicación total. Es como hablar con Dios. Una especie de diálogo celestial. No sé qué opinas de las contradicciones del poema.
– No pienso en la poesía como un acto fallido. Creo en la poesía como una forma suprema de entender el mundo, y de ir más allá de él, de los saberes cotidianos. Si bien es cierto, no se aprecia como un patrimonio de multitudes, creo que cada quien puede tener un poema que lo encuentre, un decir con el cual comunicarse conforme a sus afectos y lenguaje. Lo que falta es difundirla más, pese a estar frente a un muy agresivo sistema de comunicaciones que dedica sus esfuerzos a quitarle al ser humano los atributos más importantes que tiene, los de pensar y sentir.

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fuera del reino estamos

-¿Cómo influyen los viajes en ti, en tu escritura?
– No me considero una persona que haya viajado mucho. Pero lo que hasta ahora he conocido me ha sido revelador. He tratado de aprehenderlo lo más que he podido. En ese sentido la poesía me ha ayudado, porque creo que filtra una mirada especial sobre las cosas. De Perú conozco más que todo la costa, parte de sierra y nada de selva. Mi primer viaje al exterior fue a China. Creo que, en primer término, los viajes me sirven para mirar mejor hacia dentro, mi realidad, ser crítica pero también valorativa. Por otro lado, siempre he tenido avidez por el mundo, una sed de sentirme de todas partes en el encuentro con el otro que es también ser humano como yo, pero con otra cultura, otras cosas qué enseñarme. En mi escritura, curiosamente, los viajes aparecen en los detalles, por ejemplo en mi reciente poemario El primer asombro hablo de las cigarras en Beijing antes que de la Muralla China”, señala.

El primer asombro presenta una voz diversa a Una morada tras los reinos, su primer poemario. Algo cambió.

– Impulso o elaboración, ¿el poema dónde nace? ¿En el corazón o la cabeza?
– En mi caso hay de ambos y, generalmente, en ese orden. Empieza por una conmoción, hasta volverse una inquietud insistente que deriva en la necesidad del poema. En ese proceso pongo toda la atención y sigilo posibles, pues el poema no puede ser solo una materia emotiva, hay que construirlo, volver esa conmoción en arte. Peso cada palabra, la valoro, la critico. En poesía eso es letal. Tienes que pugnar por lograr una pieza lo más exacta posible, pero cuidando también en no caer en lo puramente cerebral, en lo anodino, en un juego de palabras, esa pieza tiene que brillar con la luz de lo humano.

– ¿Está Dios alejado de tu poesía? ¿Hay un Dios en tu consciente e inconsciente? ¿Es un poeta Dios? ¿Un poeta es un Dios en sí?
– Mi idea de “Dios” no es la de una entidad antropológica ni católica. Cuando menciono esa palabra en mi poesía es para aludir a la divinidad que no se puede nombrar. Aparece en varias oportunidades esta palabra en mi poesía, incluso en minúscula, pues lo asimilo como algo natural entre nosotros, en lo inexplicable, en lo prodigioso, pero también como un poder oscuro. No diría que el poeta es un dios, ni el más sabio puede penetrar en todos los misterios de la vida y el universo, no es todopoderoso, se lucha incluso con el propio arte para que no se nos deteriore, no hay milagros en la poesía, hay oficio, pero digamos que con lo que sí cuenta de “divino” el poeta es con una visión desacostumbrada de las cosas, un querer acceder por sobre las “verdades” inmediatas.

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Poesía peruana hoy

Un borracho se cae en la calle. A duras penas recoge sus llaves con una gran sonrisa en la faz. Ya tiene donde pasar la noche. Perú y el mundo entero se soportan mejor bajo techo. Las luces anaranjadas muestran el camino a casa.

– ¿En qué estado se encuentra la poesía peruana? ¿Hay una correspondencia con los tiempos que vive el país y el mundo, o deambula por senderos distantes o diferentes?
– Creo que ahora cada cual intenta buscar un camino diferente, ya no se aprecia una unidad de cuerpo, un espíritu de grupo, lo cual me parece positivo. Creo que así cada quien podrá tener mayor libertad de ser la voz que desea ser sin la idea de tener que seguir esto o aquello para ser considerado “poeta”. En ese sentido, la desazón o los problemas que atravesamos como país pueden verse asimilados en el registro poético personal de cada uno. En mi caso, mucho tuvo que ver en mi poemario “Una morada tras los reinos”, aunque el discurso utilizado haya sido ficcional.

¡Aún tenemos poesía ciudadanos! ¡La poesía nunca morirá! Pese a que algunos creen que estas son palabras al viento el milagro se produce cada mañana al salir el sol. Las nuevas editoriales peruanas -independientes o no- ajenas no están de este fenómeno.

– ¿Surte hoy algún efecto el peso de las editoriales grandes y el marketing en la poesía?
– Creo que sí. La idea es que hayan más lectores, y la presencia del escritor no solo en los estantes de las librerías, sino que se desplaza presentando sus libros, en las ferias, accediendo al diálogo, hace la diferencia.

– ¿Existe en Perú una poesía coloquial más cercana al ciudadano de a píe?
– Noto una poesía más concreta, espejeada, accesible si desea calificarse, que puede ser entendida perfectamente por un lector casual de poesía. Personalmente, me he empeñado mucho en esto con “El primer asombro”.

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La salvación no está en la palabra. La salvación está en el sentido. Ser y parecer. Mientras el hombre lucha por parecer, el poeta es, sabiendo que la tarea puede ser fallida. Ese es su dilema. La imposibilidad de la vida y de la comunicación. Denisse, cual Electra, ayuda en la venganza. La poesía y su batalla de sangre. De asombro. De reinos por descubrir.

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