Bombas de racimo

Por Arturo Jaque Rojas
Marcha-estudiantil-28-de-mayo-12-A1
Cuando estallan las bombas de racimo, la devastación  es atroz, tanto como “sub-municiones que causan diferentes daños, perforando vehículos blindados con su carga explosiva” o “alcanzar y herir a la mayor cantidad de gente posible con sus fragmentos de metralla, o comenzar incendios”.
Es lo que le  ha sucedido a la  clase política y al estamento empresarial. Aunque  parece que todavía no ha enterado, ni dimensionado la magnitud de los daños directos y colaterales; tampoco, evaluado las secuelas y sus coletazos. Por el contrario -contumaces como son- pretenden seguir aplicando la política de borrón y cuenta nueva. Perdonazo general; “aquí no ha pasado nada”, total “los chilenos tienen mala memoria”; o el ya archiconocido gatopardismo; es decir, cambiarlo todo, para que no cambie nada. Algunos hechos, sin embargo, son demasiados porfiados.
Observamos como el caso Penta explotó en otras  direcciones, para ramificarse en el caso Soquimich y otros  tantos como Aguas Andinas, Corpbanca, Corpesca  hasta ahora;  en los cuales, toda  clase de personajes de diversa “orientación ideológica”,  se encuentran involucrados,  desde senadores, diputados y diputadas-  las mismas personas que deben elaborar las leyes y  fiscalizar a los otros poderes del Estado-, siniestros e inescrupulosos operadores políticos, hasta saber hace poco  que  hubo una pre-campaña, lo  que podría alcanzar a  la  señora instalada en La Moneda, cuya credibilidad ya va al nivel de las alcantarillas. Últimamente, hasta los alcaldes- al menos dos-  están con la basura  hasta el cuello.
Es cierto que las investigaciones avanzan, no con la celeridad debida o esperada; pero también es una cruda certeza que la maquinaria se ha activado para efectos de que, a la postre, ojalá todo quede en nada. Podrían rodar las cabezas de algunos mandos medios y de tropa, pero los altos mandamases no deberían ser tocados por la  justicia, tal como en su momento acaeció con el felón Ricardo Lagos.
Por demás, debemos recordar que los delincuentes del caso Penta, principal asociación ilícita para el financiamiento de la UDI, se encuentran en sus hogares disfrutando de un estándar de vida que no tienen los reclusos comunes y corrientes.Seguro que hasta verán de “La Copa América en High Definition”.
Así y todo, los mass media,  controlados por la  derecha y los grupos económicos, nos machacan y  saturan con montañas de noticias para dar la sensación de que “las instituciones funcionan”, y de que el Cuarto Poder está haciendo su trabajo. Sin embargo, huelga decir que el vecino anónimo se queda  con la impresión ratificada, introyectada en su fuero interno, de que “todos los políticos son iguales  y que la política es sucia”.
Tal como se dan las cosas, es imposible que un ciudadano o ciudadana de a pie, se percate de que funciona inexorable el cuasi perfecto modelo neoliberal, naturalizado como si fuera  absoluto e irrefutable en su esencia.
Por lo que si en verdad  queremos salir de esta encrucijada, debemos atravesar “El Rubicón”, tomando el único camino que es posible acometer a fuerza de una revolución ciudadana que ponga en jaque y con ulterioridad dé al traste con el engendro concebido entre  la dictadura pinochetista y la banda de ladrones y fementidos de la  Concertación.
Sí, como han leído en el párrafo anterior, una revolución con mayúscula, que no tiene que ser, como lo he formulado en otros escritos, a la usanza  de las del siglo XX, ni tampoco a la luz de modelos o ejemplos- algunos de ellos ricos y fructuosos de la alborada del siglo XXI- que, no obstante, no calzan ni están en consonancia con nuestra historia e
identidad. Como no soy un iluminado, ni integro una vanguardia jacobina, menos funcionario de partido, me arriesgo con la fuerza  de mis convicciones a sostener que  un punto de inflexión debe suceder o sobrevenir.
Ya que no es suficiente ni basta  observar como una cáfila de allegados a las mafias que dominan este país, económicas y políticas, ganapanes  tales como Fulano, Zutano, Perengano,  Merengano, Perico de los Palotes y Perogrullo, han desfilado por los  tribunales- como suelen escribir o decir los sesudos periodistas que trabajan en los medios del duopolio y de los canales de televisión que pertenecen al status quo, en un arranque de genio y talento- y se  han entrevistados con los  fiscales que llevan los diversos casos y sus respectivas aristas. Ninguno ha acabado en chirona; o si lo han hecho, ha sido una burla descarnada.
Se alberga el temor fundado sobre  si estas diligencias se extenderán mucho más, tanto que se perderán de vista, se difuminarán y se olvidarán al final, para dar paso a  otras noticias tan relevantes  como que las eternas teleseries turcas pasaron de moda; o que Chile, por arte de birlibirloque, gane la  copa que disputará, y que  la  gente en una acto de catarsis eche al saco roto la absoluta pérdida de soberanía real y efectiva en las garras de este monstruo que es el neoliberalismo, y sus derivados tales  como la opresión, la explotación, las miserias que sufren sólo- ¿adivinen quiénes?- los nadie (parafraseando a Galeano), amén del sobre endeudamiento, la educación del siglo XX  de calidad paupérrima, la salud que hace  rato está con un pie en la tumba, como una retahíla y salmodia que  no terminan.
Con asesores  como Enrique Correa-este tunante de siete suelas haría ruborizar a Joseph Fouché-  cuya empresa Imaginaccion Consultores, asesora y apuntala la defensa de moros y cristianos, su apuesta  debe ser mucho más compleja y elaborada que esperar sólo que el reduccionismo anestésico de los  partidos de fútbol desplace  la corrupción del centro de la atención pública, aunque en algo contribuyen.
Tal como visualizo el panorama,  cabe concluir con un corolario clave. Ellos y ellas, ya perdieron toda legitimidad;  lo que en el fondo les interesa un comino; al contrario, pretenden retener y restaurar la institucionalidad y gobernabilidad; y es hacia esos dos objetivos, donde debemos apuntar, con las armas de  la  razón, la inteligencia, el rescate
de la memoria, la pugna por los derechos reconquistados, la dignidad renacida, la conciencia social, y el aliento internacionalista.
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