El río

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Por Hugo Dimter P.

Ocurrió hace tiempo. Jornada de muerte. Una brisa de escarcha bajó por el río trayendo la funesta noticia y los cuerpos desnudos.

Dos vidas truncadas en la espesura del bosque.

Quienes los mataron decidieron -torpemente- arrojarlos al río. Nunca pensaron en la analogía del río y la conciencia política. El río, al igual que la ideología, no se acaban nunca. Día tras día, año tras año, siglo tras siglo, el cauce baja desde la cordillera hasta el mar. Como los anhelos de libertad y de un país mejor de Cecilia y Raúl. Las ideas, como el río, permanecen por siempre. E invariablemente llegan a destino.

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Algunos señalan que el 28 de octubre de 1988 no sólo morían los comandantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Raúl Pellegrin y Cecilia Magni, sino también una parte vital del aparato militar que luchaba contra la dictadura de Pinochet. Ellos eran el corazón y el cerebro que alimentaba a los otros órganos.

Al encontrar sus cuerpos en las aguas del río Tinguiririca quedaba la constatación de algo que, con el paso del tiempo, se haría evidente: el Frente nunca volvió a ser el mismo. Podría continuar su lucha, válida sin duda en una transición pactada con el dictador y los líderes del modelo económico, pero la huella en el sendero del Frente se haría difusa conducíendo a sus integrantes hacia la extinción.

Lo que sucedió antes, durante y después de la detención de Pellegrin y Cecilia Magni en la cordillera de la Sexta Región ha sido cubierta de un manto de silencio por parte de los asesinos por más de 27 años. Se conocen las causas de sus muertes y quienes participaron (Julio Acosta Chávez; el entonces teniente del Gope, Carlos Bezmalinovic Hidalgo; Juan Rivera Iratchet, comisario de San Fernando; y el entonces coronel de Carabineros y Prefecto de Colchagua, Walter Soto Medina), pero no cómo sucedieron los hechos. Nadie ha querido hablar. Hasta ahora. La justicia finalmente señaló que los torturaron hasta matarlos; pero sin establecer culpables. Nadie fue. Esa es la curiosa conclusión a la que llegó la justicia.

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El siguiente testimonio es el único que se conoce y aunque no indica autores materiales certifica algo que los organismos de seguridad siempre negaron: la detención de dos nuevos detenidos, dos personas que estaban vivas y aparecieron muertos. Y esas eran Pellegrin y Cecilia Magni.

Dos pajaritos nuevos en Los Queñes

– Pase, adelante. Asiento por favor. Soy todo oídos, cuénteme…

Entonces le pregunto sobre aquella vez que esta persona escribió un mensaje diciendo que tenía información relevante sobre el asesinato de Raúl Pellegrin y Cecilia Magni Camino…

– Sí, correcto, correcto…- señala como invitándome a ahondar en el tema.

– Fue un comentario en Internet acerca de la muerte de ellos- manifiesto esperando su versión.

– Sí, correcto- dice y enciende el enésimo cigarro de la tarde-. Mire, la verdad es una larga historia… Yo no tengo nada que esconder, ni mucho menos. Esto ocurrió cuando tenía 19 años. Hoy tengo 45. Yo había entrado a la Escuela de Oficiales de Carabineros en contra de la voluntad de mis padres que habían sido dirigentes sindicales y habían estado presos en el 73… Fue una tontera de cabros. Me gustaba en esa época. Unos amigos, que había conocido en cuarto medio, estudiaban en Investigaciones y a mí me encantaba el tema policial. A regañadientes mis papás aceptaron.

En Octubre del 88 fui destinado a hacer mi práctica en San Fernando con otro compañero de curso que está retirado. Llegamos en bus a la Comisaría, y justo habían asaltado el retén Los Queñes. Yo era aspirante a oficial.

No había nadie. No recuerdo bien los horarios, pero todo el personal de Carabineros, de todas las Comisarias del sector, estaban haciendo un patrullaje testeando a la gente del Frente Manuel Rodríguez.

No había personal de guardia. Nosotros mirábamos. Éramos dos pajaritos nuevos. Hasta que apareció el comisario que no recuerdo el apellido, pero era uno de los que estuvo procesados por este caso -Juan Rivera Irachet-  y nos dice: “Ustedes son los aspirantes que tenían que llegar”.  Nos llevó él, porque no conocíamos la unidad, a la sala donde están las armas y nos dijo: “Pónganse ropa de campaña y saquen una Uzi cada uno, y a la cordillera porque acaban de asaltar el retén Los Queñes. Mataron a un carabinero y quemaron  el cuartel”. Eso era lo que nos contó y partimos a la cordillera. Uno, dos o tres días. No me acuerdo cuántos días estuvimos.

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Los dos Sotos

-Después volvimos a alojar-rememora nuestro testigo-. Como nosotros éramos aspirantes a oficiales no teníamos piezas. En esos años Carabineros siempre tenía en todas las prefecturas dormitorios para oficiales.

Me asignaron un dormitorio y a mi compañero de curso otro en la comisaría de San Fernando. Éstos poseían la particularidad de tener dos camas. Como a los 3 ó 4 días de haberse producido el hecho detuvieron a unos cabros del Frente que retuvieron en la comisaría y que habían participado. Eran unos cabritos. No me acuerdo de los apellidos ni mucho menos. Pero la cosa es que un Comandante de apellido Soto, Hernán Soto, Sub Jefe de la Dipolcar -nunca se me olvidó el apellido Soto que también está procesado en esta causa- le tocó compartir dormitorio con nosotros porque él venía de Inteligencia de Carabineros de Santiago; no era de San Fernando.

Esto debe haber sido sido como 2 o 3 días después del atentado porque nosotros ya habíamos vuelto de la cordillera. No me acuerdo en realidad cuantos días habían pasado después de los hechos, después del asalto a los Queñes. Yo estaba durmiendo en la noche y al Comandante Soto 2, 3, de la mañana lo van a despertar. Yo escuché que le decían que habían detenido dos personas del Frente Manuel Rodríguez, que habían dos nuevos detenidos. Soto se levantó y partió. Y como a los dos días aparecieron muertos en el río Pellegrin y Cecilia Magni. Yo nunca los vi ni mucho menos, pero siempre pensé que esas dos personas muertas habían sido el Comandante José Miguel y la Comandante Tamara, esos eran los nombres con los cuales nosotros los conocíamos.

Cecilia y  Raúl. A mí me consta que los detuvieron vivos. Yo nos los vi, nunca los vi vivos. Pero sí estaba compartiendo dormitorio con el Comandante Soto cuando a él lo vinieron a despertar en la noche informándole que los habían detenido.

– ¿Lo vinieron a despertar otros oficiales?

– No me acuerdo quién, para que te voy a decir una cosa por otra. No me recuerdo quién.

Pero esa es parte de la historia que yo sé, ¿me entiende? Bueno, después me tocó ver huevadas en Carabineros que después de 3 años me olvidé porque me tocaron ver cosas que en realidad iban contra mis principios, contra lo que yo creía.

– ¿Cuánto tiempo permaneció en San Fernando?

– Estuve como 2 meses haciendo la práctica.

– ¿Y nunca se comentó nada de la muerte de Pellegrin y Cecilia Magni? ¿Rumores o algo?

– Bueno, sí pues. Lógicamente que sí. Se comentó dentro del personal de que a los cabros éstos gallos los habían matado… Eso fue algo comentado. Por lo que te estoy diciendo: habían algunos funcionarios que también lo sabían, ¿me entiende?

– ¿Que vieron? Que participaron?

– Lógico, lo que pasa es que cuando a nosotros nos bajaron de la cordillera, porque el rastreo que se hizo no había dado resultados, allá siguió operando personal de Inteligencia. Y ahí los que éramos de Comisaría nos volvieron a la Comisaría y el personal de Inteligencia quedó trabajando en el sector, porque es un sector cordillerano.

Y con los años después de salir de Carabineros se me amplió el mundo, la cultura, y he leído mucho sobre el Frente Manuel Rodríguez. Considero que son héroes. Personas que, en realidad, no han tenido el reconocimiento que debían haber tenido cuando volvimos a la democracia.

Y como te digo. O sea, para mí fueron años malos en Carabineros; si bien aprendí cosas y guardo buenos recuerdos también.

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Raúl Pellegrin Friedman

Cae la tarde. El sol se va perdiendo poco a poco.

Hernán Soto no fue un oficial cualquiera: ya en 1988 era sub jefe de la Dipolcar detrás del Comandante Óscar Tapia, edecán del Director General de Carabineros Alejandro Bernales –ambos oficiales con sus respectivas esposas murieron en el accidente de un helicóptero que se estrelló en Calidonia, distrito de Panamá – y del ex Presidente Ricardo Lagos. Es un hecho que Soto y Tapia también se hicieron cómplices de este pacto de silencio que se mantiene hasta hoy, y que Tapia se ha llevado a la tumba.

Nuestro confidente tiene una foto vecino a su escritorio donde aparece Pinochet entregándole el espadín en la Escuela de Carabineros. Se da cuenta que he observado ese detalle y señala:

– Esa foto la guardo con afecto. Y es por el hecho que me la entregó un Presidente de la República. Porque en su momento Pinochet era Presidente de la República. No es porque esté Pinochet. Si hubiese sido más tarde hubiese estado Aylwin. Me hubiese gustado que hubiese estado un Presidente democrático pero… es así.

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Cecilia Magni introducía santos en la billetera de Raúl Pellegrin

Por supuesto nadie ha declarado nunca nada. Los círculos ahí son herméticos.

El problema de Carabineros, el problema de las Fuerzas Armadas, es que, si te das cuenta, todos los apellidos se van repitiendo. Todos los que llegan a Generales en Carabineros no llegan por méritos sino porque son hijos de Generales. Y así se va perpetuando el círculo del poder y también que no aparezcan los detenidos desaparecidos”.

“Desgraciadamente es así, es la verdad. Mis compañeros de curso creen que soy comunista,  y no lo soy”, manifiesta nuestro confidente. “No pertenezco a ningún partido  y no me gusta la política, pero no soy ciego. O sea, tengo un pensamiento y ese pensamiento ha sido refrendado a través de los años por todas las cosas que han pasado. Y que me tocó ver en Carabineros, que hasta el día de hoy recuerdo, situaciones ilegales”.

– ¿Con frentistas mayoritariamente?

– Con Frentistas y con delincuentes comunes. El último año que estuve en Carabineros trabajé en la Segunda Comisaría de Graneros. Como Subteniente tenía un Comisario, un Mayor que había sido Jefe de Inteligencia en el Norte de Chile. Uno de los que había descubierto los ingresos de armas por Carrizal Bajo. Nos dejó traumados. La forma que tenía de tratar a los presos. Venía loco. Bueno, todas esas situaciones hicieron que yo me retirara de Carabineros. Y eso es más menos lo que sé.

Yo no sé lo que pasó cuando los detuvieron. Cómo los detuvieron, cómo los torturaron. Lo que sí me acuerdo era que las otras personas que detuvieron del Frente Manuel Rodríguez eran unos cabritos, no me acuerdo de los apellidos. Yo tenía 19 años y deben haber sido más o menos de mi edad. Al menos lo que yo vi en la Comisaría, porque los tuvieron 2 ó 3 días en la Comisaría. Nunca vi que los torturaran.

Al menos los que tuvieron en la Comisaría de San Fernando nunca vi nada; pero respecto a Raúl Pellegrin y a la Comandante Tamara estoy claro que eso ocurrió. Sé que los detuvieron vivos; no me consta, o sea, no fui testigo. No podría haber sido jamás un testigo. Pero sí de lo que te conté: que estaba durmiendo en la noche, y estaba compartiendo pieza con el Comandante Soto que era Jefe de Inteligencia de Carabineros en ese momento, y lo fueron a despertar, diciéndole que habían 2 detenidos más y los detenidos nunca llegaron a la Comisaría. Así que doy por hecho que eran ellos.

– ¿Y ese Comandante Soto era ya mucho mayor?

– Lógico, el Comandante Soto… A ver, mis compañeros de cursos hoy son Comandantes y Coroneles y yo tengo 45.

– ¿Y conversó con él algo?

– ¿Con el Comandante Soto? Sí pues, lógico. Si nosotros éramos chiches de la Comisaría, éramos aspirantes que estábamos haciendo la práctica para ser Oficiales.

– ¿Y cómo era él? ¿Un tipo afable?¿Inteligente?

– Inteligente sí. Lo mismo que el Mayor  que había en ese momento en la Comisaría. Porque en realidad no sé, verse involucrado en una situación así no es agradable para nadie. O sea, con lo que yo pudiera decir en realidad no era mucho lo que lo que se podría haber logrado. Pero me puse a buscar el tema en las páginas en internet y claro ahí estaba procesado el Comandante Soto y el que era Comisario.

Soto era un tipo bastante agradable pero más allá de eso tampoco lo conocí. Yo estuve dos meses ahí en San Fernando así que tampoco fue una relación de años, de haberlo conocido, de haber participado con ellos en su vida familiar, ni nada. Sino que simplemente fue eso.

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Cecilia Magni Camino

– Bueno ahora no es no es por cargarlo negativamente, pero en todo caso es importante lo que usted sabe: estaban vivos y después aparecen muertos.

– Claro.

– O sea, no es menor.

– Lógico, lógico que no es menor.

– Perfectamente se podría reabrir el caso con su declaración.

– Efectivamente, efectivamente.

– Ahora eso sería peligroso para usted, no sé cómo lo ha evaluado.

– Mire, yo lo he evaluado. De hecho lo conversé con mi mujer.

– Ahh, ella sabe.

– Claro, ehhhh. Tengo hijos, hijos de 20 años. Uno cree que este país todavía funcionan esos organismos. En realidad por eso no quise llamar más a Carla Pellegrin ni contarle. De hecho lo que te estoy señalando creo que se lo narré a ella por teléfono, no me recuerdo bien.

– ¿Es complicado?

– Es complicado, porque en realidad para qué exponerse. Pero eso es lo que yo sé, lo que me tocó vivir y no son cosas para recordarlas. Por ejemplo, los años que estuve en Carabineros, tres en la escuela y tres trabajando, 6 años, con este Comisario hicimos fiestas y me hice adicto en esos años a la cocaína. Una adicción que hasta el día de hoy me persigue.

– ¿Pero la probó en la Comisaría?

– Si pues, era una locura en Carabineros. Imagínate, hacíamos fiestas en la Comisaría. Drogas, cocaína, alcohol.

– O sea, el tipo estaba completamente loco.

– Yo era cabro, tenía 20 años. En realidad todavía no tenía muy claro lo que era bueno o malo. Cuando estuve en Carabineros jamás  en la escuela en los años de formación nunca nos enseñaron, nunca hubo una  clase de cómo torturar, ni de nada. Yo estaba en el tercer año a punto de egresar de la Escuela un 5 de Octubre del 88:  estaba el Si y el No.

En ese momento me acuerdo que era la primera vez que funcionaban los registros electorales. No se sabía si era secreto o no.

Yo voté que NO y no sabía si me iban a echar. O sea, fueron años en realidad de incertidumbre en todo sentido, me entiende. Claro, y esa incertidumbre se mantiene hasta el día de hoy en muchas cosas. Si a mí me preguntas si declararía esto judicialmente yo creo que no, porque desgraciadamente los dueños del oro, como lo llamo yo, son los dueños de este país y quién te dice que en 2 ó 3 años más -si las reformas que este propio gobierno está promoviendo o ante un nuevo gobierno más de izquierda- inventen otro Pinochet.

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