DIEGO TRELLES PAZ: LA LITERATURA ES APUNTEN… ¡FUEGO!

Por Ricardo González Vigil

Fotos de Alessandro Pucci

10854377_10152708214112499_8156753146782021327_o(4)

Con dos libros de relatos (Hudson, el redentor, 2001, y Adormecer a los felices, 2015) y dos novelas (El círculo de los escritores asesinos, 2005, y Bioy, 2012) Diego Trelles Paz (Lima, 1977) no es solo uno de los narradores más destacados de la notable hornada surgida en el Perú en la primera década del siglo XXI, sino uno de los nombres imprescindibles de la literatura hispanoamericana actual.

LA GENERACIÓN DEL 2000

Pertenece a la generación del 2000, a la que hemos puesto de relieve en nuestra antología El cuento peruano 2001-2010 (2 vols; Lima, Eds. Copé, Petróleos del Perú, 2013) y a la que el gran novelista y ensayista Miguel Gutiérrez ha consagrado el sustancioso ensayo Narrativa peruana del siglo XXI: Hacia una narrativa sin fronteras (Lima, Universidad Ricardo Palma, 2014; gran parte de dicho ensayo se publicó primero en Libros & Artes). La integran autores nacidos a partir de 1968, hito simbólico por el mayo parisino, la matanza de estudiantes en Tlatelolco y, en el Perú, el golpe militar del Gral. Velasco Alvarado. Los quince años que estipula la teoría generacional de Ortega y Gasset se extenderían hasta 1982 (año del nacimiento de Luis Hernán Castañeda) o, evitando ser tan rígidos, a 1983 (natalicio de Edwin Chávez).

Más allá de encasillamientos cronológicos orteguianos (sin duda, discutibles), el contexto histórico que marca su infancia y/o su adolescencia abarca los siniestramente convulsos (opuestos a los eufóricos y rebeldes “maravillosos años 60”) años 70 con el desmantelamiento de los proyectos de la izquierda latinoamericana: caída de Allende, fin del apoyo intelectual generalizado a la revolución cubana (luego del escándalo Padilla), reemplazo de Velasco Alvarado por el Gral. Morales Bermúdez, dictaduras de Pinochet y Videla, Operación Cóndor, etc. Les siguieron los catastróficos años 80, los cuales finalizan con el naufragio de la utopía socialista (descomposición de la Unión Soviética, la destrucción del Muro de Berlín); una década particularmente violenta y caótica en el Perú: el conflicto interno (la población asolada por el fuego cruzado entre el terrorismo y la guerra sucia), la hiperinflación, el narcotráfico, la megacorrupción, el sálvese quien pueda emigrando (muchas veces ilegalmente), el colapso de todo ordenamiento urbano con el agravamiento del desborde popular del campo a las ciudades, y de las provincias a la capital.

El futuro no es nuestro Argentina-Diego Trelles Paz

Remitimos al marco histórico trazado por Gutiérrez, así como al proporcionado por Trelles Paz en su excelente antología El futuro no es nuestro / Nueva narrativa latinoamericana (2009, 2013). Subrayemos aquí que Trelles Paz es el autor peruano con mayor conciencia generacional, con el enorme mérito de que la proyecta al ámbito total de América Latina. Resulta magnífica su labor como difusor de la narrativa latinoamericana novísima: con Daniel Alarcón ha confeccionado The Latin American Issue (2009), una selección para Zoetrope All-Story, revista del gran cineasta Francis Ford Coppola. Un fruto mayor es la mencionada antología El futuro no es nuestro, la cual forma parte del proyecto “El libro que no puede esperar”, una campaña publicitaria a favor de la lectura que ganó dos León de Oro en el Festival Internacional de Cannes. Dicha antología se publicó primero en Argentina (2009) y apareció desde entonces en seis países más (Bolivia, Chile, Hungría, Panamá, México y Estados Unidos), hasta arribar a la versión definitiva, con 24 escritores seleccionados (figuran los peruanos Santiago Roncagliolo y Carlos Yushimoto), en la edición peruana de 2013. Y con Víctor Ruiz Velazco, desde 2014, dirige la editorial Santuario, con un catálogo conformado por títulos peruanos y latinoamericanos de nuevos escritores dignos de relieve.

1910989_10152708109522499_6435995697123041420_o

RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL

Hasta ahora las voces peruanas de la Generación del 2000 que gozan de reconocimiento internacional (premios, traducciones, selecciones a cargo de revistas de la talla de la británica Granta, el Hay Festival Internacional y/o muestras latinoamericanas -en el caso de Daniel Alarcón, también norteamericanas- publicadas en español y en otros idiomas) son Santiago Roncagliolo (nacido en 1975), Daniel Alarcón (1977, escribe en inglés), Carlos Yushimito (1977) y Jeremías Gamboa (1975); entre las mujeres, aunque con menor resonancia, ha alcanzado figuración internacional Claudia Ulloa Donoso (1979).

Sin embargo, la contribución de alta calidad literaria de la Generación del 2000 no se reduce a esos nombres privilegiados. Corre a cargo, también, de un elenco abundante (como no se veía en el Perú desde los fértiles años 1960-1975, pero en una medida todavía más aluviónica y diversificada en tendencias creadoras). De una nómina que podría pasar en medio centenar de autores talentosos, cabe destacar lo publicado hasta ahora por Katya Adaui, Leonardo Aguirre, Luis Hernán Castañeda, Juan Manuel Chávez, Renato Cisneros, Santiago del Prado, Rosana Díaz Costa, Julio Durán, Percy Galindo, Marco García Falcón, Ulises Gutiérrez Llantoy, Christ Gutiérrez-Rodríguez, Alexis Iparraguirre, Pedro José Llosa, Pedro Novoa, Karina Pacheco Medrano, Johann Page, Juan Manuel Robles, Gustavo Rodríguez, Martín Roldán Ruiz, Miguel Ruiz Effio y Julie de Trazegnies.

Bioy stamping

Dentro de ese impresionante conjunto, Trelles Paz se sitúa entre los de mayor envergadura internacional. Su novela Bioy ha ganado el significativo Premio Francisco Casavella 2012, de la prestigiosa editorial española Destino (Barcelona), y los miembros del Jurado no dudaron en comparar su potencial creador con el del Mario Vargas Llosa de La ciudad y los perros y el del Roberto Bolaño de Los detectives salvajes. Poco después, Bioy quedó finalista en el certamen de novela más importante del ámbito hispánico: el Premio Rómulo Gallegos 2013. Y recientemente ha sido editada en francés por el conocido sello Buchet Chastel; y nada menos que en la revista La Matricule des Anges ha sido reseñada elogiosamente por Eric Bonnargent. Citemos unas líneas de dicho comentario (vertido al español):

“una sumersión magistral e hipnótica de más de 300 páginas en los abismos del mal.

“Magistral porque Trelles Paz consigue con éxito armar una intriga de casi una veintena de años multiplicando los narradores y los puntos de vista, parcelando su relato, entrecruzando las épocas y los hilos narrativos, y usando una gran cantidad de técnicas narrativas: discursos directos e indirectos, planos cinematográficos, páginas de diario, de blogs, etc.

“Hipnótico porque a pesar de sus propias reservas (se propone ‘narrar el horror’ que es ‘más poderoso que cualquiera de mis palabras’), llega a expresar lo indecible: la abyección, el dolor y el desamparo”.

Acertadamente Bonnargent pondera la complejidad psicológica y moral de los personajes de Trelles Paz, por debajo de su accionar político (y, agregaríamos nosotros, de sus roles familiares y sexuales, distorsionados hasta la perversión y/o la patología):

“Inminentemente política, porque BIOY denuncia la corrupción que gangrena el aparato del Estado, esta novela no es en absoluto maniqueista (…) Incluso los hombres más buenos son arrastrados por la espiral de la perversidad. Cada uno tiene buenas razones para caer en un estado de inhumanidad. El comandante que dirige el interrogatorio a Elsa, por ejemplo, ‘no se considera un tipo malo y si alguien se lo dijera de esa forma -Usted es un hombre malo- se sentiría profundamente herido’. Por el contrario, él cree estar cumpliendo con su deber en nombre de la libertad. Encontramos entonces el concepto de ‘la banalidad del mal’ forjado por Hannah Arendt (…) son los hombres ordinarios los que son capaces de lo peor y lo hacen en nombre de un ideal trascendental. La venganza del misterioso justiciero que asesina a los verdugos de Elsa podría poseer una cierta legitimidad, pero aquella desaparece cuando sabemos lo que les hace a los antiguos torturadores”.

VIRTUOSISMO ARTÍSTICO Y RIQUEZA SIMBÓLICA

A la luz de lo comentado por Bonnargent, subrayemos un mérito mayor de Trelles Paz: es el narrador de su generación con mayor virtuosismo técnico. Varían expresivamente sus recursos de relato en relato, en los volúmenes de cuentos; y de parte a parte, en sus novelas (en lo concerniente a Bioy, las partes tercera y cuarta intercalan discursos narrativos muy diferentes entre sí), adaptando el estilo y el tono (que puede ir del expresionismo más exasperante al humor negro y al cinismo provocador) de su prosa a cada uno de los narradores elegidos en el texto correspondiente (verbigracia, los cuatro manuscritos y las notas del editor de El círculo de los escritores asesinos.

Puntualicemos que Santiago Roncagiolo también posee un gran virtuosismo expresivo, pero no tanto al interior de un libro (aunque combina diestramente series discursivas en sus novelas Abril rojo y Memorias de una dama); sino en su inusitada habilidad camaleónica para tornar cada libro una nueva exploración verbal: ciencia-ficción, narración de aventuras, policial negro, parodia de las telenovelas, relato de aprendizaje, etc. Otro autor camaleónico a considerar: Luis Hernán Castañeda.

Al potencial técnico de Trelles Paz debe sumarse la riqueza connotativa casi ilimitada de las abundantes referencias literarias, cinematográficas y musicales que brinda con eficacia expresiva, confiriendo mayor dimensión cultural a lo narrado. Baste pensar en los títulos de sus libros: El círculo de los escritores asesinos, más que al Círculo de la Serpiente de Rayuela (la Maga de Cortázar aquí sería la bella Casandra, nombre de una pitonisa), homenajea la película Mrs. Parker y el círculo vicioso de Alan Rudolph, por ello Casandra adopta el apellido Parker. Acaso subliminalmente incide el Círculo de La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa.

De modo más patente, el título Bioy (el nombre completo del personaje es Bioy Cáceres, con lo cual suena casi igual al del evocado escritor argentino, con el matiz ingenioso de que el apellido Cáceres remite al Mariscal Cáceres, un héroe que no fue derrotado, pero que se vio obligado a acertar la rendición del inoperante gobierno peruano, en la guerra contra Chile) alude a Adolfo Bioy Casares, el mayor amigo del genial Jorge Luis Borges (multipresente: el blog “La gente es fea” ostenta el Name de Eme Zunz, jugando con el cuento “Emma Zunz” del libro El Aleph, en el que Borges enfoca el asesinato como una venganza justiciera; asimismo, la frase “La gente es fea” procede de Schopenhauer, el filósofo predilecto de Borges; de otro lado, borgianamente, el bloguero sostiene que todo es ficción, siendo irónico que su venganza se base en supuestos falsos: Elsa no es su madre, ni Bioy, su padre).

Y la evocación de Bioy y Borges tiene que ver con el cultivo del relato policial: ambos fueron decisivos en el interés literario por el relato policial (lo celebran por la trama bien construida, en la que nada sobra y todo resulta significativo a la par que ingeniosamente dosificada) en español, mediante sus propias narraciones (compuestas por separado o el alimón), en sus antologías y en la asesoría de la biblioteca policial de la editorial Emecé. Es cierto que optaron por el policial racional, intelectualmente brillante, de Poe y Conan Doyle, una vertiente que Ernesto Sábato conceptuó “lúdica”, ajena a los móviles oscuros de la condición humana que generan el crimen, los que actúan en el policial negro (thriller) de Hammett y Chandler. Del policial negro derivan, precisamente, los autores que han influido en el sello turbulento e implacable de Trelles Paz: el citado Bolaño y, sobre todo, Cormac McCarthy, así como los cineastas Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Quentin Tarantino.

Puntualicemos, al respecto, que Bioy Casares puede ser más oscuro y perturbador que Borges, tramando el exterminio de los viejos, contado por él con la asepsia de Kafka (sin la violencia vertiginosa del thriller) en la novela Diario de la Guerra del Cerdo; o compartiendo con su esposa Silvina Ocampo la autoría de la novela Los que aman, odian. Sea como fuere, la novela de Trelles Paz aniquila al policial clásico, tornando al personaje Bioy en un gangster despiadado, el cual cae acribillado brutalmente al final del libro, como en las novelas y películas más representativas del policial negro. Irónicamente instala un falso factor edípico: Marcos cree que Bioy es su padre y precipita su muerte sin quererlo; y se siente atraído sexualmente por su abuela María de Jesús y su falsa madre Elsa (en cambio, en El Círculo de los escritores asesinos, el Edipo resulta totalmente directo: Ganivet desea matar a su padre verdadero y poseer sexualmente a su madre). Pensemos que Edipo rey constituye un antecedente del policial, con la solución más sorprendente y honda: el detective es el asesino (asunto abordado en El túnel de Sábato, cuando Hunter arremete contra las novelas policiales).

Ameritaría un análisis detenido la riqueza simbólica de los epígrafes de los libros de Trelles Paz: son extraídos de Bolaño, Enrique Fierro, Mario Santiago (el compañero de Bolaño, los dos “detectives salvajes”) y Nabokov, en El Círculo de los escritores asesinos. Por ejemplo, el magisterio de Pálido fuego de Nabokov calza con una novela donde las notas del editor develan una historia subyacente. Y Cormac McCarthy, Martín Adán y Fernando Vallejo, en Bioy. Otro tanto reclama explicar la funcionalidad simbólica de los nombres de los escritores españoles asumidos por los integrantes del Círculo: Ganivet, Larra y Alejandro Sawa; también, por qué el Círculo rinde tributo al Gran César (de la misma manera exalta a Vallejo Bombardero de César Gutiérrez) y homenajea a Hudson Valdivia (entronizado ya en el título del primer libro de Trelles Paz: Hudson, el redentor). Por su parte, el crítico al que matan recibe el nombre del enemigo del Cid Campeador: García Ordóñez. En fin…

TIEMPOS VIOLENTOS

Resaltemos otro mérito mayor de Trelles Paz: más que nadie en su generación profundiza en los abismos de la condición humana. Junto con “la banalidad del mal”, señalada por la reseña de Bonnargent, tenemos el rechazo frontal de la banalización de la literatura en el actual mercado editorial, bajo la complicidad de los medios masivos de comunicación.

Una cuestión capital es que la sensibilidad de Trelles Paz ha sido formada por el clima de violencia que le tocó vivir. No se trata de que en el primer plano de sus escritos recree el contexto político del terrorismo, el narcotráfico y la represión antidemocrática, según hace la excelente novela El bosque de tu nombre de Karina Pacheco Medrano (ambientada en Guatemala). Tampoco que lo subordine a una trama ingeniosa, tal como efectúa Roncagliolo en sus logradas novelas Abril rojo, Memorias de una dama y La pena máxima. No privilegia, además, la reelaboración de la contracultura, el rock subterráneo, las barras bravas y las pandillas de los años 80-90, manifestaciones del clima social de violencia incontrolable, al modo de Julio Durán, Martín Roldán y César Torres Rotondo.

Se trata de que todas las capas infernales de la violencia y la deshumanización (familiares, sexuales, socioeconómicas, políticas, contraculturales, etc.) han hecho carne en su lenguaje fulladrenalina, salvaje, coprolálico, desquiciado, decidido a revelar el horror que nos rodea, haciendo trizas todo conformismo e insensibilidad (“la feliz ceguera de los hombres”). Con otras armas que el poema-novela Bombardero (2008) de César Gutiérrez (cumbre creadora de la generación anterior a la suya), Trelles Paz consigue que la textura misma de sus palabras sea violenta, de una crudeza casi intolerable, una especie de sinfonía salvaje, artísticamente envolvente e hipnótica. Ambos radicalizan el salvajismo verbal de Los inocentes de Oswaldo Reynoso, de los episodios más truculentos del Vargas Llosa de los años 60, y del Luis Urteaga Cabrera de Los hijos del orden.

La violencia, en lo temático y en lo verbal, protagoniza las narraciones de Trelles Paz, siendo su plasmación más radical Bioy. Dicha novela no solo contiene varias formas de violencia extrema (ejecuciones perpetradas por los terroristas, torturas a los subversivos, matanzas realizadas por sicarios del narcotráfico, más el sadismo vengativo de Marcos, la perversión sexual, un blog con pasajes conectables a los “escritores asesinos” de la novela anterior, asimismo la locura causada por el horror, la delación de la abuela aterrorizada por Marcos, etc.); sino que su lenguaje es violento en sí mismo, en su componente fonológico y su sintaxis a borbotones, en su léxico agresivo y su imaginación explosiva, en su montaje abrupto de tiempos y puntos de visita narrativos, sin duda el rompecabezas de la trama (con sus vasos comunicantes y desenlaces sorpresivos). Sabiendo que no es una lectura fácil ni agradable, nos alerta en la primera página:

“Usted -ama de casa, señor honorable, digno empresario- no debe seguir leyendo. Cambie de libro. Cambie de autor. ¿Cómo se narra el horror si es más poderoso que cualquiera de mis palabras?” (Bioy; Barcelona, Eds. Destino, 2012, p. 11).

¡Qué contraste con un libro fácil de leer, de prosa declarativa y exposición directa y diáfana de una trama con sabor a investigación periodística aderezada con humor e indiscreción; pero que, a la vez, ahonda con osadía admirable en el tema más impactante de la violencia (la citada ‘banalidad del mal’ encarnada nada menos que por el padre del escritor, retratado formidablemente, sin maniqueísmo ni concesión alguna): La distancia que nos separa de Renato Cisneros!

Hudson el redentor-Diego Trelles Paz

Y es que la sensibilidad de Trelles Paz ha sido forjada a fuego por la violencia, impregnando todas sus historias, conforme él mismo lo reconoce:

“La violencia está presente en todo lo que he escrito. ‘Hudson, el redentor’, por ejemplo, ocurre en el barrio de Magdalena durante la dictadura. El libro nos muestra el microcosmos de una situación insostenible: es la historia de un grupo de chicos que crecen aprendiendo los códigos salvajes que constituían la forma de relacionarse en el país. En ‘El Círculo de los escritores asesinos’, la trama principal es el asesinato de un crítico literario. Y si uno lee bien el libro, se dará cuenta de que en los pies de página se narra indirectamente lo ocurrido durante el gobierno de Alan García con la matanza de los penales, así como la historia de algunos personajes que han participado en la dictadura. ‘Bioy’, por primera vez, hace de la violencia el tema central. ‘Adormecer a los felices’ es un regreso a esa forma indirecta de narrar la violencia, que está presente en la atmósfera, en la vida cotidiana de los personajes. Esos pequeños detalles -que pueden o no ser relevantes para el lector- me sirven para hablar de un país en constante estado de ebullición. Un país que viene de la ruina económica y política, de la violencia extrema, y que luego ha sido gobernado por presidentes que en su mayoría entraron con discursos de izquierda y terminaron gobernando para grupos reducidos que siempre han tenido de alguna manera el poder. (…) La violencia no se traduce únicamente en agresión física, asesinatos, muerte: la pobreza, la exclusión, la desigualdad también son formas de violencia. Y muchas de las cosas que nos han ocurrido como país parten precisamente de esas realidades que soslayamos” (Entrevistado por Alonso Almenara; El Comercio, Lima, 22-VII-2015, p. C-4).

A la omnipresencia de la temática violenta, enfocada con una óptica política de izquierda por Trelles Paz, nosotros añadiríamos la violencia verbal y textual (apropiación dinamitera de los géneros literarios, del juego metaliterario y del blog electrónico) desencadenada desde su primer libro, alcanzando su manifestación máxima -hasta ahora- en Bioy.

DESDOBLAMIENTO Y FANTASÍA

El ‘saqueo de la realidad’ (usemos una imagen de Vargas Llosa) es tan poderoso en las narraciones de Trelles Paz, que surge la tentación de caracterizarlo como un escritor realista, incluso hiperrealista. La verdad es que no se limita a reelaborar la realidad fáctica con lo que Vargas Llosa denomina el “elemento añadido”; sino que acoge lo fantástico, lo onírico y lo demencial, todo ello como formas de ruptura con la realidad violentísima dela experiencia cotidiana. La cuota fantástica se ha acrecentado en Adormecer a los felices: “No soy un escritor realista, mucha gente piensa que lo soy, los vamos a ver en estos cuentos en los que aparecen por momentos lo raro, lo inhóspito, la extrañeza, hay momentos de literatura fantástica que es una aproximación cortazareana” (Entrevistado por Pedro Escribano; La República, Lima, 23-VII-2015, p. 29).

Al respecto, resulta revelador que el tema más frecuente en sus escritos sea la literatura misma y, en general, la entrega a la ficción (incluyendo en ella la ficción cinematográfica y la música): “Yo creo que el tema de la literatura es un tema principal en mi proyecto narrativo. No solamente la literatura como un campo de batalla, es decir, la literatura en el Perú, específicamente como un lugar de creación y confrontación; sino que uno de los temas de los cuentos (de Adormecer a los felices) es cómo la literatura puede traer más que el bienestar, al mismo tiempo, la desgracia. Mi posición frente a la literatura como escritor es que implica mucho sacrificio, no solo económico sino en el acercamiento a la realidad, pero en un estado de disconformidad profunda con ella” (Entrevistado por Pedro Escribano).

Añádase la importancia de otro tema afín, en tanto implica también entregarse a la imaginación de una manera incontrolable: la decisión de vivir la ficción en la existencia cotidiana, y no limitarse a comulgar como lector con las ficciones literarias y como espectador con la cinematográfica. Se trata de convertir a la vida en un teatro consciente, asumiendo roles simbólicos: Ganivet, Larra, Sawa y Casandra Parker, en El Círculo de los escritores asesinos; Diegoulasse, el exterminador (fusiona Diego con un vocablo francés de significado repelente, más la referencia bíblica al Angel Exterminador y, por cierto, a Abaddón, el Exterminador, la novela de Sábato), en Bioy (aclaremos que, en cambio, el personaje Bioy se llama así de nacimiento).

El ci╠Бrculo de los escritores asesinos-Diego Trelles Paz

Y este teatro vivido fuera de las tablas está abocado, nada menos, que a escenificar asesinatos como si fueran ritos o sacrificios liberadores (justamente la matriz mítico-religiosa de la que brotó la actividad teatral). En el caso de El Círculo de los escritores asesinos, el deus ex machina es Sawa, con la complicidad de Casandra. Propone el asesinato simbólico del crítico García Ordóñez; pero la representación teatral se le va de las manos: Larra quiebra el límite entre actuar y ser realmente, asesinado a dicho crítico. Según Sawa:

“La vida no era otra cosa que una ficción continuada y cíclica, una sucesión de representaciones debajo de las cuales siempre se ocultaba -perniciosa, subversiva- la verdad. (…) Postulaba que la legítima labor de un visionario no era descubrir esa verdad oculta a los demás en papelitos impresos, lienzos o metros de celuloide, sino en la realidad misma. La idea era representar papeles extraños a uno mismo y someter a los otros a una performance simultánea con nuestra vida diaria”. (El Círculo de los escritores asesinos; Barcelona, Edt. Candaya, 2005; p. 306).

En el caso de Bioy, Marcos termina desinteresándose de leer y escribir literatura (“la ficción no servía para nada, traía dolor y sufrimiento, era un oficio vano y complaciente”) y opta por lanzarse a asesinar a los torturadores de Elsa, cumpliendo el papel de hijo vengador, impulsado por una identificación que es imaginaria, pero que él cree real. Su alienación (falta de identidad, necesidad de asumir una identidad ficticia) ha sido extrema desde la infancia: “Siendo un hombre esencialmente mimético, tenía además un enorme talento para el drama y la habilidad camaleónica de desprenderse rápidamente de sus modos y adoptar loa ajenos. (…) Desde muy joven descubrió que esa necesidad anómala por disolverse en múltiples personas hasta desaparecer, era más compleja y persistente que cualquier efugio infantil. Leyó e investigó, supo los ejercicios voluntarios del desdoblamiento, de los trastornos psicológicos y de los aciagos síntomas y efectos de la psicosis, la paranoia y la esquizofrenia” (Bioy, pp. 252-253).

En este tema del desdoblamiento y las representaciones tanáticas (como sacrificios rituales), descuella también otro autor de la generación del 2000: Luis Hernán Castañeda.

FUEGO HOMICIDA

Ya hemos consignado que Trelles Paz dinamita la banalización de la literatura en la sociedad de consumo. Al respecto, Joan Riambau (integrante del Jurado que premió a Bioy) sostuvo acertadamente que “Bioy es una apuesta por la gran literatura en un momento en que parece que todos temblemos ante nuestra propia sombra”.

Gran literatura, por su afán totalizante. Ahí incide el paradigma de Faulkner, quien construyó un universo narrativo conectando todas sus narraciones; limitémonos a señalar que en varios libros de Trelles Paz aparece el Chato (alter ego del autor). También se nutre Trelles Paz del paradigma el paradigma de la “novela total” de Vargas Llosa, remasterizado posmodernamente por la “literatura infinita” de Bolaño. Reparemos en que la división en cuatro partes de las novelas de Trelles Paz cuenta con el legado de El sonido y la furia de Faulkner, las novelas de Vargas Llosa en los años 60 y 2666 de Bolaño.

Gran literatura, por su capacidad para adentrarse en los abismos de la condición humana, sin dogmas religiosos ni ataduras ideológicas que encadenen la libertad creadora. Un develamiento insobornablemente cuestionador del orden social existente, incómodo para los “felices” que aceptan (y aun medran y defienden) dicho orden social. A esa función de aguafiestas apuntaba Vargas Llosa en su famoso discurso “La literatura es fuego”, cuando recibió en 1967 el Premio Rómulo Gallegos. Lección a la que Trelles Paz radicaliza con las enseñanzas asesinas de Thomas de Quincey (Del asesinato como una de las bellas artes), Rimbaud (habla del “tiempo de los asesinos”, lo cual recrea Larra en El Círculo de los escritores asesinos, asesinando a García Ordóñez y huyendo al Africa elegida por Rimbaud en la etapa final de su existencia) y el Manifiesto surrealista, que concluye invitando al asesinato (una frase de Nadja, de Breton, “La belleza será convulsiva o no será”, nutre el cuento “Sección surrealista en el Harry Ramson Center”, de Adormecer a los felices).

En numerosos ensayos y entrevistas, Vargas Llosa ha calificado de “deicidio” el deseo del novelista de “suplantar a Dios” para crear (rehaciendo la realidad saqueada) una “novela total”, acicateado por sus “demonios” (heridas causadas por relaciones viciadas con la realidad).

Dicha óptica subyace en Trelles Paz, aunque en su proyecto creador lo dominante es el Homicidio, entendido como el asesinato del hombre alienado y alienante del orden social existente. En particular, le interesa dar muerte a los roles literarios echados a perder por el negocio capitalista y la globalización alienadora: arremete contra los críticos (en sus cuatro libros, sobre todo en El Círculo de escritores asesinos), los conductores de talleres literarios (esto último en el blog de Marcos, en Bioy, y en el cuento “Juan José Gil” de Adormecer a los felices) y los escribidores sin fuego creador (especialmente en “Los farsantes” de Adormecer a los felices). Y, no lo olvidemos, arremete también contra los lectores complacientemente “felices”, aplicándoles el genocidio invocado por el epígrafe de Céline: “Un noche será necesario adormecer totalmente a los felices. Y mientras duerman, te lo digo, terminar con ellos y su felicidad de una vez para siempre”.

¿Cuál es la meta anhelada?: “cambiar la vida” (Rimbaud) y ejercer una literatura que sea auténtica Iluminación (negada por la desilusión de Rimbaud, Kafka y Onetti; proclamada por Proust, Joyce y Vallejo, el gran César; entrevista con plenitud gozosa pero frágil, carcomida por la duda y la ironía, por Mann, Borges y Bolaño).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s