Cuentos de fin de mundo

José Miguel Carrera

tocho
Para el escritor y periodista José Miguel Varas -autor de títulos como Chacón, Cahuín y Lugares Comunes- los cuentos, salvo casos excepcionales, por lo general nos obligan al gran esfuerzo de salirnos de nosotros mismos para entrar en escenarios ajenos y congeniar con sus particulares personajes. Cada cuento es un mundo, real o ficticio, narrado brevemente, donde se detalla un conflicto y que culmina en un desenlace que impacta.
Héctor Leonidas Pérez Oñate, escritor osornino, reúne en un libro publicado en 2012, varios de ellos.

Cuentos de fin de mundo, es el título de la obra auto editada. No es la primera publicación de este abogado literato. En 2008 publicó: “Ya viene Papito” y “Arcángel Díscolo”, donde ambos marcaron su inicio como escritor tardío, como el mismo se define. Después vino “Guerrillero malo” y su obra “Historia de Pescadores Deportivos” y anuncia su continuación con “Historia de Pescadores Deportivos II”. De larga y prodigiosa memoria este escritor, relata hechos ocurridos hace más de cincuenta años. Varias anécdotas las vivió en su adolescencia, otras las escuchó, y también recopila sucesos de su propia comunidad, lo que ya lo convierte en un investigador.
El libro “Cuentos de Fin de Mundo”, contiene once relatos de diferente factura y extensión, en entretenidas 137 páginas, y con un detalle, una fina portada del dibujante José Ojeda mostrando al paracaidista emergente Francisco Herrera y sus amigos jotes. Pero ya entraremos en detalles.
El autor, osado, coloca como puerta de entrada el cuento “La multiplicación de los padres”, abordando una temática que para el lector puede tener diferentes miradas. Es ahí que “desclasifica un portentoso acontecimiento”, como anuncia en la contraportada, donde igual corre el riego. Uno de sus compañeros de Liceo estaba en amoríos con la empleada de su casa, “… llevo tantos días teniendo relaciones sexuales con Genoveva… me ha entrado un miedo, un pánico terrible de dejarla embarazada y no quiero pensar en las consecuencias, la vergüenza de mi familia, capaz que me echen del colegio, los familiares de Genoveva hasta pueden obligarme a casarme con ella, ¿se imaginan?” (8). Es así como los compañeros del curso deciden compartir la muchacha, para, en el caso que estuviera efectivamente embarazada, fuera más difícil descubrir quién era el verdadero padre. Consumen lo acordado, pero la hermana del anfitrión descubre la situación y los acusa a la madre. Muchos años más tarde ella le confiesa al autor, “Como hermana mayor me di cuenta de los peligros de esta relación para mí hermano” (14).
La propuesta siguiente del autor es un cuento simpático y gracioso, “El Libro de Honor”. Sus compañeros de curso sufren un prolongado castigo escolar, para atenuar la larga espera del encierro en la biblioteca del colegio, recorren sus estanterías y en esa búsqueda, hacen un gran descubrimiento: “…de pronto Raúl Poblete, debajo de unas carpetas encontró un gran libro, lujoso de cuero y tapas doradas.” (28). Con la creatividad del ocio, propia de los jóvenes estudiantes, escriben saludos de agradecimientos en el libro oficial de visitas ilustres, tal como si ellos fueran grandes personajes: “Felicitaciones al señor Director y al Cuerpo Docente, especialmente a la señorita Sierpe por las lindas piernas que tiene: firmado Antoine Lafayette, Embajador de Francia en la República de Chile.” (29). O esta otra: “Bendiciones a todos mis hermanos, tienen un lindo Colegio, y por favor que la señorita Sierpe use un vestido más largo, sus lindas piernas me provocaron un arrebato de calor: Firmado Inocencio de la Misericordia Larraín Ochagavía, Arzobispo de la Diócesis de Guanajuato, República de México”. (30)
Obviamente todo fue descubierto, y el autor completa la historia haciendo uso de un recurso muy valioso de temporalidad, presente en casi todos sus cuentos: muestra a sus personajes como actores cuando jóvenes y luego reflexionando como adultos, comentando sus propias barrabasadas. Nos cuenta que muchos años después, uno de sus coterráneos se encontró con el Director del Colegio, ya retirado. El profesor le dijo que estaba seguro que los que hicieron la escritura irreverente en el libro, era él y sus compañeros, pero Tito Oliger, no soltó prenda, no confesó, “Hazte el desmemoriado no más…” “huevoncito”. (35)
A continuación, Héctor Leonidas utiliza el recurso de un cuento, para intentar demostrar, ¿será una tesis?: Las bromas juveniles de estudiantes pueden contribuir al desarrollo cultural. -Según él-. Concluye con un serio comentario la narración ¡¡¡Aquí está el Cojo!!! Resalta que en el Diario Austral, de Osorno, en su sección cultural, continuamente aparecen invitaciones a exhibiciones de obras cinematográficas famosas, aquí viene la conclusión: “Y pensar que toda esta labor educativa y de difusión comenzó con la cimarra de un grupo de alumnos de ese genial curso para vibrar con Veracruz (la película). Una página desconocida de la historia… ¡Claro que sí!” (41)
Mención especial merece el cuento “Las Armas Secretas”, una historia –como otras del libro- vivida hace ya muchos años, y como todos sus relatos, el autor en su recreación, prolonga los efectos hasta el presente, es el más extenso y quizás más trabajado de todos, contiene mucha información de armas de distintos tipos y calibres, armas de infantería, aviones F-15 Eagle, los MIG Rusos y los Mirage. Los tanques Abrahams, los Leopard alemanes y los T-70 o T-80 rusos. Estudia la naturaleza de los resfríos, incluyendo los “asquerosos gargajos”, los vincula con las medusas de Filipinas. El escenario narrativo varía de un campo en las afueras de Osorno, al laboratorio de Colegio Claude Gay donde estudiaba el autor, una isla en Okinawa donde los soldados norteamericanos combatieron en la Segunda Guerra Mundial. En definitiva se trata del diseño y construcción de un arma secreta en la llamada Operación Camaleón. La imaginación es multifacética e infinita, hasta Sebastián Piñera y sus ministros son protagonistas importantes del cuento, junto a un par de generales del Ejército y Carabineros: “Rodrigo (Hinzpeter) no me pasen ninguna llamada, esto está muy interesante.” (59), definitivamente hay que leerlo.
En el caso de “Fin de un Joven Francés”, Héctor Pérez Oñate, se nos transforma en un investigador, lo que parece ser una de sus características como literato: “Ella contó que hay una tumba, al lado donde están enterrados los perritos y gatitos que habitan el cementerio, lugar en que fue enterrado un joven francés,…” (71). Que le dijeron a Héctor Pérez, le pareció “una historia interesante”. Efectivamente se trataba de un crimen pasional y se dio la tarea de ubicar la sepultura. Tomás Ginart era el nombre del joven francés asesinado. Revisó periódicos de la época, visitó la Biblioteca Municipal y a través de microfilms de sucesos de octubre de 1937, conoció finalmente el drama. Luego redactó el cuento, uno de los más certeros en su libro. El final es inesperado, incluso para el escritor. “La señora Abarzúa falleció en la ciudad de Santiago en el año 1997, a la edad de 84 años. ¿Se habrá encontrado con su novio francés? Nadie lo sabe, pues estas cosas misteriosas no les han sido develadas a los humanos, por lo menos en vida.” (78)
En “Los azules de Mandujano”, narra la historia real de Osvaldo Tenorio Casanova. Recreada eso sí, como el mismo autor aclara. El sueño del padre de “Palito”, como se apodaba a Tenorio, por su delgadez, era que su hijo fuera el militar de la familia. Eso motiva una serie de acciones paternas, tales como poner música de bandas militares a la panza de su madre antes de nacer. Con todo en contra “Palito”, con su delgadez y tartamudez, logra ser militar por un tiempo, pero es descubierto en la única maniobra militar donde el histórico Coronel Mandujano, pierde una batalla. “Perdimos ¿verdad?” “Afirmativo mi Comandante, el conscripto elegido por el Sargento Loncopán para el puesto de vigía a cargo del equipo de radio resultó ser un tartamudo, que naturalmente tuvo muchas dificultades para enviar los partes de guerra.” (92). De Ripley.

Y así pasamos a la guinda de la torta:
“Francisco Herrera –Panchito para sus amigos- nació en el poblado de Melipeuco, en el año 1930, a 140 kilómetros de Temuco” (117), así comienza el cuento final “Paracaidismo de Emergencia” una simpática y fantasiosa historia con que Héctor Pérez, despide su libro Cuentos de fin de mundo, y como nos acostumbra a confesar la fuente de su creatividad, nos dice que la chispa que encendió su imaginación narrativa, fue un comentario de un amigo de la Fuerza Aérea: “…en un Museo de esa institución se encuentra el paracaídas que confeccionó con pitilla un pequeño agricultor del sector de Alpehué…”. Este relato es el más logrado. El escritor se aleja de lo anecdótico para trabajar un relato preciso con destreza y oficio.
Es una fortuna que estos cuentos de Héctor Leonidas Pérez Oñate salgan a la luz y que su memoria sea prodigiosamente activa. Como aliciente a la lectura de la pluma de este escritor, son atingentes unas palabras del maestro Gabriel García Márquez, cuando en un prólogo hecho en Cartagena de Indias, en 1992, explicaba el porqué de su obra Doce Cuentos Peregrinos: “Aquí está, listo para ser llevado a la mesa después de andar del timbo al tambo peleando por sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”.
José Miguel Carrera @JosMCarreraC
Urbe Salvaje

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