Yuri Pérez

“Recurro a la capacidad de observación y al travestismo literario.”

      Por Natalia Berbelagua

 

 1916850_10208165514676187_2614770655756395228_n

El primer cuento que leí fue Costras, la tensión erotica-morbosa de un hombre que no puede dejar de mirar en la mujer ese pedacito de sangre seca que tiene en la cara. Después vinieron Niño feo, Mentirosa y La Muerte de Fidel, que contrario a lo que podría pensarse no tiene nada que ver con el deceso de Castro, sino de la muerte de su propio padre, a quien describió en su tránsito de escaras y sondas con lujo de detalles. Yuri Pérez es uno de los pocos escritores chilenos que no le tiene miedo a lo escatológico. Trabaja con la enfermedad, el fanatismo religioso, la estupidez televisiva, los residuos. ¿Cuál es el denominador común? Una estética de la fealdad que viene puliendo hace años. Cuando la narrativa del país apuesta por una infancia que mira la dictadura con extrañeza, Yuri la escarba y saca de esa familia amorfa lo peor de sus miserias. La poesía se cruza en ese basural, y se convierte en la única salvación posible. Un niño feo que mira todo desde un lugar incómodo.

 

 

¿Por qué hablar de la fealdad, la enfermedad, el delirio religioso?

– Esto guarda relación con los vínculos estéticos que tengo con la obra de los simbolistas; sobre todo con Baudelaire; cantar a lo lindo es fácil; cantar a la felicidad es fácil: cantar y dar belleza a lo feo, a lo traumático y al delirio es una labor compleja. Entonces, tomo el desafío y trato de hacerlo. Es una parada estilística frente al arte y frente a los recursos que uno como autor puede exigir al máximo. Por lo demás, no concibo la escritura si no viene acompañaba de ciertos demonios menores para completar el texto, demonios menores que hablan de lo torcido de la naturaleza humana, ni más ni menos.

 

Las voces de algunos de tus personajes tienen una suerte de inocencia brutal. Entienden el mundo en su crudeza primitiva pero al mismo tiempo la dialogan con total naturalidad. ¿De dónde nace ese registro?

-Aquí puedo estar errado; pero creo que esa inocencia brutal guarda relación con lo que significa que los personajes sean de “barrio”, de “barriales”. Me parece que la memoria y esa inocencia que cada uno de nosotros alimenta cuando se es chico, es la responsable de que el registro tenga, en mi caso, esa naturalidad. Es algo así como un pequeño duende que se enfrenta a una bestia que tiene más de dos cabezas, y claro, se enfrenta a esa bestia con la inocencia de un niño o de un anciano que no quiere ir al choque con lo que le agrede, no quiere colocar más mierda donde ya está repleto de mierda; nada más quiere decir y sentir. Y allí existe una victoria, un llamado de atención; es decir, los personajes no se han maleado, no se han achilenado, porque viven y sienten de otro modo.

 

 

197104_1873771964624_6717731_n 

En lo barrial me imagino que está San Bernardo. ¿Qué tan importante es el lugar desde donde escribe?

-Creo que ese vínculo es natural; uno como autor o como individuo tiene una historia personal que lo liga inevitablemente al lugar de origen; claro, desde allí uno puede ficcionar la realidad, jugar con ella, pero los mayores referentes guardan relación con la memoria, y la memoria está ligada a lo que uno ha visto o no ha visto en el lugar donde se crió. Entonces nada qué hacer; lo que sí intento es lograr universalidad en lo que hago, es decir, no escribo para los san bernardinos, escribo para mí, y luego para el que sienta lazos con ello: el traspaso de los espacios físicos generales a los espacios individuales es un trabajo que hacen los lectores. Por lo demás, lo que ocurre en un San Bernardo, que mezcla la realidad con la ficción, puede ser un episodio que ocurre en cualquier otra ciudad.

 

San Bernardo es considerado como parte de la periferia santiaguina. ¿Qué hay de esa distancia con el Santiago céntrico y relativo al capital?

-Somos geográficamente periféricos, de eso no hay dudas; lo que se vive en San Bernardo no guarda relación con lo que ocurre en Santiago. Es más, el san bernardino no se considera Santiaguino, eso es curioso porque no estamos tan distantes; pero antes de que se dividiera ( de mala manera) el sector sur en comunas, San Bernardo era una ciudad aparte, afortunadamente todavía tenemos ese arraigo. Ahora, acá la periferia guarda relación con lo que fomentó la dictadura, es decir, agrupar gente en barrios carentes de las comodidades básicas; colegios, parques, problemas viales y hacinamiento. En este panorama heredado de Pinochet, los personajes deambulan y están por todos lados, gente a la deriva, gente  tirada en la calle, gente abrumada por una superpoblación que ha hecho que los procesos de solución de problemas sociales sean más lentos. Sin embargo me parece que es un tema nacional, en todo nuestro país ocurre lo mismo. Para la creación es un material enorme, me refiero a esta condición de “periferia”, y hay espacios para denunciar esto que formaron, como dije, en dictadura. Y claro, la denuncia es para llamar la atención y lograr que los ojos del estado (ausente a estas alturas)  miren a estos sectores.

12241227_10207411919316774_169948730726573428_n

Si hablamos de lo marginal eso también toca en tu ficción a una voz femenina. Varios de tus personajes son mujeres. ¿Qué tan difícil es hacer ese ejercicio?

-Claramente es un ejercicio difícil; no es nada fácil ser mujer escribiendo; no es nada simple lograr el registro y el tono, pero en este caso recurro a la capacidad de observación y al travestismo literario; ahí la tarea puede simplificarse un poco más: y claro, en ese ejercicio uno debe limpiarse de la tradición patriarcal que nos han inculcado desde chicos, tirar eso y trasladarse al otro lado de la vereda, ojala con vestido y labial, ojala con una guagua en brazos, ojala viendo todo lo que la mujer mira, o sea, hay que ser mujer por unos largos meses de escritura. Y apelar a esa sensibilidad (que aunque la mujer dice tenerla bajo su propiedad) a mí me parece que está en ambos, en ellas y en ellos. (Bueno no en todos; en general el hombre chileno es un cerdo).

 

 

La fealdad, el barrial, la pobreza, un sexo que no es el tuyo. ¿Cuál es tu vínculo con la incomodidad? El paso de la poesía a la narrativa aparece como un tránsito de prueba, salir desde un lugar seguro para irse a otro sin certezas…

-No lo sé muy bien: en este sentido me parece que la Poesía es el lugar con menos certezas. Es más, creo que el mundo de la Poesía no entrega mayores seguridades, porque amplía las dudas y favorece estados creativos que a veces están en el borde del abismo de la vida. Por otro lado la Narrativa, que teniendo también esos espacios inesperados e inseguros, se me aparece como un género que tiene un espacio en el tránsito de los lectores chilenos ( que no son muchos), eso muestra que sí tiene un tono seguro, por decirlo de algún modo, porque hay más lectores de Narrativa que de Poesía. Ahora, si el tema apunta a poner en la balanza qué lugar es más seguro de los dos, ahí juegan varios factores: la Poesía por no tener espacios en los medios te da el pleno derecho de hacer lo que quieras, total, ya a pocos les importa que hayan poetas trabajando con el lenguaje, ahí existe un grado de seguridad, que tiene relación con el misterio que significa el acto de escribir versos, con la certeza de estar haciendo lo que debo hacer: Con la narrativa, por tener espacios en los medios, te da la seguridad de que serás leído y que alguien hablará de tu obra; pero el riesgo está en que la crítica te haga polvo. O sea, es seguro porque tienes espacios para que te lean, pero a la vez te expones a sepultarte como escritor si no haces lo que (aparentemente) otros esperan que escribas. La idea siempre será no escribir para ellos, pero si se hace eso, hay que tener claro que el riesgo es grande.

 

¿Tuviste conciencia en algún momento del escritor que querías ser?

-Lo único que recuerdo es mi relación literaria con el Poeta Antonio Silva, a partir de los 24 años; nos formamos juntos en la Poesía; ahí decíamos que queríamos ser buenos poetas, que queríamos escribir buena poesía. Ese era el sueño, ese era el objetivo; escribir buena poesía. Y en cierto modo lo logramos, él con lo suyo y yo con lo mío. No había otra proyección; escribir buena poesía……….el resto solo fue producto de la disciplina y la rigurosidad. Para ambos.

 

 

¿Qué tan importante es hacer el camino propio más allá de lo que dice el mercado editorial?

-En un país como el nuestro es fundamental. Hacer camino es ir contra todo y contra todos, y esa actitud es mucho más heroica que otras. Es más valioso hacerlo de ese modo porque la escritura hay que vivirla con todo, con todo lo que implica. Por lo demás lo que diga el mercado editorial de Chile, nada más dura un par de años, luego todo pasa y nada más quedan las obras. Yo apunto a eso, a la obra, a lo que una obra deja en estos barriales, el resto, me importa bastante poco porque tampoco espero demasiado de la Literatura, solo hay que escribirla. Esa es la labor de un autor. Escribirla. Y si para eso debes hacerlo solo, bienvenido. Lo otro, el mercado editorial, ha estado y siempre estará en manos de la elite nacional. Y eso no lo cambia nadie. Cofradías, amigotes, todos completamente sectarios y cabrones. Mejor escribir, y no perder energías en esperar que alguien toque tu puerta. Nadie tocará tu puerta para ofrecerte un contrato porque los contratos ya están cocinados, como todo en Chile, todo está cortado de antemano.

 

¿Y los talleres? ¿Es un espacio de libertad para el escritor?

-Los talleres han sido un gran aprendizaje para mí; lo vengo haciendo hace más de 20 años; dirigir talleres: el establecer relaciones literarias con otros te hace y te obliga a actualizarte, a teorizar, a entender los procesos escriturales para dar respuestas. Y ese es un aprendizaje mutuo, entre los talleristas y uno. Es un buen espacio para verse como escritor, para ver en qué está uno. Con los pares se aprende, independiente de que tú seas el que dirige el taller.

 

 

¿Qué te traes de vuelta de esos talleres? ¿Se puede aplicar en la escritura?

-Me traigo de vuelta “teoría de la composición”, es decir, el trabajo con otros autores me tiene siempre obligado a teorizar, a preguntarme cosas y dar respuestas a esas dudas. Ahí, frente a las dudas de los talleristas me veo obligado a tener respuestas, entonces teorizo y pienso el acto de la escritura hasta que puedo armar los métodos, dar cuerpo a mis más íntimas dudas respecto al oficio. Eso me traigo, dudas, dudas y más dudas que lo más probable es que nunca tengan respuestas definitivas. Y eso es otra maravilla del oficio, logra tenerte en el borde todo el tiempo que el oficio quiera.

 

 

 

Anuncios

Una respuesta a “Yuri Pérez

  1. Interesante análisis, no solo sincero y valiente, sino al parecer bastante crítico con una realidad que no parece ser solo de Chile, el que hace Yuri como escritor. Yo personalmente ni como escritor ni como lector soy amante de lo escatológico, y aunque no he leído la obra de Yuri, entiendo que como recurso puede resolver muchos problemas que se nos originan al tratar de retratar o diseccionar una realidad, tal y como el mismo apunta no hace falta echar mas mierda donde ya hay bastante, sencillamente basta con mostrarla. Esta entrevista, no solo me revela su existencia, sino que me motiva a buscar su obra. Espero poder comentar más concretamente en el futuro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s