Desesperadamente buscando a Soriano

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Durante varios años traté de seguir los pasos perdidos del escritor argentino Osvaldo Soriano. En ese tiempo apenas tenía donde caerme muerto así que solo conseguí averiguar que Fuguet lo había entrevistado, no sé dónde ni cuándo, aunque presumía que debió haber sido a principios de los 90 y que ambos eran como el agua y el aceite. Yo quería visitarlo en Buenos Aires y decirle que lo consideraba un crack. Cuando leí Cuarteles de invierno dije: “Guuuuauu, esto es lo que se debe hacer”. Luego, ya estudiando, leí Artistas, locos y criminales”. Clase de periodismo. Una pluma que dictó cátedra a quienes se pusieron a realizar perfiles. Continúe con Triste, solitario y final, Una sombra ya pronto serás y todos los demás. JC Rodríguez me aseveró que lo había entrevistado cuando trabajaba en El Mirador. Eso tiene que haber sido antes de los 90. Soriano había creado, junto a
otros, Página 12. El diario era una maravilla, como también lo era acá en Chile La Época.
Yo continuaba soñando con conocer a Soriano y su pasión por el club San Lorenzo. Irene Geiss, profesora mía, había sido asistente de Jacobo Timmernan en La Opinión, pero nunca le pregunté por el gordo. Leí una y mil entrevistas. Pero seguía sin plata para cruzar la cordillera. Mis anhelos eran como los de Denne Petitclerc con Hemingway. Pasó el tiempo. Pasó la vieja. Ni siquiera intenté escribirle una carta.
Al otro lado Soriano fumaba como carretonero. Se lanzaba otro libro de su autoría y, fiel al fenómeno, continuaba vendiendo miles de ejemplares. La intelectualidad lo menospreciaba, pero cada vez que publicaba algo, para sus fieles lectores, se producía un terremoto en todo el planeta. Yo seguía leyendo sus entrevistas, como aquella en que confiesa que trabajando en la sección de deportes de un diario en General Roca o Neuquén llegó pasado de copas a un partido amateur y se quedó dormido. Al final le preguntó a un joven cómo habían salido el marcador. 3 a 2 ganó tal, respondió el despistado. Fue al diario y armó una entretenida crónica de cómo el equipo B le había ganado a última hora al equipo A. Por supuesto que nunca supo que había sido empate el resultado. Ardió Troya. Al diario fueron los dirigentes de
ambos equipos. Llamaron al presidente de la asociación, al árbitro le preguntaban: “Pero, usted, cómo no vio el gol?”. “Qué gol?”, refutaba el árbitro. Tuvieron que repetir el partido. El equipo B le ganó al A por 3 a 2. Soriano conservó el puesto en el diario; aunque más tarde confesó que se había pasado de copas en un asado. Lo querían matar. Soriano comprendió el invaluable precio de la información.

El 29 de enero de 1997 Osvaldo Soriano murió debido a un cancer del pulmón. Nunca lo conocí ni entrevisté… Tal vez más adelante (tarea para la casa). Claro que yo no sé si habrá revistas allá arriba. Ni siquiera sé si me envíen como corrresponsal al cielo. Tal vez ni siquiera
me dejen entrar. No importa. Inventaría una fantástica entrevista dónde estaríamos rodeados de mujeres, alcohol y un buen asado. Y tal vez Soriano podría ayudarme con las mentirosas respuestas desde el más allá.

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