La isla a mediodía 

Por Zucchero

Algunas cosas se vuelven inalcanzables. Momentos, personas, hechos, conceptos que desaparecen, o bien nunca poseemos.

Inalcanzable es un buen término para calificar este cuento de Julio Cortázar perteneciente al libro Todos los fuegos el fuego. Marini, el asistente de un avión comercial ve por la ventanilla una isla griega que lo conmueve. Xiros, la isla con forma de tortuga, se le presenta tres veces a la semana siempre al mediodía. Al comienzo la observa con curiosidad, luego con devoción. Desde las alturas, y por la ventanilla, otea ese punto de tierra, arena y arboleda que tanto le cautiva.

La isla se torna recurrente en sus pensamientos. Marini la idealiza: un paraíso perdido sin rastro en los mapas, el lugar perfecto para una persona como él, sumido en la banalidad del trabajo diario y las relaciones superfluas. Marini es un desarraigado en la vida, pero que afortunadamente descubre esta isla que parece ser la solución a todos sus males. Decide ahorrar para, ya en vacaciones, visitar la isla, pese a su difícil acceso. Marini hará cualquier esfuerzo por acceder a su isla, pues la siente propia.


El cuento pertenece a lo que se ha denominado literatura fantástica, género que Cortázar abordó magistralmente junto a Bioy Casares. El relato se transforma en dos cuentos en uno que tiene por transfundo la búsqueda de la felicidad, algo tan utópico como inaccesible muchas veces, por el hecho de ser un ideal que va y viene, que se presenta y desaparece con inusitada rapidez, cual efímero. Cortázar no es pesimista en su relato; solo realista en cuanto señalar que los ideales deben perseguirse aún cuando no los alcancemos.

Un ideal presenta características positivas y negativas, que se alternan a gran velocidad, o derechamente se vuelven en tragedia. Nuestro país es un buen ejemplo de ello. Para Johanne Florivil, la haitiana que murió tras ser detenida y alejada de su hijo, esta isla maravillosa se tornó en un escenario macabro. Ese ideal, a cada cabezazo que se daba contra los muros de la carcel, se hacía pedazos. De la esperanza a la impotencia. De la vida a la muerte en un segundo.

Algo similar ocurre en el cuento de Cortázar. Marini finalmente accede a la isla recorriéndola y conociendo a su gente. Pero un mediodía ve el avión en el que trabajaba y que, de un momento a otro, se desploma en el agua. Es la metáfora de un ideal que se estrella en el mar. Un avión que capota en las aguas haciéndose trizas en la infame sociedad que hemos creado. Una vida y un ideal envenenadas con cianuro, como en el caso de la joven vendedora del Costanera Center, y los miles de jóvenes -como el estudiante de la Alianza Francesa- que no encuentran una salida en este laberinto macabro. Frente a eso el consumismo y la violencia, el narcisismo y la desidia, alternando entre lo light y las drogas, entre las fiestas y el vacío existencial. Genial, estamos bien. Otros países y sociedades (más y menos avanzadas) han capotado antes y más feo.


..: Pero bueno, así con este cuento. Con un Cortázar profético y valiente. Que más valiente que aquel que mira su propio cadaver. “Ciérrale los ojos”, le pide una mujer a otra mirando el cuerpo del único que logró nadar hasta la isla. Y es lo único que podemos hacer para dignidad del que no ha podido cumplir un sueño o alcanzar ese ideal que soñaba: cerrarle los ojos y esperar que finalmente descanse tras el último y definitivo viaje a una isla al mediodía.

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