Humedales: el último suspiro de Valdivia

Lo primero que murió fue el luchecillo, planta acuática que de verde pasó a una coloración oscura. Todo estaba en marcha. El desastre en el Santuario de Río Cruces había comenzado el 1 de enero de 2004, día en que la Planta de Celulosa de Valdivia emitió los primeros desechos. Cuatro meses más tarde Celco-Arauco no hizo nada por impedir la contaminación del humedal afectando el hígado de los cisnes, generando una baja en su reproducción. Las aves ya no comían, estaban débiles y luego comenzaron a morir. La tasa de mortalidad pasó de 13 el 2003 a 87 el 2004. El desastre estaba en marcha y no se podía detener. A la muerte de los cisnes siguió la de las taguas. El agua del río estaba atiborrada de sulfatos que habían pasado rápidamente de índices de 0,8 a 15.  A ese escenario lúgubre se sumaba que la planta Valdivia también produce electricidad, alrededor de 61 MW, quemando volátiles y licor negro, un subproducto formado durante el proceso Kraft que convierte madera en pulpa de celulosa.

Lo del humedal en Valdivia fue el caso más extremo pero aún podría repetirse en otros lugares: Puerto Montt, Los Vilos, Tunquèn, el Yali en Santo Domingo, el del Maipo, en Las Cruces, Algarrobo, y en Huentelauquén. La lista es larga. De hecho, en Valdivia, la planta de celulosa Celco Arauco sigue funcionando normalmente, con sus descargas al río, e incluso pretendió establecer una línea de acción similar en Mehuín.

Humedal Valdivia 1

Por Hugo Dimter P.

Están más cerca de lo que parece. Desde arriba parecen enojarse al observar el continuo martirio a la naturaleza.

Hacia el norte de Valdivia las nubes tapan los escasos manchones celestes. Algunas brillan en los bordes; otras tienen un corazón negro. Pero siempre es lo mismo, cada cierto tiempo sale el sol. Siempre acontece y nadie se extraña.

Los ciudadanos olvidan que un cadalso se construye con madera y en él se flagela a todo lo que circunda su propia ciudad. Los humedales de Valdivia están a la deriva. Angachilla, Santa Inés, Miraflores,  los del Santuario Carlos Andwanter, Piedra Blanca.

Hay barreras naturales. Hileras de árboles dividen un predio de otro; pero también las empresas que conforman un recorrido que nunca es monótono, tal vez debido a su cercanía con el boato más que con la realidad de las casas pequeñas y viveros recubiertos con nylon. Y un poco más allá los humedales y su entorno de oro. Miles de raíces que emergen del agua pidiendo auxilio en un paisaje tan idílico como salvaje.

Desde la llegada de la democracia llevamos más de 28 años discutiendo sobre problemas medioambientales. El interés de algunos parece, parcialmente, diluirse entre las buenas intenciones y las políticas reales de estas últimas décadas y gobiernos.

Para nadie es un misterio que el mercado sitúa en un mismo nivel los bienes materiales y culturales, así como la naturaleza. De esta forma los países se han puesto a las órdenes de quienes dominan el planeta. ¿Se puede hablar de una incapacidad de las fuerzas sociales organizadas para enfrentar este problema? ¿Es necesaria una ecología mental también? Algunos piensan que sí, que es algo necesario, casi urgente.

 

Ladrillos sepultando humedales

Somos un país de humedales. Las cifras no mienten:  1.460.400 hectáreas, equivalente a 20 veces Santiago, totalizan los cerca de 18 mil humedales que tiene el país, y que se concentran en las regiones de Aysén (444.200 ha), Magallanes (288.600 ha) y Los Ríos (129.300 ha).

¿Cuáles son sus beneficios? Estas “esponjas” vegetales sirven de reservorio de agua dulce y capturan y filtran afluentes que bajan de los glaciares cordilleranos. Otros previenen inundaciones; y los costeros establecen barreras de mitigación frente a marejadas y maremotos. Incluso, logran ser grandes reservas de almacenaje de carbono. A nivel global el 12% de las especies animales tiene su hogar en humedales de agua dulce. Y también está el tema del cambio climático.

Diego Luna Quevedo, Especialista en Conservación de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP), un programa de Manomet Inc. entrega su impresión:

“El rol de los humedales frente al cambio climático es crucial como parte de las soluciones  basadas en la naturaleza para la adaptación y la mitigación. Por ejemplo, la adaptación no se puede lograr sin agua y los humedales son los ecosistemas del agua. También permiten aumentar la resiliencia de las comunidades frente a los impactos del cambio climático, como barreras contra el aumento del nivel del mar, las marejadas, reduciendo impacto de inundaciones y sequías. Los humedales también desempeñan una importante función en la mitigación, ya que son los sumideros de carbono más eficaces del planeta”, finaliza.

Urresti

Senador Alfonso De Urresti

¿Cómo hemos llegado a generar ese cambio climático? Pareciera ser la gran pregunta. Todos somos culpables responden algunos; otros no están tan seguros. Ante un desastre siempre se buscan responsables. Todos se acusan y se señalan con el dedo. “Debemos hacer algo”, señalan. Y es entonces que se habla de promover la participación del sector privado en temas medioambientales. ¿Pero cómo? Pareciera que ellos generan todos los males. El senador Alfonso De Urresti, comprometido constantemente en temas medioambientales, da su opinión:

“Dado el modelo de desarrollo que tiene nuestro país la participación del sector privado es inevitable y, ciertamente, en muchos casos, deseable. El problema no está en su presencia, sino en que ella contribuya efectivamente a ponerle un valor agregado que el Estado no está en condiciones legales o económicas de hacer. Lamentablemente, sobre todo en las regiones y, especialmente en temas que afectan el medio ambiente los privados aparecen, repetidamente, en conflicto con el bien común. ¿Y por qué ocurre ello? En muchos casos no es posible apreciar muchas razones lógicas para explicar decisiones que desde el minuto uno se sabía en qué terminarían. Y la verdad es que no sirve de nada que las empresas se victimicen justamente porque los temas más sensibles para la ciudadanía están en manos privadas y su constante discurso de que son capaces de hacer las cosas de mejor forma que el Estado a veces les juega en contra, cuando la gente ve, por ejemplo, que las empresas sanitarias o eléctricas tiene millonarias utilidades, que son implacables en el cobro de las cuentas, aunque tengan fallas, pero que al final terminan mostrando una cara precaria cuando se descargan las aguas servidas a un lago contaminándolo o cuando se instalan torres pasando por encima de lugares sagrados para una comunidad indígena. A ello se agrega la percepción compartida de que las externalidades de los proyectos quedan en las comunas y regiones, pero las ganancias siempre terminan en Santiago. Y no se trata de que la gente no aprecie la inversión privada, sino que esperan que empresas que posan de grandes y modernas actúen como tales y no crean que comprando unas mallas para arcos, unas camisetas para el club deportivo o una copa para el campeonato están siendo buenos vecinos de las comunidades. La gente y el propio Estado esperan que las empresas escuchen a las personas, respeten la diversidad y particularidad de cada región y que el negocio legítimo que quieren emprender no se haga a costa ni de la calidad de vida de las comunidades ni del medio ambiente”, finaliza.

Diego Luna, quien se define como alguien trabajando por la construcción de nuevos bienes públicos-éticos y humedalista 100% da su opinión frente a esta disyuntiva:

“Si pensamos desde la perspectiva de la buena gobernanza para la conservación de los humedales, el desafío es articular la interfaz entre Estado, sector privado y sociedad civil. Sin el sector privado a la mesa le faltaría una pata. Sin duda hay mucha ética de conservación por construir y muchas prácticas que mejorar, pero la conservación efectiva de humedales requiere de esfuerzos y participación de todos los sectores. Chile cuenta hoy con nuevas herramientas como el “derecho real de conservación” que sin duda permiten gestionar e integrar más y mejor conservación privada”, argumenta Luna.

Pero vamos a un ejemplo real, como es lo que ocurre en Valdivia. Especulación inmobiliaria, contaminación e incoherente planificación urbana. ¿Son estos elementos los que podrían impedir que Valdivia sea, realmente una ciudad ecológica siendo emblemático el tema de los humedales?

 “Los problemas de planificación urbana son centrales. La incoherencia se presenta en varios planos. En primer lugar, tenemos un instrumento de planificación obsoleto, de la década de los 80. A su vez, la propuesta de modificación de plan regulador comunal, no considera adecuadamente los humedales y bosques urbanos. Si bien los planes reguladores son instrumentos normativos, las sanciones que se pueden imponer frente a infracciones son débiles y promueven un desarrollo urbano sobre la base de decisiones individuales y hechos consumados”, señala Felipe Guerra Schleef, abogado de la Universidad Austral de Chile; magíster en Derecho, quien fue parte del equipo jurídico que diseñó e implementó el programa de reparación comunitaria en el proceso por daño ambiental que condenó a la empresa Arauco y Constitución S.A. por la contaminación del Humedal del Río Cruces, y quien desde septiembre de 2014 forma parte del Equipo Jurídico de Observatorio Ciudadano de Valdivia.

Que gran contradicción: Los humedales en Chile están desapareciendo. Amenazas como la sequía, el auge inmobiliario de sectores costeros y la sobreexplotación de agua los han convertido en planicies desiertas, bancos de arena o malolientes basurales sabiendo que estos ecosistemas actúan como verdaderos riñones de la naturaleza al purificar el agua y filtrar contaminantes, a la vez que rellenan los acuíferos de los que dependemos para beber, y protegen a millones de personas de inundaciones, sobre todo tras los impactos del cambio climático que ya se hacen evidentes, como ocurre actualmente en Chile, país firmante del tratado internacional que en 1971 selló la adopción de la Convención sobre los Humedales o Convención Ramsar. Pero ante las buenas intenciones aparece el negocio inmobiliario.

El abogado Guerra complementa su visión: “Al margen del límite urbano la situación es aún peor. Existe un modelo de negocios montado sobre la parcelación de terrenos rústicos, que ha promovido el fraccionamiento de ecosistemas y unidades productivas agrícolas para el desarrollo inmobiliario. Además, la absoluta falta de acción de autoridades públicas como el Ministerio de Bienes Nacionales, así como otros auxiliares del sistema de justicia como los notarios y conservadores de bienes raíces, han validado la venta de terrenos rurales por debido del mínimo permitido (5000 mts/2). Esto ha generado la proliferación de los denominados loteos brujos, que son la máxima expresión de la falta de planificación en el desarrollo urbano, y de la entrega de la decisión de hacer crecer una ciudad a los particulares inescrupulosos. Todo esto es absolutamente ilegal, y vulnera las normas de la Ley General de Urbanismo y construcciones.

Las consecuencias de lo anterior han sido nefastas para los humedales y bosques urbanos, los que han comenzado a deteriorarse de manera acelerada, producto de la especulación y el cambio ilegal del uso del suelo”, finaliza Guerra Schleef.

Por su parte Patrick Reolon, Master of Science de la Universidad de Zürich, en este caso no como Vocero de Bosque Antiguo, entidad a la que pertenece, señala: “En el caso específico de los humedales, para alcanzar una visión sustentable de ecología, hay muchos aspectos prácticos a considerar, que no deben depender de tendencias de políticos de turno. Un punto fácil de visualizar es el tema higiene en una ciudad creciente y cómo evitar que los humedales se transformen en basurales, criaderos de ratones. Una ciudad que crece en personas produce mucho más basura y deshechos: Fosas sépticas mal hechas, desagües descontrolados y (micro)basureros no son solamente problemas ópticos o de olor, sino también bombas de tiempo en aspectos de higiene. Los planos maestros de crecimiento a largo plazo deben considerar todos esos aspectos desde un inicio y como principios fijos. El ser humano muchas veces olvida, que si bien la ciencia es capaz de modelar muchas cosas, esos modelos parten de nuestra capacidad de entender todos los factores que influyen”, concluye Reolon.

La postura oficial de Chile en medioambiente ha estado muy influenciada en coordinar y promover la participación nacional en el Acuerdo de Cooperación Ambiental con los Estados Unidos de América y en el Acuerdo de Cooperación Ambiental suscrito al amparo del Acuerdo Económico Traspacífico.

Eso es muy notorio. Se mira hacia afuera y no tanto hacia dentro. La ciudadanía parece estar más enfocada en otros asuntos. Hay excepciones, pero sin una voz fuerte todo parece ceder a la burocracia y los tentáculos entre el poder económico y político.

Las autoridades que asumieron el 11 de marzo adelantaron que entre los principales desafíos que tendrá la cartera para los próximos años está fortalecer el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), aprobar la Ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas; e implementar la Ley REP de Reciclaje. Mucho se ha hablado de la reforma al Código de Aguas, tramitada actualmente en el Senado, que introduce aspectos beneficiosos para estos ecosistemas críticos, que comprenden cerca de 3.500 kilómetros cuadrados a lo largo y ancho del territorio nacional. Sin embargo, los hechos contradicen a los discursos que la ciudadanía ha venido escuchando por más de 28 años. Es así como surgen las dudas y temores. La patria mestiza en que lo nativo y la cultura occidental puedan coexistir fraternalmente aún está desbalanceada.

¿Cuál es su opinión acerca del Sistema de Evaluación Ambiental? ¿Es poco riguroso? ¿Se requiere una Ley de humedales? – le preguntamos al senador Urresti.

-Son dos temas separados pero complementarios. El sistema de evaluación de impacto ambiental es y será siempre perfectible, porque debe ir adecuándose a las realidades y exigencias de cada momento. Tal vez lo que hemos tenido es una demora en ir superando cada etapa en el momento más adecuado, y eso ha significado cuestionamientos sobre su eficacia. Hoy estamos en medio de un proceso de revisión y actualización, a la espera de que el actual gobierno haga su propuesta de reforma que esperamos no sea solo para flexibilizar el sistema en favor de la inversión. El problema no es solo de mayor o menor rapidez. Por el contrario, confiamos en que la evaluación ambiental sea cada vez más eficiente y riguroso, siempre y cuando los proyectos se hagan de verdad poniendo todas las cartas sobre la mesa, escuchando a las comunidades, respetando los territorios y no tratando de recuperar la inversión hecha en pocos meses. En ese contexto el sistema de evaluación hoy no permite garantizar la protección de los humedales, excepto aquellos que tiene el status Ramsar. Por eso nuestra propuesta legal busca integrar los humedales como una categoría que debe ser considerada por los instrumentos de planificación y de ordenamiento territorial antes de adoptar decisiones sobre proyectos. Y eso también significa que la evaluación no siempre debe tener una mecánica, como hasta hoy, en que la mayoría de los proyectos se aprueban acompañados de una larga lista de “recomendaciones”, es decir de todo aquello que deben hacer para que el proyecto funcione, pero que no venía en el estudio o declaración. También debe contemplarse, como parte de la rigurosidad, el rechazo de proyectos que potencialmente puedan afectar el medio ambiente, no importando de cuánto sea la inversión del titular.

Diego Luna tiene una visión similar: “Son dos cosas diferentes. Actualmente hay un proyecto de Ley para reforma del sistema que propone varios cambios, entre ellos, una participación ciudadana anticipada en el proceso de calificación ambiental y el fin del Comité de Ministros. Más allá de las diversas visiones que puedan haber sobre cómo mejorar el sistema, esto no puede convertirse en un instrumento para promover la inversión desde consideraciones económicas. Su naturaleza es la protección ambiental y deben priorizarse aquí solo las dimensiones ambientales y sociales.  Otra cosa es la necesidad de una Ley de humedales para Chile. Esto tiene que ver con el carácter de bien público de los humedales y el rol del Estado  y con la necesidad de Chile necesita una ley de humedales, como ventana única para la gestión, fiscalización, manejo, gobernanza y conservación de estos ecosistemas”.

basura

El aspecto urbano tiene un papel importantísimo. El caso de Valdivia es emblemático. ¿Cómo conciliar un Plan regulador en una ciudad que crece y que necesita nuevas viviendas en terrenos que podrían ser humedales? ¿Debe paralizarse el crecimiento o establecer una nueva idea del mismo? Jaime Rosales, dirigente medioambientalista y vecinal señala:

“Creo que a nuestras autoridades les falta liderazgo de conducción y eso se refleja precisamente en cómo hemos visto que en el último tiempo la ciudad ha crecido desordenadamente y muchas veces a costa de suelos de profundo valor ecológico. Una ciudad moderna se contrae y debería atreverse a crecer en altura. Condominios de departamentos de calidad, con espacio suficiente para que vivan familias numerosas puede ser una apuesta interesante en ello.  De hecho hay claros ejemplos en los edificios departamentos del sector Corvi, San Luis y condominios privados como jardín urbano. Un plano regulador moderno debe compatibilizar crecimiento y medioambiente”, finaliza Rosales mientras nos da un paseo por el humedal Angachilla y nos cuenta de su lucha, junto a los vecinos, por preservarlo del azote de la supuesta modernidad.

Y Patrick Reolon agrega: “Se puede cuestionar si los humedales son el único lugar donde construir viviendas para una ciudad creciente, o si son el lugar adecuado para un crecimiento, desde una perspectiva de planificación. Si bien de punto de vista inmobiliario parece estar de moda construir en humedales, se puede cuestionar si la decisión es sabia desde la perspectiva ecológica a largo plazo. En concreto el sector de Collico y a lo largo de los cerros podría hacer igual de sentido para tenerlos en cuenta para el crecimiento.Tierra firme siempre debería ser preferida ante tierra rellenada. No solo por temas como humedad, sino también por temas de alcantarillado. El desafío es coordinar los sectores privados y políticos ejecutivos y legislativos en una acción coordinada a largo plazo, donde aspectos técnicos y la misma visión humana prevalezcan por encima de aspectos económicos o políticos.

No se trata de paralizar el crecimiento; sino  lo contrario: plantear un crecimiento inteligente y transcendente. Sacar el pie del acelerador, crecer un poco más lento, pero controlado, dando a cada paso un poco más de importancia, evaluar más las consecuencias y ver el mejoramiento como proceso continuo, de verificación y replanteamiento para reaccionar ante eventualidades lo más temprano posible y poder corregir rumbos, antes que terminen en desastres”.

El abogado Felipe Guerra Schleef es categórico: “Valdivia tiene problemas para expandirse y crecer hacia arriba, precisamente por la calidad del suelo y los humedales. Me parece que la respuesta es evidente. Por razones de seguridad, no debiera permitirse que la ciudad utilice terrenos que son humedales para construir. Estoy convencido que debiera paralizarse el crecimiento de la ciudad, pero, actualmente, la actitud indulgente de las autoridades respecto a los loteos brujos en los terrenos rurales aledaños a la ciudad ha determinado que la decisión de crecimiento de la ciudad esté entregada a los particulares que especulan con el suelo”, agrega Guerra Schleef.

Rosales

Jaime Rosales, medioambientalista y dirigente vecinal

 

Una muerte callada y planificada

A simple vista pareciera que, ecológicamente, estamos lejos de países como China, que, por ejemplo, en la prefectura de Liuzhou, van a pasos agigantados, pues ya se está construyendo la primera ciudad ecológica -o forestal, como se le denomina-. Una urbe completamente cubierta de árboles y plantas con 175 hectáreas para 30 mil personas. Una ciudad con edificios que cuenten con paneles solares que produzcan su energía y un sistema geotérmico para el aire acondicionado.

Suena futurista, pero -para los habitantes de esa ciudad- existirá un monorriel eléctrico como único transporte público e incluso solo se permitirán autos eléctricos. Las plantas en los techos de los edificios de Liouzhoi serán el mejor enemigo de la contaminación pues se estima que absorberán 10.000 toneladas de CO2 al año y producirán unas 900 toneladas de oxígeno. Suena a un mundo utópico, pero esta ciudad china será realidad en un par de años. La sociedad utópica está mucho más cerca de lo que pensamos.

Al reverso de la moneda está la sociedad distópica, indeseable, caótica y donde mediante una droga se nos hace sentir felices viviendo en ella. Hoy por hoy la sureña ciudad de Valdivia podría convertirse en distópica. ¿Las primeras víctimas en una muerte callada? Sus humedales -ecosistemas híbridos entre lo acuático y lo terrestre-, quienes han sufrido todos los embates de lo que se denomina modernidad.

La Ley General de Urbanismo y Construcción de 1974 contiene los principios, atribuciones, potestades, facultades, responsabilidades, derechos, sanciones y demás normas que rigen a los organismos, funcionarios, profesionales y particulares, en las acciones de planificación urbana, urbanización y construcción.

¿Existe respeto o una falta de reconocimiento de la Ley General de Urbanismo y Construcción por parte de los diferentes gobiernos buscando un supuesto crecimiento económico para las inmobiliarias y de viviendas para quienes las necesitan?

El abogado Felipe Guerra Schleef  es el primero en responder: “Me parece que los principales problemas observados en relación a la Ley General de Urbanismo y Construcción se han dado en su aplicación. O sea, no son problemas en abstracto. La interpretación que el MINVU, Municipalidades (DOMs), Ministerio de Agricultura y Ministerio de BBNN, e incluso la Contraloría, han determinado que muchas prohibiciones o aspectos de la ley terminen por no ser aplicados o desfigurados. Ejemplo de esto son la prohibición de abrir núcleos urbanos al margen de la planificación y los límites a la subdivisión de predios rurales. También, el caos de las áreas de protección de recursos de valor naturales, que fueron mutilados por un dictamen de la Contraloría, a mi parecer, absolutamente ilegal”.

Jaime Rosales agrega:” Creo que más que ello necesitamos actualizar una Ley General de Urbanismo y Construcción y su ordenanza, e introducir cambios dirigidos a la valorización de los entornos naturales como parte de la necesidad de un buen vivir de la población”.

El rol que ejercen empresas constructoras, salmoneras y aquellas que arrojan desechos o escombros a los humedales es vital. ¿Cómo se regula la inferencia del mundo privado con el carácter de bien público de los humedales?- le preguntamos al senador Urresti, quien señala: “La dicotomía que existe frente a la protección de humedales no es sector privado versus humedales, sino más bien inversión privada versus falta de ordenamiento territorial. Si existieran normas y criterios claros sobre la protección de bienes naturales, estén en predios públicos o privados, no habría tantos problemas. Pero cuando se deja todo a la “mano invisible del mercado”, esa desregulación solo garantiza que los intereses del particular terminarán colisionando con los de la comunidad. Las ciudades necesitan inversión y actividad privada, pero también necesitan protección de sus pulmones y riñones naturales, porque una ciudad con mucha inversión, pero sin áreas verdes, parques, ni humedales, solo termina siendo un grupo de personas y casas que conviven en un mismo territorio, pero no es una ciudad con desarrollo y progreso colectivo, y menos aún con sustentabilidad. Este tipo de dicotomías en otras partes han sido abordadas de distinta forma -que es otra conversación que apoyamos fuertemente- y que, afortunadamente, terminó en la promulgación de la Ley de Derecho Real de Conservación, que es un tipo de contrato entre privados y el sector público u otros privados interesados en proteger determinados bienes comunes. Sin embargo, no hay que olvidar que las empresas o actividades son desarrolladas por seres humanos que muchas veces, equivocadamente, buscan atajos para sus negocios, olvidando que esos by pass a la institucionalidad o a las leyes siempre terminan teniendo consecuencias que, lamentablemente, en muchos de los casos solo afectan a terceros. Confiamos en que los privados serán cada vez más capaces de autoexigirse y autoimponerse estándares de responsabilidad social, pero que cuando no lo hagan existan leyes que sancionen esas faltas, como sí ocurre en esos países con los que nos gusta compararnos”, finaliza el senador.

 

casas

Las cartas sobre la mesa

Los humedales de Angachilla, Llancahue, Krahmer, en el sector Teja Sur y el humedal Santo Domingo son observados por alumnos valdivianos de la Escuela Angachilla, El Bosque, Fedor Dostoviesky, Alemania y Leonardo Da Vinci, quienes participan de charlas temáticas que incluyen el reconocimiento de aves, anfibios, además de flora y fauna en la denominada Red Escolar de Observadores de Humedales. Excelente iniciativa para las nuevas generaciones, pero qué se ha hecho en materia gubernamental es la duda que muchos tienen. En el año 2005, el Consejo de Ministros de CONAMA, aprobó la Estrategia Nacional para la Conservación y Uso Sustentable de los Humedales. ¿Cómo ha funcionado esta Estrategia? Con ella se busca implementar un marco de acción legal e institucional para lograr su conservación y uso sostenible. ¿Será efectiva esta medida? El senador Urresti responde:

“En su momento esta fue una buena medida que buscaba prospectivamente asumir una posición frente a un tema que solo se veía cuestionado colateralmente. Eso se refleja, por ejemplo, en que al inicio del documento de dicha estrategia se habla de “uso racional de humedales” y en que, en general está más centrado en la protección de los sitios que estaban bajo la protección de la Convención Ramsar y en la implementación de políticas, como la de contar con normas secundarias de calidad del agua en el contexto del manejo de cuencas hidrográficas, lo que se suponía beneficiaría a los humedales como parte de esos ecosistemas generales. Pero el tiempo ha mostrado que la situación era más compleja, porque tampoco avanzamos tanto en materia de gestión de cuencas, aunque sí se ha avanzado en la dictación de normas, pero sin lograr efectos acumulativos positivos para las cuencas. La discusión que hoy tenemos sobre proteger los humedales es similar en algunos aspectos a la que tuvimos en materia de glaciares: primero se habló de protegerlos a todos y dictar normas para excepcionalmente desafectarlos, para luego terminar diciendo que todos pueden ser intervenidos y algunos, excepcionalmente, serán protegidos. Los humedales no Ramsar han sido tan afectados o están en tal estado de desprotección que hablar de “uso sustentable” no parece ser el mejor punto de partida. Es justamente por esta discusión que presentamos el proyecto que busca proteger, especialmente, a los humedales urbanos, periurbanos y costeros, porque sabemos que la norma general que es la Convención Ramsar solo protegerá a una pequeña parte de los miles de humedales que hay a lo largo del país. Hoy el gobierno también está definiendo una nueva estrategia con sitios priorizados para su conservación y en el texto del proyecto que crea el Servicio de Biodiversidad logramos instalar normas generales sobre humedales. Eso sumado a una ley de humedales urbanos y otras iniciativas que paralelamente busquen la protección de los humedales altoandinos y a las turberas, podrían configurar un marco legislativo que avance hacia formas más eficaces de protección de los humedales y una institucionalidad más eficiente, donde los municipios jueguen un rol preponderante”.

Y el especialista en conservación Diego Luna acota: “El valor de la Estrategia en su momento fue construir un primer paragua para la acción nacional. Sin embargo su implementación fue muy baja. Chile requiere una política pública sobre humedales a la altura de los desafíos y problemas “glocales” actuales. Está claro que el escenario ha cambiado radicalmente desde el 2005 a la fecha”.

En todo este entramado hay una pieza que no encaja. Son las áreas de protección (con Evaluación de impacto ambiental) convertidas en áreas de riesgo. ¿Por qué estas áreas de protección se eliminaron y sustituyeron por áreas de riesgo? Jaime Rosales contesta:

“Principalmente para permitir especulación inmobiliaria y para adquirir suelos baratos para proyectos inmobiliarios. Por mucho tiempo los humedales fueron considerados zonas pantanosas de escaso valor económico, desconociendo con ello la cuantificación y valorización de los servicios ecosistémicos y sociales que nos entregan”.

 

El abogado Felipe Guerra Schleef da su parecer basándose en la legalidad: “Esto es una de las irregularidades de la propuesta de modificación del Plan Regulador Comunal de Valdivia. El artículo 2.1.18 en su inciso 1º señala que: ´los instrumentos de planificación territorial deberán reconocer las áreas de protección de recursos de valor natural, así como definir o reconocer, según corresponda, áreas de protección de recursos de valor patrimonial cultural´. De esta manera el reconocimiento de las APRVN (Áreas de Protección de Recursos de Valor Natural) así como en las APRVPC, es imperativo en los instrumentos de planificación territorial.

Ahora bien, cuándo procede el deber de los instrumentos de planificación territorial de reconocer las áreas de protección de recursos de valor natural. Conforme con el inciso 2º del artículo 2.1.18 de la OGUC, se entiende por APRVN “[…] todas aquellas en que existan zonas o elementos naturales protegidos por el ordenamiento jurídico vigente, tales como: bordes costeros marítimos, lacustres o fluviales, parques nacionales, reservas nacionales y monumentos naturales” (el destacado es nuestro). Por tanto, para saber si la autoridad a cargo de definir un determinado instrumento de planificación territorial se encuentra ante el deber de reconocer una determinada APRVN, el criterio es la existencia, dentro del límite de aplicación de dicho instrumento, de determinadas “zonas o elementos naturales protegidos por el ordenamiento jurídico vigente”. En este sentido, la OGUC proporciona un concepto de tales zonas o elementos, no bastando únicamente que estos presenten un valor natural, siendo necesario que estén protegidos por el ordenamiento jurídico. Como se aprecia, la OGUC no cierra las posibilidades de protección de una determinada zona o elemento, sino que, por el contrario, las extiende al simplemente ser necesario que cualquier disposición del ordenamiento le conceda protección en atención a su valor natural, ya sea de carácter administrativo, legal o, incluso, mediante un determinado tratado internacional suscrito y ratificado por nuestro país .

Además, la OGUC no establece una enumeración taxativa de zonas o elementos protegidos por el ordenamiento jurídico, limitándose a mencionar algunos ejemplos, como son: “los bordes costeros marítimos, lacustres o fluviales, parques nacionales, reservas nacionales y monumentos naturales”. Dicha lista no se agota en su propia expresión sino que se halla abierta, dejando en claro que el fin último de estas áreas es la protección de la naturaleza y los ecosistemas presentes dentro del territorio regulado por un determinado instrumento de planificación territorial.

Los bordes de rio, y en consecuencias, los humedales que tienen esa condición, son por la propia norma, ecosistemas que deben ser reconocidos como APRVN en los instrumentos de planificación territorial, tales como una PRC, lo que no ha acontecido en la propuesta de modificación actual de PRC para Valdivia. Esto es una arbitrariedad absoluta del Municipio y demás organismos públicos que participan del procedimiento para la dictación del PRC”, explica Guerra.

Patrick Reolon agrega su idea al respecto: “En aspectos de planificación urbana, ambas dimensiones (protección y riesgo) deberían ser dos capas diferentes en el mismo mapa, creando así 4 combinaciones:

Sin protección y sin riesgo

Con protección y sin riesgo

Sin protección pero con riesgo

Con protección y con riesgo

Recién cruzando esas dimensiones se verían áreas más aptas para la planificación de crecimiento a largo plazo.Añadiendo más dimensiones se crearían más áreas con diferentes características, algunas críticas para el aspecto inmobiliario y otras menos.

Pero por lo general se deberían definir (de punto de vista ecológico y de protección 4 áreas básicas: Zonas de vivienda, zonas industriales, zonas de amortiguación (actividad humana controlada con mínimo impacto) y zonas de protección. Eso partiendo de una definición de ciudad ecológica que pretende coexistir con su medioambiente de una forma armónica, mezclando aspectos urbanos e biológicos/geográficos en forma armónica y equilibrada”, argumenta Reolon.

 

basura camino

El lenguaje de los dioses: la sencillez del agua

Por el sector de Vuelta de la culebra y Piedra Blanca, en Valdivia, hay un camino interior que rodea el humedal. El terreno aledaño fue parcelado en varios lotes donde la gente ha construido casas de regular tamaño. No son palacios ni mucho menos. Algunas tiene más comodidades que otras. La empresa constructora ha ido rellenando el humedal con tierra y escombros a medida que la demanda ha aumentado. Con la llegada de los nuevos dueños también la basura ha aumentado. Algunos la han botado en las inmediaciones. Prácticamente ya no queda humedal. La fiscalización parece ser nula o no dar abasto: la gente va en la noche a descargar escombros y muebles en desuso. La inmobiliaria y los nuevos habitantes establecen un círculo vicioso interminable. Es el último suspiro del humedal. También podría serlo para Valdivia y su entorno paradisiaco. Tal vez, en unos años, podremos aseverar con razón y ante la evidente destrucción que todos tuvimos culpa de ello. Pero va a ser demasiado tarde. Tal vez haya que mirar hacia arriba y tratar de entender el lenguaje de los dioses, ese idioma del agua, de la sencillez del agua, de su sabiduría, que tanta falta nos hace.

copihues

 

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Diego Luna y Alfonso De Urresti

Generación de conocimiento científico

“La ciencia es la base de la conservación. Sin eso nada. Necesitamos de la mejor información disponible para construir estrategias, para poder tomar decisiones, para encontrar soluciones costo-efectivas y medir la efectividad de nuestras acciones de conservación”.

                                                                                                         Diego Luna

 

“Yo no diría que los sucesivos gobiernos hayan “despreciado” el conocimiento científico, sino más bien que un modelo económico -aun tan rígido y ortodoxo como el chileno- más centrado en exportaciones y equilibrios macroeconómicos, imposibilitó que un factor, donde nos gusta compararnos con otras naciones, pudiera desarrollarse adecuadamente. Hoy, cuando cada vez es más claro que la cobre-dependencia de nuestra economía no durará para siempre y cuando las nuevas tecnologías permitieron romper paradigmas forzados y gracias a ellos las energías renovables desplazaron un sistema eléctrico “carbonizado”, nadie duda que la ciencia y la innovación tienen un lugar privilegiado en la superación del actual modelo extractivista y construcción de un nuevo modelo económico que aspire al viejo anhelo de agregarle valor a lo que se produce en Chile. Por eso, la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, que esperamos pronto tenga ministro o ministra designado no es una meta alcanzada, sino el inicio de un largo camino que, indudablemente, deberá contar con un mayor compromiso del Estado en el financiamiento, la formación y perfeccionamiento de profesionales. Y cuando hablamos del Estado no hablamos solo del gobierno de turno, sino también del Poder Legislativo desde donde hace ya varios años venimos haciendo un esfuerzo relevante en materia de difusión y de apertura a un diálogo social sobre ciencia a través del Congreso del Futuro, que ha sido un espacio vital para construir un puente entre la academia, la sociedad, las regiones y el Estado, que además ha tenido estupendos resultados”.

                                                                                                      Alfonso De Urresti

 

 

 

 humedal general vista

       Listado de los principales humedales de Chile

 

  1. SALAR DE SURIRE, COMUNA DE PUTRE. Sitio Ramsar (1996) y Monumento Natural (1983). Superficie: 15.858 ha. Lagunas altiplánicas donde crece flora endémica vulnerable como la llareta y la queñoa. Es punto de nidificación de flamencos y en sus inmediaciones habitan mamíferos en peligro de conservación, como el gato colocolo y el quirquincho de la puna, cuya caparazón se utiliza para fabricar charangos.

 

  1. HUMEDAL DESEMBOCADURA DEL RÍO LLUTA, COMUNA DE ARICA. Santuario de la Naturaleza (2009). Superficie:300 ha. Principal sitio costero del norte de Chile para el descanso, refugio, alimentación y reproducción de aves migratorias. Aquí habitan 130 especies de aves, lo que representa el 30% de todas las especies de aves descritas en el país.

 

  1. SALAR DE HUASCO, COMUNA DE PICA. Sitio Ramsar (1996), Parque Nacional (2010) y Santuario de la Naturaleza (2005). Superficie: 6.000 ha. Formado por bofedales y lagunas donde habita el karachi, un género de pez gato. Abundan aves como cóndor, flamenco y tagua, y en él varias comunidades de la zona crian ganado.

 

  1. SALAR DE TARA, RESERVA NACIONAL LOS FLAMENCOS, COMUNA DE SAN PEDRO DE ATACAMA. Sitio Ramsar (1996) y Reserva Nacional (1990). Superficie: 96.439 ha. Hábitat de vicuñas y vizcachas, en esta laguna altiplánica nidifican dos especies en estado vulnerable de conservación: el flamenco de James y el chileno.

 

  1. SISTEMA HIDROLÓGICO DE SONCOR, RESERVA NACIONAL LOS FLAMENCOS. Sitio Ramsar (1996) y Reserva Nacional (1990). Superficie: 67.133 ha. Está en el Salar de Atacama y consta de lagunas interconectadas donde el flamenco andino, especie en riesgo, tiene su mayor centro reproductivo mundial. Desde Canadá y EE.UU. llegan aves migratorias como el pollito de mar tricolor.

 

  1. SALAR DE PUJSA, RESERVA NACIONAL LOS FLAMENCOS. Sitio Ramsar (2009) y Reserva Nacional (1990). Superficie: 17.397 ha. A 4.530 metros sobre el nivel del mar, además de ser uno de los sitios más importantes para la conservación de los flamencos, aquí encuentran alimento y descanso aves migratorias como el pitotoy chico y grande y el playero pectoral. Es un área patrimonial de uso indígena compartido por las comunidades atacameñas de Toconao y Talabre.

 

  1. SALAR DE AGUAS CALIENTES IV, COMUNA DE ANTOFAGASTA. Sitio Ramsar (2009). Superficie: 15.529 ha. El humedal es una reserva de agua para la fauna que habita en el Parque Nacional Llullaillaco, que colinda con el salar. Lo conforman lagunas altiplánicas donde se alimentan y reproducen importantes especies de avifauna endémica en peligro de extinción como el suri y el piuquén, y mamíferos como la chinchilla.

 

  1. COMPLEJO LACUSTRE LAGUNA DEL NEGRO FRANCISCO Y LAGUNA SANTA ROSA, COMUNAS DE COPIAPÓ Y TIERRA AMARILLA. Sitio Ramsar (1996) y Parque Nacional (1994). Superficie: 62.460 ha. Sitio altiplánico dentro del Parque Nacional Nevado Tres Cruces, formado por dos lagunas, tres bofedales y dos vegas. Es hábitat de guanacos, vicuñas, flamencos y aves como el chorlo.

 

  1. SANTUARIO DE LA NATURALEZA LAGUNA CONCHALÍ, COMUNA DE LOS VILOS. Sitio Ramsar (2004) y Santuario de la Naturaleza (2000). Superficie: 34 ha. Es el único sitio Ramsar protegido y administrado por una empresa privada: Minera Los Pelambres. En las aguas de este humedal costero nadan pejerreyes y puyes y es hogar de aves como el chercán y el picaflor gigante.

 

  1. EL YALI, COMUNA DE SANTO DOMINGO. Sitio Ramsar (1996), Reserva Nacional (1996). Superficie: 520 ha. Complejo de lagunas, ríos y riachuelos formado por el entorno del estero El Yali. Es uno de los humedales costeros más importantes de las zonas Centro y Norte, con dunas y juncos, donde viven aves endémicas como la tenca y en peligro como el cisne coscoroba.

 

  1. PARQUE ANDINO JUNCAL, COMUNA DE LOS ANDES. Sitio Ramsar (2010). Superficie: 13.796 ha. Área protegida privada, perteneciente a la Comunidad Kenrick Lyon, entre los 2.500 y los 5.000 metros sobre el nivel del mar. Comprende esteros, humedales, glaciares y en ella viven especies como la lagartija de Fitzgerald, ratoncito andino, cóndor y perico cordillerano.

 

  1. LAGUNA EL PERAL, COMUNA DE EL TABO. Santuario de la Naturaleza (1975). Superficie: 46,35 ha.Aquí habitan 99 especies de aves, entre ellas, 55 acuáticas, como el cisne de cuello negro, pimpollo, picurio y huala. El humedal está afectado por la sequía y la contaminación de sus aguas, lo que ha provocado la migración de estas aves a otros lugares.

 

  1. HUMEDAL DE TUNQUÉN, COMUNA DE ALGARROBO. Santuario de la Naturaleza (2014). Superficie: 107 ha. Es hábitat de más de 57 especies de aves y 168 especies de flora, de las cuales 40% son endémicas, que solo se dan en este lugar.

 

  1. LAGUNA TORCA, COMUNA DE VICHUQUÉN. Reserva Nacional (1985) y Santuario de la Naturaleza (1975). En tramitación por Conaf para ser declarada sitio Ramsar. Superficie: 604 ha. La laguna posee juncos, batros y totorales en las orillas y una avifauna compuesta por patos, taguas y cisnes de cuello negro, además de peces como pejerreyes y lisas.

 

  1. HUMEDAL DE RELOCA, COMUNA DE CHANCO. Santuario de la Naturaleza (2005). Superficie: 394 ha. Hábitat de aves acuáticas como gaviotas, pelícanos y patos yeco.

 

  1. PENÍNSULA DE HUALPÉN, COMUNA DE TALCAHUANO. Santuario de la Naturaleza (1976). Superficie: 2.622 ha. Iniciativa privada. Zona de matorral costero y bosques donde nidifican aves migratorias entre roqueríos y acantilados.

 

  1. SANTUARIO DE LA NATURALEZA CARLOS ANWANDTER, COMUNA DE VALDIVIA. Sitio Ramsar (1981) y Santuario de la Naturaleza (1981). Superficie 4.877 ha. Hasta 2004 esta zona fue considerada como la principal y más importante área de reproducción del cisne de cuello negro a nivel mundial, pero la instalación de una planta de celulosa causó la muerte y migración masiva de las aves, causando un intenso conflicto medioambiental a nivel nacional e internacional. Hoy, este humedal es parte del Registro de Montreaux –nómina que forma parte de la Convención Ramsar– que vela por la conservación de los humedales amenazados en el mundo.

 

  1. PARQUE PUMALÍN, COMUNA DE HUALAIHUÉ. Santuario de la Naturaleza (2005). Superficie: 288.689 ha. Pertenece a la Fundación Pumalín. Contiene bosques lluviosos, fiordos y al menos 12 cuencas hídricas donde habitan cisnes coscoroba, torcazas y choroyes, además de mamíferos como pumas, comadrejitas trompuda, huemules y pudúes.

 

  1. BAHÍA LOMAS, COMUNA DE PRIMAVERA, TIERRA DEL FUEGO. Sitio Ramsar (2004). Superficie: 58.946 ha. Humedal costero en la boca este del Estrecho de Magallanes, en la costa norte de la isla de Tierra del Fuego, con influencia del Atlántico. La marea baja supera diariamente los 7 kilómetros, dejando grandes extensiones de arena. Es considerado el sitio de invernada más importante de América del sur del playero ártico (Calidris canutus rufa) y en épocas de invernada se han visto hasta 64 mil aves de diferentes especies. Es un sitio de gran valor cultural debido al asentamiento de los pueblos selknam originarios de Tierra del Fuego.

 

 

 

 

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