TIE

Por Jorge Sherman

Winston Churchill y Vladimir Ilich Ulianov se hallan sentados en la mesa de un set de televisión. Tienen al frente sendos vasos de whisky y micrófonos. Winston fuma su puro. Lenin se acompaña con su ¿Qué hacer?

Nuestros invitados no requieren presentación –abre el conductor del programa-. Solo le hemos pedido a Teodoro Pallamar, Doctor en Historia Política del Siglo XX, que nos dé, en tres líneas, una pincelada iluminadora digamos, de la importancia de estos dos colosos de la política mundial –mira un papel y lee: “Churchill es solo cuatro años menor que Lenin. Liberal-conservador el primero, marxista-bolchevique el segundo. Nuestro mundo actual sería inconcebible sin sus aportes y errores. Lenin lideró la destrucción del zarismo. Churchill la derrota de Hitler” –hace una pausa-. El diálogo será abierto. Yo no intervendré, excepto con una pregunta final. Que comience el que así lo desee. Es un honor tenerlos en este set.

Winston y Vladimir se miran. Chocan los vasos.

-¿Qué piensas de la globalización? –dice Churchill.
-Eso ya estaba en El Capital… Aunque claro, ahora existe Internet. ¿Lo leíste?
-Solo el tomo I, del resto no pude pasar de la primera línea. Me interesó mucho más tu El Estado y la Revolución… Para combatirte, of course.
-¿Por qué perdiste la elección luego de terminada la Segunda Guerra Mundial? Eras un héroe. ¿Fue cierto lo que dijo Halifax?: Movilizó a la lengua inglesa y la llevó a la batalla. Puro Shakespeare ese discurso tuyo.
-La derrota fue del Partido Conservador, no mía. El pueblo inglés prefirió las promesas de los laboristas para los tiempos de postguerra. Ah… Por genialidades como esas palabras de aliento al pueblo ingles en el Parlamento me gané el Nobel de Literatura.
Perdóname… no te lo merecías. La política y la literatura van por distinto carril. Lo tuyo es la historia, la biografía y las memorias. Hasta donde sé nunca escribiste poesía ni un puto cuento. Aunque hablas y escribes muy bien.
¿Cómo andamos por casa?
Soy solo un político. Obsesivo y duro, como tú.
Cambiemos de tema con lo de la literatura y ese premio, me aburre. ¿Qué piensas de Stalin? ¿Es cierto que escribiste cuidado con él?
Sí… Fue tu aliado. Pero la guerra la condujo el Mariscal Zhukov, y la ganó el pueblo soviético.
Ahhh… y el pueblo inglés. Y los soldados estadounidenses y sus mujeres en la retaguardia… Aunque FDR se tomó su tiempo. Los huevones de los japoneses tuvieron que invadir Pearl Harbor para que se decidieran a cruzar el Atlántico.
Correlación de fuerzas. Aislacionismo o neutralidad versus internacionalismo, le llaman.
En eso siempre estuve de acuerdo contigo y Marx. Trotsky y su revolución permanente.
Ohhh… Stalin regresa. Consolidar el socialismo en un solo país. La Madre Patria, heredada por Putin.
¿Estás enojado con el bigotudo georgiano?
Sí y no. Más sí que no. Treinta millones de muertos, las purgas. ¿Para qué? Y la guerra nos costó otros veinte. Ahí Stalin estuvo ok.

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Al fondo del set se enciende una gran pantalla donde se lee: Rating inicial 30%; actual 60%. Y abajo: VOTO POPULAR, empate en un 50%. La pantalla se va negro.

¿Has pensado que era necesaria la Guerra Fría? –pregunta Churchill-. A fin de cuentas derrotamos juntos a los nazis y sus epígonos.
Tú eres un Torie y yo un bolchevique. Y la Guerra Fría/Caliente viene de antes. Desde que triunfamos en 1917.
¿Cómo así? Lo del Telón de Acero, la frontera física e ideológica entre socialismo y capitalismo, lo popularicé yo después de la Segunda Guerra Mundial.
¿Te olvidas que nos combatiste en 1921? Los derrotamos. Y a poco andar apoyaste a los polacos contra nosotros.
Va… Se querían tragar Polonia, ¿o no?
Me lo confirmas Winston, venía de antes. Aunque para mí todo acabó en 1924, esa maldita esclerosis cerebral y ese maldito balazo que me debilitó aún más.
Y Stalin sacó a Trotsky del tablero.
Y se refugió en sí mismo. Se sentó a esperar cómo ustedes se devorarían luego de mirar cómo Alemania se encendía por las imposiciones del Tratado de Versalles. Keynes se los advirtió y se lo pasaron por el forro de las pelotas.
Yo nunca cedí ante Hilter.
Pero estuviste muy solo en eso durante mucho tiempo. De hecho te hicieron Primer Ministro en Mayo de 1940, cuando ya los alemanes terminaban de comerse Francia. No te querían los Tories ni el rey. Ni que decir Chamberlain y Halifax.
Es que bebo desde muy temprano en la mañana y soy políticamente incorrecto.
Tienes humor. Me encanta cuando tu familia te celebró por haber llegado a Primer Ministro. Brindaron y tú, ¿qué fue lo único que dijiste?
A veces la memoria me falla… Algo así como espero no meter la pata.

Vladimir ríe. Winston se contagia. Da una calada al puro. Bebe de su whisky. Se saca los lentes y los coloca dentro de su sombrero que dejó en un costado de la mesa.

¿Sabes Winston qué me dijo Nadehza cuando leímos lo del brindis?
¿Cómo voy a saberlo?
Vlady, te falta ese espíritu de hueveo serio de este pituco. Eres muy solemne, no te sonríes ni cuando hacemos el amor.
¿Eso te dijo?
Sí, te lo juro… Perdón, te lo prometo.
¿Y es verdad?
Me temo que sí. ¿Cómo te vas a reír en esas circunstancias?
Depende.
¿De qué?
Bueno… si ella, por ejemplo, te dice: te masturbaré con los pies como una geisha, y se ríe, uno no puede evitar contagiarse.
No lo había pensado. Eso te puede hacer una amante, no tu esposa. Nada de eso está en La Sagrada Familia de Marx y Engels… ¿De verdad Clementine te hizo una paja con las patitas?
¿Y Nadehza nunca ni siquiera esbozó una sonrisa mientras te la cogías?
Nunca. Además, nosotros los bolcheviques no tenemos amantes, nada de cosas raras.
Mentira, tuviste a Inessa Armand.
El que miente eres tú, fue solo una amiga del periplo revolucionario.
Sóplame un ojo.
Debes saber que además, en mi caso particular, ni siquiera tuve hijos.
Te entiendo Vlady, así es difícil reírse. Los niños te sacan carcajadas. Uno se ríe a rabiar. Las mujeres son más comp…
¿Me quieres decir que te sacan canas verdes? –lo interrumpe Lenin.

Le quita el puro y aspira profundo. Winston enciende uno nuevo.

Más bien quieren teñírtelas del color de tu pelo natural –dice Winston con sorna.
Pero si a nosotros casi no nos queda pelo. Política seria y calvicie son sinónimos.
Ja ja… Es que son muy porfiadas. Al menos las inglesas.
Las rusas andan por ahí y…
Estamos en el Siglo XXI –los interrumpe el conductor -. El machismo no está permitido en los medios de comunicación. El canal y ustedes podrían ser demandados por las Leyes de Paridad.
¡¿Qué?! –dice Winston, da una calada y se atora.
Ustedes los neoliberales están locos de atar. ¿Y dónde queda la libertad de expresión con que tanto se solazan? Yo solo te he apoyado Winston en que las mujeres son porfiadas. ¿Libelo por eso? Soy también abogado.
Lo siento caballeros. No se puede –insiste el conductor-. Hasta podrían ir a parar a la cárcel si les toca un panel de jueces y juezas duras.

Al fondo vuelve a aparecer la pantalla. Rating: 50%. Pero ahora, la parte inferior aparece dividida. A la derecha: Hombres 50%y 50%. A la izquierda: Mujeres 0% y 0%. Se va a negro.
Ingresa una mujer muy bien arreglada. Es conocida: Cecilia Saint-Jean, Directora Ejecutiva del canal. Se acerca a los panelistas. Churchill le besa suave el dorso de la mano, Lenin solo la mira con esos ojos escrutadores tan suyos. Cecilia les habla bajito unos segundos. Luego se dirige donde el conductor y le entrega un tarjeta escrita. Y se pierde tras el set.

Leo lo que nos ha hecho llegar el Movimiento Feminista Internacional –dice el conductor -. “Es inaceptable como este par de energúmenos machistas se refieren a las mujeres. Pero mal nos pese, son hijos del Siglo XIX. No levantaremos acusación, igual vale la pena oírlos. Que quede claro, no somos geishas y somos tanto más o menos porfiadas que los hombres”.

Dime la verdad Vlady, ¿eres porfiado?
La verdad, sí y mucho. ¿Y tú?
También, hasta que Clementine me para los carros.
Nadezha ni lo intenta. Si no jamás hubiera llegado hasta donde llegué. Les gane por porfía y convicción a esa tropa de indecisos que se las daban de revolucionarios.
¿Y conociste a una geisha?
Ya te dije que soy fiel a Nadezha.
No se mentirle a Clementine, me pillaría. Y me caparía a uña.

Por tercera vez, al fondo del set aparece la pantalla. Rating: 100%. Y en la parte inferior: Hombres 50%y 50%. Mujeres 50% y 50%. Y se va a negro.

¿Estabas enamorado de tu taquígrafa? –Vladimir socarrón.
No seas mal pensado. Fue como una hija. De hecho era huérfana de padre. La llevé al altar.
¿Y con quien se casó?
Con un comunista de origen maorí. Un soldado que evacuamos de Dunkerke. Soy un hombre de mente abierta.
¿Comunista y maorí? ¿Entendí bien? A veces mi inglés falla.
Sí. Un perfecto tonto multicultural ese muchacho bienintencionado.
En verdad que puedes ser políticamente incorrecto.
Se me escapó.
Yo en cambio preferí que mi secretaria fuese Nadehza. Nada de tentar al demonio que todos llevamos dentro.
Me aburrí de este tema de las mujeres… Quería decirte que si yo hubiera ganado la elección en 1945 el mundo se habría ido por otra senda.
Puede ser, pero además FDR murió. Truman era otra cosa, un halcón. Si no me crees, pregúntale a los japoneses.
Es verdad. Con Truman y Stalin no hacías uno.
Tú y yo hubiésemos llevado al mundo hacia otro lado.
Fíjate que volví de 1951 a 1955, pero las cartas ya estaban echadas.
Claro, y Stalin murió en 1953. Y Kruschev no era fácil de tratar. Al otro lado del Atlántico estuvieron Truman y Eisenhower, más milico que político. No había por donde entenderse.
Ufff… Kruschev rompió con Mao, construyó el Muro de Berlín y desplegó los misiles en Cuba.
Y después, hasta que se derrumbó la Unión Soviética, excepto Kennedy y Carter, con un sesgo de palomas, todos fueron halcones.
Ustedes no lo hicieron mejor después de Nikita. “Leftist hawks” (halcones de izquierda), los llamaría yo.
Está claro Winston, los halcones se impusieron a las palomas.
O la guerra a la paz, Vlady.
Y ustedes la ganaron, aunque tú no alcanzaste a verlo.
¿Por qué ganamos?
Porque en la URSS cometieron un gran error. Marx nos enseñó que la infraestructura económica determina la superestructura ideológica. Y Stalin et. al. hicieron lo contrario.
¿Cómo así?
Descuidaron la economía, la ralentizaron. Ustedes siempre la han tenido como prioridad. Esa obsesión por el crecimiento económico, que yo comparto.
¿Quizá leyeron a Gramsci? Eso de la hegemonía cultural, ¿o me equivoco?
¿Estás loco Winston?, lo leíste mal. Nunca les importó contar con un grupo sólido de intelectuales y artistas al servicio de la revolución. Los veían como una amenaza. Con eso del realismo socialista, ¡qué lata más grande!, ¿iban a entusiasmar y aglutinar al pueblo soviético? Stalin con sus Cuestiones del Leninismo, transformó nuestro pensamiento, es decir, el de Marx y el mío, en un asunto anacrónico, de burócratas al servicio del partido y de sí mismos. Eso no es Gramsci, ni aquí ni en la quebrada del ají.
Me dejas de una pieza. Jamás imaginé que escucharía algo así de tu boca.
Reconócelo, se las dieron en bandeja, y ustedes supieron aprovecharlo muy bien.
Ahhh… según te leo, todo se cayó por su propio peso. Y nosotros aportábamos con zancadillas.
Si tú estás bien parado y caminas firme, las zancadillas no te botan.
No lo sabré yo Vlady.
Antes de Tori, fuiste liberal, ¿me equivoco?
No yerras. Nunca dejé de serlo, pero me hice Tori por la sencilla razón de que los laboristas están, para mi disgusto, demasiado a la izquierda.
¿Cuál es el político que más admiras?
Winston Churchill. ¿Y tú? –apaga el puro y se pone los lentes.
Vladimir Ilich Ulianov –dice alzando la voz-. Sería Marx, pero El Moro era más un intelectual, el hombre de ideas que nos señaló el camino –baja el tono y se bebe lo que resta en su vaso.
El público en el set, mujeres y hombres, se alzan de sus asientos. Y pareciera que van a aplaudir. Pero el conductor los detiene alzando un brazo. Se quedan de pie expectantes.

Primera y última pregunta a ambos invitados –dice en tono solemne-. Se trata del concepto de posverdad, entendido como una realidad distorsionada con deliberación, destinada crear y modelar la opinión pública, influir en las actitudes sociales, y en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. ¿Qué piensan al respecto nuestros panelistas? –y mira a Churchill y Lenin.

En política siempre ha existido, ¿o no Winston? Acaso en Mayo de 1940 no le dijiste al pueblo inglés que las cosas iban bien con tus muchachos luchando en Francia, y no era así. De hecho, los perdiste en Calais.
Pero los salvé en Dunkerke… Sí Vlady, tienes razón, la posverdad es consustancial a la política. Cuando redactaste tus Tesis de Abril en 1917 apelaste a postergar la implementación del socialismo o la revolución, fue una táctica tuya, entiendo, para facilitarte el acceso al poder y, de ahí, hacer lo que de verdad pensabas e hiciste de Octubre de ese mismo año en adelante. ¿Estoy en lo correcto?
Sí, por cierto. Pero no eran mentiras stricto sensu. Yo lo llamaría propaganda y agitación para fines nobles. ¿Estás de acuerdo?
Sí. Lo que rechazo es la mentira flagrante en política, cuyo único objetivo es el poder por el poder.
Touché. Muy común. Y viene de antiguo. Nadie ha descubierto hoy el hilo negro al respecto.

Churchill asiente con la cabeza y se alza de su sillón. Lenin permanece sentado.

Gracias a los dos por esta lección de política -dice el conductor-. Ojalá que… ¿es necesario que lo diga? Buenas noches señoras y señores telespectadores. Y al público presente.

Aplauso cerrado.
Lenin decide abandonar su sillón. Pero antes de salir del set le extiende la mano a Churchill.

¿A la rusa? –pregunta el inglés.

Se besan en ambas mejillas.

Una respuesta a “TIE

  1. Me agradó el cuento. Original.
    Algunos alcances:

    La esposa de Lenin no se llamaba “Nadezha”, sino Nadezhda (significa Esperanza) Konstantínovna Krupskaia. Lenin la llamaba “Nadia”.

    Sorprende que no hablen más de China: Mao Tse Tung, Chiang Kai Shek, Conflicto chino-soviético, Informe Súslov (febrero 1964).

    Sólo los británicos creen que ellos ganaron la guerra. Lenin se habría reído de esa pretensión. Los soviéticos mataron al 80% de los alemanes muertos en combate. Por su parte, el 80% de los civiles alemanes muertos, fueron víctimas de bombardeos anglo-americanos de ciudades alemanas.

    En Singapur, 80 mil soldados británicos y aliados se rindieron ante los japoneses casi sin combatir (febrero 1942). De allí comenzó una larga marcha de prisioneros británicos por el sudeste asiático (ej. “El puente sobre el Río Kwai”). Lenin se lo hubiera refregado a Churchill.

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